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Número 37
Ensayos

Bubblegum Pop–Línea de montaje

  • por Diego L. García
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  • March, 2026

Bubblegum Pop–Línea de montaje

Finalista del III Concurso de Ensayos Literarios de LALT 2025

 

Nota del editor: “Bubblegum Pop–Línea de montaje”, del poeta y ensayista argentino Diego L. García, logró posicionarse entre los finalistas en nuestro III Concurso de Ensayos Literarios LALT 2025. El autor nos ofrece un recorrido en el cual las manifestaciones artísticas y la música impactan en la dinámica cultural e histórica de un siglo XX complejo. También se plantea la pregunta por la influencia de los llamados “géneros menores”: “En los géneros menores o secundarios, la gestación de la potencia cultural nos pone a bailar de inmediato. No nos da tiempo para recibir con aparatos críticos esa bola de sensaciones. Es la formación del lector/escucha/consumidor la que debe reparar en los orígenes de aquello que aparece”.

 

Desarrollar el oído para sonidos que son musicales,
es como desarrollar un ego

John Cage

 

I

Escucho “Sugar, Sugar” por The Archies (1969). “Sugar / Oh, honey, honey / You are my candy girl / And you got me wanting you”; una banda de dibujos animados, precursora en ese aspecto de Gorillaz (1998).

Una armonía simple y efectiva, una melodía bonachona, rosa pastel para las madres y los padres, ritmo bailable en cuatro tiempos… ¿y espacio de picardía para algún tipo de alegoría adolescente?

El single se mantuvo veintidós semanas en el Hot 100, desplazando nada menos que a “Honky Tonk Women” de The Rolling Stones. El público norteamericano necesitaba esa dulce diversión. La guerra de Vietnam no daba respiro con la intensificación del conflicto y la campaña probelicista de Nixon. No solo el baile y la melodía liviana eran la clave del éxito, sino también las palabras que resonaban de manera rizomática: “I just can’t believe / The loveliness of loving you / I just can’t believe it’s true”. ¿Y qué podía creer un o una joven de aquel entonces? Si el encanto del amor o el sabor de los besos representaba un extrañamiento, ¿a qué punto la liberación de los cuerpos y las sexualidades había avanzado en aquella sociedad? Hoy vemos al hippismo como si se hubiese tratado de un movimiento mainstream, pero no fue necesariamente así. Los valores conservadores regían lo decible por la masa juvenil en muchos terrenos. Y no pasar a ser un paria podía implicar someterse a ellos.

 

II

Algo interesante: en una entrevista, su compositor, Andy Kim, dijo: “No había tiempo para analizar y ver si tenía algún tipo de sentido”. En el contexto de una grabación rápida y divertida, apelaba a la espontaneidad de sus ideas. A las sensaciones de alegría que podían encerrar ciertas palabras. Pero ¿no consideró que, más allá de su intención, esa secuencia de enunciados estaba diciendo por cuenta propia? Sabemos que el texto prescinde de su autor.

El no tener tiempo es un gesto de época algo adelantado, aunque algunos pensadores como Herbert Marcuse en El hombre unidimensional (1964) ya habían entrado en ese terreno. El panorama del siglo XX todavía estaba en construcción. El creador corre y cumple; no lo pienso con ironía, sino como un signo de la industrialización de la cultura. Hay profesionales encargados del disfrute y del ocio. Un ocio administrado, claro, por un campo de lo posible bastante limitado.

 

III

Un folleto de la American Dental Association que circulaba en 1969, impulsado por el Departamento de Salud de Nixon, se titulaba “Podés prevenir la caída de los dientes”. En una de sus viñetas focaliza en la importancia de una buena dieta y en “comer menos dulces”, con la ilustración de un niño sonriente que tiene delante una especie de torta, una “soda” y un paquete de caramelos.

¿Acaso tensionaba adrede con la canción de moda? ¿Qué ocurre en este folleto con los signos? La letra arial, clara, legible y directa, titula un mensaje sin punto final. Hay una sola dirección, igual para la familia que se desplaza. Hacia la derecha, hacia el futuro, hacia el cuadro siguiente. No faltan los cinturones ajustados ni las diferencias de estaturas tradicionales. La salud es de los conservadores. 

Bubblegum Pop–Línea de montaje

Ilustración de portada. American Dental Association, “You can prevent tooth decay (1969)” (1969).
Patient Dental Health Education Brochures. 351.

 

IV

Archie Comics, The Greatest Galaxy of Stars in Comics! Archie y sus amigos, historias de adolescentes, amores, consumos, moda y la sensualidad de pertenecer a un estereotipo.

La burbuja-adolescencia permite que la vida flote en un “estar haciéndose”, sin compromisos ni seriedad, más allá de una edad biológica. ¿Una edad filosófica? Podría ser, pero no debe confundirse una cosa con otra: la burbuja de la que hablo nace y muere en el consumo; su triunfo es no moverse de ahí. Libros como ladrillos apilados en ferias que huelen a vainilla con luces blancas por todas partes; objetos de decoración, palabras que montan el rol corporativo para “escritores”. Guy Debord había escrito para 1967, unos pocos años atrás: 

El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice más que “lo que aparece es bueno, lo que es bueno aparece”. La actitud que exige por principio es esta aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho por su forma de aparecer sin réplica, por su monopolio de la apariencia. (Debord, 1967).

La idea de lo que aparece es muy apropiada para pensar lo pop. Más bien ese bubblegum en particular, y no el pop art de los años 80. La radio traduce el mensaje: esto es lo bueno, porque es lo nuevo (parafraseando a Debord). El sujeto pasivo, unidireccional, tiene valores que alimentar: la familia tradicional, la educación elitista, la guerra y el nacionalismo. Agreguemos otro, no menos potente: el derecho a la diversión. ¿Pero qué diversión están dispuestos a digerir? Mejor mascar algo que pueda tirarse pronto. Azúcar, besos rosados y las ficciones románticas alineadas en las góndolas del supermercado.

