The Circumsision
The head is launc’t to worke the bodies cure
With angring salve it smartes to heale our wounde
To faltlesse sonne from all offences pure
The falty vassalls scourges do redounde
The judge is cast the guilty to acquite
The sonne defac’d to lend the starre his light
The veyne of life distilleth droppes of grace
Our rock gives yssue to an heavenly springe
Teares from his eyes blood runes from wounded place
Which showers to heaven of joy a harvest bringe
This sacred deaw lett Angells gather upp
Such daynty droppes best fitt their nectared cupp.
With weeping eyes his mother reu’d his smart
If bloode from him, teares rann from her as fast
The knife that cutt his fleshe did perce her hart
The payne that Jesus felt did Marye tast
His life and hers hunge by one fatall twiste
Noe blowe that hitt the sonne the mother miste.
La circuncisión
La cabeza fue sajada para lograr la cura del cuerpo;
Con irritante bálsamo, arde para sanar nuestra herida.
Al Hijo inocente, puro de toda mancha,
Los malvados vasallos le pagan con latigazos.
El Juez es condenado para absolver al culpable;
El Hijo desfigurado, para otorgarle a la estrella su luz.
La vena de la vida destila gotas de gracia;
Nuestra roca genera una fuente celestial.
Lágrimas fluyen de sus ojos, sangre desde el lugar herido;
Estas lluvias llevan una cosecha de alegría al cielo.
Que los ángeles recojan este sagrado rocío;
Unas gotas tan delicadas se ajustan óptimamente a su copa de néctar.
Con ojos llorosos su madre lamentó su escozor;
Si a Él le corría la sangre, las lágrimas a ella igual de rápido.
El cuchillo que cortó su carne atravesó el corazón de ella;
The burning Babe
As I in hoary Winters night stoode shyveringe in the snowe
Surpris’d I was with sodayne heat, which made my hart to glowe
And lifting upp a fearefull eye to vewe what fire was nere
A pretty babe all burninge bright did in the ayre appeare
Who scorched with excessive heate such floodes of teares did shedd
As though his floodes should quench his flames, which with his teares were fedd
Alas quoth he but newly borne in fiery heates I frye
Yet none approach to warme their hartes or feele my fire but I
My faultles brest the furnace is the fuell woundinge thornes
Love is the fire and sighs the smoke the ashes shame and scornes
The fewell Justice layeth on and Mercy blowes the coales
The metall in this furnace wrought are mens defiled soules
For which as nowe on fire I am to worke them to their good
So will I melt into a bath to washe them in my bloode.
With this he vanisht out of sight and swiftly shronke awaye
And straight I called unto mynde, that it was Christmas daye.
El Niño ardiente
Cuando estaba tiritando, de pie en la nieve en una blanca noche de invierno,
Me sorprendió un repentino calor que hizo que mi corazón se iluminara
Y elevando una temerosa mirada para ver qué fuego habría cerca,
Apareció en el aire, brillando con todo su ardor, un bello Niño,
Que abrasado con excesivo calor derramó tales diluvios de lágrimas,
Como si sus diluvios debieran extinguir sus llamas, que de sus lágrimas se alimentaban.
“¡Ay!”, dijo, “recién nacido en fieros calores me abraso,
Pero nadie se acerca a entibiar su corazón o sentir su fuego, sino yo.
Mi inocente pecho es la fragua; el combustible, las hirientes espinas;
El amor es el fuego y el humo son los suspiros; las cenizas, la vergüenza y el desdén.
La justicia pone el combustible y la misericordia aviva las brasas.
El metal forjado en esta fragua son las almas corrompidas de los hombres,
Por quienes como ahora estoy ardiendo para trabajarlos por su bien,
Así me fundiré en un baño para lavarlos en mi sangre”.
Con esto menguó a ojos vistas y rápidamente se consumió
Y en seguida recordé que era el día de Navidad.
El dolor que Jesús sintió, María lo sufrió.
Su vida y la de ella pendían de una fatal rama;
Ningún golpe dado al Hijo dejó de alcanzar a la madre.
New Prince, new pompe
Behold a sely tender babe
In freesing Winter nighte
In homely manger trembling lyes
Alas a pitteous sighte
The Inns are full no man will yeld
This little Pilgrime Bedd
But forc’d he is with sely beasts
In Crib to shroude his headd.
