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Issue 39
Poesía

Tres poemas de Salmos sueltos

  • por Evodio Escalante
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  • September, 2026

Salmo 23

Aquí caí de rodillas sin saber por qué,
me dijeron que estaba
en terrenos del Señor.
No supe si entendí bien
lo que dijeron, pero temblé,
y caí de rodillas sin conocer la causa.
Primero me untaron
con aceite en la frente
y luego pidieron que me pusiera de pie,
pronunciando algunas palabras
que no entendí.
Entonces me invitaron a la mesa
que ya estaba servida
a departir el pan y el vino
que desde lejos habían traído
y que eran para mí, según dijeron.
Yo creo que se equivocaron
y que me confundieron
con algún otro vagabundo
o gente sin condición,
pero bebí y comí
hasta que no pude más.
El blanco mantel
me hizo ver figuras en el aire
y escuché voces gentiles
que al resonar en mis oídos
amansaron mis huesos.
Aun así, puse la cara más dura
que tenía y les hice creer que yo era
como una de esas piedras
que coronan el monte
y que sirven para tirarse a dormir.
¿Por qué lo hice?
Me dijeron que había un pastor
en el cielo que se preocupaba por mí,
fueron muy insistentes.
Pero yo, amigo de los nopales
y las biznagas,
avecindado del maguey
¿para qué quiero un pastor?
¿para qué quiero ovejas?
Tendré que nacer otra vez
para entenderlo.

 

El silencio en el cielo

Un día enseña a otro día
Y una noche a otra noche revela sabiduría.
                                                                Salmos 19,2

La enseñanza de un día
se traslada a otro día
y la enseñanza de una noche
a la noche que sigue
para que así persista la palabra
y no falte la cuerda
que mueve nuestro mundo.
Tú jalas esa cuerda, Señor,
y tú la estiras
con el saber que te acompaña.

Como hormigas haciendo su tarea
así somos, Señor. Del universo todo
muy poco nos angustia.
Nos entretiene el pan de cada día,
el deber con los hijos
o el amor de este fin de semana
al que logramos sustraer
durante unas horas del hormiguero,
pero la cuerda de tu palabra permanece.

Como borregos bajando la ladera,
así somos, Señor.
A veces también, perdona que lo diga,
como burros en primavera.
Con costales nos cargan,
nos maltratan, nos azotan con piales,
pero más no sabemos:
lo nuestro es la mazorca
y la rebuznadera.

¿Te das cuenta?
¡Qué silenciosos
parecen los astros en el cielo!
El sol mismo,
al traspasar el horizonte,
lo hace con un sigilo
que mucho contrasta
con sus calientes bocanadas
que hacen ampollas en la piel.

Los tontos piensan
que el cielo enmudeció y que Tú
acaso te marchaste muy lejos.
Lo que no saben
es que Tú jalas la cuerda, Señor,
y que tu palabra de ayer
es la palabra de hoy
que persevera en la de mañana
y seguirá la misma
en la de pasado mañana,
y así eternamente, sin conocer final,
aunque nosotros no escuchemos.

 

Hay un revuelo cósmico

Lo has hecho poco menor que los ángeles…
                                              Salmos 8, 5

Hay un revuelo cósmico
cuando te aproximas.
Se sienten tus pisadas
en la faz de la tierra.
En algunos lugares empieza a temblar
y los pájaros huyen en parvadas
mientras los perros ladran
enloquecidos sin saber por qué.
Pero no traes la guerra sino la paz.
Pones tranquilidad
en nuestros corazones.
De gasas blancas
son tus amplios vestidos
y es más blanca que el nácar
tu inminente presencia cegadora.
Tus hombros abarcan
la mitad del cielo
y tus pechos triunfales
bien podrían ser de mujer
porque huelen a almizcle
y un poco a la canela
que cultivamos en el solar,
pero eres más feroz que Behemot.
Tu boca saca lumbre
como un dragón del mar.
En tu inminencia nos postramos
y guardamos absoluto silencio,
no sea que te enojes.
Alguien se aparta de la masa:
quiere besar los dedos de tus pies,
estar próximo a tus columnas,
acariciarte los tobillos,
y se arrastra en el polvo
para llegar a ti.
Tú le tiendes la mano y le sonríes
como si no pasara nada
y haces que se levante.
Como un toro
que se pone en dos patas, el hombre
haciendo prodigios para sostenerse,
intenta tocarte con sus toscas pezuñas
que ignoran lo que hacen.
Todo lo envuelve un pálpito de luz.
Estamos en otro lado, bien puede ser,
en otro lugar, en otra hora,
en otro mundo que no existe.
Cuando abrimos los ojos,
ya no hay huella de ti.

