{"id":5013,"date":"2021-11-18T20:34:40","date_gmt":"2021-11-19T02:34:40","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/11\/schweblin-and-strange-forces-maximiliano-crespi\/"},"modified":"2024-11-06T11:34:04","modified_gmt":"2024-11-06T17:34:04","slug":"schweblin-and-strange-forces-maximiliano-crespi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/11\/schweblin-and-strange-forces-maximiliano-crespi\/","title":{"rendered":"&#8220;Schweblin y las fuerzas extra\u00f1as&#8221; de Maximiliano Crespi"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>En una de las p\u00e1ginas digitales de <i>Los campos magn\u00e9ticos<\/i> (Buenos Aires: CHINA editora, 2013) se puede leer una afirmaci\u00f3n que describe con suma nitidez el corrosivo proceso abierto a la realidad en nombre de lo real que se ha venido describiendo en el curso de las p\u00e1ginas precedentes. Acaso sin saberlo, en esa novela menor, Lamberti pone en blanco sobre negro el fundamento infame de un proyecto de deconstrucci\u00f3n realista que marca a fuego a su generaci\u00f3n y que sin duda encuentra uno de sus puntos m\u00e1s altos en <i>Distancia de rescate<\/i> (Buenos Aires: Literatura Random House, 2014) de Samanta Schweblin: hay \u2014sugiere all\u00ed el desentendido narrador lambertiano\u2014 \u201cfuerzas invisibles\u201d que gobiernan nuestra experiencia de lo visible.<\/p>\n<p>No son fuerzas naturales (o naturalizadas) que puedan simplemente identificarse con la huella inexpugnable del destino. Son, por el contrario, fuerzas <i>contra natura<\/i>; fuerzas extra\u00f1as, sutiles y silenciosas, pero igualmente presentidas en las vacilaciones del sentido com\u00fan estabilizado como \u201crealidad\u201d. Acaso por eso, en las ficciones de Schweblin no se manifiestan nunca de manera directa o superficial; no se hacen presentes convocadas en el r\u00e9gimen de la descripci\u00f3n, sino bajo el celo ambiguo de la alusi\u00f3n que las cita y las evoca con la delicada materialidad del s\u00edntoma: es decir, desde una insinuaci\u00f3n tenue, sesgada, y casi siempre intuidas o presentidas desde sus efectos parciales y sus notas contingentes. Son pues fuerzas que emergen por insistencia y llegan a trastornar la deriva misma de una ficci\u00f3n en que los personajes y los narradores tienden a dejarse arrastrar por ellas, como los adictos que simplemente se dejan llevar por aquello que a la vez los calma y los envenena.<\/p>\n<p>En la narrativa de Schweblin esa ambig\u00fcedad insistente se vuelve fundamento de una \u00e9tica: ir a por lo desconocido, dejarlo emerger gradual y sutilmente, alimentar la sospecha que brota, que germina y que crece hasta desbordar los semblantes y las identificaciones. El ritual no es arbitrario: se escribe desde la convicci\u00f3n de que la distancia de rescate es siempre convencional y siempre ilusoria. Pero el reconocimiento de la grieta abierta entre el ser y la apariencia, entre lo visible y lo enunciable, da lugar en la mayor parte de sus ficciones a un tipo de determinaci\u00f3n \u00e9tica que vale la pena subrayar por su coraje: ante lo incierto, Schweblin no repite el acto reflejo del rechazo ni recurre nunca a la sutura o a la simplificaci\u00f3n ideol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En el espacio textuario de <i>Distancia de rescate<\/i> esta determinaci\u00f3n \u00e9tica aparece expuesta ya desde el comienzo. El di\u00e1logo que desplaza y deslocaliza sujetos de enunciaci\u00f3n se articula consecuentemente en un relato de pasajes y de cruces que hace del caos, de las lagunas y de la ambig\u00fcedad su tensi\u00f3n dram\u00e1tica. Lo que sostiene esa ficci\u00f3n es la inminencia de un acontecimiento no relatado, una tragedia que se mantiene siempre en el plano de lo no dicho y lo todo el tiempo insinuado. Lo que se cifra en ese relato escondido no es un secreto (Schweblin no elabora su ficci\u00f3n en el r\u00e9gimen del policial o la novela de clave), sino estrictamente un misterio. La singularidad de la historia se afirma en una econom\u00eda narrativa orientada al enrarecimiento del clima; es un arte del pasaje que deslocaliza la enunciaci\u00f3n y produce un efecto alucinatorio. El confuso di\u00e1logo entre el personaje de Amanda, una mujer (Carla) y un chico (David), en el escenario impreciso de un centro de salud barrial, abre una trama de historias entredichas de intoxicaciones, afecciones y deformaciones cong\u00e9nitas que afectan a los habitantes de un pueblo rodeado por cultivos de soja fertilizados mediante agroqu\u00edmicos. En un clima de realismo enrarecido, la historia de trasmigraci\u00f3n de conciencias se presenta siempre a considerable y deliberada distancia de los registros de g\u00e9nero fant\u00e1stico.