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Issue 39
Dossier: Robert Southwell en Latinoamérica

Una vida ejemplar de Braulio Fernández Biggs

  • por Alfredo Jocelyn-Holt
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  • September, 2026

¡Dura suerte cuando las mitades deben discrepar,
O la tregua de las mitades traicionar el todo!1

Southwell, La guerra civil del hombre


Si la profundidad de una biografía se mide por cómo se encara la complejidad del personaje, el libro
Robert Southwell. Jesuita, poeta y mártir (Fondo de Cultura Económica, 2026), de Braulio Fernández, se destaca por fundir las diversas facetas del biografiado en un retrato que no traiciona ni el todo ni las partes, de manera ingeniosa y actual, tratándose de un poeta inglés del siglo XVI, cuya vida y obra se abordan por primera vez en lengua castellana.

Para empezar, se hace comprensible al personaje como sacerdote católico perseguido y condenado por alta traición en plena Inglaterra isabelina. De ahí el encuadre histórico-biográfico con el que se le contextualiza, “hispanizando” no poco el tema. Hay un indiscutible cuadro mayor de por medio: secesión cismática, fractura nacional y conflictos fratricidas sin cuartel, en el que figuran María e Isabel —¿cuál de las dos, más sangrienta y persecutoria? —, hijas de un mismo padre, vaya padre, y “defensor de la fe”. El desenlace aún no está definido al adentrarnos en esta historia. Involucra potencias, una contrarreforma y cuadros militantes ignacianos formados en Roma; además, redes clandestinas que alcanzan altas esferas inglesas, en las que Southwell se mueve como en casa. Obviamente, la política es ineludible. Y no es que el libro tome partido, sino que hay un público lector de habla hispana al que familiarizar, para el cual las coordenadas no solo inglesas y protestantes despiertan sentido.

Otro acierto del enfoque biográfico es que permite efectos narrativos. Al “padre Robert”, como se le llama un par de veces, se le sigue, acompaña e imagina, lo que genera empatía en el lector. Estrategia que potencia lo que viene inmediatamente después, una vez retratados el protagonista y su ambientación. Nada menos que la traducción de toda su obra poética reunida, incluidos poemas en prosa y otros textos (no así la correspondencia prometida para un estudio futuro). Un aporte prodigioso en el que se analizan los textos uno a uno —ángulo académico, con todo su despliegue erudito y técnico preciso—, pero que, al dotar de palabras al personaje recién descrito, se le hace hablar y recitar, toda vez que, en imagen subliminal persistente, nos sigue pareciendo que deambula por Londres y se le esconde, presta alivio espiritual, predica y reza junto a otros. A menudo se reproduce un poema tan alucinante como el más famoso suyo, “The Burning Babe”, y no se sabe ante qué se está. ¿“Un poema bellísimo”, aunque simple y llano, sobre un niño en llamas que se aparece una noche de invierno, o una iluminación, una visión, una anticipación o “prolepsis” de la pasión de Cristo, con base teológica? Este estudio es una guía extraordinaria sobre cómo y en qué niveles distintos pueden apreciarse los textos literarios. Enseña a leer e interpretarlos.

Tampoco es árido en su propuesta literaria estricta; al contrario, provoca. Aspira a rescatar a Southwell y a corregir lo que considera su marginación del canon literario inglés. En la primera década del siglo XVII, llegó a ser el autor más publicado de Inglaterra después de Shakespeare. De ahí, dos capítulos adicionales del libro. En uno se examina la conexión con los llamados “poetas metafísicos”: Donne, Milton, Herbert, Crashaw, Vaughan y Marvell, cuyos temas, gustos y coincidencias con el conceptismo barroco, el ingenio/wit y las paradojas permiten, según Fernández, calificar a Southwell como predecesor, cuando no como “primer poeta metafísico”. En otro capítulo se examina la posible conexión con Shakespeare, consciente de que este ángulo es más especulativo, aunque no menos fundado en un manejo impresionante de la literatura analítica pertinente.

Sobra decir que Fernández dedicó tres años a este libro altamente significativo en lo personal —escrito tras la muerte de su hija Sara—, además de poner de manifiesto sus variados talentos y habilidades: es especialista en literatura inglesa, profesor, poeta, traductor y hace las veces, en este estudio y magna traducción, de jefe de equipo de traductores, también intérprete en sentido lato: traduce por lo mismo que historiza y narra. Está visto, Fernández no puede evitar abordar lo que emprende de manera multifocal.

