En Stolen Flower, Irma Pineda representa la rabia y la resiliencia de los pueblos indígenas de México que han sufrido el terror de estado, con poemas que crecen de una semilla de tragedia —la violación y asesinato, en 2007, de una mujer nahua de 73 años, Ernestina Ascencio Rosario, por soldados del ejército mexicano— para convertirse en un llamado multivocal a honrar las vidas perdidas y buscar la justicia. Éste es el tercer poemario de Irma Pineda traducido al inglés por Wendy Call, quien ha traducido los poemas desde sus dos idiomas originales: el didxazá (comúnmente conocido como el zapoteco del Istmo) y el español.
Conversamos con Irma y Wendy sobre las raíces del libro en las historias familiares, el proceso editorial detrás de la poesía trilingüe y las lecciones que han aprendido a lo largo de su colaboración como traductoras.
Christian Elguera Olortegui: Irma, cuando autotraduces tus poemas, ¿sientes que estás creando un nuevo texto o que tratas de mantener la fidelidad al original? ¿Cuál es tu posición sobre la autotraducción literaria de las lenguas originarias al español?
Irma Pineda: Cuando traduzco del didxazá al español procuro que se traslade la mayor parte de los elementos del poema; es decir, la idea, la imagen, lo simbólico, el ritmo… No siempre lo logro porque son lenguas en las que no hay equivalencias para todas las frases, entonces procuro que se conserven la idea y la imagen, para tener versiones que sean comprensibles en ambas lenguas.
C.E.O.: Además de tu relación con el pueblo zapoteco y la historia de Ernestina Ascencio Rosario que retratas en Stolen Flower, ¿cuáles han sido otras de tus influencias (literarias o culturales) al escribir este poemario?
I.P.: La principal influencia para escribir Guie’ ni zinebe / La flor que se llevó es mi propia vivencia, ya que me tocó nacer y crecer en un pueblo que, por la lucha social, fue violentado por parte del ejército mexicano a finales de los años setenta y principios de los ochenta. Los soldados mataron a gente de mi pueblo, desaparecieron a mi padre, violaron a mujeres que yo conozco. Más tarde en 1994, tuve la oportunidad de mirar las mismas violencias mientras estuve en Chiapas durante el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN): la historia de los soldados violando a mujeres, disparando a los niños y encarcelando, asesinando o desapareciendo a la gente de las comunidades de Chiapas. Esto se guardó en mi memoria, y cuando ocurrió el crimen contra Ernestina Ascencio, mi memoria dolida despertó y recordé que la poesía puede ser un medio para exorcizar el dolor y hablar de la violencia contra los pueblos. Por otro lado, ya había leído a algunos autores que habían escrito sobre estos temas, como Julia de Burgos, Aimé Césaire y Pedro Mir, además de otros poetas zapotecas como Macario Matus, Víctor de la Cruz, Enedino Jiménez y Víctor Terán.
Arthur Malcolm Dixon: En Stolen Flower, conviertes un acontecimiento terrible (el asesinato de Ernestina Ascencio Rosario y la invasión de tierras indígenas por el ejército mexicano) en una obra de gran poder y belleza. ¿Cómo es, para ti, el proceso de crear poesía a partir de la tragedia?
I.P.: Escribir acerca de las tragedias, como fue el caso de Ernestina Ascencio o la violencia contra los pueblos y comunidades indígenas, para mí es una necesidad, ya que necesito sacar de mi mente y de mi cuerpo los recuerdos dolorosos, porque mi pueblo de origen vivió esas mismas tragedias. Cuando Juchitán, en los años setenta y ochenta, decidió levantarse en lucha contra los caciques regionales, el gobierno mexicano envió al ejército a combatir a los rebeldes, pero entre esos rebeldes estaba mi propia familia, por lo que mis tíos fueron asesinados, mi padre secuestrado y desaparecido por los soldados, mi madre y nosotros (mi hermano y yo) tuvimos que salir huyendo del pueblo para salvarnos. Mucho tiempo guardé estas historias en mi memoria; no era algo de lo que quisiera hablar. Más adelante en 1994, cuando ocurrió el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, volví a ver que ocurrían las mismas violencias contra la gente indígena y contra las comunidades. De nuevo lo guardé en mi memoria, pero cuando ocurrió la tragedia de Ernestina, mi cuerpo y mi mente sintieron la necesidad de sacar lo que tanto dolía y comencé a escribir como un acto de exorcismo, de liberación. Cada mañana me despertaba a escribir un poema y a llorar, así hasta que sin darme cuenta fui dialogando con los soldados y fui encontrando una forma de sanación a través de la poesía.
A.M.D.: En la nota introductoria de Stolen Flower, Wendy menciona que ya tiene 16 años traduciendo tu poesía al inglés. ¿Cuáles son algunas lecciones que has aprendido acerca de la traducción, o acerca de tu propia obra como poeta, a lo largo de estos años de colaboración?
