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Número 38
Selección del Editor

“El mundo rural tiene en mi obra una dimensión legendaria”: Una conversación con Luis Mateo Díez

  • por Eduardo Suárez Fernández-Miranda
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  • June, 2026

Nota del editor: La entrevista que se reproduce a continuación fue concedida por Luis Mateo Díez unos días antes de la concesión del Premio Miguel de Cervantes. Sirva, pues, como un sincero homenaje.

 

Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) es uno de los más importantes narradores contemporáneos. Autor prolífico, la obra del escritor leonés destaca por su “técnica y lenguaje poético de extraordinaria riqueza y una preocupación constante por la dimensión moral del ser humano”. Novelas como La fuente de la edad (1986), El expediente del náufrago (1992), La mirada del alma (1997) o El reino de Celama (2015) —trilogía formada por El espíritu del páramo, La ruina del cielo y El oscurecer— son muestra de su talento narrativo. Su obra ha recibido importantes galardones, entre los que destacan el Premio Nacional de Narrativa, el Premio Miguel Delibes y el Premio Café Gijón. En el año 2000 fue elegido miembro de la Real Academia Española, donde ocupa el sillón I; su discurso de aceptación, titulado “La mano del sueño (algunas consideraciones sobre el arte narrativo, la imaginación y la memoria),” es una excelente muestra de su pensamiento literario. La obra de Luis Mateo Díez está ampliamente traducida, y algunos de sus cuentos han sido adaptados al cine y al teatro. Hemos tenido la oportunidad de compartir unas preguntas con el autor leonés sobre su obra y sobre ese espacio ya mítico de su creación: Celama.

“El mundo rural tiene en mi obra una dimensión legendaria”: Una conversación con Luis Mateo Díez

Eduardo Suárez Fernández-Miranda: El limbo de los cines es un volumen de relatos que quiere ser un homenaje a “esos palacios de los sueños que tanto significan en la vida de los espectadores”. Para algunos escritores de su generación, el cine fue una experiencia que marcó su obra. Es el caso de Manuel Puig o Guillermo Cabrera Infante. ¿Qué ha significado para usted y para su literatura?

Luis Mateo Díez: Por una parte, el séptimo arte supone un encuentro popular, masivo, con lo imaginario, a través de un invento tan insólito como el de las imágenes animadas. A mí esa experiencia me marcó muy tempranamente. La narración de las imágenes en el cine de mi pueblo, el relato de la oralidad, la lectura. Ámbitos de la imaginación y de la creación de ficciones entrelazados, concomitantes, que se ampliaban al asumirse. El cine también invade la literatura, y tengo la impresión de haberme enriquecido con él como narrador literario.

E.S.F-M.: El libro cuenta con las ilustraciones de Emilio Urberuaga. Antes habían publicado Gente que conocí en los sueños, con los dibujos de MO Gutiérrez Serna. ¿Cómo surgieron estas colaboraciones? ¿Qué cree que aportan las ilustraciones a su obra narrativa?

L.M.D.: Son ilustradores que admiro mucho. Aportan su mundo y su mirada, y hacen el libro más atractivo. Siempre me he relacionado intensamente con los creadores plásticos.

E.S.F-M.: Usted es el creador de ese territorio imaginario que es Celama. Un espacio literario que es un “cómputo de vidas apasionadas, melancólicas, exuberantes o secretas”. William Faulkner, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo o Juan Benet también lo hicieron. ¿Cómo surgió Celama, qué la originó?

L.M.D.: La originó la experiencia de vivir muchos veranos en un paisaje de páramo, donde quedaban muchos residuos de la antigüedad campesina, y la necesidad de tener un territorio, un espacio imaginario para mis ficciones, que siempre suceden en Celama y sus aledaños, una suerte de provincia del hombre donde están mis Ciudades de Sombra.

E.S.F-M.: Celama es imaginario, pero a la vez está perfectamente demarcado: “Una tierra situada en el centro de la mitad meridional de la Provincia, una franja perfectamente delimitada del resto de la Meseta por los Valles de los ríos Urgo y Sela”. ¿Por qué eligió ese espacio concreto, trasunto del Páramo leonés, para desarrollar El espíritu del páramo, La ruina del cielo y El oscurecer, entre otras obras?