Despise not him for lyinge there
First what he is enquire
An orient pearle is often founde
In depth of dirty mire
Waye not his Crib, his wooden dishe
Nor beasts that by him feede
Way not his mothers poore attire
Nor Josephs simple weede
This stable is a Princes Courte
The Cribb his chaire of state
The beastes are parcell of his pompe
The wooden dishe his plate
The persons in that poore attire
His royall livories weare
The prince himselfe is come from heaven
This pompe is prized there
With joy approach O Christian wighte
Do homage to thy Kinge
And highly prise this humble pompe
Which he from heaven doth bringe
Nuevo príncipe, nueva pompa
Mira, un indefenso y tierno Bebé
En una gélida noche de invierno.
Yace tiritando en un vulgar pesebre.
¡Ay!, qué lastimoso espectáculo.
Las posadas están llenas, nadie quiere cederle
Una cama a este pequeño Peregrino,
Sino que entre nimios animales está obligado
A cubrirse la cabeza en el pesebre.
No lo menosprecies por yacer ahí.
Primero pregunta quién es.
Una perla de oriente a menudo se encuentra
En lo profundo de un sucio lodazal.
No evalúes su pesebre, su cuenco de madera,
Ni los animales que comen junto a Él.
No evalúes el pobre vestido de su madre,
Ni la humilde ropa de José.
Este establo es la corte de un rey;
El pesebre es su trono real.
Los animales son parte de su pompa;
El cuenco de madera es su vajilla de plata.
Las personas con esa pobre vestimenta
Lucen sus libreas reales.
El Monarca mismo ha venido del cielo.
Allí se aprecia esta pompa.
Acércate exultante, oh, criatura cristiana.
Rinde homenaje a tu Rey
Y valora en mucho esta humilde pompa
Que Él trae del cielo.
Saint Peters Complaynt (Selection)
Deare eie that daynest to let fall a looke,
On these sad memories of Peters plaintes:
Muse not to see some mud in cleerest brooke,
They once were brittle mould, that now are Saintes.
Their weakenesse is no warrant to offend:
Learne by their faultes, what in thine owne to mend.
(“The Author to the Reader,” vv. 1-6)
I stayed, yet did my staying farthest part:
I liv’d; but so, that saving life, I lost it:
Daunger I shund, but to my sorer smart:
I gayned nought, but deeper domage crost it.
What daunger, distance, death is worse then this:
That runnes from God, and spoyles his soule of blisse?
(vv. 223-228)
You flames devine that sparkle out your heats,
And kindle pleasing fires in mortall hearts:
You nectared Aumbryes of soule feeding meats,
You graceful quivers of loves dearest darts:
You did vouchsafe to warme, to wound, to feast:
My cold, my stony, my now famishde breast.
(vv. 349-354)
My eye, reades mournefull lessons to my hart,
My hart, doth to my thought the griefes expound,
My thought, the same doth to my tongue impart,
My tounge, the message in the eares doth sound.
My eares, backe to my hart their sorrowes send:
Thus circkling griefes runne round without an end.
(vv. 673-678)
Sleepe, deathes allye: oblivion of teares:
Silence of passions: balme of angry sore:
Suspence of loves: securitie of feares:
Wrathes lenitive: hartes ease: storme calmest shore:
Senses and soules reprivall from all cumbers:
Benumming sence of ill, with quiet slumbers.
(vv. 721-726)
With mildenesse, Jesu, measure my offence:
Let true remorse thy due revenge abate:
Let teares appease when trespasse doth incense:
Let pittie temper thy deserved hate.
Let grace forgive, let love forget my fall:
With feare I crave, with hope I humbly call.
(vv.781-786)
Saint Peters Complaynt (Selección)
Amado ojo que te dignas posar una mirada,
Sobre estos tristes recuerdos de los lamentos de Pedro,
No te asombres al ver algo de barro en el arroyo más cristalino;
Fueron moho quebradizo los que ahora son Santos.
Su debilidad no es excusa para ofender;
Aprende de sus faltas lo que en las tuyas debes enmendar.
(“Del autor al lector”, vv. 1-6)
Me quedé, pero al quedarme, más lejos partí;
Viví, pero de tal modo que, al salvar la vida, la perdí.
Evadí el peligro, pero para mayor desgracia.
Nada gané, salvo el daño más profundo que me alcanzó.
¿Qué peligro, distancia o muerte es peor que esto:
Huir de Dios y privar mi alma de su dicha?