I.P.: Una de las cosas que aprendí es que la traducción puede dar muchas posibilidades a un poema, ya que en el proceso el poema original puede ganar y ser más bello o sonar mejor en otra lengua, pero también corre el riesgo de que pase lo contrario, que se pierda algo, que la traducción no logre comunicar lo que el poema original pretendía compartir con el público. Por ello trabajar de manera directa con Wendy para la traducción fue un proceso muy importante para mí, ya que podía comentar con ella la intención de cada palabra en el idioma original, para que ella pudiese compartir el sentido más profundo de cada poema en inglés.
C.E.O.: Wendy, has traducido Stolen Flower del didxazá y del español al inglés. Cuando tradujiste este poemario, ¿usaste alguna parte de la autotraducción de Irma Pineda o tradujiste directamente del original? ¿Llevaste clases de didxazá para traducir este libro?
Wendy Call: Stolen Flower es el primer libro de Irma que he traducido a partir de las dos versiones originales de sus poemas. Empecé a traducir este libro hace mucho tiempo; preparé un primer borrador muy preliminar de la mayor parte del poemario en 2017, traduciendo solamente del español al inglés y con la guía de Irma en cuanto a las versiones en didxazá. A finales de 2021, tuve la oportunidad de asistir a unas clases de didxazá en línea con un joven profesor de Juchitán, Friddamir Romero. Aproveché la oportunidad y desde entonces soy estudiante de Friddamir. Aprendo idiomas muy lentamente y el didxazá es una lengua difícil de aprender, por lo menos para mí. Actualmente ya puedo leer los poemas en didxazá con la ayuda de un diccionario. Ahora me concentro en los dos textos originales del poema. Regresé a mis borradores de los poemas de Stolen Flower el mismo año que empecé a estudiar didxazá, revisando las versiones que Irma escribió en didxazá y buscando lo que concibo como el “poema fantasma” que existe entre las dos versiones originales, que da cuenta de las decisiones que toma Irma a la hora de navegar entre dos idiomas, culturas, historias, cosmologías y tradiciones poéticas.
Mis principales “textos de autoaprendizaje” mientras intento mejorar mi capacidad lectora en didxazá son libros bilingües de poesía y prosa corta en didxazá y español, incluyendo obras de los cuatro poetas que mencionó Irma, así como Víctor Cata, Elvis Guerra, Nelson Guerra, Antonio López Pérez, Esteban Ríos Cruz y Natalia Toledo, entre otros. Por mi buena suerte, el didxazá tiene una historia literaria muy rica con muchos textos publicados en la lengua. Algunos de los poetas con quienes he colaborado como traductora se encuentran entre los únicos escritores que trabajan en sus variantes lingüísticas, así que hay pocos otros libros literarios publicados en sus idiomas, o ninguno.
C.E.O.: ¿Cómo te enfrentas al riesgo de “domesticar” los poemas de Irma para un público lector anglohablante?
W.C.: Trato de sumergirme en el mundo de cada libro de Irma que traduzco. Viví varios años en su región natal, el Istmo de Tehuantepec, ¡aunque fue hace décadas! Aún visito con regularidad y pongo atención en otras obras literarias —así como cine, música y otras producciones artísticas— que vienen de la región. Las notas de la traductora —tanto para presentar un conjunto de poemas como para explicar una referencia con una glosa en un poema dado— pueden ser una manera maravillosa de proporcionar el contexto necesario para que los lectores anglohablantes puedan adentrarse en y apreciar cada poema. Dicho eso, demasiada explicación no sólo aplana el poema, sino que también reafirma una mentalidad colonial. Cuando empiezo a trabajar en la traducción de un conjunto de poemas —de Irma Pineda o cualquier otra persona— acumulo una larga lista de notas. Luego la reduzco drásticamente antes de que salga el libro.
No sé si es posible para cualquier traductor evitar por completo el fenómeno conocido como la “domesticación”. A veces, me parece importante incluir la glosa de un concepto o un término. Por ejemplo, en uno de los poemas publicados junto con esta entrevista, los primeros dos versos de mi traducción al inglés son: “Gather up your sorrows, my sister / hide them among basil’s healing leaves”1. Agregué la palabra “healing”—que no aparece en ninguna de las versiones originales—porque cualquier persona que lee las versiones de Irma en didxazá y/o español va a entender que ella se refiere al uso de la albahaca en rituales curativos. ¡Pero una lectora anglohablante podría estar pensando en el pesto!
C.E.O.: En años recientes, has traducido al inglés poemarios de Irma Pineda, Mikeas Sánchez y Cruz Alejandra Lucas Juárez. ¿Por qué consideras importante traducir literaturas escritas en lenguas originarias del inglés? ¿Cuáles crees que son los desafíos para publicar y difundir literatura indígena en el mundo literario de los Estados Unidos?