 

Poemas de Salmos sueltos de Evodio Escalante (Tintanueva Ediciones, México, 2022)
Nota del traductor:
Salmos sueltos (Tintanueva Ediciones, 2022) es el poemario más reciente de Evodio Escalante. Mencionar su nombre, sin duda, es referirse a uno de los críticos literarios más reconocidos de México y el mundo hispanoamericano —autor de más de veinte libros, algunos esenciales para comprender la literatura mexicana—, una figura cuya agudeza intelectual es, con frecuencia, centro de necesarias polémicas. Pero Evodio Escalante también es poeta, y en esta faceta ha sido elogiado por destacados maestros como Eduardo Lizalde o Marco Antonio Campos. En noviembre pasado, su trayectoria de casi medio siglo fue distinguida con el Premio Internacional Bonifaz Nuño.
Con la publicación de Salmos sueltos, Escalante se suma a una de las tradiciones más antiguas y ricas de la literatura universal. El salmo, ya como lamentación, súplica o alabanza, siempre dirigida a lo divino, fue esencial en la vida religiosa y cultural de Sumeria, Asiria, Babilonia e incluso Egipto. El pueblo hebreo lo adoptó hace milenios.
De los tres poemas presentados, “Hay un revuelo cósmico” fue el primero que leí; aún estaba inédito. Me lo compartió Fernando Salazar —editor, poeta, amigo recién fallecido—, quien cierta noche me llamó. Necesitaba traducir algunos poemas al inglés. No habló de autores, sólo dijo que preparaba una antología, y acepté a ciegas. Pero cuando recibí el poema y vi el nombre del autor, dudé antes de siquiera leerlo. No era sólo el prestigio de Escalante, sino también que el inglés no es mi lengua materna: no todos ven con buenos ojos traducir a una lengua que no te pertenece de nacimiento. Sin embargo, apenas lo leí, hice a un lado los prejuicios. Me fascinó la luminosidad de las imágenes, el abrazo entre la belleza y lo terrible, y ese ritmo hipnotizante: vuelo directo a una zona entre el sueño y la vigilia. Y semanas después, tras los primeros borradores, supe que sólo sería una traducción de apoyo para un poeta bengalí… Pero los textos no son para guardarse, y le envié el poema traducido a Evodio. Su respuesta no pudo ser mejor: le pareció “muy exacto” y “fiel al tono”.
Odd Psalms no es todavía un título oficial; es sólo un posible camino para traducir Salmos sueltos. Pienso en odd en su acepción de algo separado de un conjunto. ¿Será una buena decisión emplear esta palabra cuando también implica extrañeza y peculiaridad? Quizás sí, dado que estos poemas están tejidos con voces singulares y disonantes que habitan un espacio cuya textura es semejante a la del mundo de los sueños. Los salmos de Evodio tienen un fuerte sabor a mito.
Esta atmósfera onírica bien podría ser la razón por la que la poesía de Escalante rezuma aromas vívidos, colores intensos y texturas ricas, provenientes tanto de plantas como de objetos, algunos típicos de mi país. Y este sabor mexicano se intensifica en “Salmo 23” y “El silencio en el cielo”, especialmente en la voz del yo poético, donde surgen algunos mexicanismos. Recuerdo vagamente a Evodio, mientras tomábamos café, mencionar a Rulfo. Sería acaso porque Escalante también ha decidido escribir poesía empleando el lenguaje popular, el cual es considerado todavía por algunos como carente de prestigio literario. Y dado que traducir literatura es traducir cultura, este aspecto era clave. ¡Y qué difícil trasladar modismos y expresiones tan nuestros! Por ejemplo, “como burros en primavera”, frase idiomática popular que usamos en México para describir a alguien que está excitado sexualmente, usando como símil el despertar sexual que estos animales experimentan durante dicha estación. Desde luego, como pasa en toda traducción, hubo pérdidas, y este modismo fue una de ellas; desoyendo el consejo de Schleiermacher de optar por la extrañeza, preferí dejar al lector tranquilo. ¿Hubo ganancias? Espero que sí, como también espero que estas versiones sean dignas de su autor, de los poemas mismos y de los lectores de lengua inglesa. Y ojalá que estas traducciones también sirvan como una invitación a la obra poética de Evodio Escalante: un licor excepcional en cuya destilación va lo más granado del pensamiento, el arte y la filosofía.
Juan Manuel Esquivel

 

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Foto: Evodio Escalante, poeta y ensayista mexicano.
  • Evodio Escalante

Evodio Escalante (Durango, Mexico, 1946) is an essayist, anthologist, critic, and poet. With a degree in law and a doctorate in literature, for decades he worked as a full-time professor and researcher in the Philosophy Department at the UAM-Iztapalapa, as well as a visiting professor at Rice University and the University of Paris XII. A regular contributor to leading Mexican media dedicated to literature and culture, he has published more than twenty books, some of which are essential for understanding Mexican literature. He won the Premio de Poesía Iberoamericana Ramón López Velarde in 2009 and in 2025 he was awarded the Premio Internacional Rubén Bonifaz Nuño.

  • Juan Manuel Esquivel

Juan Manuel Esquivel (Mexico City, 1980) is a poet and translator. Honored in 2024 with the Naji Naaman Literary Prize in Lebanon for his book Jacarandas y Otros Poemas, he currently works as a freelancer and teaches literary workshops. Each month, he publishes Mudanzas, a column dedicated to literary translation. He is also the author of essays and interviews published in Mexican and international media.

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