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BOOK REVIEWS
Issue 38
El plano inferior de Mario Morenza
By Miguel Gomes
“El mundo cerrado que se retrata, con guiños distópicos, esperpénticos, es el de las cloacas de una gran ciudad donde un grupo de indigentes autodenominados citizens sobrevive a una superficie también abyecta.”
Fiction
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  • June, 2026

Caracas / Nueva York: Monroy Editor. 2026. 164 páginas.

El plano inferior de Mario MorenzaAunque no agotan su narrativa, porque buena parte de esta ha circulado en medios periódicos impresos o virtuales, los dos volúmenes que había publicado el escritor y docente venezolano Mario Morenza hasta la fecha delataban una versatilidad excepcional. Pasillos de mi memoria ajena (2007) y La senda de los diálogos perdidos (2008) resultan desafiantes por su concepción flexible del género. El primero transitaba con soltura entre la narración, la prosa ensayística y las memorias; el segundo, en cambio, constituía una serie de relatos que dejaban entrever una estructura unitaria. Su libro más reciente, El plano inferior, ratifica la capacidad del autor para tantear nuevos terrenos; en este caso, un género cuyo reconocimiento en la cultura hispánica está signado por lo precario. Me refiero a la novela breve.

Pese a sus antecedentes cervantinos, nótese que la categoría intermedia entre el cuento y la novela carece en español de un espacio estable y consensuado, como se infiere de la nomenclatura, que la hace depender de otra modalidad plenamente consolidada. Ello no ocurre, para no ir muy lejos, en inglés, donde suelen distinguirse novel y novella; en alemán, donde Roman y Novelle disponen de nichos bien diferenciados; e incluso en portugués, lengua tan afín al español, en la que romance y novela se disciernen sin vacilación. El recurso de algunos autores hispánicos al galicismo nouvelle —pienso en los escritos teóricos de Mario Benedetti o Ricardo Piglia— no deja de ser desorientador, pues actualmente en francés dicho término remite al cuento. Pese a esa situación general, algunos autores como Morenza parecen percibir patrones tipológicos específicos. Si la novela (sin calificativos) suele presentar amplios panoramas sociales, no son escasas las novelas breves que se concentran en orbes de alguna manera cerrados: la casa de campo de The Turn of the Screw; el progresivamente despoblado y claustrofóbico balneario veneciano de Thomas Mann; la vivienda de la familia Samsa; el sanatorio para tuberculosos de Los adioses; el oscuro caserón de Aura. Sin pretender que tal rasgo agote las posibilidades del género intermedio, ha de admitirse que El plano inferior encaja en la variante.

El mundo cerrado que se retrata, con guiños distópicos, esperpénticos, es el de las cloacas de una gran ciudad donde un grupo de indigentes autodenominados citizens sobrevive a una superficie también abyecta, solo que por otro motivo: la tiranía “neogomecista” de “El Gran Escritor”, cuyos brazos armados, la Guardia Nacional y “La Sagrada”, infunden terror en la población de la “Nueva Caracas”. Los principales personajes han tenido una vida en el plano superior —entre otros, Edward Gómez Gómez, alias Valle-Coche, arquitecto; Franto, médico forense; Jethro Tull, hippie; Tanya, guerrillera; Saúl, punketo; Luis, evangélico—, pero encuentran una comunidad acogedora y no solo sobreviven a duras penas a la persecución, sino que se las arreglan para activamente resistir. Cabe apuntar que lo anterior, sin embargo, podría tratarse de una de esas anécdotas no realistas que, según el Adolfo Bioy Casares del prólogo a la Antología de la literatura fantástica, aceptan explicaciones “alucinatorias”, pues nos las habemos con un narrador para nada confiable. Este, anclado al principio en un nosotros, luego elige un yo identificado con Gómez Gómez, pero después —con la misma inconstancia enunciativa con la que experimentó el Cortázar de “Las babas del diablo”— desaparece para elegir una voz en tercera persona, antes de retornar hacia el desenlace al yo del exarquitecto. Que la locura sea común entre los citizens intensifica nuestra incertidumbre respecto de la identidad del sujeto que elige la primera persona: “Las cosas no estaban bien aquí abajo. Ni aquí adentro, en mi cabecita cada vez más atormentada”. A eso se añade el origen endogámico de alguien cuyo apellido es una geminación, lo que reforzaría lecturas deseosas de ver esquizofrenia u otros trastornos mentales en que intervienen factores hereditarios. Que el narrador terciopersonal coincida con los momentos en que Valle-Coche está cerca de reintegrarse en la “normalidad” exterior mientras que el yo asociado a él —o el nosotros que lo incluye— surja cuando se identifica con los cloaqueros sugiere que algo más que la razón gobierna la enunciación del relato. Pero es preferible atenerse a la pluralidad y no confinar el ejercicio hermenéutico a moldes estrechos.

