Hablemos, escritoras: Episodio 144
Hoy tenemos el gusto de entrevistar a Brenda Lozano, escritora y ensayista nacida en la Ciudad de México. Reconocida en 2017 dentro de la lista Bogotá 39 y es una de las voces más representativas de la literatura de jóvenes escritoras hispanohablantes. Algunas de sus obras son Todo o nada (Tusquets, 2009), Cuaderno ideal (Alfaguara, 2014), ¿Cómo piensan las piedras? (Alfaguara, 2017) y Brujas (Alfaguara, 2019). Forma parte de la antología 22 voces. Narrativa mexicana, volumen uno, compilado por David Miklos (Libro mala letra, 2015) y del libro crítico Tsunami, antologado por Gabriela Jauregui y publicado por Sexto Piso en 2018. Su libro Cuaderno ideal fue traducido al inglés con el título Loop por Annie McDermott y publicado por la editorial escocesa Charco Press.
Este es un extracto adaptado de la conversación del podcast Hablemos, escritoras, a cargo de Adriana Pacheco.
Adriana Pacheco: Hace unos años recuerdo que tuve el gusto de conocerte en la FIL Guadalajara y ahora tengo el gusto de entrevistarte. Muchísimas gracias, Brenda por aceptar esta invitación. Brenda cuéntanos un poco más sobre tu formación y cómo es que llegas a la literatura, a las letras.
Brenda Lozano: La verdad es que no estoy muy segura pues, a diferencia de otras escritoras, yo no crecí en una familia en dónde había libros y había un ambiente con escritores, intelectuales o cineastas. Y no lo digo tristemente, sino que simplemente en mi casa realmente había libros muy de relleno. Para mí el descubrimiento de esos mundos de los libros viene más en la adolescencia. Yo tenía como 12 ó 13 años y justamente tenía una tía que me dio de regalo un libro de poemas de Fernando Pessoa donde leí un poema que dice “Si Dios no tiene unidad ¿cómo la tendré yo?”. Y ese poema me revolucionó la vida. Y entonces surgió en mí una voracidad muy adolescente por leerlo todo.
A.P.: Qué maravilla, nos gustaría que todos los lectores se acercaran así a los libros con una pasión y con un entusiasmo y con una voracidad como lo acabas de decir. Brenda de ahí, entonces estudiaste una Licenciatura en Literatura en la Universidad Iberoamericana y te convertiste en novelista, ¿no?
B.L.: Sí, en esa voracidad adolescente escribí una novela, si es que se puede llamar novela a lo que hice, como a los 16 años, que obviamente no le deseo a nadie leerla. De hecho, creo que no existe más. Pero entonces pensé que me urgía estudiar con gente que supiera y reconocer, con muchísima humildad, que tienes mucho que aprender. Es cierto que cuando eres adolescente sientes que el mundo es tuyo, pero a la vez te das cuenta de que no, de que estás pudiendo andar ese camino, porque muchas mujeres y muchos hombres ya lo caminaron antes que tú. En mi caso y en mi momento fueron sobre todo escritores con un canon un poco más masculinista, pero en todo caso, necesitaba eso y la verdad es que fui muy feliz. Fui realmente una estudiante feliz y tuve unos maestros increíbles, unos no tanto, pues bueno, así tocan en el camino.
A.P.: Hablando sobre tus libros, empiezas con Todo o nada (Tusquets, 2009); después viene Cuaderno ideal (Alfaguara, 2014), que fue traducido por Annie McDermott y publicado en la editorial escocesa Charco Press. Después viene ¿Cómo piensan las piedras? (Alfaguara, 2017) y más adelante sale un libro que ha hecho mucho ruido, Brujas (Alfaguara, 2019). Además en el 2017 te suman a la lista, te invitan a la lista Bogotá 39. Felicidades por esa trayectoria. Empecemos con Todo o nada, un libro bellísimo que aborda la fragilidad de un hombre maduro y a la vez la fortaleza que le transmite a su nieta. ¿Cómo surge este libro? ¿Tiene algo de autobiográfico?
