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Número 38
Entrevistas

“El Premio Formentor rinde tributo a las obras maestras, alienta su intrépida lucidez”: Una conversación con Basilio Baltasar

  • por Eduardo Suárez Fernández-Miranda
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  • June, 2026

Basilio Baltasar (Palma de Mallorca, 1955) es escritor, editor y periodista. En la actualidad, es presidente del jurado del Prix Formentor y dirige la Fundación Formentor. En su labor como director editorial de Seix Barral, fue el encargado de recuperar el Premio Biblioteca Breve. Es autor de Todos los días del mundo (Bitzoc, 1994), de la novela Pastoral iraquí (Alfaguara, 2013) y del libro de ensayos El intelectual rampante (KRK, 2023). Es miembro correspondiente de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona.

 

Eduardo Suárez Fernández-Miranda: El 14 de junio de 1958 se falló el primer Premio Biblioteca Breve. Su intención era “estimular a los escritores jóvenes para que se incorporen al movimiento de renovación de la literatura europea actual”. El premio estuvo vigente hasta 1972. Años después se recuperó siendo usted director editorial de Seix Barral. ¿Cómo surgió la idea de relanzar este premio?

Basilio Baltasar: El Premio Biblioteca Breve fue un notable episodio en la historia editorial de Barcelona. Su resonancia legendaria, el magnetismo de Seix Barral y la joie de vivre de sus cómplices fueron cultivados por la nostalgia, añorados y celebrados. En 1958 se le entregó a Luis Goytisolo, y luego a Juan Marsé o a Juan Benet. También lo recibieron unos personajes irrepetibles: Cabrera Infante, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa… El Premio Biblioteca Breve dinamizó el paisaje cultural, tendió puentes con la joven generación de escritores americanos, abrió espacios narrativos inéditos y excitó una singular efervescencia literaria. El premio era el patrimonio histórico de la editorial. ¿Cómo no rescatar la herencia de Carlos Barral y darle una nueva vida al premio en la Barcelona de final de los noventa? Me pareció inevitable resucitar la convocatoria del Biblioteca Breve.

E.S.F-M.: ¿Qué recuerdos tiene de aquella época en Seix Barral?

B.B.: A las puertas del nuevo siglo y del tercer milenio… antes de abrirse las compuertas del ciclo morboso, trastornado y distópico impulsado por la fobia anticultural de la tecnología, cuando aún reverberaban los discursos optimistas sobre el destino del mundo… fue un buen momento. La restauración del Premio y las nuevas energías inyectadas en la editorial se correspondían bien con el espíritu de la época. Tuve la suerte de contar con un buen equipo profesional y con la cordialidad de los escritores que compartían el siempre peligroso ejercicio de ambición y descaro. Con Eduardo Mendoza y Félix de Azúa improvisamos un grato consejo editorial. Fue estupendo impulsar la reconversión de Seix Barral con José Manuel de Lara y con Imelda Navajo, que nunca pusieron objeciones.

E.S.F-M.: “Espero que pronto algún estudioso de la época haga un trabajo serio sobre la historia de unos premios que me temo que nunca más se puedan resucitar”. Estas palabras de Jaime Salinas, cuyo augurio, afortunadamente, no se ha cumplido, se refieren al Premio Formentor y al Prix International des Éditeurs (entre 1961 y 1967 Jaime Salinas fue secretario general de los premios). ¿Qué supuso la aparición de esos galardones?

B.B.: La alianza de los editores europeos, tramada e impulsada por Claude Gallimard, Giulio Einaudi y Carlos Barral —con la determinante interlocución de Monique Lange y Juan Goytisolo—; el caudal literario de las obras publicadas en sus catálogos; el compromiso con los desafíos de la literatura creativa; la influencia pública de sus reputados sellos editoriales; la élite intelectual que se reunía en sus comités y consejos consultivos; el prestigio de una historia que en algunos casos se remontaba al siglo XIX, y la capacidad de tomar el pulso a lo que se pensaba, decía y escribía en toda Europa es lo que hizo del Prix Formentor algo más que un galardón concedido a sus elegidos. Sus inicios no podían ser más determinantes. El doble premio entregado en 1961 a Borges y Beckett vino a ser una declaración, un plan de actuación y un programa de intenciones: fundamentar el canon de la literatura europea. Desde entonces, tanto en aquella primera época como en la actual, esta manera de entender la literatura preside la deliberación intelectual y estética de los editores, escritores y críticos que forman el jurado del Premio Formentor.