W.C.: Si nos concentramos sólo en la producción literaria y cultural realizada en los idiomas coloniales y colonizadores de la región que llamamos “América Latina”, perdemos la gran mayoría de las tradiciones narrativas, líricas y demás de América. Siendo directa, mantener tal concentración es racista. El racismo también es el mayor desafío a la hora de publicar estas obras en traducción al inglés. La industria editorial de Estados Unidos está avanzando, pero todavía hay un arraigado sesgo en contra de los autores indígenas y de las Primeras Naciones, así como otros autores BIPOC. Algunos editores me han dicho que “no es posible” traducir literatura que ya es bilingüe. He visto obras valiosas descartadas por editores y otros guardianes que no pueden ver más allá de su propio contexto cultural. Estoy muy agradecida a las revistas literarias que fueron las primeras en publicar las traducciones que luego terminaron en todos los cinco libros trilingües que he traducido o co-traducido (con Shook, en el caso de Mikeas Sánchez, y con Whitney DeVos, en el caso de Cruz Alejandra Lucas Juárez). En el caso de Stolen Flower, esas revistas fueron ADI Magazine, Chicago Review y Poetry.
A.M.D.: Stolen Flower fue publicado por Yale University Press. ¿Cómo estuvo el proceso editorial que dio lugar a este libro? ¿Cómo es trabajar con editores para publicar no sólo un libro en traducción, sino un libro que consiste en una traducción trilingüe con un idioma (en este caso, el didxazá) desconocido para muchos lectores anglohablantes?
W.C.: Fue todo un gusto trabajar con Abbie Storch, nuestra editora en Yale. Tiene tanto entusiasmo por los libros que adquiere. Su retroalimentación editorial fue mínima, pero muy útil y brillantemente respetuosa. (Según mi experiencia, ¡algunas traducciones ni se revisan!)
También le agradezco a Abbie la atención tan cuidadosa que le dedicó al diseño de página del interior del libro. Irma y yo seleccionamos las fotografías que aparecen en el libro, con alguna participación de Abbie. (Dicho eso, nosotras no participamos mucho en el diseño de la portada, y no es la que hubiéramos escogido.) Estamos agradecidos a Yale por su voluntad de invertir en un libro visual —una rareza para la poesía en traducción—.
Publicar Stolen Flower en edición trilingüe fue un proceso sencillo, probablemente porque fue mi cuarto libro trilingüe y ya sabía qué había que buscar y sugerir. Dos de mis libros trilingües anteriores fueron el primer libro trilingüe publicado por sus respectivas editoriales. Las dos editoriales habían supuesto que no sería más complicado que publicar un libro bilingüe, ¡cuando de hecho es un orden de magnitud más complicado! Si uno trabaja solamente con idiomas hegemónicos, es fácil olvidar (o incluso no darse cuenta) de todo lo que se puede dar por sentado: la ortografía estandarizada, los signos diacríticos y la gramática, incluso a través de diferentes regiones geográficas; los correctores de prueba profesionales; las guías de estilo. Nada de eso existe con una lengua como el didxazá, así que todo está en manos de la poeta y la traductora.
A.M.D.: Entiendo que iniciaste tu carrera como traductora traduciendo la poesía de Irma. ¿Cuáles son algunas lecciones que has aprendido a través del proceso de traducirla a lo largo de los años?
W.C.: Irma me ha enseñado demasiadas cosas. Ya que ella es traductora profesional, además de ser traductora de todos sus poemarios que “nacieron bilingües” (por supuesto), ella ha sido una excelente mentora para mí en mi propio trabajo de traducción. Es un privilegio traducir a la misma autora a lo largo de su carrera porque la mayor parte de lo que aprendo a la hora de traducir un libro dado luego se puede aplicar al siguiente. El hecho de haber estudiado la poesía de Irma con cuidado —como una tiene que hacer a la hora de traducir— me ha ayudado a entender cómo algunos temas concretos vuelven a aparecer a lo largo de la obra de una poeta, y también cómo se intensifican y se desarrollan.
También he aprendido que nunca hay que darse por vencida con ninguna traducción que realmente te captura el corazón. Irma y yo publicamos nuestro primer libro trilingüe con su editorial mexicana, la maravillosa Pluralia, porque nunca pude captar el interés de una editorial estadounidense, a pesar de años de esfuerzo. El segundo libro fue publicado por la decimonovena editorial a la cual lo propuse: Deep Vellum. ¡Eso sí es un progreso! Presenté Stolen Flower a sólo unas pocas editoriales antes de que Yale lo aceptara, lo cual fue muy emocionante.
A principios de mi trayectoria de escritora, mucho antes de que incursionara en la traducción, una escritora muy sabia, Barbara Beckwith, me dijo, “Los editores te están conociendo a la hora de rechazarte”. He encontrado que es verdad. Yale rechazó otro libro de Irma que traduje —un libro para el cual todavía estoy buscando un hogar, tres años después— antes de que aceptaran Stolen Flower. Mi consejo es el siguiente: hay que seguir proponiendo tu libro, ¡hasta que acepten la traducción o te digan que no quieren saber más de ti!
Traducciones del inglés al español de Arthur Malcolm Dixon
1 “Levanta tus tristezas hermana / guárdalas entre las hojas de la albahaca…”
Stolen Flower ya está disponible por Yale University Press.
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Foto: Igal Jusidman / Danita Delimont, Agent / Alamy.

