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BOOK REVIEWS
Issue 39
Se hace otoño de Susanne Noltenius 
Por Luis Hernán Castañeda
“Se hace otoño nos ofrece un proceso de reconexión íntima; presenta la aventura de volver los ojos hacia adentro; es una crónica ficcional sobre la necesidad de responder a los reclamos del corazón”.
Ficción
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  • September, 2026

Lima: Seix Barral, 2024. 169 páginas.

Se hace otoño de Susanne Noltenius La novela Se hace otoño es la cuarta publicación de Susanne Noltenius, narradora limeña que tiene en su haber otra novela y dos libros de cuentos. Noltenius recibió en 2017 el Premio Nacional de Literatura del Perú por su admirable libro de cuentos Tres mujeres, un reconocimiento que confirma su posición como una de las autoras fundamentales de la narrativa peruana actual.

La historia empieza con el primer encuentro entre la narradora-protagonista, una escritora no muy distante de la autora, y el alojamiento donde pasará una temporada: la casa de unos amigos en un pueblo alemán, con vista a un lago y vecina a un bosque. Es notable la agudeza de la mirada de la narradora para describir los objetos y lugares de manera precisa y nítida, pero sin transformarlos en metáforas inmediatas de su estado psíquico. Es decir, que no se subordina la realidad objetiva a las tramas propias de la protagonista; al contrario, lo interior se integrará al afuera como una dimensión más de la vida misma. 

La mencionada narradora-protagonista es una mujer peruana de ascendencia alemana de cincuenta años de edad que mantiene dos vidas paralelas marcadamente diferenciadas: por fuera, es una mujer exitosa en el mundo corporativo, reconocida además en la literatura —ha ganado un premio de peso—, que además ha conseguido trasplantarse a Alemania, donde reside. También ha conseguido recomponerse después de un divorcio y sobrevivir a un cáncer. Ella se siente, con justicia, triunfadora de varias guerras, pero requerirá de la temporada en la casa del lago para reconciliar sus dos lados.

Su voz interior, que es un personaje capital, no la deja en paz al recordarle sin cesar que su otra existencia, la secreta, está desatendida. Esa esfera invisible pende de un hilo, está apenas sostenida por la compañía de la música clásica. Los reclamos de esta voz son los siguientes: primero, la relación con sus hijos, Anna y Sebastián, es un vínculo sólido, pero está herido por causa de la dedicación obsesiva que la narradora ha invertido en sus “guerras externas”. Ella se reprocha en silencio, sola frente al lago, por haberse comportado como una ejecutiva algo fría, alejada de sus afectos. El segundo reclamo es que ha postergado su propio cuerpo, plagado de dolores, molestias y llamados que son la consecuencia de no escucharse lo suficiente. El tercer reclamo es que ella, escritora de vocación, ha dejado la ficción hace ya un tiempo. La novela es, en gran medida, la historia de un reencuentro con las palabras. En esta misma línea, la voz narrativa despliega una reflexión crítica sobre el sistema literario peruano, la demasiado estrecha relación entre literatura y política, el impacto de los premios. En pocas palabras, estamos ante una declaración de amor a la escritura, pero este amor es complejo.

“En el tiempo de la narración es verano todavía, pero pronto será otoño. ‘Se hará otoño’. ¿Cómo se vive bien la etapa otoñal? La respuesta de Noltenius es que el otoño lleva a la introspección y es, por lo tanto, la temporada literaria por excelencia.”

En pocas palabras, Se hace otoño nos ofrece un proceso de reconexión íntima; presenta la aventura de volver los ojos hacia adentro; es una crónica ficcional sobre la necesidad de responder a los reclamos del corazón.

Para comenzar a responder, es preciso vincularse nuevamente con los hijos, adoptar su perspectiva y entender cómo la conducta de la propia narradora y de su padre los ha moldeado como personas. Por otro lado, se vuelve imperativo cuidar del cuerpo, darle su espacio, detenerse y reposar. Finalmente, no se debe desatender más la rutina de escribir, y la forma en que la narradora retorna es a través del haiku. Ella escribe haikus y, además, la misma Noltenius —en un brinco metaficcional— incluye una selección de estos poemas breves al final del libro. Ellos condensan el viaje emocional de una mujer que, siendo tanto la autora como su narradora, se entrega a registrar elocuentes imágenes naturales.

Sin alejarse de la estética japonesa, se puede postular que el proyecto de Noltenius es brindarnos, con el artefacto textual en sí de Se hace otoño, una interpretación del haibun: esa forma mixta que combina una reflexión en prosa y un haiku a manera de coda. Se trata de un haibun atípico, sin duda, ya que las prosas de los haibun tradicionales son breves, mientras que las alrededor de doscientas páginas de esta novela proponen una reflexión dilatada. Si el rol de la prosa del haibun es preparar la escena para que el haiku posterior gatille una revelación poética, ¿cuál es la revelación de Se hace otoño? 

El género del haiku enseña que el ser humano no está desligado de la naturaleza, sino que avanzamos a su ritmo circular. Estamos atados al ciclo de las estaciones: transitamos por una primavera, un verano, un otoño y un invierno, y existe una adecuada manera de ser, un modo de actuar propicio para cada estación. Observar el bosque, estudiar las plantas y los animales, proporciona un mapa de vida.

En el tiempo de la narración es verano todavía, pero pronto será otoño. “Se hará otoño”. ¿Cómo se vive bien la etapa otoñal? La respuesta de Noltenius es que el otoño lleva a la introspección y es, por lo tanto, la temporada literaria por excelencia. A una escritora como ella puede regalarle la ocasión de girar el foco de atención hacia lo interior, subrayando lo íntimo, lo vincular y lo corporal, y dejando lo demás en un segundo plano: la carrera, el dinero, el éxito. Se da también un cambio de ritmo: el otoño es silencioso, reposado, contemplativo, memorioso. A través de este aprendizaje otoñal, Susanne Noltenius ha logrado componer una de las novelas peruanas más sabias y bellas de los últimos años.

 

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