B.L.: ¡Ay! Fíjate que te agradezco mucho la pregunta porque me llevas a un lugar muy bonito. La verdad, que a veces, aunque en ese momento parecía tal vez tormentoso o de mucha inseguridad, lo veo ahora a distancia y eso es lo padre de la narrativa, que no hay una única narrativa, sino que son varias narrativas incluso, en el mismo momento. Esta novela la pensé mucho antes de escribirla. Me dije, quiero escribir una historia sin diálogos y que al mismo tiempo aparezcan en el momento de la narrativa de ella —de la nieta— que aparezca la voz de él, pero no a manera de diálogo. Al mismo tiempo quería un personaje muy extremo, que era el personaje del abuelo, así que tenía esa idea de que fueran dos personajes muy extremos y muy distantes y que fueran un hombre y una mujer. Tampoco quería que fuera una historia de amor. Entonces tuve muchas preguntas: ¿desde dónde te sitúas? ¿Desde dónde cuentas una historia? ¿Cómo la cuentas? Me preguntaba también: ¿qué pasa cuando alguien que te dio la vida, en un momento se puede voltear en tu contra y te pueden matar? Así que yo quería que este personaje fuera así; por un lado muy luminoso, pero por otro, con ese lado oscuro al final de su vida. Quería un personaje casi agonizante, pero no en la enfermedad, lo necesitaba entero y lo necesitaba completo. Así surgió ese personaje.
A.P.: Magnífico. Brenda platiquemos, ahora de otro de tus libros, El cuaderno ideal (Alfaguara, 2014), en este libro hablas de otro tema, la soledad y la relación en pareja. Este es un libro muy interesante en su formato y en la forma como estás experimentando con la redacción, con aforismos, con frases cortas, con tiempos, con distintas voces que se están sobreponiendo como si fueran capas. Y es interesante, desde el punto mismo de pensar en el título, El cuaderno ideal, que para los que nacimos en México, el cuaderno ideal era lo que nos mandaban en el colegio en la lista de útiles escolares. ¿Cómo es que surge Cuaderno ideal?
B.L.: Bueno, pues creo que muchas veces los títulos me aparecen antes que las novelas, porque de alguna forma marcan el camino. Es como, por ejemplo, Todo o nada, para mí era el resumen de la novela, yo ya casi que no necesitaba escribir la novela, porque según yo, en ese título estaba todo lo que quería contar. Y por ejemplo, Cuaderno ideal es otro momento de vida y casi te diría como cuando estás creciendo y no hablo en términos de la literatura como crecimiento, porque no creo que haya tal cosa, pero sí me gusta mucho gráficamente imaginar como vas creciendo poco a poco. Es como cuando pones en el marco de la puerta una rayita y luego unos meses más adelante, una rayita más arriba, y ves en retrospectiva cómo has crecido. Entonces un cuaderno ideal para mí era, pues casi que la antinovela, es decir una novela que está ocurriendo en tiempo presente, que es fragmentaria, que no necesariamente tiene un inicio, clímax y final.
A.P.: La portada es muy bonita y sugerente. Y hablando de portadas, pienso en la portada de Brujas que también es genial. ¿Es la hizo Amalia Pica, verdad?
B.L.: Mira esta belleza. Para mí mis portadas son como mi pequeña galería porque son de artistas que me encantan y son artistas que están vivos, que son jóvenes y que, de hecho, todos los trabajos de ellos me parecen increíbles. Soy muy fan de todos y casi que te diría, me encantaría seguir escribiendo libros porque quiero más arte en mis portadas. Y sí, Brujas, la portada sí es de una artista argentina que se llama Amalia Pica, que me parece una artista increíble.
A.P.: Platícanos ¿cómo es que surge Brujas?