(vv. 223-228)
Ustedes, llamas divinas que destellan sus calores,
Y encienden fuegos placenteros en corazones mortales;
Ustedes, alacenas de néctar de alimentos del alma,
Ustedes, gráciles aljabas de los más queridos dardos del amor:
Se dignaron calentar, herir y deleitar
Mi frío, mi pétreo, mi ahora famélico pecho.
(vv. 349-354)
Mi ojo lee lecciones de duelo para mi corazón,
Mi corazón expone las penas a mi pensamiento,
Mi pensamiento lo mismo transmite a mi lengua,
Mi lengua lleva el mensaje a los oídos,
Mis oídos devuelven las penas a mi corazón;
Así, las penas circulares giran sin fin.
(vv. 673-678)
Sueño, aliado de la muerte, olvido de las lágrimas,
Silencio de pasiones, bálsamo de la herida iracunda,
Incertidumbre de amores, seguridad de temores.
Calmante de la ira, alivio del corazón, la orilla más quieta de la tormenta,
Respiro de los sentidos y del alma de todos los problemas,
Que adormece el sentido del mal con apacibles sueños.
(vv. 721-726)
Con benevolencia, Jesús, mide mi ofensa;
Deja que el verdadero arrepentimiento mitigue tu justa venganza;
Deja que las lágrimas apacigüen cuando la transgresión provoque;
Deja que la piedad temple tu merecido odio.
Deja que la gracia perdone, que el amor olvide mi caída;
Con temor imploro, con esperanza humildemente clamo.
(vv.781-786)
Filii Prodigi porcos pascentis ad Patrem Epistola
Si tam longinquis rogites quis scripsit ab oris
Vel ferat unde rudes sordida charta notas
Inspice suffusis quamvis maculosa lituris:
Littera scriptoris nomen et omen habet.
Continet illa meos plenos formidine casus,
Illa dabit nati facta scelesta tui,
Et licet ingrato sordent elementa colore
Sunt tamen haec domino candidiora suo.
Quippe, quod emerui, lutosis versor in antris
Nilque nisi obscenum lumina nostra vident.
Non mihi divitiae non fulvi copia nummi
Praestitit ut quondam, nunc quoque praestat opem.
Haud inopem fallax comitatur vulgus ut olim
Nec qualis fuerat jam famulatus adest.
Ornatae desunt radianti murice vestes
Nec phaleris tecti subjiciuntur equi.
Omnia nimboso fluxere simillima vento,
Nec facies rebus quae fuit ante manet.
Hei volvit fortuna rotam ventisque solutis
Disrupit nostram perniciosa ratem.
Aurea deperiit, nunc ferrea prodiit aetas
Sunt laeta in tristes tempora versa dies.
Quaeque prius ventis pergebant vela secundis
Et pontum ut faciles edomuere lacus
Acta ruunt inter Scyllas interque Charybdes
Et fracta adversis dilacerantur aquis.
Heu parva infandum liquerunt gaudia luctum
Heu ruptum liquit vipera parta latus
Jam placidae periere dies tristesque secutae
Ultima laetitiae prima doloris erat.
Sors ea dura quidem sed nostris debita factis
Immo est errato lenior ira meo.
Cum miser ignotas veni peregrinus in oras
Pronus in interitum pro dolor ipse meum,
Totus in insanos effudi tempora luxus,
Tempora vulneribus iam redimenda meis.
Seque mihi juveni juvenes iunxere sodales
Et ruitura simul plurima turba fuit.
Raptus in exitium, sociis agitantibus ivi
Aut comes aut princeps ad scelus omne fui.
Utque pudor faciem, pietas sic pectora liquit.
Calluit a multis mens hebetata malis.
Nec mihi cura Dei propriae nec cura salutis:
Sola videbatur caeca libido salus.
Sic ego tartareis merces certissima monstris
Tartareos retuli jam nova dira canes
Non furiis actus furiosa videbar Erinis
Nec mihi sub stygiis par fuit ullus aquis.
Haec mea vita fuit, si possit vita vocari
Quae tulit ad mortis perniciosa fores.
Hoc mea lustravit nimium vaga carbasus aequor
Alta quoad plenam sustulit unda ratem,
Sed modo saxosi portus anfractibus haerens
Corruit ablatis naufraga puppis aquis.
Jamque luo poenas, turpis fero praemia vitae:
Obruor innumeris exul egensque malis.
Ah! Lacer ex humeris algenti pendet amictus
Cetera marmoreo frigore membra rigent
Et male contecti malefiunt imbribus artus
Quin lacerant nudam verbera saepe cutim.