<\/p>\n<p>La f\u00e1bula presenta sin embargo un v\u00ednculo sutil y subrepticio con uno de los cuentos m\u00e1s conocidos de Lamberti (\u201cLa canci\u00f3n que cant\u00e1bamos todos los d\u00edas\u201d), donde el narrador cordob\u00e9s describe tambi\u00e9n un sospechado cambio de conciencia, una mutaci\u00f3n inexplicable. La diferencia es que aqu\u00ed el s\u00edntoma es percibido con desconfianza, como amenaza. Algo se rompe con el cambio, la repetici\u00f3n, el consenso, la identificaci\u00f3n. En el cuento de Lamberti la transformaci\u00f3n viene del coraz\u00f3n de la madera de los \u00e1rboles; en la <i>nouvelle<\/i> de Schweblin, la amenaza de muerte que lo precede y lo justifica proviene de la contaminaci\u00f3n agroqu\u00edmica de las aguas. Los hechos difieren y, mientras en Lamberti las fuerzas extra\u00f1as (que empujan a los sujetos cambiados a un silencio jaspeado por una parquedad que se traduce en indiferencia) rubrican la fatalidad de la p\u00e9rdida, en la narraci\u00f3n de Schweblin habilitan una extra\u00f1a continuidad, una suerte de desplazamiento en la trasmigraci\u00f3n. En ambos casos, como en los sue\u00f1os di\u00e1fanos de Freud, la verdad despunta como una intuici\u00f3n en la madre.<\/p>\n<p><i>Distancia de rescate<\/i> es, en efecto, el relato de una p\u00e9rdida y de un retorno. Pone en escena los miedos y los fantasmas que asolan (aterroriz\u00e1ndola) la experiencia de la maternidad al tomar conciencia de los peligros que acechan a la vida de los chicos. La \u201cdistancia de rescate\u201d es la de la m\u00e1xima separaci\u00f3n aceptable entre el cuerpo de la madre y el de su hijo: un radio de seguridad ilusoria en cuyo centro est\u00e1 el propio cuerpo materno y en cuya circunferencia, unido a \u00e9l por un sensible cord\u00f3n imaginario, el hijo puede moverse bajo el ala de su vigilancia y su protecci\u00f3n. Fuera de ese c\u00edrculo de tiza \u2014dice la creencia\u2014 el destino del chico est\u00e1 librado al capricho despiadado e insensible del azar.<\/p>\n<p>Por eso, cuando la ilusi\u00f3n de seguridad se rompe y Amanda y su hija (Nina) pasan a integrar el creciente historial de intoxicados al entrar en contacto accidentalmente con los agroqu\u00edmicos vertidos para ampliar el \u201crendimiento natural\u201d de los cultivos, la regla de la distancia racionalizada choca con lo real de su propia impotencia. De esa colisi\u00f3n abrupta emerge la desesperada posibilidad de confiar en (y de confiarse a) otras fuerzas: la de los saberes bajos. Cuando el signo se rompe y la significaci\u00f3n estereotipada se pierde, el desborde en la significancia hace posible una extra\u00f1a forma de sobrevida: el retorno. No se puede continuar; por eso mismo, hay que continuar. Como la del poeta en la tradici\u00f3n cl\u00e1sica, la figura m\u00e1gica de la curandera est\u00e1 ah\u00ed para establecer la mediaci\u00f3n por la cual el sentido migra a trav\u00e9s de las materialidades. La literatura se explica agudamente en el doble fondo de la propia ficci\u00f3n: si la m\u00e9dium es capaz de realizar ese pasaje (transmigrando la conciencia de los chicos contaminados a otros cuerpos) es porque la materia tiene la cualidad de soportar m\u00faltiples y diversas formas de vida \u2014ninguna de ellas por completo necesaria ni por completo natural. La sensaci\u00f3n de ajenidad, de extra\u00f1eza y de pavor producida tras el retorno de un contenido en otra materia (<i>id est<\/i>, de lo desconocido en el cuerpo de lo familiar) se produce as\u00ed s\u00f3lo merced a una mediaci\u00f3n que habilita la extensi\u00f3n de la vida en un escenario acosado por la sombra de la muerte.