B.L.: Bueno, pues te cuento que Brujas fue un viaje alucinante y doloroso y feliz al mismo tiempo, como la vida misma y fue muy disfrutable para mí llegar a Feliciana, que bueno es la bruja mayor o la chamana o la curandera que va a entrevistar Zoe, la periodista. Y me interesaba mucho el personaje de una curandera que fuera como una rockstar, en tiempos en los que el poder económico o la fama pueden ser instantánea simplemente por tener una cuenta de Instagram o por un montón de followers en donde obviamente el dinero te da fama y la fama te puede traer dinero, en ese binomio extraño en el que vivimos. Y eso me fue llevando a Feliciana esta curandera que para mí es como una rockstar a la que todo mundo quiere ir a ver, todo mundo se quiere sacar fotos. Me encantaba la idea de que la periodista, en su primera búsqueda en Google, la encontrara abrazada del cantante Prince y de directores de cine y fotógrafos y que todo mundo la quiere ir a ver. Y entonces la pregunta es: ¿quién es esa mujer? ¿Cómo llegó ahí? Entonces, la verdad, fue increíble para mí hacer este libro.
A.P.: Pero Brenda Lozano no es nada más novelista. Colaboras para el diario El País con unas columnas geniales y has sido parte del libro crítico Tsunami, que fue edición y prólogo de Gabriela Jauregui. Platícanos sobre tu trabajo como ensayista, como cronista y como colaboradora en este movimiento tan importante que se está gestando a favor de los derechos de las mujeres.
B.L.: Claro que sí. Pues colaborar en el texto de Tsunami abrió una sororidad increíble, fue como ser parte de un libro que tejimos entre varias mujeres y que además nos ha traído, por suerte, muchas discusiones, muchas preguntas colectivas. Entender que la escritura también se hace en colectivo es una cosa muy buena, aunque los textos estén escritos de manera individual. Probablemente ahorita, si hiciera un texto para Tsunami o para un libro con una naturaleza parecida, escribía sobre otra cosa, pero en ese momento preciso, yo me moría de ganas de descubrir y explorar de dónde venía el silenciar a las mujeres. ¿Por qué hay abusos? ¿Por qué antes no se escuchaban y ahora ante un movimiento como el de los años recientes del Me Too, sí resulta que se puede escuchar a las mujeres? ¿Por qué? Yo me hacía mucho esa pregunta: ¿por qué ahora sí y antes no? ¿De dónde viene? Y no es que los textos sean respuestas, a veces los textos son otra pregunta, pero al poder hacerte otra pregunta, después de que ya la tienes es de alguna forma una exploración personal increíble que te deja en un nuevo lugar. Sí, de alguna forma sales un poquito revolucionada.
A.P.: ¿Y El País?
B.L.: Yo creo que históricamente las columnas han sido espacios como para que alguien diga algo desde las alturas, que te explique qué está pasando. Yo creo que esos espacios también se pueden repensar y se pueden abrir para otras voces que no son escuchadas y que merecen un espacio. Y eso es algo que me importa muchísimo. Me importa mucho que sea una escritora muy joven, que pueda ser citada en un periódico como El País. O si, por ejemplo, hice un texto sobre la maternidad en los penales en México y me parece también muy importante que esas historias tengan esos espacios. Si algo me ha enseñado la literatura escrita por mujeres es eso, como lo dice Viviana Abenshushan, quien habla de la escritura de la escucha y me parece muy cierta y muy precisa su interpretación. Es decir, no la de la imposición, no la de la última palabra, sino la de la escucha y la de ceder espacios, la de nombrar, la de dar espacio a otras narrativas y otras voces, porque no hay una única forma de hacer las cosas.
A.P.: Brenda, pues nos dejas muchísimas ideas, muchas cosas que pensar, que reflexionar. Felicidades por tu trabajo, por tu carrera. Van a venir muchos otros títulos y ha sido un verdadero honor, un verdadero gusto.
B.L.: No, Adriana, quiero que sepas que el agradecimiento y el honor y el gusto ha sido mío, porque de verdad lo he disfrutado mucho y te agradezco enormemente este espacio de verdad.
Puedes escuchar la entrevista completa en Hablemos, escritoras.