Sobre Atravesar el tiempo. Conversaciones con José Donoso (Universidad de Valparaíso, 2025), de Josefina Delgado
A mediados de la década de los ochenta, en 1985, la escritora argentina Josefina Delgado mantuvo una serie de conversaciones con el novelista José Donoso. En el tercer piso de la casa del autor de El obsceno pájaro de la noche, en la calle Galvarino Gallardo de Providencia, en Santiago, ambos amigos —que se habían conocido algunos años atrás en Buenos Aires— dialogaron intensamente acerca de una variedad de temas. En ellas pasaron revista a la infancia del chileno en el seno de una familia burguesa, a sus intentos por escapar de un ambiente cultural que consideraba asfixiante, a los métodos de trabajo de Donoso en libretas manuscritas, al proceso creativo siempre en busca de nuevas formas y a identificar sus grandes maestros en las artes narrativas, entre muchos otros asuntos.
Esos intercambios, donde una joven escritora interroga, inquiere y complementa las ideas de un escritor consolidado y experimentado —aunque siempre llano a responder y profundizar en sus ideas— son publicados cuarenta años después por la Universidad de Valparaíso. Los acompaña una semblanza de Delgado acerca de su amistad con el escritor —quien incluso la convirtió en personaje de Taratuta, una de las novelas breves de la última etapa creativa—, y de fragmentos de cartas que Donoso le escribió entre 1983 y 1986 en las que habla de La desesperanza, su novela publicada ese mismo 1986. El volumen supone, por tanto, un importante rescate que, aunque no posea demasiada información novedosa para los especialistas, sí pone a disposición de los lectores la voz de un escritor fundamental de las letras chilenas.
Al poco andar de las conversaciones, Donoso afirma que “todas mis novelas son novelas de familia”. Esa frase sirve como un leitmotiv desde el cual adentrarse a su universo creativo, pues en su obra abundan preguntas en torno al origen, la estirpe o la herencia, alrededor de los vínculos matrimoniales y amorosos, o acerca de los espacios —las casas, sobre todo— en que confluyen los clanes familiares. Es, también, un modo de interrogarse acerca de los vínculos entre vida y obra del autor, una dimensión sumamente elocuente para interpretar en profundidad un corpus que estetiza episodios de su propia biografía (o, en términos que ocupa Donoso, que “metaboliza” y transforma en literatura), desde la infancia presente en Este domingo (1966), el matrimonio en El jardín de al lado (1981) o su retorno al país natal en La desesperanza (1986).
Las conversaciones con Delgado transitan por una amplia diversidad de temas biográficos y creativos. Se observa la trayectoria de Donoso desde el punto de vista de alguien que ha consolidado su lugar en la escena chilena e hispanoamericana. Así, su mirada pausada es capaz de analizar el significado de episodios ya conocidos de su vida —la mitificada estancia en Magallanes, las tortuosas “secas” literarias, el exilio voluntario en EEUU y España—, complementándolos con una reflexión más teórica en torno a la libertad del escritor y su posibilidad de criticar el mundo burgués del cual proviene. Defiende, igualmente, una aproximación a la literatura donde la creación posee autonomía con respecto a las tesis políticas o morales de su época, pues el escritor, desde su concepción, es alguien que crea para entender, no para enseñar. Donoso tiene claro, además, que su rol de escritor está lejos del papel de un teórico o ensayista, y afirma que su pensamiento es más claro cuando crea su universo ficcional más que en cualquier otra situación. Ante la pregunta que le hace Delgado, “¿Quién eres?”, Donoso responde: “Soy mis libros, ¿no? (…) Es donde más me reconozco”.
A partir de estas conversaciones, por otro lado, es posible comprender mejor la composición de lugar que hacía Donoso de su propio espacio en la escena literaria. No solo en relación al criollismo nacional (al que quiso superar) o el boom (al que perteneció y del cual, al mismo tiempo, se distinguió defendiendo una novela consciente de su artificialidad; no una que intentara simplemente reproducir la realidad), sino también con respecto a una tradición más amplia de la narrativa universal. En ese sentido, Delgado es una interlocutora informada y sagaz, conocedora de la obra y los gustos de Donoso. De ahí que pueda llevarlo a comentar aquellos puntos que sabe más relevantes para comprender la creación del narrador chileno. A ello el autor de Coronación responde integrando en su reflexión la relación que tiene su propia obra con las de Puig y Vargas Llosa, pero también con las de Dickens o Hugo, además de con la pintura y la música.
Con todo su valor documental, el libro es por momentos irregular, pues el diálogo alterna momentos de enorme lucidez con tramos donde la conversación se empantana sin ir a ningún lado. Habría sido interesante, por otro lado, reproducir más extensamente —si no completas— las cartas de Donoso a Josefina Delgado (de esta última, sus cartas se encuentran depositadas en la Firestone Library de la Universidad de Princeton). Así, poco a poco habría seguido saliendo a la luz el epistolario inédito del escritor chileno, luego de que Cecilia García-Huidobro y Augusto Wong publicaran, en 2024, el volumen de Correspondencia (Alfaguara) entre Donoso y Carlos Fuentes. Con todo, Atravesar el tiempo. Conversaciones con José Donoso contribuye a volver sobre el más importante narrador chileno del siglo XX y entusiasmarse, una vez más, a sumergirse en el imaginario con que buscó hurgar en la esquiva identidad de un país siempre en fuga.

