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Issue 39
Ensayos

Roberto Bolaño a los 75

  • por Christian Jiménez Kanahuaty
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  • September, 2026

En este ensayo me gustaría intentar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿cuánto de Roberto Bolaño nos quedaba en 2025, cuando hubiera cumplido setenta y cinco años?

Nos quedan sus libros, las entrevistas que concedió y los documentales en los que aparece. Pero también nos queda una variedad de autores jóvenes que aún lo leen. Y tenemos muchos otros que superan los cuarenta años y que publicaron sus primeros libros emulando pasajes de Los detectives salvajes, Amuleto o La literatura nazi en América.

Parecería que pocos han continuado en América Latina por la ruta que se abre en 2666. Como si ese libro fuera el futuro de la novela y la novela del futuro al mismo tiempo. Pero, tal como le sucedió al Quijote, su eco no se percibe sino en otras latitudes y otras literaturas.

Bolaño está presente en las listas de ventas de las librerías y en las listas de los autores fundamentales. Ha pasado gran parte del tiempo siendo discutido en ambientes académicos y otro tanto en coloquios, seminarios y encuentros entre escritores, en las dos orillas del mundo. Pero, en cierto modo, Bolaño ha quedado como lo que siempre fue: un escritor que reformuló la literatura heredada de los clásicos y del boom latinoamericano. Fue un romántico y fue un vanguardista; fue, a su modo, un escritor político y un escritor altamente literario. De esos escritores solo para escritores.

Y, sin embargo, pensarlo hace bien. No sabemos qué habría escrito desde 2003 —fecha de su muerte— hasta el presente. Seguramente habría llegado al silencio. No se puede ir más lejos en la literatura después de 2666. Lo que queda ante un nuevo movimiento artístico es la reinvención. Y Bolaño seguramente se habría reinventado. Pero también habría permanecido alejado de la farándula, aunque ello no le hubiera impedido tener altercados y enfrentamientos con editoriales, premios y escritores a los que detestaba y seguiría detestando.

A pesar de ello, Bolaño habría gestionado mejor sus derechos de autor. Habría cedido al emprendimiento de convertir sus cuentos y novelas en obras de teatro, cómics, películas, series de televisión y otros artefactos culturales, porque sabía muy bien que, tras la escritura, aquellos libros ya habían dejado de ser completamente suyos y eran, desde ese momento, propiedad de quien se los adjudicara y apropiara.

Pero esto es, claramente, una especulación. También cabe la posibilidad de que se hubiera radicalizado en sus posiciones literarias y estéticas, haciendo que su obra y su legado —aunque descreía de esas palabras— encontraran el mejor soporte a través del cual llegar a los lectores.

Quizás Bolaño no sea para todos los públicos, pero nunca lo fue. Solo la muerte lo lanzó al cosmos de la lectura masiva y de la investigación en forma de crítica literaria. Mientras estuvo vivo, Bolaño jugó en todos los terrenos posibles para hacer que su voz pudiera escucharse. Así, la percepción del mundo que tuvo no fue para beneficio de unos pocos, sino para edificar una capilla literaria con pilares sólidos: el honor, la honestidad, el valor y la impertinencia.

Todos esos atributos los desplazó y deslizó en cada uno de sus libros de cuentos, artículos y ensayos. Y, sobre todo, en las novelas. Porque la poesía sí estaba reservada para otra cuestión: allí iba de explorador.

No se entregaba solo al influjo de un fraseo. Tampoco a la sintaxis del habla cotidiana. Ni a la tenue estela de lo modernista, lo clásico o lo prosaico. Porque, aunque se nombraba heredero de Nicanor Parra, su programa y su ars poetica eran diferentes. Allí donde Parra juega, Bolaño elabora; allí donde Parra abre, Bolaño cierra; y allí donde Parra se ríe, Bolaño se muestra serio e invoca.

El Bolaño poeta es el que habría hecho el aguante en este tiempo. Habría vuelto, por fin, a los orígenes de la palabra desde el poema, logrando que la carne fuera verbo a través del verso libre, pero ajustado a una realidad que no era ni prosaica ni banal, sino existencialmente peligrosa y ambigua.

