Muchacha
Una muchacha que se baña en un río
acaba enamorándose de él.
Sus padres quisieran casarla con un automóvil; mejor
buscarle otro marido, quitársela a ese río.
“Puede que la relación con ese río incomode
a otros en el universo”, dicen algunos.
El viento y otros más famosos se molestan; lo dicen
en la radio, los muestran por televisión.
Se molesta el sol que viene con su panero
de yuquitas a saludarla en las mañanas.
Se enfurece una nube que trata de meterse por su ventana
para llevársela muy lejos.
Pero la muchacha desaparece, nadie sabe para dónde,
en brazos de su río.
Curupira*
Con un pie mirando adelante y el otro para atrás, el Curupira camina por la selva,
cuidando los animales y haciéndoles las trenzas a las palmeras jovencitas.
Los cazadores le regalan tabacos al Curupira para que les diga sus secretos.
El Curupira se fuma los tabacos y del humo
se forman los caminos donde aparecen animales, árboles y frutas.
Pero los hombres no deben llevarse todos los animales, árboles y frutas.
El Curupira podría soplar el humo para que desaparezcan los animales, árboles y frutas.
Puede soplar todo su humo para que desaparezcan los caminos.
También podría decirles a los animales sus secretos para cazar a los hombres.
*El Curupira es un espíritu guardián de las selvas muy conocido en la Amazonia brasileña y colombiana.
Mesa
Muchas veces la mesa sueña con haber sido un animal.
Pero si hubiera sido un animal no sería una mesa.
Si hubiera sido un animal se habría echado a correr como los demás
cuando llegaron las motosierras a llevarse los árboles que iban a ser mesas.
En la casa una mujer viene todas las noches
y le pasa un trapo tibio por el lomo como si fuera un animal.
Con sus cuatro patas la mesa podría irse de la casa.
Pero piensa en las sillas que la rodean y un animal no abandonaría a sus hijos.
Lo que más le gusta a la mesa es que la mujer le haga cosquillas
mientras recoge las migajas de pan que dejan los niños.
La espera
El que espera mira el paisaje aguardando al que no va a venir.
En la distancia se ve muy bien al que no va a venir.
Se puede ver en un bote solitario, en el cielo, en las nubes.
Dos árboles estiran sus ramas para brindar por el éxito del día.
El que espera sería feliz si los granos de sol entrando por la sala
quisieran convertirse en el que va a venir.
El que no va a venir cruza montado en una mosca sin preguntar cómo le va.
El que espera quisiera que el bote solitario y las nubes también se preocuparan .
Tampoco estaría mal si los árboles del brindis se interesaran un poquito.
Amazónicas
2. Para quienes no la pueden conocer, Amazonía se presenta
como lo que no es.
3. Pertenecer a la especie humana es no conocer. ¿Cómo
podríamos saber lo que piensa una playa? ¿O las lluvias?
4. Los Indígenas usan los ojos de animales y plantas para
conocer.
9. Ser humano es pura casualidad. Yo hubiera podido ser
un peñasco, una garza ceniza o un árbol de uvilla.
10. Que yo pueda querer a un arcoíris significa lazos
invisibles que nos unen.
11. Para que sea verdad lo que escribo de los colibrís, lo
digo con la mente de un barranco.
19. El río y yo somos lo mismo; sin embargo, el río no soy
yo y yo no soy el río.
22. Si quieres saber lo que piensan el río y los peces,
pregúntaselo a las puma garzas o a unas brisas del atardecer.
45. Para dormirse, los cielos cuentan las estrellas. El río
cuenta sus peces.
76. Nadie puede decir si un árbol piensa con el alma o con
el cuerpo.
83. Como si supieran que la tierra vive en ellos, ni los peces
ni las hormigas se preocupan por ser diferentes.
114. Muchas personas en el mundo viven sin saber que en
ellas hay multitudes de ríos.
143. Ni a un pez ni a las matas de yuca les importan verdades
humanas, instantes o eternidades.
146. A diferencia de quienes hablan de la selva por hablar, los
pájaros sui sui sí saben lo que cantan.
150. Diríamos la verdad sobre Amazonia si, en lugar de
palabras, usáramos gotas de agua.
¡Compra libros de los autores y traductores incluidos en este número en nuestra página de Bookshop!

