Hablemos, escritoras: Episodio 502
Emma Sepúlveda —escritora, educadora, política y activista chilena radicada en Estados Unidos— es una figura pionera para las mujeres latinas en los Estados Unidos y en la literatura en español. Fue nominada por el presidente Obama para formar parte del comité de selección de becas Fulbright, siendo la primera mujer latina seleccionada para este puesto. Se postuló para el Senado en Nevada y fundó el Centro de Investigación Latino. Como investigadora, ha explorado momentos significativos y desgarradores de la historia chilena, como la tragedia de los 33 mineros atrapados en una mina en el norte de Chile, así como el establecimiento y la consolidación del centro clandestino de detención Colonia Dignidad. Tenemos la oportunidad de entrevistarla y conversar sobre su libro Cuando mi cuerpo dejó de ser tu casa (Editorial Catalonia, 2022) que la traductora argentina, Denise Kripper, ha traducido al inglés con el título When My Body Ceased to Be Your Home, bajo los sellos Hablemos, escritoras y Literal Publishing.

Este es un extracto adaptado de la conversación del podcast Hablemos, escritoras, a cargo de Adriana Pacheco.
Adriana Pacheco: Bienvenida, Emma. Muchísimas gracias por sumarte a Hablemos, escritoras.
Emma Sepúlveda: Muchísimas gracias por la invitación, Adriana, y será un placer hablar contigo desde España esta tarde.
A.P.: Desde España, desde Valencia. Pero viviste en Estados Unidos por mucho tiempo, ¿verdad?
E.S.: En Nevada, exactamente. 47 años en Nevada, donde era profesora de la Universidad de Nevada en Reno, activista política a morir y, bueno, escribía; pasaba casi la mayor parte de mi vida escribiendo.
A.P.: Qué maravilla. Sé que has tenido una vida activa en la política. ¿Cómo es que se da esto, Emma?
E.S.: Mira, yo siempre me envolví mucho en la política desde que era muy joven en la Universidad de Chile en Santiago. Salí de Chile después del golpe militar de 1973. Y cuando llegué a Estados Unidos, aunque no hablaba mucho inglés todavía, me interesó muchísimo meterme en todo lo que tuviera que ver con el empoderamiento, específicamente de los latinos, porque me di cuenta de que era un grupo minoritario, mayoritario, sobre todo en Nevada. Empecé en lo más básico: registrar gente para votar y participar en campañas políticas de otros candidatos. Después, me acuerdo de una frase que escuché y que como que me cambió la vida: la democracia no es un deporte de espectadores. Entonces llegó un momento en que dije: no, no puedo estar al margen; tengo que involucrarme un poco más y tratar de ser una voz para las personas que no tienen voz en nuestra comunidad. Tuve la suerte de ganar las primarias, pero perdí las elecciones generales. Fue muy difícil, porque, imagínate, por supuesto que tengo un acento cuando hablo inglés y la primera vez que me miran saben que no soy de Estados Unidos. Además, era el año 1994, cuando ya empezaba un movimiento en California con el gobernador Wilson en contra de la migración. Fue una campaña muy difícil; incluso escribí un libro sobre esto que está entre las biografías de las latinas en Estados Unidos. Ahí pude hablar de lo que realmente había sido una campaña brutal, con amenazas de muerte; tuvimos que tener protección policial. Fue una campaña dura, pero aprendí muchísimo.
A.P.: Qué brutal, qué fuerte, Emma. Cuéntanos, en el tiempo que estuviste en Nevada, ¿cómo fue tu experiencia con la escena literaria en esa parte del país?
E.S.: Bueno, fue muy difícil; fue como subir una gran montaña. Primero, porque siempre he escrito la mayoría de mis libros en español. He publicado varios libros en inglés, pero en español me siento mucho mejor, más segura, más creativa. Y fue complicado, porque en esos años —piensa que empecé a publicar en los 80— no había muchas editoriales dedicadas a la publicación de libros en español. Incluso recordaba el otro día que en Nevada había un concurso para ayudar financieramente a los escritores. La primera vez que postulé a una especie de beca del gobierno, me rechazaron la solicitud porque el libro estaba en castellano. No fue fácil.
A.P.: Ya lo creo. Has publicado además no ficción e investigación en la cuestión latina, ¿no? Por ejemplo, en el Latino Research Center, donde estuviste a cargo, ¿verdad?
E.S.: Sí, fundé el Latino Research Center en la Universidad de Nevada, en Reno, y de ahí sacamos también una revista literaria, Border-Lines, dedicada exclusivamente a la investigación de temas latinos.
A.P.: Si no hay interés político, tampoco hay fondos, y las investigaciones no siguen adelante. Me imagino que para ti también fue trabajo hacer fundraising y llevar más gente a las aguas, ¿no?
