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(si te entumece el frío)
si te entumece el frío, no te acerques a la parte de la brasa convertida en ceniza. Allégate a un calor que aún conserve el rastro de algún sistema circulatorio, porque la ceniza boquea ahogada en su propio polvo, y la sequedad que comparte: te asfixiará
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(cuando apenas faltaban unos pasos)
cuando apenas faltaban unos pasos para dejar atrás el último perímetro de la institución donde trabajé por veintiséis años, un inmenso árbol de magnolias se desplomó detrás de mí, no lo vi caer, ni escuché el impacto, pero el golpe del perfume me abrió la cara de un tajo, como diciéndome adiós
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(el verano va quedando atrás)
el verano va quedando atrás, sus luces amarillas se van hundiendo en otro horizonte. Adelante y arriba el invierno va mostrando el borde de su imponente cortina de hielo. En el hombrillo de la carretera se vislumbra un bulto (a medio cerrar, como de huesos (y pelos de algún animal. La imagen que se mantiene me contiene: y la última luz del viejo sol sobre el hielo extrae de nuestra pelambre los mejores destellos
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(avanzábamos sin aliento)
avanzábamos sin aliento, esperando que la estrella bajara la mirada, y de UN SÓLO FULGOR midiera todo nuestro esfuerzo, pero su pupila sin párpado permanecía horizontal y sin apremios. Avanzábamos sin resguardo (el sol hiriéndonos en los ojos), y en un recodo del camino, EL GUIA intentó quitarse la vida: alcanzándolo —a medias— perdió los ojos & los pies y se acogió a otra noche quieta y permanente. Avanzábamos vencidos, desde la tumba —a medias— del sentido, el sol hiriéndonos en los (inútiles) ojos & la noche esperándonos en los (inmóviles) pies
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(que no digas que ese árbol)
que no digas que ese árbol, extendiéndose sobre la puerta de mi casa, se parece a la muerte. Que no lo digas. Que no digas que ves mi silueta debajo o detrás, tapiada por él, que no lo digas. Porque los días del verano fueron felices, y a la memoria le gusta respirar. Que no digas que no recuerdas la imagen de la piedra de pie, brillando bajo el sol, cuando la esplendidez todavía no intentaba vaciar su espesura. Que no digas que ves el tronco del árbol en la puerta de mi casa tratando de entrar, forzando una horizontalidad que incorpore mi silueta, como si yo no tuviera lecho, como si nunca lo hubiera tenido
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(barriendo a futuro: cielo)
barriendo a futuro: cielo, pistilo y polen, perfume y tallo, LA RÁFAGA desenterró, de golpe, la diminuta semilla que —apenas— comenzaba a latir bajo la hierba
Poemas del libro A Sun Behind Us / Un sol caído avanza (Nueva York: Akashic Books, 2025)
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