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BOOK REVIEWS
Número 37
Fader de Beatriz Actis
Por Dafne Malvasi
“En Fader los lugares son necesarios porque permiten medir la distancia entre quien se fue y quien regresa, aunque ese regreso sea, en rigor, imaginario.”
Poesía
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  • March, 2026

Quito: El Ángel Editor. 2025. 56 páginas. 

Fader de Beatriz ActisEn Fader, publicado por el sello ecuatoriano El Ángel Editor en octubre de 2025, la autora argentina Beatriz Actis vuelve a demostrar la consistencia de una escritura que interroga, con precisión y hondura, la materia lábil del tiempo. El libro —distinguido con una Mención de Honor en el Tercer Premio de Poesía Escrita por Mujeres “Ana María Iza” (2024)— configura un pequeño artefacto poético en el que unas horas, un día, una vida y la vida de un día se convierten en vectores que organizan un presente expandido y, a la vez, continuamente erosionado.

Si algo caracteriza a Fader es su modo de suspender la linealidad temporal. Actis ensaya una poética de la discontinuidad, del intervalo, donde el tiempo aparece como un conjunto de capas superpuestas que no se suceden, sino que se interpenetran: tiempo vivido, tiempo perdido, tiempo padecido. Esta simultaneidad genera un “espacio temporal” más que una cronología, un territorio donde la memoria opera como un dispositivo inestable que se reescribe a medida que avanza la voz.

La presencia de los muertos, de los afectos difusos, de lo que retorna en forma de bruma o de eco, da forma a la textura espectral del poemario. Actis lo formula de manera contundente: “a los fantasmas familiares se va agregando mi madre en fragmentos / como una nube blanca”. La frase condensa el procedimiento dominante del libro: la memoria no se ofrece como archivo, sino como aparición; no organiza sino que irrumpe.

En paralelo, el espacio cobra una dimensión simbólica que complejiza la experiencia subjetiva. Los lugares poseen un espesor afectivo que los vuelve refugio momentáneo, casi una geografía redentora. Ascochinga, mencionado en el poemario, aparece como un ámbito que suspende el malestar y permite vislumbrar un respiro frente a la erosión del tiempo: “este lugar es tan hermoso / que hasta podría dejar de odiar”. Esta línea captura la tensión entre la dureza del mundo íntimo y la posibilidad —o ilusión— de descanso contenida en el paisaje.

“Fader se presenta como una obra contenida pero expansiva, capaz de articular una poética de la intimidad sin caer en el solipsismo, y de trabajar el tiempo como una materia que se estira, se comprime y se ilumina.”

Pero Fader no es solamente un libro sobre el deterioro del tiempo o la fragilidad de la memoria; es, sobre todo, un libro sobre el lenguaje. La voz poética insiste en que el acto de nombrar es una forma de resistencia: una manera de fijar, aunque sea mínimamente, aquello que se desvanece. La escritura funciona como ese “círculo iluminado / muy pequeño / en la inmensidad de la noche” del que habla Actis en uno de sus pasajes más logrados. A su vez, el lenguaje se pliega a los ritmos del pensamiento, produciendo una respiración amplia, meditativa, que permite habitar la incertidumbre sin reducirla.

Una extensa secuencia que se despliega en Fader ejemplifica de manera magistral ese modo de observación paciente, casi ritual; condensa lo que Fader propone: el descubrimiento de un lugar interior donde la percepción se reorganiza y el yo adquiere un matiz inesperado, como si la mirada pudiera recomponer lo que el tiempo ha desgajado. La noche —espacio tradicional de extravío— se convierte aquí en umbral, en un escenario donde la subjetividad recupera temporalmente su vitalidad.

El libro asimismo indaga en la relación entre identidad y desplazamiento. No se trata de un desplazamiento literal, sino afectivo y simbólico. La cita de Cesare Pavese, que Actis incorpora, funciona como clave hermenéutica: “un pueblo se necesita, aunque solo sea por el gusto de abandonarlo”. Esta afirmación subraya una paradoja fundamental: el abandono, lejos de fracturar la pertenencia, la confirma. Abandonar implica haber habitado, haber inscrito un deseo o una herida en un territorio. En Fader esta lógica se reitera: los lugares son necesarios porque permiten medir la distancia entre quien se fue y quien regresa, aunque ese regreso sea, en rigor, imaginario.

En su totalidad, Fader se presenta como una obra contenida, pero expansiva, capaz de articular una poética de la intimidad sin caer en el solipsismo, y de trabajar el tiempo como una materia que se estira, se comprime y se ilumina. El libro confirma la solidez de la escritura de Beatriz Actis y se inserta con naturalidad en la tradición latinoamericana contemporánea que entiende la poesía no como un espejo del mundo, sino como una forma de pensar —y, sobre todo, de sentir— la experiencia temporal desde sus fracturas.

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