L.M.D.: Por esa experiencia que digo, por esa iluminación para trastocar lo real en irreal, por la consistencia de símbolos y metáforas que se entrelazaban y surgían al inventar las historias. Las fábulas de Celama tienen mucho que ver con la desaparición de las culturas campesinas.

E.S.F-M.: Algunas de las historias extraídas de las novelas que forman El reino de Celama fueron publicadas con el título de Celama (un recuento). ¿Qué criterio siguió a la hora de elegir los relatos que forman este libro? ¿Reescribió alguno de los textos?

“El mundo rural tiene en mi obra una dimensión legendaria”: Una conversación con Luis Mateo Díez

L.M.D.: Fue una idea y sugerencia de la profesora Ángeles Encinar, que es una de las mayores especialistas en mi obra. Ella detectaba la presencia de cuentos en la trilogía, lo que se llama novela compuesta en muchos estudios literarios contemporáneos. Repasé las historias para darles mayor individualidad; quedaron temáticamente ordenadas, recuperé inéditos. Todo ello en manos de Ángeles Encinar adquirió una dimensión de viaje a Celama, un pórtico para llegar a ella.

E.S.F-M.: Mis delitos como animal de compañía es, quizás, su libro más humorístico. En él aparecen elementos de la novela picaresca. ¿Qué nos puede contar de esta obra?

L.M.D.: Se trata de un viaje mental, el relato de alguien que asume el trastorno como un ámbito de lucidez desquiciada y, desde esa perspectiva, a veces humorística, y otras, dramática o patética, hace una radiografía personal del mundo trastornado que vivimos, o en el que él cree que vivimos.

E.S.F-M.: En Vicisitudes se cuentan ochenta y cinco historias que, reunidas, forman una novela. ¿Qué elementos ha considerado comunes para conformar esta unidad? ¿Podemos hablar de una novela compuesta, a la manera de Winesburg, Ohio?

L.M.D.: Formarían una novela u ochenta y cinco posibles novelas, alguna de ellas ya escrita posteriormente. La idea de una novela compuesta me parece acertada y muy interesante. Lo que hay es un mundo, un compuesto de mis Ciudades de Sombra, mi universo imaginario y una suerte de comedia humana, un entramado de vicisitudes que indagan en lo más significativo de la vida de muchos personajes.

E.S.F-M.: Usted ha reconocido que, como escritor, se siente heredero: “Asumo la herencia de todos los grandes escritores que han llegado a mí y que he leído”. ¿Puede hablarnos de esos escritores que han influido en su obra?

L.M.D.: Heredero como forma de reconocer tantos débitos, ya que me considero un lector poroso y agradecido. Hay una línea de aprendizaje y admiración que viene de muy lejos, de los clásicos griegos y latinos, de nuestro Siglo de Oro, de Cervantes, de la picaresca. Todo me concierne, nada me es ajeno. Las influencias son más nebulosas, comprometidas. En su día leí con mucha atención y rendimiento a Valle-Inclán, a Galdós y a Clarín. Pavese y Bassani fueron puntos de referencia, entre otros tantos. En lo cercano, la influencia siempre amistosa de Juan Eduardo Zúñiga, Manuel Longares y José María Merino.

E.S.F-M.: El mundo rural está muy presente en su obra. La cultura y la sabiduría de pueblos y aldeas se pierden con la desaparición de sus habitantes. ¿Son sus novelas una forma de rescatar una vida que parece llegar a su final?

L.M.D.: No tengo excesivos intereses sociológicos, y el mundo rural tiene en mi obra una dimensión legendaria, acorde a mis vivencias, aunque en Celama existan muchas metáforas sobre el crepúsculo de las culturas campesinas. Lo que heredé en mi infancia fueron las tradiciones orales, el patrimonio de una literatura popular que en mi tierra tenía mucha fuerza y presencia, siempre a mil años luz de referentes costumbristas.

E.S.F-M.: Celama pasó de los libros a los escenarios teatrales. ¿Qué siente un autor al ver representada su obra en los teatros?

L.M.D.: Es una experiencia muy importante y que se actualiza, ya que ahora hay un nuevo montaje sobre Celama que rememora y estiliza el anterior. Me fue posible comprobar la eficacia de la palabra en el escenario, la dimensión de lo que se representa y escucha, cuando uno meramente lo narró. Una experiencia muy enriquecedora, ya que el Teatro Corsario entendió Celama en su dimensión más expresionista.