E.S.: Claro, era difícil, porque con estos movimientos antimigratorios mucha gente se negaba a poner fondos para investigaciones sobre la condición de vida de los latinos y no se daban cuenta de que realmente estaba conectado. Por ejemplo, con las políticas de “English only”. Yo siempre trataba de explicar que no se trata solamente de darles posibilidad a los latinos de tener intérprete en la corte, sino que también a la población anglosajona le ayuda esto.
A.P.: Claro, claro, definitivamente. Bueno, fuiste elegida por el presidente Obama para ser parte del comité del Fulbright. Muchísimas felicidades, Emma, qué gran distinción.
E.S.: Sí, yo creo que ha sido uno de los grandes honores de mi vida. Primero, haber conocido al presidente Obama, a quien admiro. Incluso escribí un libro sobre los latinos y Obama también, pero es una persona que siempre he admirado, desde que supe de este senador que se iba a lanzar a la presidencia. Conocerlo y ser nominada por él a este comité de solamente doce personas en todo el país fue uno de los grandes honores de mi vida. Sobre todo, haber sido la primera latina en la historia de Fulbright, representar a mi gente y, al mismo tiempo, haber sido parte de este puente que conecta Estados Unidos con otros países del mundo. La posibilidad de llevar este mensaje sobre la importancia de la educación a otros países fue un gran honor.
A.P.: Emma, tú publicas con una editorial que queremos muchísimo en Hablemos, escritoras, que es Torremozas, otra pionera en publicar solamente escritoras. Ahí tienes Tiempo cómplice del tiempo y Los límites del lenguaje. Cuéntanos, ¿qué significó para ti trabajar con Torremozas y que estos libros llegaran precisamente con ellos?
E.S.: Mira, fue maravilloso conocer a Luzmaría, una mujer increíble que está a la cabeza de la editorial. No era fácil publicar en español en Estados Unidos. Mandé mi libro de poemas a la editorial y recibí inmediatamente una carta diciendo: “Por supuesto que lo vamos a publicar y esperamos que vengas a España para el lanzamiento”. Todo eso fue una maravilla; poder encontrar un hogar para las escritoras que en esos años era imposible publicar en Estados Unidos. Creo que Editorial Torremozas abrió un camino para mujeres no solamente en Estados Unidos, sino también en muchos países de América Latina.
A.P.: En 2017 sale otro libro que se llama Setenta días de noche: 33 mineros atrapados: historia oculta de un rescate, donde hablas también del testimonio de las mujeres cuando pasa esta tragedia en el norte de Chile. ¿Quieres contarnos brevemente sobre este libro?
E.S.: Sí, anteriormente había escrito o hecho una especie de antología, pero escribí una amplia introducción y conclusión sobre las mujeres que estaban buscando a sus hijos, maridos y familiares desaparecidos después del golpe militar de 1973 en Chile. Fui al campamento Esperanza, frente a la entrada de la mina donde se hacían las excavaciones, y me dediqué a grabar la historia de las mujeres: cómo estaban esperando este rescate, cómo vivían a diario la agonía de ver la excavadora rompiendo piedras para llegar al mundo subterráneo y ver si sus hijos, maridos o hermanos estaban vivos todavía. Fue una experiencia increíble, porque vengo de una generación donde las mujeres ni siquiera podían acercarse a una mina. Recuerdo haber viajado con un grupo de estudiantes de la Universidad de Chile, carrera de Historia y Geografía, a Chuquicamata. Al llegar cerca de la mina, el autobús se detuvo y dijeron: “Bueno, ahora pueden bajarse los hombres, pero las mujeres se tienen que quedar en el autobús porque es mala suerte para una mujer acercarse a una mina”. Imagínate, para mí fue histórico poder estar ahí, no solamente frente al socavón, sino hablando con estas mujeres. Me interesó más que nada cómo ellas estaban sobreviviendo; fueron ellas —aunque el mundo no lo sepa mucho— las que se instalaron ahí y protestaron hasta lograr rescatar a los mineros, porque muchos funcionarios del gobierno pensaban que ya estaban todos muertos y que los 33 no iban a sobrevivir después del colapso de la mina.
A.P.: Bueno, felicidades por esa investigación y gracias por traerla a la luz. Después vienes con otro libro que se trata de Colonia Dignidad. En 2022 sale Cuando mi cuerpo dejó de ser tu casa con la Editorial Catalonia. ¿Cómo fue este trabajo de recuperar estas voces?
