vísperas
un trozo seco de tabla
sirvió de barca al sutil navegante
él vivía ávido por cumplir su viaje
mientras se enceraba los oídos
y resistía el acecho de las lenguas y los sables
el padre lo veía como un intrépido manojo de nervios
sometido por un millón de tempestades
las olas hambrientas –muy hambrientas y vinosas–
y el viento que lo acercaba y lo alejaba de la matanza final
epifanía
tras el viaje más largo
el hálito dio con otro cuerpo para su regreso
atravesó los confines invisibles
y se coló entre las más fieras espumas
desnudo y friolento en las orillas lo escupieron
lleno de algas y herido por el filo de las caracolas
en otras eras habrían dejado al pequeño rey
en el modesto ataúd de roble
¡qué tiempos!
viendo caer las hojas
ahora –Ahora mismo–
los caminos están aquí
beben y canturrean en los bordes de mi mano
mientras merodeo las brasas
presiento mil bocanadas dulces
(nada y nada quedó
estallaron los júbilos y sus cenizas)
Poemas de La orilla del retorno (El Taller Blanco Ediciones, 2023)
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