Cumaná, Venezuela: La Costa Infinita Editorial. 2025. 168 páginas.
Tengo una imagen clara de la calle Sucre de Cumaná, en el oriente venezolano. De la leve bajada curva donde está la casa del poeta Ramos Sucre, frente a la Iglesia de Santa Inés. Recuerdo haberme recostado de la ventana y mirar hacia el extremo norte del casco histórico de la Primogénita. En esa vieja mansión colonial, a mediados de los años 80, recibí, de manos del poeta Ramón Ordaz, el libro El avatar, de un muy joven (también yo lo era) Rubi Guerra. Lo habían editado el Centro de Actividades Literarias José Antonio Ramos Sucre (Colección “El cielo de esmalte”, Nº 1) y el Consejo Nacional de la Cultura (Conac), en septiembre de 1986. Es una edición lograda a pulso, con portada de Marcial Bruzual que destaca una imagen de los procesos del hombre a través de su acontecer biológico.
Hace pocos años escribí una reseña, una crónica titulada “Los cuentos de Rubi Guerra”. Hoy vuelvo a encontrar algunos de ellos en este tomo que recoge relatos escritos entre los años 1986 y 2002, titulado Todas estas mujeres, editado en Cumaná por la editorial La Costa Infinita en el año 2025: textos de los libros El mar invisible, Partir y El fondo de mares silenciosos. Trece son las historias reunidas por el autor para esta edición, donde una vez más podemos encontrarnos con el talento narrativo de nuestro autor nacido en el oriente de Venezuela.
Guerra construye esta antología, este recuento de escritura, desde su yo biográfico reflejado en el mundo de personajes que su imaginación ha convertido en reales.
La geografía comienza a tener nombre. Ya no se trata de un libro dotado de una temática sombría. O de sitios cuya desolación ampara a personajes innominados. Los laberintos se abren y aparecen los paisajes del mar y de la meseta de Guanipa. Y sujetos más “reales”, más cercanos a la biografía topográfica del autor.
La escritura ha madurado. Guerra no se ampara tanto en las “realidades psíquicas”. Nuestro narrador se hace más cercano a los sentimientos cotidianos. El personaje se sienta frente a la playa a esperar. No sabe qué espera, pero espera. Un mar invisible “lo mira, lo huele, lo cerca”.
“Guerra sabe sostener la atención de quien se sumerge en sus relatos, en los que varias personas narrativas se vierten en un yo solapado.”
“Sombra de luna” es el cuento de un crimen. El autor se lo dedica a Lovecraft. Igual sentimos un pueblo del oriente venezolano, sus calles, un barbero italiano amable y la esposa en total abandono físico. Finalmente, la muerte aparece en unas gotas de sangre que caen desde el techo sobre la tela que cubre las piernas de quien está siendo afeitado en ese momento. Mientras tanto, la navaja del barbero está cerca de la yugular del cliente. Una vez más, Guerra nos deja con la curiosidad, la misma que él sostiene como excelente creador de historias.
“Un sueño comentado” se resume en imágenes oníricas que el narrador comenta como si se tratara de un sujeto dedicado a revelar los senderos de esos sueños. Se dirige al lector en una suerte de digresiones. Cuenta sin descanso —entre sueños— hasta que finalmente, luego de viajes, acontece una aventura en Guanoco, en el lago de asfalto, “minas que están cerca de Puerto La Cruz”. El narrador se pasea por la historia regional, por la de la explotación petrolera. Intertextualiza y de pronto se asoma a Mijaíl Bajtín, una experiencia cinematográfica, un pintor. Un sueño tras otro, parecido al relato anterior: capas de sueños que hacen posible una vida, hasta que vuelve a la “realidad”: “Y luego, de repente, despierto”. El dueño de estas peripecias narrativas abre las páginas para hacernos cómplices de todos estos sueños comentados.
El cuento que le da nombre al libro es un tramado de eventos en los que lo erótico, las traiciones y el crimen envuelven al lector y concitan en él una curiosidad tensional, crispada por el uso efectivo de un discurso que descubre parte de la psicología de los actantes, rasgos que conducen al lector a penetrar en sus pensamientos. Guerra sabe sostener la atención de quien se sumerge en sus relatos, en los que varias personas narrativas se vierten en un yo solapado. En este caso, Morgan y Sonia, un matrimonio disociado y conflictivo, en el que interviene un narrador en primera persona que resulta ser el amante de Sonia.
Rubi Guerra es también personaje. Aparece y desaparece con distintos rostros. Sus personajes son muy cercanos a su cotidianidad, a su tierra, a sus recuerdos, al mar que lo circunda, a la llanura inmensa de la cual emergen los fantasmas de la imaginación.
En “Una disputa” está el niño, el infante. Los inicios de la escritura, la de una autobiografía que recorre la columna vertebral de muchos de sus creaciones. El niño y su oponente, el otro que se asoma como sombra en el futuro, en “…aquella primera pesadilla de la infancia”, el espejo que lo refleja y lo comprende, lo descubre (el lector será capaz de decir que lo borra): reflejo de la mayoría de los sujetos que suelen respirar en estas páginas.
Volver a El mar invisible es como una obligación, porque es un cierre donde el abandono y el insomnio lo conducen a escribir que “De repente, el mar invisible está allí, como un olor que lo satura todo y un sonido de cosa pequeña que se arrastra había él. Su corazón golpea fuerte. Sabe que el mar lo mira, lo huele, lo cerca, con una palpitación de vida amenazante”. Quien esto escribe imagina a Rubi Guerra frente a su mar, en la orilla desde la cual puede trasladar su imaginación. Como su propio personaje, el autor es el Otro que lo motiva.
Todos los relatos de este libro abundan en eventos cotidianos, en los asuntos secretos de los actantes, en la conducta del tiempo, en el afán del espacio: Guerra juega con esa realidad en “Partir”, donde sus personajes manejan su destino sin dejar de ser creación para convertirse en seres de todos los días. Alguien parte, alguien deja un lugar, alguien mira unas maletas. Se cierra una puerta.
Rubi Guerra continúa su porfía: reúne varios de sus relatos, ha guardado otros, seguramente para mejores días o porque ya no son los mismos cuando los escribió. En este libro está concentrado toda la fuerza de su escritura.
