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Número 38
Sobre la traducción

Hemorragia verbal: Una conversación con Brenda Navarro

  • por Miaad Banki
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  • June, 2026

Casas vacías comienza con una catástrofe: la repentina desaparición de un niño en un parque. A través de este lente, Brenda Navarro retrata la vida de dos mujeres enredadas en las secuelas de la pérdida. Sin embargo, la historia de la publicación del libro es tan dramática como la narrativa misma. Cuando los editores españoles rechazaron inicialmente la novela debut de Navarro, citando su “excesiva amargura”, ella se negó a ser silenciada. En un acto de desafío digital, publicó la novela en línea de forma gratuita. Esta inquietante “confesión” desencadenó una ola de aclamación sin precedentes, obligando finalmente a la prestigiosa editorial Sexto Piso a darle un lanzamiento formal, un punto de inflexión que estableció a Navarro como una de las voces más vitales de la literatura latinoamericana contemporánea.

 Escritora y socióloga, Navarro no busca crear héroes. Explora cómo la maternidad puede ser simultáneamente una fuente de profundo amor y un manantial de locura y crueldad. Para ella, la “casa” es una metáfora del cuerpo femenino: un territorio invadido, vaciado y despojado de su santuario por la violencia estructural. Tras su debut en las librerías de Teherán a principios de 2026, con la traducción de Miaad Banki, la novela encuentra una nueva y perturbadora resonancia. Para Banki, traducir a Navarro fue un ejercicio de “asfixia controlada”, recreando una “hemorragia verbal” en un contexto lingüístico donde la sintaxis formal suele exigir estabilidad. En este diálogo exclusivo, conversan sobre la política de la maternidad, la sintaxis de la ansiedad y las heridas compartidas que unen a México e Irán.

 

1. La desmitificación de la maternidad

Miaad Banki: En Casas vacías, la maternidad no aparece como un instinto sagrado, sino casi como una imposición social o, en el otro extremo, como un deseo feroz que desencadena la atrocidad. Al traducir su obra, sentí que estaba traduciendo un “tabú” cultural: la voz de una madre que se atreve a confesar su arrepentimiento. ¿Cree que la literatura es el único espacio seguro donde las mujeres pueden admitir el “fracaso” del ideal materno sin ser juzgadas como monstruos?

Brenda Navarro: Creo firmemente que dentro de los espacios públicos, las mujeres hemos tenido las conversaciones incómodas sobre qué significa la maternidad viviendo en sociedades donde se empeñan por complicar la vida de las mujeres por ser quienes tenemos la capacidad de reproducir. Así que sí, en nuestras casas, en nuestras habitaciones, nuestras cocinas, etc; sí que lo conversamos y nos cuestionamos muchas cosas, pero en los espacios públicos es más difícil que nos permitan tener una plena libertad de expresión. Todavía no hemos alcanzado a que se nos reconozca este derecho sin ser juzgadas. En este sentido, creo que la literatura es el lugar ideal para crear ficción que permita hablar de cualquier tema, incluidas las maternidades que no sean consideradas como un fracaso de las mujeres, sino de los sistemas patriarcales que sólo buscan mantener el poder económico y político en manos de los hombres, porque no hay nada más político que ser madre. Pienso en México y en cómo las madres de personas desaparecidas son las que están cuestionando constantemente al poder.

 

2. La soledad intransferible del dolor

M.B.: La novela está construida sobre dos monólogos que corren paralelos pero nunca se cruzan. Es como si ambas mujeres estuvieran encerradas en su propio sufrimiento, sin posibilidad de tocar a la otra. ¿Esta estructura sugiere que el dolor es una experiencia absolutamente solitaria e intransferible? ¿O es el lector el único “puente” capaz de conectar estas dos soledades?

B.N.: Ambas apreciaciones son correctas. Es importante que ellas no puedan ser conscientes de la otra, porque si sus universos se juntan, entonces estaríamos hablando de dos mujeres con dolores similares que pueden mirarse a la cara y no sentirse tan solas. Ambas mujeres sufren las opresiones y la violencia, pero también una soledad enorme. Cuando decides ser mamá es como si te pusieran en una posición en la que no puedes volver a ser individuo, sólo el puente para que los hijos que creaste, puedan tener una vida por sobre la tuya. Pero también es verdad que los lectores tienen que ser los únicos capaces de mirar este dolor y estas circunstancias porque lo más importante es sentir la impotencia que tienen ellas ante la sordidez de la indiferencia de la sociedad. Las han dejado solas. Y el lector es el único acompañante posible y sin embargo no puede hablar con ellas, ahí es donde la soledad que ellas sienten, puede instalarse en el lector.