“Sea como sea, tenga por seguro el lector que nunca lo decepcionará tanta heterogeneidad, el derrame casi orgiástico de inventiva que nos depara El plano inferior.”

En medio del laberinto psicológico, no obstante, la lucidez se manifiesta, en particular en el diálogo que sostiene Morenza con una extensa familia literaria. Por ejemplo, la urdida por el imaginario de los mendigos en las letras venezolanas o del resto de Hispanoamérica.  La ctonicidad de los citizens nos hace pensar, además, en otros referentes en el vecindario de la distopía o lo maravilloso: el guiño a los morlocks de H. G. Wells está allí, con alteraciones significativas, solo que el narrador se apresta a remitir sin rodeos al Juan Achares de “Boquerón” (1992), célebre cuento de Humberto Mata, en el que el detective protagonista descubría —o acaso fabulaba— una sociedad paralela de pordioseros refugiada en túneles o bajo puentes caraqueños y regida por códigos propios, inescrutables.

El texto de Mata, aparecido en una coyuntura en que la institucionalidad democrática venezolana comenzaba a resquebrajarse, puede considerarse antecedente directo de un subgénero vigente en el país. Junto con El plano inferior, a él se adscriben novelas o novelas breves donde lo ominoso y lo inquietante se entrelazan: Bajo tierra (2009) de Gustavo Valle, El círculo de Lovecraft (2011) de Carlos Sandoval, algunas secciones de Cuaderno de Manhattan (2014) de Víctor Carreño y todo Broadway-Lafayette (2019) de Pedro Plaza Salvati. En esa narrativa, las comunidades subterráneas fascinan a sus protagonistas, ya sea dentro de Venezuela o durante sus desplazamientos en el extranjero. ¿Habría que atribuirlo a un accidente en una república cuya historia moderna ha estado marcada —no sin consecuencias adversas— por la explotación del subsuelo? Lo que no resulta accidental es la profusión de títulos en una transición de milenios que ha visto violentas polarizaciones sociales, así como el regreso de elementos decimonónicos que la modernidad política de la democracia iniciada en 1958 daba por sepultados para siempre, destacando las modulaciones autoritarias con regusto a montonera posindependentista.

Hay, sin duda, una presencia de lo alegórico, pero al afirmarlo no insinúo que Morenza se haya comprometido con lo edificante: la maqueta de la ciudad moderna que Valle-Coche cuida con celo en las cloacas y luego saca a la luz del día con ayuda de citizens supervivientes, cuando los estudiantes universitarios se enfrentan a las fuerzas neogomecistas, encierra, por una parte, un claro alegorema y, por otra, los materiales necesarios para que deconstruyamos toda tentación de encarcelar la trama en rigores doctrinales. Podría tratarse, perfectamente, de la maqueta de un enajenado, lo que convierte la anécdota en producto de su delirio. Tal grado de indeterminación corrobora la importancia que para el autor tiene, asimismo, un sentido del humor transgresor. Y la risa es, en Morenza, el resultado de un tenso contrapunto de lo trágico con lo grotesco o la caricatura —en un pasaje se menciona a Pedro León Zapata—, oscilando sus registros entre el costumbrismo y lo kafkiano, entre la farsa y la metafísica.

Sea como sea, tenga por seguro el lector que nunca lo decepcionará tanta heterogeneidad, el derrame casi orgiástico de inventiva que nos depara El plano inferior.

 

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Updated 06/27/2024 12:00:00
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