E.S.F-M.: Las “Conversaciones poéticas” y el “Coloquio internacional sobre novela”, celebrados en el Hotel Formentor por primera vez en 1959, son el germen de las actuales “Conversaciones literarias en Formentor”. ¿Siguen manteniendo el mismo espíritu de entonces?

B.B.: La palabra “espíritu” traduce bien la sorprendente continuidad de las Conversaciones Literarias entabladas en Formentor. Tanto en su versión virtuosa, cuando hablan los intelectuales que saben escuchar, como en su versión polémica, cuando los invitados a hablar lo hacen con propiedad. Cuando se dan estas condiciones, la conversación recupera el sentido artístico que ha sostenido la historia de la cultura. Y esto ha sido el propósito de Formentor desde que Adan Diehl, Cambó, Juan Estelrich y el conde Keyserling estrenaron, en 1931, la Semana de la Sabiduría. Fue así en las Conversaciones Poéticas organizadas desde Papeles de Son Armadans por Camilo José Cela, hasta que en 1963 las prohibió la autoridad gubernativa. Y así ha sido desde que en 2008 recuperamos la cita de Formentor.

E.S.F-M.: Cada año, con ocasión del Premio Formentor y de las “Conversaciones literarias de Formentor”, se editan los Carnets de Formentor, donde se recoge el acta del jurado, unas reflexiones de los miembros del jurado sobre el escritor premiado, el discurso de aceptación y las conversaciones, así como material fotográfico de todos los eventos. ¿Cómo surgió la idea de publicarlos?

B.B.: Recuerdo lo primero que hice al instalarme como director editorial en Seix Barral, en 1998: preguntar dónde, dónde están los archivos de la editorial, las actas, registros, contratos, originales y manuscritos acumulados durante más de treinta años de historia… ¡la correspondencia! De Víctor Seix y Carlos Barral con los autores, colegas y censores de la época, ¿dónde están? Nada, nada había sobrevivido al paso del tiempo, a los traslados, mudanzas y almacenes. ¿Te imaginas? ¡Qué desastre! La voluntad de registrar la historia de Formentor procede de aquella decepción. Editamos en los Carnets de Formentor las crónicas de las Conversaciones, las actas y ensayos del Premio, las intervenciones de los invitados…, para dar fe de lo que se hace y se dice en Formentor. Para conservar el patrimonio cultural de los encuentros y dar a la siguiente generación el testimonio vivo y vivaz de lo que ahora se cumple: dieciséis ediciones, dieciséis años, desde que en 2008 las Conversaciones fueron rescatadas.

E.S.F-M.: ¿Cree que los Carnets de Formentor, con su gran valor literario intrínseco, son suficientemente conocidos?

B.B.: En Formentor han intervenido a lo largo de estos quince años, además de un atento y numeroso público, más de quinientos ponentes, escritores, profesores, críticos, editores invitados a conversar. Parece razonable suponer que los círculos editoriales y literarios de España conocen nuestras publicaciones. Aun así, tiendo a pensar que no siempre es conveniente publicitar lo que uno hace. Si tienes un producto de consumo masivo, lo mejor será anunciarlo y vender lo más posible. Carnets de Formentor pertenece, sin embargo, a un circuito paralelo de lectores que saben buscar y encontrar lo que quieren. En Carnets se han publicado textos valiosísimos y los siempre reveladores discursos de los autores premiados en Formentor. Las palabras dichas por los que ya nos han abandonado —Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Ricardo Piglia y Roberto Calasso—, pronunciadas al atardecer en Formentor, adquieren ahora un renovado sentido. El lector las encontrará intactas en los Carnets.

E.S.F-M.: La editorial ovetense KRK ha publicado su libro El intelectual rampante, título de reminiscencia calviniana. Como se ha dicho, “los personajes, figuras y autores que recorren sus páginas dan cuenta del poder artístico de la imaginación”. Por estas páginas transitan Kafka, Mircea Cărtărescu, Rembrandt o Goya. ¿Se trata de un recorrido por algunos de sus personajes favoritos de la cultura?

“El Premio Formentor rinde tributo a las obras maestras, alienta su intrépida lucidez”: Una conversación con Basilio Baltasar

B.B.: El intelectual rampante es un acopio de ensayos literarios, publicados y corregidos o inéditos y ampliados, encajados para la colección de esta exquisita editorial asturiana, KRK. Un hilo reflexivo acerca de la literatura y el arte recorre sus páginas. Las figuras y personajes abordados desvelan aspectos inéditos de nuestras constituciones latentes. En cierto sentido, el libro se propone dar respuestas a preguntas que todavía no han sido formuladas. A eso me refiero cuando hablo del intelectual rampante. Es el que se va por las ramas invisibles.