 

3. El cuerpo como casa vacía

M.B.: El título Casas vacías evoca espacios físicos, pero durante la traducción, la “casa” se me reveló más bien como una metáfora del cuerpo femenino: un territorio invadido, a veces por un feto, a veces por la ausencia, a veces por la violencia de los hombres. ¿Cómo trabajó esa simbiosis entre la arquitectura doméstica y la biología femenina? ¿Es el cuerpo de la mujer la verdadera “casa” que nunca les pertenece del todo?

B.N.: Sí, la metáfora funciona así, somos cuerpos vaciados después de traer a nuestros hijos al mundo y ese vacío no se va nunca. Después, resulta que somos las mujeres las que somos confinadas en nuestras casas para hacer que esos bebés vivan y crezcan y sean mano de obra barata para el sistema económico. Nos dejan vacías las casas que nos hacen cuidar y sostener para el beneficio de la sociedad. Siempre me he imaginado que los hogares son una especie de incubadora que además tenemos que pagar nosotros porque nuestros cuerpos no nos pertenecen, de alguna forma le pertenecen a esos grandes corporativos que nos chupan la vida y nos esclavizan por unas cuantas monedas.

 

4. La sintaxis de la ansiedad

M.B.: Su prosa tiene un ritmo vertiginoso, asfixiante, casi sin pausas para respirar. Además, la ausencia de guiones de diálogo disuelve la frontera entre lo que los personajes piensan y lo que dicen. Al verterlo al persa, intenté mantener esa “hemorragia verbal” y esa fusión de voces. ¿Fue esta decisión de eliminar las marcas gráficas una estrategia para mimetizar el caos mental de los personajes? ¿Cómo logra que el lector no se pierda en ese flujo, sino que se ahogue con ellos?

 B.N.: Sí, las marcas gráficas me estorban, nosotras no tenemos ningún tipo de marcas cuando estamos hablando, la oralidad tiene otro tipo de reglas que tiene que ver más con el ritmo y con la musicalidad de las palabras que con una gramática marcada dentro del espacio físico que es el libro. Para mí el ritmo de la novela es parte de la apuesta estética, del juego con el lenguaje y de cómo para mí el lenguaje tiene la misma capacidad que la música para generar emociones. Así que ese ritmo vertiginoso que tiene la segunda voz y a su vez, esa forma de expresarse de la primera voz, tienen que ver con la manifestación del dolor y del trauma como se supone que podrían hacerlo si estuvieran hablando con alguien más. Una especie de confesión ante dios: he hecho esto y estoy rindiendo cuentas y cuando tú tienes verdades como las que cuentan ellas, evidentemente la sensación de ahogo es lo que más quiero que sienta el lector. Necesita sentir lo que sienten ellas para entender.

 

5. Un espejo entre México e Irán

M.B.: A pesar de la distancia geográfica, las mujeres en Irán y México comparten heridas similares: la violencia sistémica, la presión patriarcal y el duelo colectivo. Ahora que Casas vacías llegará a las estanterías de Irán: ¿Qué le gustaría decirle a ese lector o lectora iraní que, a miles de kilómetros, se encontrará con su propio reflejo en el dolor de estas mujeres mexicanas?

 B.N.: Que me siento muy honrada de que mujeres y hombres iraníes puedan leer mi novela. Me intriga muchísimo saber qué tipo de debates o de conversaciones les provoca y que es una verdadera pena que compartamos tantos dolores en común, porque es difícil vivir una vida que no puede ser plena por decisiones que no están en nuestras manos. Sin embargo, también sé que en Irán hay mujeres y hombres que sostienen todo lo hermoso de la vida, que es mucho, la literatura, pero también las demás disciplinas artísticas son algo que a pesar de todo nos siguen alimentando nuestra humanidad y generan redes de personas que al menos mientras estamos leyendo el libro, podemos sentirnos acompañadas. Todo hermoso conlleva algo monstruoso, pero eso es el peligro de estar vivos y es un riesgo que asumimos y lo hacemos bien. Gracias por correr el riesgo de vivir y de creer en el arte.

 

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Foto: Brenda Navarro, escritora mexicana. ©Basso Cannarsa / Agence Opale.
  • Miaad Banki

Miaad Banki (PhD) is a literary translator and university lecturer based in Tehran. He specializes in contemporary Spanish and English-language fiction and narrative non-fiction, with a particular focus on “non-domesticated” and subversive voices that challenge social and linguistic boundaries. As the authorized Persian translator for Ariana Harwicz, Brenda Navarro, and Fernanda Trías, Banki is committed to bridging the gap between international avant-garde literature and Persian readers. His practice is rooted in ethical publishing standards, working directly with authors and global agencies to bring critical contemporary voices to the Persian market. His translations also include works by Jeanette Winterson, Roxane Gay, and Alia Trabucco Zerán.

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