{"id":5021,"date":"2021-11-23T19:45:42","date_gmt":"2021-11-24T01:45:42","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/11\/clear-drunkenness-enrique-serna\/"},"modified":"2022-05-27T14:32:39","modified_gmt":"2022-05-27T20:32:39","slug":"clear-drunkenness-enrique-serna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/11\/clear-drunkenness-enrique-serna\/","title":{"rendered":"&#8220;La clara embriaguez&#8221; de Enrique Serna"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>El arte de narrar consiste en infundir a un relato el v\u00e9rtigo placentero de una parranda l\u00facida. Parad\u00f3jicamente, los aspirantes a ese ideal est\u00e9tico tenemos que beber con moderaci\u00f3n, pues un productor de bebidas espirituosas no se puede dar el lujo de consumirlas en exceso, aunque deba estar familiarizado con sus efectos. La tarea de embriagar a los lectores exige, por desgracia, un alto grado de concentraci\u00f3n y claridad mental. Nunca me cansar\u00e9 de lamentarlo, porque mi vocaci\u00f3n de bebedor es casi tan fuerte como la literaria. En la juventud, cuando el vigor f\u00edsico permite abusar del trago sin merma de las facultades intelectuales, el desenfreno et\u00edlico me parec\u00eda compatible con la escritura. Como todos los chavos me sent\u00eda invulnerable, pero los cambios del metabolismo que sobrevienen a la edad de Cristo mellaron mi capacidad de resistencia al alcohol. Al borde del colapso nervioso por la ingesta compulsiva de cubas libres, agravada en mi caso por el tabaquismo y los ansiol\u00edticos, a principios de los 90 tuve que elegir entre la vocaci\u00f3n de escritor y la borrachera. Renunci\u00e9 desde entonces a mi estado de \u00e1nimo predilecto, con tal de conservar una lucidez que a veces deploro, porque la especie humana, como dec\u00eda Eliot, \u201cno puede soportar mucha realidad\u201d.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los inadaptados necesitamos el trago para desinhibirnos. La escritura y la afici\u00f3n a la bebida satisfacen a medias la necesidad espiritual de romper las barreras que nos separan de los dem\u00e1s. La tentaci\u00f3n de mezclar ambos tipos de acercamiento al otro es muy fuerte para cualquiera, porque hasta el m\u00e1s feroz individualismo sucumbe tarde o temprano a la b\u00fasqueda de aceptaci\u00f3n. Despojados de la personalidad postiza que les impone el libreto social, los borrachos alcanzan una catarsis liberadora y una vaga ilusi\u00f3n de fraternidad, aunque algunos bebedores taimados utilicen el trago para esconderse mejor. Como actor y espectador del nudismo beodo, adquir\u00ed un c\u00famulo de experiencias que semanas o meses despu\u00e9s, al pasar por el tamiz en la sobriedad, fertilizaron mis primeros cuentos y novelas. Pero tal vez ca\u00ed en un autoenga\u00f1o al idealizar un estilo de vida que solapaba o anestesiaba mis complejos en vez de ayudarme a vencerlos.<\/p>\n<p>A la edad en que el alma es una arcilla d\u00factil, los libros nos cambian la vida para bien o para mal.\u00a0 Tanto en mi coqueteo con el alcoholismo, como en mi alejamiento del vicio, las lecturas me marcaron pautas de conducta. Empec\u00e9 a sobrestimar el estilo de vida bohemio a los 17 abriles, cuando descubr\u00ed al gran poeta persa Omar Khayyam (1048-1131). A esa edad yo no ten\u00eda gustos literarios sofisticados, pero mi madre estaba inscrita en el C\u00edrculo de Lectores y recibimos por correo una traducci\u00f3n al espa\u00f1ol del <i>Rubayat, <\/i>en la excelente versi\u00f3n de Nuria Par\u00e9s. Fue mi primera zambullida en el t\u00f3pico del <i>carpe diem <\/i>y no pude salir ileso del terremoto.