E.S.F-M.: De Pastoral iraquí, publicada por Alfaguara en 2013, ha dicho usted que es un “viaje hacia el corazón de las tinieblas en el desierto que es el de todos nosotros”. ¿Cómo surgió la escritura de esta novela?

B.B.: Ciertas imágenes se instalan por su cuenta en la imaginación y fermentan a la espera de ser descubiertas. Fuera de la razón y de la voluntad, al margen del propósito y del deseo narrativo del autor. La ingeniería moral de los personajes novelescos puede tener aquí su origen. En el caso de Pastoral iraquí puedo citar al adán andrógino y a la mujer desnuda abandonada en la morgue de un cuartel español en Iraq. La novela es una versión apócrifa de los relatos fundacionales del mundo. El sueño del protagonista (inspirado por un dios senil) y la fantasía del nativo (a cargo de un dios desconocido) hablan de nuestro ocaso. Es el destino de una humanidad condenada a masacrarse a sí misma. La víctima sacrificial del hombre es el hombre.

E.S.F-M.: Volviendo al Premio Formentor, en esta segunda etapa, entre los galardonados encontramos a Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Cees Nooteboom, César Aira o Liudmila Ulítskaya. ¿Qué características cree que une la literatura de estos escritores para que sean merecedores de este premio?

B.B.: Las voces que componen el colorido abanico de la literatura expresan la personalidad, el carácter, el genio, y suenan sin cesar en la descomunal biblioteca universal. El jurado del premio no intenta congeniar a un autor con los demás ni reunir unos parentescos estilísticos. Más bien se trata de reconocer en cada autor el temple con que se apropia de la herencia literaria y la potencia creativa con que elabora su universo narrativo. La filosofía del Premio Formentor da forma a una búsqueda. Con el argot coloquial uno puede preguntarse quién ganará el premio, pero lo cierto es que el premio no lo gana nadie. No es un trofeo deportivo ni una condecoración. No es una carrera. Nadie puede presentarse ni postularse. El jurado —del que han formado parte desde 2011 una cincuentena de escritores, editores y críticos— busca al autor y su obra, lo propone como candidato, delibera, criba, pospone y elige. El premio es un reconocimiento a la integridad literaria de sus autores y, al mismo tiempo, una discreta recomendación a los lectores.

Hemos dicho en algún lugar que el Premio Formentor rinde tributo a las obras maestras, alienta su intrépida lucidez, fomenta el buen gusto y la energía creativa de la imaginación literaria, la certeza de lo excelente y la elegancia cultural. Hace más nítida la diferencia entre redacción y escritura, entre ocurrencia y creación, invención e imaginación, entretenimiento y conocimiento. Creo que esta declaración permite identificar los valores literarios que quiere reconocer el Premio Formentor.

E.S.F-M.: Usted es el director de la Fundación Formentor. ¿Puede hablarnos de esta institución para conocerla mejor?

B.B.: Cuando la familia Barceló compró el hotel Formentor, en 2006, Simón Pedro Barceló, su presidente y buen amigo (en los años noventa yo había dirigido el periódico El Día del Mundo, propiedad de su familia), me escribió una memorable carta para darme la noticia y compartir su intención de recuperar el glorioso pasado cultural del hotel. Con su mecenazgo, liderazgo y compromiso nos pusimos a trabajar y se pusieron en marcha las Conversaciones Literarias. Entonces yo era director de la Fundación Santillana y juntos colaboramos intensamente para dar a las Conversaciones el impulso que han tenido desde entonces. En 2020, después de quince años, concluyó mi etapa con Santillana y se creó la Fundación Formentor para organizar las Conversaciones, el Premio (auspiciado por el mecenazgo de la familia Barceló y de la familia Buadas, antigua propietaria del hotel), las ediciones y las sesiones ambulantes de las Conversaciones organizadas desde entonces en Sevilla, Canarias y, este año, en los Pirineos de Aragón.

E.S.F-M.: Con motivo de la elección de Saul Bellow como Prix International, Gabriel Ferrater dimitió como miembro del jurado. Ferrater defendía la candidatura de Witold Gombrowicz, ganador al año siguiente. En aquel tiempo se producían intensos debates para elegir al galardonado. ¿Sucede lo mismo hoy en día, o las deliberaciones son más tranquilas?

