Buenos Aires: Mansalva. 2026. 295 páginas.
Parece otro deporte que la cultura argentina practica con obstinada pasión: llegar tarde. Ocurrió con el polaco Witold Gombrowicz que sobrevivió veinticuatro años en Buenos Aires; o con Manuel Puig, quien, desde el exilio, publicaba novelas de un elevado riesgo artístico (El beso de la mujer araña, Sangre de amor correspondido, entre otras), pero recibía la indiferencia de tantos críticos autopercibidos sofisticados. Copi (seudónimo de Raúl Damonte Botana) no fue la excepción. Mientras que su obra (comics, cuento, novela y teatro) circulaba en Estados Unidos y Europa, en su país obtenía una magra recepción. Pocos meses después de su muerte a causa del sida, en 1987, en París, Cesar Aira dictó el primer curso dedicado a Copi en Argentina. A partir de entonces, aquellas clases que se materializaron en un libro guiaron a varias generaciones en el acercamiento de una obra singular.
Que la primera biografía de Copi se publique casi cuarenta años después de su muerte parecería confirmar la vigencia de aquel deporte nacional mencionado al comienzo. Sin embargo, la lectura del trabajo de Guillermo Bravo, escritor y editor argentino radicado en China, demuestra que la demora tuvo sus ventajas. Copi es un libro oportuno, incluso necesario. Hoy existe un público amplio que lee y disfruta su obra, mientras que en la estela crítica inaugurada por Aira han proliferado estudios académicos, ensayos y nuevas aproximaciones a su producción. Con el terreno ya preparado, Bravo emprendió la tarea de reconstruir una vida. El resultado es una investigación inteligente, atenta a los detalles como a las zonas menos visibles del personaje, que reúne documentos inéditos y entrevistas a familiares, amigos, artistas, colaboradores y amantes.
Estructurado cronológicamente, cada capítulo del libro se ciñe de fechas para narrar una existencia que, durante sus primeros años, transcurrió entre una educación francesa, mucamas y choferes. El padre de Copi fue el diputado radical Raúl Damonte Taborda, primero aliado de Juan Domingo Perón y finalmente uno de sus adversarios políticos. Su abuelo, Natalio Botana, era el dueño del poderoso diario Crítica. Tras la muerte del periodista, la familia sufrió las presiones del peronismo para vender la empresa. Aunque conservaba una fortuna considerable, la familia Damonte debió exiliarse en Montevideo y, más tarde, en París, ciudad decisiva en el destino de Copi. Con esa materia prima se desarrolla la primera parte del libro. Leer la biografía del artista implica también adentrarse en la compleja trama histórica y cultural de buena parte del siglo XX.
“Copi no solo llena un vacío en la bibliografía del autor: también establece un punto de partida para enriquecer futuras investigaciones.”
París fue una corona que no rechazó el joven Copi. Pasó de vender sus dibujos sobre el Pont des Arts a publicar en una de las revistas más prestigiosas de Francia, Le Nouvel Observateur, donde lo contrataron en 1964. Durante diez años dibujó “La mujer sentada”. Autodidacta, Copi revolucionó el arte de la historieta con una economía extrema de líneas negras sobre un fondo invariablemente blanco. Como en la teoría del iceberg de Ernest Hemingway, bajo esa aparente simplicidad se oculta una historia que el lector rearma a partir de silencios, elipsis y sobreentendidos de la cultura popular. El éxito de la tira en Francia abrió las puertas para que las editoriales se interesaran por su ficción. Bravo describe con minuciosidad el ecosistema cultural parisino de aquellos años, privilegiando siempre el dato duro y una amplia constelación de testimonios y personajes claves. Por sus páginas desfilan Jorge Lavelli, Guy Hocquenghem, Lionel Soukaz, Christian Bourgois, Jérôme Savary, Fernando Arrabal, Marilú Marini, Enrique Vila-Matas, Roberto Jacoby, entre muchos otros.
Uno de los mayores logros del libro consiste en articular las tres vidas que cohabitan en toda biografía: la pública, la privada y la secreta. Cuando ese espeso velo comienza a correrse, emerge un Copi más vulnerable y contradictorio. Las noches eran para él un territorio de encuentros furtivos, aventuras que no pocas veces terminaban en golpes o en el robo de las pertenencias de su departamento. Le dolían el paso del tiempo, la necesidad de pagar por sexo y, sobre todo, la soledad. Vivía con frecuencia al límite de sus recursos, aunque cada adelanto por derechos de autor se convertía en el pretexto para reunir a sus amigos alrededor de largas comidas donde nunca faltaban los excesos. Bravo compone el retrato de un artista disciplinado, que trabajaba todos los días, lamentaba la escasa atención que recibía en la Argentina y que, apenas unos días antes de morir, recibió el premio de la Ville de Paris al mejor autor dramático por Una visita inoportuna.
Copi, la biografía escrita por Guillermo Bravo y editada por Osvaldo Aguirre, no solo llena un vacío en la bibliografía del autor: también establece un punto de partida para enriquecer futuras investigaciones. Y, sobre todo, devuelve a los lectores la dimensión humana de un escritor cuya obra continúa expandiéndose después de su muerte.