Continuis lassae callent grunnitibus aures
Laeta est in tales musica versa sonos
Sunt etenim porci mensae lectique sodales
Unus eis cibus est unus et ille mihi.
Horridus inculto pendet de fronte capillus
Nec caput a ventis quod tueatur adest.
Dum facies liquida pallens respondet ab unda
Quae quondam a speculo reddita saepe fuit,
Dissimiles surgunt antiqua ab imagine vultus
Nec species eadem, quae fuit ante, manet.
Quippe novas macies induxit in ora figuras:
Vix cutis, exesis carnibus, ossa tegit
Squalida languentes febris depascitur artus
Imaque pervasit tabidus ossa dolor,
Nec mihi curandis dantur medicamina morbis.
Tu nisi succurras, non feret alter opem.
Hei tua sum genitor tua sum licet impia proles
Ni mala quae fuerit desinat esse tua.
genitore fui proles, non impia proles
Impia me misero me genitore fui.
Aspice tu prolem: proles dedit impia poenas
Atque tulit meritis praemia digna suis,
Inque dies funesta magis tormenta supersunt
Et mala praeteritis deteriora malis,
Mille animum curae corpus mala mille fatigant
Intus nulla datur nee foris ulla quies.
O quam difficiles portendunt omnia casus
Tu nisi mature tristia fata leves.
Hei citus affer opem dextramque extende cadenti
Quae data vita mihi morsque negata foret.
O pater, o nati spes summa et sola salutis,
Sis pater et nati sit tibi cura tui.
En, scelus agnoscit, lacrimis commissa fatetur:
Parcere peccanti munus amoris erit.
Peccavi, fateor; sceleris mens conscia luget
Erroresque luunt singula membra suos.
Scilicet et veniam sceleris mens conscia poscit,
Nec nisi peccanti parcere posset amor.
Parcat amor vincat pietas iraeque facessant:
Plus tua te virtus, quam mea facta regant.
Nec quia me cernis factum de prole rebellem
Tu fieri judex ex genitore velis.
Quamvis si fieres nunquam te judice tantis
Esset credo equidem subdita vita malis.
Cur tua deserui redamati limina tecti?
Cur mea subtraxi lumina maesta tuis
Sic visum est superis; haec me fortuna manebat;
Haec mihi dura licet poena ferenda fuit.
Ah, Deus, ecce tuli saevos iam comprime fluctus
Et petat optatos lassa carina sinus.
Per mare per scopulos per mille agitata Charibdes
Mitius ah tandem te duce pergat iter.
O mihi si patrias liceat revidere penates,
O mihi si felix luceat ille dies,
Ante ruet coelum tendetque ad sidera tellus
Et mare siccatis fluctibus ignis erit
Quam quaeram ignotas iterum novus advena terras
Quamvis quaerenti regia sceptra dares.
Patria dulce solum quod si mihi visere detur
Nec me divelli mortuus inde sinam.
Condicio melior patriis in sedibus Iri est
Quam Croesi magnas exulis inter opes.
Ergo cara tui pateant mihi limina tecti
Et videam notos post fera fata lares.
Sin minus externis moriar peregrinus in oris
Nee tumuli ritum qui mihi praestet erit
Sed sine funeribus nullo curante relinquar
Et miseranda feris praeda cadaver erit.
O si forte brevi tales tibi littera casus
Adferat et nati talia fata tui,
Quae sibi mens quis sensus erit cum te orta parente
Audieris rabidas membra vorasse feras?
Tunc fortasse gemens sobolis vel busta requires
Quam poteras vivam nunc habuisse domi.
Tunc si me renuas memorans renuisse dolebis
Atque tuo duplex imber ab ore fluet.
Obvia saepe animo defuncti occurret imago
Junctaque cum lacrimis plurima verba dabis.
Ast aderit nullus nisi tristes fletibus umbrae
Et rapiet gemitus ventus et aura tuos.
Tunc dolor invadet quem non invaserat olim
Quique sepultus erat vulnere surget amor.
Ille quidem surget sed nostros serus in usus
Cum nulla optatae spes opis esse potest.
Nunc, igitur, o nunc dum spes manet ulla salutis
Succurre et tantis obvius ito malis.
Quodque mihi o genitor solus concedere posses
Accipe supremum prolis ab ore vale.
Carta del hijo pródigo a su padre, mientras apacienta a los cerdos
Si te preguntas quién te escribió desde regiones tan remotas
O desde dónde este sucio papel lleva tan toscas líneas,
Fíjate que, aunque manchada y emborronada,
La carta indica el nombre y el destino de su escritor.