E.S.: Sí. Primero, seguí la historia de Colonia Dignidad desde muy joven. Viví en Chile cuando empezaron a salir reportajes sobre este siniestro lugar y siempre me llamó la atención que se ocultaba el tema. Muchas personas decían: “No, pues son unos alemanes que viven en el sur de Chile, es una especie de estado dentro del Estado de Chile; tienen sus propias reglas, sus propias leyes, su propia religión”. Pero ahí paraba la historia. ¿Por qué? Porque nadie era capaz de irse en contra de un hombre que tenía tanto poder económico y político. Este hombre llegó a Chile con la ayuda del embajador chileno en Alemania y, al llegar, recibió ayuda del embajador alemán en Chile. Era un degenerado, un pedófilo, un criminal que estaba protegido, porque realmente nunca se hizo una investigación de lo que pasaba en Colonia Dignidad. Paul Schäfer, el líder nazi, fue uno de los grandes cómplices de Augusto Pinochet, quien se apoyó en él para torturar a la gente. Muchos presos políticos perdieron la vida allí y, en los 17 años que existió, no se hizo ninguna investigación.
En un momento determinado, cuando fui a Chile, visité la Colonia. Paul Schäfer ya había muerto y la Colonia estaba un poco más abierta, no totalmente al público, pero con acceso restringido a algunos visitantes. Entré y me di cuenta de que no se había hablado de algo que siempre me ha interesado: las historias de las mujeres. ¿Qué les había pasado a las mujeres que estaban en ese campo de concentración? Porque realmente era un campo de concentración, una secta donde no había libertad de entrar o salir. Pude hablar con algunas mujeres y leí todo lo que se había escrito en la prensa desde 1961 hasta la actualidad. Fui armando la historia y me pareció que la mejor manera de contarla era con la voz de una niña, como muchas que llegaron muy jóvenes con su familia, engañadas, creyendo encontrar un paraíso y encontrando un infierno en la Tierra.
Yo, desafortunadamente, crecí en un ambiente con muchísima violencia familiar, y pude conectarme con este personaje infantil: conectar a la pequeña Emma que vivía en Chile y sufrió mucha violencia doméstica, con Ilse. Fue muy difícil, pero al mismo tiempo renovador, porque cuando liberé al personaje, sentí que yo también me estaba liberando como escritora. Va a ser uno de mis personajes favoritos a lo largo de mi carrera.
A.P.: El libro, además, tiene el subtítulo Memorias de Ilse en Colonia Dignidad. Dices en el libro: “A los 11 años, me inventaron una familia y me obligaron a creer que tenía tres padres: el tío Paul —mi padre de Colonia Dignidad—, mi divino padre —que estaba en el cielo— y Holger —mi padre biológico, que vivía en Alemania”. Cuéntanos acerca de la elección de esta voz narrativa, que está en la memoir, con un formato a manera de diario. Esta retrospectiva permite hablar de varios planos temporales.
E.S.: Bueno, creo que la forma de diario me dio cierta libertad para hacer un recuento de los eventos de esta mujer y, al mismo tiempo, me permitió crear una especie de película. A través de los ojos de ella, observamos los diferentes momentos, las diferentes torturas de otras personas. Incluso, como fotógrafa, quise incluir algo que no había hecho antes —o que hice muy a la ligera en otros libros—, pero en este libro me interesó darle a la niña una cámara fotográfica de regalo cuando llega de Alemania, que luego es destruida. Ella empieza a crear una especie de cámara en su mente para capturar horrores, no solo para no olvidarlos, sino también para poder contarlos. Esta era una excusa narrativa y un apoyo para mostrar imágenes.
A.P.: Fascinante lo que haces con la fotografía. ¿Hubo alguna reacción en Alemania? ¿Tuviste algún feedback?
E.S.: Sí, fue bastante positivo. Primero, fui invitada a Bremen, a través del Instituto Cervantes de España, para presentar el libro. La recepción fue un poco sorpresiva; muchas personas, sobre todo las nuevas generaciones, no sabían lo que había ocurrido. La gente mayor estaba horrorizada, porque algunos habían leído algo sobre Colonia Dignidad, pero no sabían mucho. Anunciar estos hechos en público fue muy importante para mí. También ha sido relevante que una editorial alemana me dio un contrato para publicar la novela en alemán; actualmente, un gran traductor está haciendo la traducción y salió en 2024.
Otra noticia importante: también firmé un contrato con un director español para los derechos cinematográficos de la novela, para que se haga una película. Estoy trabajando con él —su nombre es Samuel Sebastián— y estamos casi finalizando el guion, además de buscar productoras. Esperamos que la película tenga producción chilena y española.
A.P.: Felicidades, Emma, qué increíble. Qué emoción escuchar todo esto: el reconocimiento por el trabajo y, sobre todo, por la valentía. Muchísimas felicidades por tu carrera y muchas gracias por esta entrevista.
E.S.: Muchísimas gracias a ti, Adriana.
Puedes escuchar la entrevista completa
en Hablemos, escritoras.
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