<\/p>\n<p>Panegirista del vino y los placeres carnales, convencido del car\u00e1cter fugitivo de la existencia, Khayyam fue un astr\u00f3nomo y matem\u00e1tico heterodoxo que goz\u00f3 de grandes privilegios en la corte del sult\u00e1n Malik Shah, incluyendo el de proclamarse agn\u00f3stico. <i>Rubayat<\/i> significa \u201ccuartetos\u201d, una forma m\u00e9trica de la poes\u00eda preisl\u00e1mica semejante por su brevedad a los hai-kai orientales, pero con un car\u00e1cter m\u00e1s reflexivo que metaf\u00f3rico. Conocido en Occidente por la traducci\u00f3n al ingl\u00e9s de Edward Fitzgerald, que seg\u00fan Borges reinvent\u00f3 su lenguaje al grado de erigirse en coautor de los cuartetos, la magia de Khayyam sale relativamente ilesa de las traducciones a otras lenguas, aunque no respeten la rima ni la m\u00e9trica del original.<\/p>\n<p>Educado en escuelas cat\u00f3licas (el Instituto Patria y el Sim\u00f3n Bol\u00edvar), antes de leer el <i>Rubayat<\/i> a\u00fan cre\u00eda en la vida ultraterrena. Su poder persuasivo me convenci\u00f3 de que despu\u00e9s de la muerte se acaba todo. Desde entonces, la emoci\u00f3n l\u00edrica me ha incitado a descubrir verdades ocultas con m\u00e1s eficacia que las teor\u00edas pol\u00edticas o filos\u00f3ficas. En Khayyam, la rotunda negaci\u00f3n del m\u00e1s all\u00e1 es inseparable del culto a la ebriedad, como si la renuncia a la trascendencia llevara impl\u00edcita una necesidad de evasi\u00f3n. Doy tres botones de muestra de su hedonismo exaltado, para ilustrar mi conmoci\u00f3n juvenil:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">\u00a1Bebe vino! Largo tiempo has de dormir bajo la tierra sin mujer y sin amigo.<br \/>\nEscucha este secreto: los tulipanes marchitos no resucitan nunca.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Me aconsejan: \u201c\u00a1No bebas m\u00e1s, Khayyam!\u201d.<br \/>\nLes contesto: \u201cCuando bebo escucho a las rosas,<br \/>\njazmines y tulipanes. Cuando bebo escucho tambi\u00e9n<br \/>\nlo que no puede decirme mi bienamada\u201d.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">El alba ha cuajado de rosas la b\u00f3veda del cielo.<br \/>\nPor el aire se pierde el canto del \u00faltimo ruise\u00f1or.<br \/>\nEl perfume del vino, ahora, es m\u00e1s ligero.<br \/>\n\u00a1Y pensar que en este instante hay insensatos<br \/>\nque sue\u00f1an con honores y glorias!<br \/>\n\u00a1Cu\u00e1n sedosos tus cabellos, bienamada!\u201d<\/p>\n<p>En mitad de la lectura lleg\u00f3 a visitarme Cecilia Lobato, la encantadora hermana de mi amigo Emilio. La amaba en secreto, pero no hab\u00eda tenido valor para declararme. Con el libro apoyado en nuestras rodillas, le recit\u00e9 en voz alta los cuartetos que m\u00e1s me intoxicaron, nos fuimos acercando en el sof\u00e1 y el impulso de vivir la lectura uni\u00f3 nuestras bocas, en un flechazo similar al de Paolo y Francesca en la <i>Divina Comedia<\/i>, donde tambi\u00e9n hay un libro que funge como alcahuete (omito los pormenores del episodio porque ya lo narr\u00e9 en <i>Fruta verde).<\/i> Desde entonces, las buenas y las malas experiencias me provocan insomnio. Angustiado de felicidad, como todos los neur\u00f3ticos proclives al sufrimiento, en la vigilia me levant\u00e9 a escribir una rid\u00edcula imitaci\u00f3n de Khayyam: \u201cEl d\u00eda de mi muerte borracho estuve. \/ Hubo amigos m\u00edos que no tomaron bastante. \/ Si mi alma hubieran visto en ese instante, \/ un barril habr\u00edan tomado, acaso un tanque\u201d.<\/p>\n<p>No pretendo achacarle mis pecados a un poeta licencioso del siglo XI ni minimizar la intervenci\u00f3n del albedr\u00edo en cualquier encrucijada existencial. Sin el pernicioso influjo de un pervertidor ilustre, de cualquier modo hubiera ca\u00eddo en el vicio porque en esa \u00e9poca necesitaba pertenecer a un grupo, o a varios, y todos mis amigos beb\u00edan, pero Khayyam me dio el empuj\u00f3n que necesitaba para idolatrar la ebriedad y revestirla de un prestigio rom\u00e1ntico. Si me hubiera conocido mejor habr\u00eda tomado en cuenta que aquella tarde solt\u00e9 las amarras de la conciencia sin necesidad de ning\u00fan trago. Cecilia y la poes\u00eda eran todo lo que necesitaba para vivir en el para\u00edso. Pero la lucidez no es un atributo propio de la juventud y de todos los libertinajes celebrados en el <i>Rubayat <\/i>eleg\u00ed el m\u00e1s nocivo,<i> <\/i>quiz\u00e1 porque ofrec\u00eda una coartada psicol\u00f3gica a mi debilidad de car\u00e1cter.