B.B.: Los editores que en la década de los sesenta sostuvieron el Premio Formentor encauzaron con elegancia y diplomacia sus deliberaciones. Disponían de tiempo y espacio, paciencia y humor para defender a su candidato con vehemente elocuencia. No obstante, poco a poco afloraron algunos inconvenientes. La más notable aportación del premio al paisaje cultural y literario europeo fue el acuerdo de publicar cada editor en su propia lengua la obra del escritor premiado. Sin embargo, ¿cómo hacerlo si los derechos del autor estaban ya comprometidos con otra editorial? ¿Y qué hacer si, además, esta editorial era una seria competidora en el respectivo mercado nacional? ¿Debía el editor del grupo aliado en Formentor financiar el premio y resignarse a que su recalcitrante y feliz competencia sacara provecho de la gran promoción? La realidad comercial fue un obstáculo insignificante e insalvable. Aunque no creo que fuera este el motivo del enfado de Ferrater. Su genio tenía poderosas razones estéticas. En cualquier caso, valió la pena pelearse por Bellow y Gombrowicz y que al final los dos recibieran el premio.

La restauración del Premio Formentor en 2011 nos permitió poner en funcionamiento un formato diferente. Gracias al mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, el premio es una iniciativa independiente de cualquier otro vínculo. El Premio Formentor renació para distinguir a los escritores literarios de las lenguas europeas, y los jurados indagan y buscan cada año al candidato que mejor responda a la filosofía y programa estético del premio. Son las únicas referencias a tener en cuenta. El contraste entre criterio o prioridad se solventa con buenas razones. ¡Y con buen humor!

“El Premio Formentor rinde tributo a las obras maestras, alienta su intrépida lucidez”: Una conversación con Basilio Baltasar

E.S.F-M.: No hace mucho tiempo, la revista literaria ovetense Clarín cerró sus puertas. Usted, que ha sido director fundador de la revista Bitzoc, ¿cree que, actualmente, es difícil mantener en el mercado las revistas literarias en papel?

B.B.: Cuando el gran público comprenda la aberrante atrofia cognitiva que producen las pantallas en la mente de sus hijos y les arrebaten las tablets que hoy recomiendan los pedagogos y venden los expertos de todo tipo, se producirá un masivo repliegue hacia los sanos hábitos del libro de papel. Se comprenderá entonces que el libro y la revista de papel nos prestan el tempo y la actitud que necesita la comprensión lectora y el placer estético de la lectura. Sin quemar las retinas ni trastornar las neuronas. Los editores, los impresores y los libreros que hoy resisten y han visto felizmente derrotado el artefacto llamado “libro electrónico” —un éxito que vale la pena ponderar— verán recompensados sus esfuerzos y encauzado de nuevo el camino que lleva a la plenitud intelectual de los lectores. Mientras tanto, intentemos contribuir a este frente de resistencia cultural con la cabeza despejada.

E.S.F-M.: Pascal Quignard ha sido uno de los últimos ganadores del Premio Formentor. ¿Qué nos puede contar del escritor francés?

B.B.: Antes comentábamos el índice que el lector puede encontrar en Carnets de Formentor, entre ellos los ensayos que los miembros del jurado dedican a la obra del autor galardonado en Formentor. Cada miembro del jurado aborda diferentes aspectos de su imaginación literaria, y el conjunto de las reflexiones publicadas permite una aproximación circular y transversal al conjunto de una obra compleja y profunda.

Puedo citarte un fragmento del acta del jurado, una sinopsis de los rasgos que nos llevaron a celebrar la candidatura de Pascal Quignard:

“Por la maestría con que ha rescatado la genealogía del pensamiento literario, por la destreza con que se sustrae a la banalidad textual y por haber resuelto las dimensiones más inesperadas de la escritura… por la insólita elaboración de los legados metafísicos, antropológicos, históricos, artísticos y filológicos, y por la composición de su gran tratado sobre los enigmas literarios del alma humana… el jurado concede el Premio Formentor de las Letras 2023 a Pascal Quignard.”

 

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Foto: Basilio Baltasar, escritor y editor español, por Cati Cladera.
  • Eduardo Suárez Fernández-Miranda

Eduardo Suárez Fernández-Miranda was born in Gijón. He holds a law degree from the University of Seville, where he is currently preparing his doctoral thesis on Asturian writer and diplomat Julián Ayesta in the Department of Spanish and Hispano-American Literature. As a literary critic, he contributes to Spanish magazines El Ciervo, Gràffica, Quimera, and Serra d’Or. He also writes for American publications Cine y Literatura (Chile), La Tempestad (Mexico), Latin American Literature Today (University of Oklahoma), and the Papel Literario supplement of El Nacional (Venezuela). He occasionally contributes to Asturian newspapers El Comercio and La Nueva España.

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