 

V

¿Puede haber arte en esa goma de mascar espiritual? No es la materia del rock (ni siquiera de la poco comprendida “Ob-La-Di, Ob-La-Da”, grabada un año antes, en 1968) ni del punk: la posición del yo poético es el ser parte de la mayoría aceptada, de la seguridad del buen ciudadano, del disco capaz de sostener una guerra en su lado B.

 

VI

“Todo es Archie” (N° 41), escrito en una fuente divertida, como globos, algo ondulada pero no demasiado para evitar la psicodelia. ¿Una psicodelia junior? Por quince centavos un niño podía participar de la educación sentimental más azucarada.

“Me pregunto si tanto dulce podría causarte una caries (cavity)?”, dice preocupada la chica sexy.

“Ya lo hizo… en mi billetera!”, responde un irónico Archie con chomba marinera.

Sobre la mesa, tres postres helados hipergigantes con extra caramelo.

Bubblegum Pop–Línea de montaje

Everything’s Archie (1969) #41

 

VII

El niño del folleto no es como Archie.
Tiene dos círculos en las mejillas y va de la mano de su padre.
Visten como robots, con ropas geométricas sin colores;
usa un saco con botones y sus ojos apenas son dos puntos negros.
El niño del folleto levanta su brazo, ¿saluda?
Lleva la felicidad de lo que desconoce otra salida.
Los hippies que van a Woodstock no pasarán a buscarlo
(los dientes de esos muchachos
no se ven saludables).
El niño del folleto no es como Archie.
No besa sabores de frutilla ni paga por ellos con postres
gigantes, promesas de verano;
los cuerpos no son aquellos pegoteados
en tres días de paz y música.
Son la fuerza de la oferta,
el amor de la demanda,
la paz de ocupar los espacios seguros.

 

VIII

¿Cuánto más el azúcar y el amor darían a la lírica pop en las décadas venideras? Tras esos años del 68 al 73, se multiplicaron los amores comestibles con canciones como “Yummy Yummy Yummy” y “Chewy Chewy” de los Ohio Express, o el famoso jingle de Coca-Cola “I’d Like to Teach the World to Sing” de los New Seekers.

Ya en 1983, aparece “Candy Girl”, single debut de New Edition, un grupo adolescente del género R&B / Hip-Hop que se convirtió en un éxito pegajoso: “Candy girl, you are my world / You look so sweet, you’re my special treat / Candy girl, all I want to say / When you’re with me you brighten up my day”, cantaba una voz aniñada.

Podríamos seguir con las reversiones del clásico “Lollipop” en múltiples idiomas, “Candy Rain” de Soul For Real en los 90, “Candy” de Mandy Moore, posteriormente, y así muchas otras en esa línea metafórica de la golosina. 

 

IX

La vacuidad totalitaria del tutti-frutti no tiene contrapeso. No hace diferencia, no es tampoco el gesto pop que en los 80 haría de lo comercial una materia creativa (Warhol no inventó el pop, sino que lo redimió). Aun así, los chicos de caramelo siguen abonando la propia “cavidad” en la cultura.

Más allá del rastreo de nombres propios, esa sociedad del espectáculo que ya trascendía a otros terrenos solo ha ido afianzándose con el correr de los años. Si el todo, el Todo bajo el dominio de Archie, está del lado del capital, ¿qué otra línea podría forjar una literatura diferente para acceder a un algo de la vida moderna? Ha sido el desafío de los últimos 60 años. 

Literatura, poesía, canciones, historietas, y cualquier otro género. La voz que llena los huecos esperables es la misma. No hemos sido fundamentalistas de las etiquetas, sabiendo que los discursos se traman en relaciones de poder sin distinciones. El lector consume su vida, no los programas de las academias. Y en “las vidas” se leen, entrecruzan y rearman posiciones políticas desde los usos de la lengua.

En los géneros menores o secundarios, la gestación de la potencia cultural nos pone a bailar de inmediato. No nos da tiempo para recibir con aparatos críticos esa bola de sensaciones. Es la formación del lector/escucha/consumidor la que debe reparar en los orígenes de aquello que aparece. La emergencia es, en doble sentido, demorar las cosas un poco más de lo habitual. Volver a mirar, a pensar, a esperar que decanten las configuraciones de lo nuevo. Cambiar la goma de mascar por un buen café y un disco de Radiohead podría ser una ecualización acertada para comenzar.

 

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Imagen: Tri wiranto, Unsplash.
  • Diego L. García

Diego L. García is a poet and essayist born in Buenos Aires, Argentina, in 1983. He studied Letters at the Universidad Nacional de La Plata. He has published books of poetry, essays, and translations in Argentina, Chile, Spain, and the United States, including Fin del enigma (Ediber, 2011), Esa trampa de ver (Añosluz, 2016), Una voz hervida (Jámpster, 2017), Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018), (Fotografías) (Zindo & Gafuri, 2018; second edition from Liliputienses, 2020), Las calles nevadas (Barnacle, 2020), Siluetas hablando porque sí (Casa Vacía, 2022), El lento hacer: Ensayos sobre imagen y escritura (Casa Vacía, 2023), Unos días afuera (Antología, Pixel, 2023), and Un sábado por la mañana (Pequeña fortuna, 2025). His work has been included in several anthologies, including País imaginario: escrituras y transtextos 1980-1992 (Ay del Seis, 2018). He contributes to various magazines in Latin America and the United States and works as a teacher.

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