<\/p>\n<p>Durante quince a\u00f1os beb\u00ed con una sed desesperada. Gracias al carisma y a la hospitalidad de mi madre, todos los s\u00e1bados ten\u00edamos fiesta en casa y nunca me faltaban ocasiones para brindar. Todos beb\u00edamos cubdas y como la econom\u00eda familiar no era muy boyante, a veces compr\u00e1bamos los rones m\u00e1s corrientes del mercado. Era un borracho aguantador y como la cafe\u00edna de la Coca-Cola me manten\u00eda despierto m\u00e1s all\u00e1 del amanecer, muchas veces continuaba la parranda sin haber dormido. Ufano de mi proeza, llamaba festivamente \u201ccolumpios\u201d a esos maratones suicidas. Oscilaba entre varios c\u00edrculos de amigos trasnochadores, pero cuando ellos se iban a dormir segu\u00eda solo mis parrandas, recorriendo los tugurios de la capital, que en los a\u00f1os ochenta no eran tan peligrosos como ahora, o beb\u00eda en la soledad de mi departamento (me independic\u00e9 a los 23 a\u00f1os), porque aborrec\u00eda dar por terminada la fiesta y resignarme a la cruda del d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Estoy vivo de milagro, pues adem\u00e1s de sufrir robos y secuestros <i>express<\/i>, una ma\u00f1ana de invierno, al salir tambaleante de un antro en la colonia Ju\u00e1rez, la repentina oxigenaci\u00f3n que agolpa el alcohol en el cerebro de los borrachos me derrib\u00f3 al cruzar la avenida Insurgentes. Gracias a Dios ca\u00ed de bruces en el camell\u00f3n, de lo contrario no la hubiera contado. Pero m\u00e1s que esos peligros me torturaban los quebrantos f\u00edsicos y morales: los pulmones adoloridos, la quemadura de la gastritis, los shocks de hipoglucemia (bajones de az\u00facar que entumecen brazos y piernas), la neuritis cr\u00f3nica (irritaci\u00f3n de los filamentos nerviosos), la culpa de estar malogrando mi juventud, el horror a caer en la imbecilidad y el tenaz insomnio en el que todos los ruidos de la calle me presagiaban desgracias.<\/p>\n<p>En esa \u00e9poca le\u00ed los <i>Cantos de vida y esperanza<\/i> de Rub\u00e9n Dar\u00edo, la \u00edntima plegaria de un genio borracho asomado al precipicio de la locura. El alcoholismo de Rub\u00e9n, bien conocido por todos los hispanistas, lo llev\u00f3 al extremo de padecer varios ataques de <i>delirium tremens <\/i>en los que se le aparec\u00eda la cegua, una bestia mitol\u00f3gica de Centroam\u00e9rica (tambi\u00e9n temida en Chiapas), con el cuerpo de una mujer tentadora y la cabeza esquel\u00e9tica de una yegua. En sus triunfales giras por los pa\u00edses de la Am\u00e9rica Hispana, Rub\u00e9n dej\u00f3 plantado a m\u00e1s de un presidente de la rep\u00fablica por no poderse levantar de la cama despu\u00e9s de una tremenda juerga. Seguramente nadie le ofreci\u00f3 nunca un pase de coca o tuvo miedo de contraer otro vicio. Tras el exotismo fr\u00edvolo de las <i>Prosas<\/i> <i>profanas, <\/i>un fastuoso derroche de opulencia verbal, Dar\u00edo inaugur\u00f3 en los <i>Cantos <\/i>una nueva entonaci\u00f3n po\u00e9tica, la de un brujo derrotado por sus demonios, que introduce la serenidad contemplativa en el reino del caos. Desde el primer poema del libro tuve la sensaci\u00f3n de haber encontrado un alma gemela, como si Dar\u00edo me lo hubiera dedicado: \u201cPotro sin freno se lanz\u00f3 mi instinto, \/ mi juventud mont\u00f3 potro sin freno,\/ iba embriagada y con pu\u00f1al al cinto,\/ si no cay\u00f3 fue porque Dios es bueno\u201d.