E.S.F-M.: Su cuento “Los grajos del sochantre” o su novela La fuente de la edad fueron llevados al cine. ¿Quedó satisfecho con el resultado de la adaptación? ¿Suele participar en estos proyectos?

L.M.D.: No me interesa mucho participar en los proyectos, pero en ambos hubo manos amigas. Chema Sarmiento hizo con los grajos una adaptación muy expresiva y acorde al cuento, y Julio Valdés hizo con la fuente lo que buenamente pudo y le dejaron.

E.S.F-M.: “Siempre pensé que la memoria del narrador es el depósito que mejor contiene los elementos literarios de su experiencia, ese humus que salva del olvido lo que merece perpetuarse en la escritura mientras se macera, que rescata lo más significativo de lo que vivimos y recordamos para poder nutrir la fabulación”. Estas palabras forman parte de su discurso de ingreso en la Real Academia Española, en el año 2001. Desde la perspectiva que da el tiempo, ¿considera que ha logrado, con una obra tan extensa, el objetivo de “rescatar lo más significativo de lo que vivimos”?

L.M.D.: Sería demasiado petulante reconocerlo, pero no me resignaría a decir que no lo intento, ya que mi reto es ambicioso; no escribo para complacer y complacerme, sino para ahondar en esa experiencia de lo imaginario que ofrece un contraste iluminador de la vida, de nuestra condición, de las contradicciones y contrariedades.

E.S.F-M.: Lleva más de veinte años en la Real Academia Española, ocupa el sillón I. ¿Qué puede contarnos de su experiencia en esta institución? ¿Cuáles cree que han sido sus aportaciones más destacadas como académico?

L.M.D.: Mis aportaciones son, sin duda, los trabajos en las comisiones donde se nutre y revisa el Diccionario, una labor muy refinada y cuidadosa que los académicos y trabajadores de la casa abordamos con mucho compromiso. Anotar y revisar las palabras, estudiar las que van llegando, tomar decisiones, en lo personal pone a prueba la experiencia verbal que uno tiene; y no hay que olvidar que los escritores somos un poco francotiradores en ese sentido, muy cercanos al sentido creativo de la lengua. Por otro lado, la Academia y las academias hermanas americanas han contribuido de forma efectiva a que tengamos una conciencia común del español.

E.S.F-M.: Su obra ha sido merecedora de importantes galardones. Además, es un firme candidato para recibir el Premio Miguel de Cervantes. ¿Qué supone este reconocimiento para un escritor en lengua española?

L.M.D.: Recompensas propicias al agradecimiento, avales generosos para seguir escribiendo.

E.S.F-M.: En alguna ocasión ha declarado que “la escritura es mi refugio desde hace mucho tiempo, ha sido un territorio personal muy comprometido con la vida”. ¿Tiene algún nuevo proyecto en mente?

L.M.D.: Soy escritor prolífico, puedo decir que a mis años ya solo vivo para escribir, pues la escritura es mi forma de vida, la experiencia de lo imaginario que tanto repito, leyendo o viendo películas, dada también mi condición de cinéfilo. En mente tengo infinitas historias, novelas a las que no daré abasto y, como irremediable consecuencia, quedarán más de lo debido cuando me vaya. Ser prolífico no es aval de nada, pero puedo jurar que da gusto serlo, qué le voy a hacer.

 

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Foto: Luis Mateo Díez, escritor español, en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes, 23 abril 2024. Crédito: Oscar Gonzalez / WENN / Alamy Stock Photo.
  • Eduardo Suárez Fernández-Miranda

Eduardo Suárez Fernández-Miranda was born in Gijón. He holds a law degree from the University of Seville, where he is currently preparing his doctoral thesis on Asturian writer and diplomat Julián Ayesta in the Department of Spanish and Hispano-American Literature. As a literary critic, he contributes to Spanish magazines El Ciervo, Gràffica, Quimera, and Serra d’Or. He also writes for American publications Cine y Literatura (Chile), La Tempestad (Mexico), Latin American Literature Today (University of Oklahoma), and the Papel Literario supplement of El Nacional (Venezuela). He occasionally contributes to Asturian newspapers El Comercio and La Nueva España.

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