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BOOK REVIEWS
Issue 39
Una casa sola de Selva Almada
By Ben Bollig
“El mundo de Almada es uno de conflictos irresueltos y delitos impunes, preciso pero atemporal; más allá de cualquier innovación técnica, nos parece decir esta poética y bella novela, que mientras no se resuelvan las injusticias del pasado seguiremos conviviendo con sus fantasmas.”
Fiction
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  • September, 2026

Buenos Aires: Penguin Random House. 2026. 160 páginas.

Una casa sola de Selva AlmadaLa nueva y muy esperada novela de la autora argentina Selva Almada (Entre Ríos, 1973) constituye, tácitamente, otra intervención en un debate que podría funcionar como vector principal de una historia de la literatura latinoamericana: en concreto, nos ofrece una respuesta a la pregunta, ¿cómo narrar una historia? Si la narrativa del siglo XIX se nutrió de las técnicas realistas y naturalistas para ofrecer retratos supuestamente objetivos y hasta científicos de su mundo contemporáneo, la literatura del siglo XX pronto comenzó a problematizar cierta tendencia a la univocidad en la obra de sus precursores. Se podría citar la irrupción de voces populares y urbanas en las ficciones de Roberto Arlt; de vocablos y sintaxis indígenas en las novelas de José María Arguedas; o los intentos por parte de escritores tan distintos como María Luisa Bombal y Juan Rulfo por retratar estados mentales alterados. Con la nueva narrativa de los años 50 y 60, y las novelas del “boom”, la narración pierde estabilidad; cabe citar también los experimentos de Elena Garro —la narración por parte de un pueblo entero en Los recuerdos del porvenir— o de Manuel Puig —la narración como organización de diversos materiales, en The Buenos Aires Affair. 

Almada, por su parte, adopta un procedimiento novedoso al narrar, en la mayor parte de esta novela, desde el punto de vista de la casa epónima. Una casa sola relata, a primera vista, un simple misterio: ¿cuál fue el sino de una familia de la clase trabajadora rural, peones en la estancia de un patrón de estatus decaído, en una provincia que podría ser Entre Ríos, quienes de un día a otro se borran de la faz de la tierra? No sería un gran spoiler compartir con los lectores que las respuestas que nos ofrece la novela —es decir, la casa que la narra— no son, del todo, satisfacientes.       

Una vez superado en choque inicial ocasionado por la sensación de leer la voz de un objecto inanimado, y que parece mantener relaciones de familiaridad, si no amistad, con los árboles, ríos y animales de su pago o patria chica, entramos en un mundo ya reconocible para los fans de Almada, entre quienes se cuenta este escritor, de personajes taciturnos, secretos enterrados, y violencias lentas y rápidas. Sus primeras ficciones, en especial la novela Ladrilleros (2013), su versión en clave cuir y provinciana de Romeo y Julieta, nos sumerge en la vida y lenguaje de los pueblos de provincias. En la nueva novela, Almada demuestra una enorme facilidad —como en toda su producción— para captar los ritmos y particularidades del habla del litoral: “la calor”; “delantal” y “pintorcito”; “partido los perros”, son solo algunos ejemplos.   

“Una casa sola es también una novela poblada de fantasmas: soldados de una guerra no-identificada, pero a la vez muy reconocible; la casada infeliz e infiel cuyo único recurso es el suicidio; y hasta los animales, perros en especial, que han compartido este lugar con sus seres humanos.”

Quizás su libro más reconocido a nivel internacional, la no-ficción Chicas muertas (2014), que relata su investigación de tres (o quizás cuatro) femicidios que ocurrieron cerca de su pueblo natal durante su propia adolescencia, adopta una forma directa y a veces brutal, apta para su tema, y que se nutre de la novela detectivesca y la crónica al estilo de Rodolfo Walsh. Chicas muertas introdujo otro elemento, que parece tomar cada vez más importancia en su ficción; su narradora —es decir, Almada— recurre a mujeres videntes, o médiums, para solicitar información sobres los delitos que investiga. En su novela de 2021, No es un río, los fantasmas vuelven a jugar un importante papel en el desarrollo de una historia de agresiones y rencores entre la gente del pueblo y los de afuera, con ecos de la película estadounidense Deliverance (John Boorman, 1972, conocida en el mundo hispanoparlante como Defensa o La violencia está en nosotros). 

Una casa sola es también una novela poblada de fantasmas: soldados de una guerra no-identificada, pero a la vez muy reconocible; la casada infeliz e infiel cuyo único recurso es el suicidio; y hasta los animales, perros en especial, que han compartido este lugar con sus seres humanos. El fantasma representa la viva presencia de una historia no contada o nunca resuelta; los personajes centrales —Lucero, Lorena, el Patrón— sobrevivirán como fantasmas de una novela futura. Estos personajes redivivos hacen sus entradas con un telón de fondo muchas veces anacrónico, donde las guerras civiles del siglo XIX se codean con la moderna agroindustria. El mundo de Almada es uno de conflictos irresueltos y delitos impunes, preciso pero atemporal; más allá de cualquier innovación técnica, nos parece decir esta poética y bella novela, que mientras no se resuelvan las injusticias del pasado seguiremos conviviendo con sus fantasmas. 

 

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Updated 06/27/2024 12:00:00
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