A Eros
Porque haces tu can de la leona
Más fuerte de la Vida, y la aprisiona
La cadena de rosas de tu brazo.
Porque tu cuerpo es la raíz, el lazo
Esencial de los troncos discordantes
Del placer y el dolor, plantas gigantes.
Porque emerge en tu mano bella y fuerte,
Como en broche de místicos diamantes
El más embriagador lis de la Muerte.
Porque sobre el Espacio te diviso,
Puente de luz, perfume y melodía.
Comunicando infierno y paraíso.
— Con alma fúlgida y carne sombría…
Tu boca
Yo hacía una divina labor, sobre la roca
Creciente del Orgullo. De la vida lejana,
Algún pétalo vivido me voló en la mañana,
Algún beso en la noche. Tenaz como una loca,
Seguía mi divina labor sobre la roca.
Cuando tu voz que funde como sacra campana
En la nota celeste la vibración humana.
Tendió su lazo de oro al borde de tu boca;
—Maravilloso nido del vértigo, tu boca!
Dos pétalos de rosa abrochando un abismo…—
Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana;
¡Tela donde mi espíritu se fué tramando el mismo!
Tú quedas en la testa soberbia de la roca,
Y yo caigo sin fin en el sangriento abismo!
En silencio…
Por tus manos indolentes
Mi cabello se desfleca;
Sufro vértigos ardientes
Por las dos tazas de moka
De tus pupilas calientes
Me vuelvo peor que loca
Por la crema de tus dientes
En las fresas de tu boca;
En llamas me despedazo
Por engarzarme en tu abrazo,
Y me calcina el delirio
Cuando me yergo en tu vida,
Toda de blanco vestida.
Toda sahumada de lirio!
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