Ella contiene mis desventuras, llenas de temores;
Ella relatará los crímenes cometidos por tu hijo,
Que, aunque con manchas repugnantes
Son incluso más puros que su autor.
Pues me hallo en los fangosos antros que merecí,
Y mis ojos ya nada ven que no sea impuro.
No me quedan riquezas ni abundancia de doradas monedas,
Como antes; ahora estoy necesitado de ayuda.
En mi necesidad ya no me acompaña, como antiguamente, el falaz vulgo,
Ni está conmigo la servidumbre que antes tenía.
Se perdieron ya los vestidos de radiante púrpura,
Y ya no conduzco ornamentados caballos.
Todo se diseminó semejante al borrascoso viento,
Y ya no quedan rastros del cariz que tenían las cosas.
Ay, la fortuna hace girar su rueda y con sus vientos desatados
Destruye perniciosa nuestra nave.
Acabó la edad dorada, y ahora, que empezó la férrea,
Los tiempos alegres se han vuelto tristes.
La nave que antes avanzaba con favorables vientos
Y que sometió al mar como si fuera un plácido lago,
Sucumbe arrastrada entre Escilas y Caribdis
Y es destrozada por enemigas aguas.
Ay, pequeños gozos no dejaron más que una aflicción inefable;
Ay, nació una víbora que me dejó el costado herido;
Ya terminaron los días placenteros, seguidos de los tristes;
El último día de alegría era el primero del dolor.
Esta es una suerte dura, pero merecida por mis actos;
La ira es, por cierto, menor que mi culpa.
Cuando llegué, miserable peregrino, a estas desconocidas regiones
Dirigiéndome yo mismo, ¡ay!, a mi perdición,
Malgasté el tiempo en insanos placeres;
Tiempo que ahora debo redimir con mis padecimientos.
Siendo joven, se me allegaron jóvenes compañeros;
Compañía encaminada conmigo a la ruina.
Me dirigí a mi perdición arrastrado por mis socios,
Y participé en todo crimen, o como cómplice o como jefe.
Como el pudor mi rostro, la piedad me abandonó el pecho.
Se me encalleció de tantos males el alma.
No me preocupaba ni de Dios ni de mi propia salvación;
La única salvación me parecía ser la ciega lujuria.
Así, como prenda para los monstruos del Tártaro,
Entregué perros tartáreos como certísimos nuevos terrores.
Me parecía a una furiosa Erinia sin que me llevaran las furias,
Y nadie había bajo las aguas estigias semejante a mí.
Esta era mi vida, si vida puede llamarse
La que conduce, perniciosa, a las puertas de la muerte.
Este océano inagotable surcaba mi vago velamen,
Hasta que una alta ola levantó completo el navío;
Pero ahora la náufraga nave perece encallada
Por el rebalaje de las aguas de un rocoso puerto.
Y ahora purgo estas penas, y sufro el pago de mi vergonzosa vida:
Me deshago en innúmeros males, exiliado e indigente.
¡Ah! Mi capa destrozada cuelga maltrecha de mis hombros,
Los demás miembros están rígidos con marmórea frigidez
Y mis articulaciones, mal abrigadas, padecen por las lluvias,
Que suelen lacerar, como azotes, mi piel desnuda.
Mis oídos se han endurecido de tanto aguantar gruñidos:
En ello se convirtió la alegre música,
Pues los cerdos son mis compañeros de mesa y de lecho,
Y lo mismo que comen ellos lo como yo.
Sucios cabellos cuelgan de mi desarreglada cabeza,
Y nada tengo con qué cubrirla del viento.
Mientras responde a la líquida onda el pálido rostro
Que en otros tiempos solía devolverme el espejo,
Surgen caras distintas a la antigua imagen,
Y ya no quedan rastros del aspecto que antes tenía,
Pues la delgadez trajo a mi rostro nuevas figuras:
Consumidas las carnes, la piel apenas cubre los huesos;
La dura fiebre devoró mis lánguidas articulaciones
Y el corrosivo dolor invadió lo hondo de mis huesos.
¡Y no se me dan medicamentos para curar mis males!
Si tú no me socorres, no me llegará más auxilio.
Oh, padre, tuyo soy; soy, aunque impío, tu prole,
Que por mala que haya sido, no deja de ser tuya.
Siendo tú el padre, no fui de ti prole impía;
Sí lo fui siendo yo, en mi miseria, mi propio padre.