Así que nos toca volver a inventar la imaginación para cuestionar el valor de la prosa de Bolaño en detrimento del verso que practicó. No se puede pensar a Bolaño sin la poesía, ni sus frases sin la acentuación poética. Miremos de cerca sus libros de poesía: ahí hay un nuevo programa literario que no fue percibido ni perseguido.

Es un programa poético que dialoga con todo lo que encuentra a su paso. Porque allí donde termina la novela empieza el poema, y en el poema, precisamente por su brevedad, se juega todo un sistema de signos, símbolos y coyunturas políticas y culturales que resulta tan distorsionador del orden establecido como bella es su ejecución.

Entonces, no se puede pensar a Bolaño en el presente, porque su muerte sigue siendo conflictiva.

Por un lado, es un fantasma que invocan quienes quieren vivir la vida al límite para escribir desde ese lugar que parece romántico y peligroso.

Por otro, están las cofradías a las que Bolaño dio su venia y que, hasta el día de hoy, lucran con la frase que les dedicó en un artículo.

Luego están los amigos de Bolaño, que lo reinterpretan y lo olvidan a destajo, según soplen los vientos editoriales.

Después están quienes lo visitan por primera vez. Quedan con la boca abierta, con la mirada resplandeciente e incapaces de saber qué les ocurrió durante la lectura.

Estos son los más fieles: el recambio generacional que todo escritor necesita para seguir existiendo como autor.

Finalmente están quienes lo leyeron a finales de los noventa y durante la primera década de los dos mil. Algunos han logrado escribir; otros fueron publicados. Pero todos descubren que Bolaño aún les despierta una sonrisa, un recuerdo maravilloso, una imagen insustituible y una variedad de sensaciones complejas y contradictorias.

Muchos de ellos seguirán preguntándose si Bolaño es un gran escritor o un enigma, una farsa.

Quizá no importe.

Quizá así tenga que ser.

Quizá nadie muera inédito después de leer a Bolaño, pero todavía puede morir como un cobarde si, al escribir, no lo pone todo: todo cuanto es y recuerda, todo cuanto desea y persigue y todo cuanto desea olvidar y destruir.

Bolaño no se fue por todo lo alto en vano. No escribió como si la vida misma se le fuera en ello; no corrió contra el tiempo solo por afán de persecución. No. Bolaño escribió hasta el final porque puso la literatura en el centro de su vida para decirnos, desde ahí, que la vida —tal como la conocíamos y aún la conocemos— es mucho más que emociones dilatadas, fines de semana en familia, domingos frente al televisor o noticias que se tragan como alimentos enlatados.

Bolaño escribió hasta el final porque no tuvo otra opción.

Lo hizo para abrirnos los ojos. Para abrir el mundo. Y, en esa grieta que logró abrir, puso un racimo de nuevas palabras con las cuales hoy definimos el mundo.

Y una de esas palabras es la honestidad. Y la otra, el valor.

Ambas forman un díptico de las virtudes que debe poseer un autor para ser un escritor.

Y mientras quienes escriben no asuman la escritura con el valor de la honestidad, la literatura estará frente a una de sus horas más bajas y peligrosas. Estará tentada a sentarse sobre sus propias nalgas para dejarse morir ante la inminencia de las series de televisión, que le han sustraído buena parte de lo mejor que tenía.

Bolaño se ríe desde el fondo, lo sabemos. Está presente sin estarlo.

Mientras más ríe, más miedo da.

Mientras más miedo despierta, más urgente resulta leerlo y escucharlo.

Lo demás, el resto, será silencio o un desierto de tedio en medio de un caos de aburrimiento.

 

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Foto: Roberto Bolaño, escritor chileno.
  • Christian Jiménez Kanahuaty

Christian Jiménez Kanahuaty (Cochabamba, Bolivia, 1982) is the author of the novels Invierno (2010), Te odio (2011), Familiar (2019), Paisaje (2020), Cuidar del fuego (2023), and El libro de nuestros padres (2023), the poetry collections Bodas elementales (2020) and Moxos (2023), and the books of essays Ensayos de memoria (2014), Distorsiones del colonialismo (2017), Roberto Bolaño: Una apropiación (2020), and  Las piezas de la historia (2025).

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