En todo caso, será con lo del martirio que logra juntar y producir un efecto aún mayor: vuelve presente y vivo a Southwell. Una paradoja, al igual que su muerte, que, a pesar de ser violenta, pareciera esperarse como prefiguración culminante de un deseo espiritual. “Por fuerza vivo, por voluntad quisiera morir…/ La vida no es sino pérdida cuando se considera como ganancia morir…/ Ven, muerte cruel, ¿por qué te tardas tanto?”, escribe en prisión.2

Hoy en día no suele hablarse de ese modo, menos aún de martirios en semejante registro. Los martirios se han desacralizado o han perdido vigencia; se les considera anacrónicos o se reserva el término para “causas” vinculadas a la justicia social o asociadas a colectividades tipificadas como víctimas (“pueblo mártir”, “comunidad sacrificial”, “geografía del dolor”), rara vez para individuos. Sucede lo mismo cuando se representan matanzas de mártires en pinturas renacentistas. Curioso, ninguna de estas pinturas conmueve necesariamente. Ese “vértigo de las listas” que destaca Umberto Eco tampoco: es más lo que satura que lo que fortalece el efecto que se pretende lograr. Produce la sensación de una “noticia” cuantificada, no la de un testimonio de fe, ni, digamos, la de un individuo martirizado que acepta su martirio.

Tampoco es que resultara fácil su reconocimiento. La Iglesia católica tardó 384 años en beatificar a Southwell y otros 41 en canonizarlo. Ya antes de tener que probarse en instancias de derecho canónico, su martirio enfrentó acusaciones que negaban su sacrificio. A mártires se les solía calificar de meras bajas enemigas o criminales (sediciosos, conspiradores, traidores). Y si bien es comprensible que en la Enciclopedia Británica, versión de 1911, no se le considere santo, resulta chocante que no se le denomine mártir. Los martirios de cuño tradicional suponen un indesmentible “testimonio” y, como tales, ¿por qué no habrían de ser lo bastante capaces de hablar por sí solos, se comparta o no dicha fe? ¿Deben requerir certificaciones? Y sus manifestaciones de convicción, integridad, calidad moral y carácter, ¿hemos de estimarlas vestigios de otras épocas que hoy no dicen nada?

Southwell es demasiado potente como individualidad para que se le silencie. Lo que tiene que decir sigue siendo elocuente. Este libro es prueba de ello. Vuelve a hacer ver su martirio como una denuncia vigente, así como un desafío explicativo apremiante, individual y subjetivo. Esta biografía, si bien piadosa para quienes así la quieren leer —lo digo como un no cristiano—, no es hagiográfica. Se entronca con toda una tradición de “vidas ejemplares” que sirven de modelo. Leon Edel y Henry James guardan vigilia. Han demostrado que se puede captar una esencia o un alma, que la muerte de la persona biografiada fija y sella. Es cuestión de simetría de conjunto, sensibilidad e intuición, esto de desentrañar la “figura” en el diseño del tapiz, entre tanto absurdo circunstancial, incluida la muerte.

 

1 “Hard happ where halves must disagree/ Or truce of halves the whole betraye”, Mans Civill Warre.
2 “By force I live, in will I wish to dye…/ Life is but losse where death is deemed gaine,…/ Come Cruell
death, why lingrest thow so longe?”,
Life Is But Losse. 

 

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  • Alfredo Jocelyn-Holt

Photo: Martín Orellana

Alfredo Jocelyn-Holt is a historian. He earned his D.Phil. from Oxford and his B.A. and M.A. at Johns Hopkins. He holds a law degree from the Universidad de Chile, where he is a professor. He has been a visiting professor at the universities of Cambridge, Roma Tre, Salamanca, and Chicago (Tinker Professor). He is the author of La Independencia de Chile, El Peso de la Noche, El Chile Perplejo, Historia General de Chile (three volumes), La Escuela Tomada, La Casa del Museo, and La Historia en Disputa: Reflexiones y debates. He was awarded the Premio Municipal de Literatura in 1999, 2005, 2009, and 2016.

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