Mira a tu prole: la prole impía pagó sus penas,
Y recibió los premios proporcionados a sus méritos.
Cada día abundan más los funestos tormentos,
Y cada mal va siendo peor que los anteriores.
Mil preocupaciones fatigan mi alma y mil males mi cuerpo,
Sin encontrar alivio ni dentro ni fuera.
Oh, qué duras caídas me vaticina todo
Si tú no cambias, presto, mi triste hado.
Oh, trae pronto el auxilio y extiende al que cae tu diestra,
Que si es dada será vida, y muerte si es negada.
Oh padre, oh suma esperanza y única salvación de tu hijo;
Sé padre, y que sea tuya la aflicción de tu hijo.
Mira, él reconoce su crimen, confiesa con lágrimas sus delitos:
Perdonar al pecador será tarea del amor.
Pequé, lo confieso; mi alma se lamenta consciente de su crimen
Y cada miembro purga sus errores.
Ciertamente el alma, consciente de su crimen, pide venia,
Y el amor no puede sino perdonar al pecador.
Que perdone el amor, venza la piedad, se vayan las iras;
Que te rija tu virtud más que mis actos.
No quieras, porque me ves transformado de hijo en rebelde,
Transformarte tú de padre en juez;
Aunque si lo haces, creo que contigo como juez
Mi vida no estaría sometida a tan grandes males.
¿Por qué dejé los umbrales de tu amada casa?
¿Por qué aparté mis tristes ojos de los tuyos?
Así le pareció al cielo; esta fortuna me esperaba.
Esta pena, aunque dura, la tuve que soportar.
Ah, Dios, mira que la soporté; ahora reprime las terribles olas,
Y que la fatigada barca se dirija a los anhelados puertos.
Por el mar, por roqueríos, por mil agitadas Caribdis
Se vuelva al fin más suave mi camino, siendo tú mi guía.
¡Oh, si tan solo pudiera volver a ver los penates de mi patria!
¡Oh, si brillara ante mí aquel día feliz!
¡Colapsaría el cielo y subiría hacia los astros la tierra
Y el mar, secándose sus olas, se tornaría fuego
Antes de que yo vuelva a buscar tierras extranjeras, como nuevo viajero,
Incluso si me dieras por eso cetros reales!
Patria, mi único deleite, si se me permitiera visitarte,
No dejaría que ni muerto me apartaran de ti.
La situación de Iro en casa de su padre es mejor
Que la de Creso en medio de riquezas extrañas.
Que se me abran, pues, los queridos umbrales de tu casa,
Y que vea los conocidos lares después de tan terribles azares.
Pero si muero peregrino en costas extrañas
No habrá quien me celebre los ritos funerarios,
Sino que seré abandonado sin nadie que se ocupe de mis exequias
Y mi cadáver será miserable presa para las fieras.
Oh, si por fortuna llegaran a ti, en esta breve carta,
Las desventuras y azares de tu hijo,
¿Qué pensarás, qué sentirás, al oír que los miembros engendrados por ti
Han sido devorados por rábidas fieras?
Entonces, quizás, buscarás gimiendo la sepultura de tu hijo,
A quien habrías podido tener ahora vivo en tu casa.
Si me rechazas, te dolerás al recordar que lo hiciste,
Y una doble lluvia caerá de tu rostro.
A menudo se te presentará en el alma la imagen del difunto,
Y le dirás numerosas palabras mezcladas con lágrimas.
A nadie encontrarás en tu llanto, sino a tristes sombras,
Y los vientos se llevarán tus gemidos.
Entonces el dolor invadirá a quien antes no había invadido,
Y el amor que se había sepultado surgirá de la herida;
Surgirá, ciertamente, pero demasiado tarde ya para mis necesidades,
Cuando ya no puede alcanzarse la ansiada esperanza de auxilio.
Ahora, pues, ahora, mientras aún queda alguna esperanza de salvación,
Socórreme y ven al encuentro de tan grandes males,
Lo que solo tú, oh padre, puedes concederme.
Recibe el supremo adiós de boca de tu hijo.
Traducciones de Paula Baldwin Lind, Neil Davidson, Sergio González Arrieta, Vicente Silva Beyer y José Manuel Tagle
Poemas del libro Robert Southwell. Jesuita, poeta y mártir de Braulio Fernández Biggs (Fondo de Cultura Económica, 2026)
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Foto: Catedral de Coventry, Inglaterra, por Stuart Frisby, Unsplash.