<\/p>\n<p>Sobre todo, me estremeci\u00f3 el nocturno en que declara abolida \u201csu juventud de rosas y de ensue\u00f1os\u201d, una especie de epitafio que acept\u00e9 con resignaci\u00f3n. Al deplorar \u201clos azoramientos del cisne entre los charcos\/ y el falso azul nocturno de inquerida bohemia\u201d, Dar\u00edo me estaba ofreciendo una ruta de salvaci\u00f3n ajena a las cursiler\u00edas que los grupos antialcoh\u00f3licos utilizan para apartar del vicio a los dips\u00f3manos arrepentidos. Si no me defend\u00eda contra \u201cel \u00e1nfora funesta del divino veneno \/que ha de hacer por la vida la tortura interior\u201d, en unos cuantos a\u00f1os acabar\u00eda embrutecido sin remedio. M\u00e1s que una pr\u00e9dica expl\u00edcita contra el alcohol, los <i>Cantos de vida y esperanza<\/i> son una formidable victoria sobre el letargo de la conciencia narcotizada. El mago supremo de la lengua espa\u00f1ola renaci\u00f3 de sus abismales crudas para hacer la cr\u00f3nica \u00edntima de su desencanto y al plasmar esa experiencia en versos perfectos compuso un himno a la ebriedad m\u00e1s noble: la que el poeta concentra y depura en los alambiques de la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La prosa es un alcohol de baja graduaci\u00f3n al lado de la poes\u00eda. Rub\u00e9n produc\u00eda champa\u00f1a y yo, cuando bien me va, fabrico a duras penas cerveza artesanal, pero su haza\u00f1a me hizo ver claramente cu\u00e1l era la embriaguez a la que estaba renunciando por bucear en los charcos de la euforia inducida. Como \u00e9l, yo estaba \u201ctriste de fiestas\u201d despu\u00e9s de haberme quemado los nervios en una guerra sin cuartel contra la vida ordenada. Por supuesto, Dar\u00edo nunca se resign\u00f3 al tedio existencial, pero entendi\u00f3 que su funci\u00f3n como \u201cpararrayos celeste\u201d consist\u00eda en destilar el licor m\u00e1s fino de la lengua espa\u00f1ola, para emborrachar con \u00e9l a su legi\u00f3n de lectores. El escritor debe ser la causa eficiente, no el receptor pasivo de la ebriedad, porque su funci\u00f3n consiste en extraer armon\u00eda de la tempestad interior. Salud, Rub\u00e9n, por darme el ant\u00eddoto contra el \u201cdivino veneno\u201d del hechicero persa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\">Foto: <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@andresloquesea\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Andr\u00e9s G\u00f3mez, Unsplash<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El arte de narrar consiste en infundir a un relato el v\u00e9rtigo placentero de una parranda l\u00facida. Parad\u00f3jicamente, los aspirantes a ese ideal est\u00e9tico tenemos que beber con moderaci\u00f3n, pues un productor de bebidas espirituosas no se puede dar el lujo de consumirlas en exceso, aunque deba estar familiarizado con sus efectos. La tarea de embriagar a los lectores exige, por desgracia, un alto grado de concentraci\u00f3n y claridad mental. Nunca me cansar\u00e9 de lamentarlo, porque mi vocaci\u00f3n de bebedor es casi tan fuerte como la literaria. 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Renunci\u00e9 desde entonces a mi estado de \u00e1nimo predilecto, con tal de conservar una lucidez que a veces deploro, porque la especie humana, como dec\u00eda Eliot, \u201cno puede soportar mucha realidad\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":5018,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2956,2992,38],"genre":[2019],"pretext":[],"section":[2344],"translator":[2714],"lal_author":[3289],"class_list":["post-5021","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-mexico-es","tag-mexico-es-2","tag-nicaragua","genre-essay-es","section-essays-es","translator-luis-guzman-valerio-es","lal_author-enrique-serna-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5021","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5021"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5021\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5018"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5021"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5021"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5021"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=5021"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=5021"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=5021"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=5021"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=5021"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}