<\/p>\n<p>La alegor\u00eda es sutil pero ciertamente notable. La <i>nouvelle<\/i> de Schweblin, que en 2014 le prodig\u00f3 el Premio Tigre Juan y cuya traducci\u00f3n al ingl\u00e9s le deveng\u00f3 el Premio Shirley Jackson en 2018, exhibe una deliberada y consciente reflexi\u00f3n sobre el lenguaje y la representaci\u00f3n. Leerlo como un texto de denuncia ecologista o como una novelita fant\u00e1stica m\u00e1s, es dejar pasar lo fundamental: lo que en el r\u00e9gimen de la f\u00e1bula y en el de la ficci\u00f3n emerge como pensamiento de la literatura. Lo que est\u00e1 en juego es siempre la potencia y la impotencia del lenguaje dentro de una po\u00e9tica de g\u00e9nero (el realismo literario) que la novela de Schweblin lleva fuera del registro de sus convenciones; es decir, fuera de la distancia de rescate donde en efecto cristalizan los semblantes y las identificaciones sociales.<\/p>\n<p><i>La respiraci\u00f3n cavernaria<\/i> extiende y extrema la determinaci\u00f3n \u00e9tica y auto-reflexiva presente en<i> Distancia de rescate<\/i>. Aunque originalmente incluido en el volumen de relatos <i>Siete casas vac\u00edas <\/i>(Madrid: P\u00e1ginas de Espuma, 2015), el libro con el que la autora recibi\u00f3 ese mismo a\u00f1o el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, y reci\u00e9n apareci\u00f3 independizado en 2017 (en una edici\u00f3n ilustrada por Duna Rolando), m\u00e1s que como un cuento largo, el texto debe ser le\u00eddo como una novela corta. La raz\u00f3n es simple: narra no un hecho o una serie de hechos, sino un proceso \u2014en este caso, un <i>proceso de descomposici\u00f3n<\/i> que recae sobre aquello que se experimenta como realidad bajo el yugo de la convenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La prosa tersa y equilibrada de Schweblin reaparece aqu\u00ed para dar lugar a un relato donde, como en la literatura de Aurora Venturini, la voz narrativa se pliega \u2014durante toda la ficci\u00f3n\u2014 sobre el punto de vista del personaje senil que va intuyendo primero y luego descubriendo los rasgos crecientes de un paulatino desgaste y desidentificaci\u00f3n de las referencias. El punto de partida plantea un aplazamiento. Lola se quiere morir. O, mejor dicho: quiere que la muerte la alcance de una vez por todas. Los a\u00f1os parecen haberle consumido ya todas las fuerzas. O casi todas. Est\u00e1 exhausta: no puede mantenerse mucho tiempo de pie, un dolor agudo en la columna vertebral la agobia, la mente se le nubla, la respiraci\u00f3n se le vuelve turbia y extra\u00f1a, como si saliera de un lugar profundo, siniestro y desconocido dentro suyo. Cada ma\u00f1ana la decepciona la certeza de no haber muerto, de estar todav\u00eda por morir. Por eso lleva consigo una lista, que es a la vez un plan y un talism\u00e1n. Un papel que le ayuda a sobrellevar sus d\u00edas. Le sirve para ordenarse, para no perderse, para \u201clidiar con su cabeza\u201d. Ah\u00ed consigna lo fundamental: \u201cclasificar todo\u201d, \u201cdonar lo prescindible\u201d, \u201cembalar lo importante\u201d, \u201cconcentrarse en la muerte\u201d y, \u201csi \u00e9l [su esposo] se entromete, ignorarlo\u201d. El prop\u00f3sito es explicitado por la voz narrativa en las primeras p\u00e1ginas del libro (\u201caminorar su propia vida, reducir su espacio hasta eliminarlo por completo\u201d) y describe sin duda el car\u00e1cter alienado de una perspectiva imaginaria que superpone el ser con la posesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Atada a ese \u201cplan\u201d como a una tabla en mar abierto, Lola ordena todo en cajas de cart\u00f3n que rotula luego con dedicaci\u00f3n. El relato de Schweblin subraya con especial cuidado ese h\u00e1bito para reforzar el n\u00facleo sobre el cual opera su ficci\u00f3n: la paulatina corrosi\u00f3n de las convenciones que \u201cnaturalmente\u201d ligan las materias a las formas y las palabras a las cosas. Lola se aferra con desesperaci\u00f3n a la l\u00f3gica de las referencias. Pero incluso as\u00ed no puede evitar percibir la creciente materialidad del cambio, el desajuste entre unas y otras. La realidad se va desdibujando ante sus ojos. Cambia. Se altera en un contexto regido por la monoton\u00eda y los ritos cotidianos de un matrimonio de ancianos, gastado y consumido por llevar a cuestas un pasado oscuro (la muerte tr\u00e1gica de su \u00fanico hijo) y un presente de decadencia y resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La fabulaci\u00f3n opera sobre la asfixia de lo recursivo. Lola vive absolutamente recluida. No sale a la calle ni entabla di\u00e1logos con \u201cgente del exterior\u201d. Pasa casi todas sus horas guardando cosas en cajas, mirando por la ventana o sentada frente al televisor. El desencadenante de la ruptura con la realidad se remonta (para los dem\u00e1s) a un \u201cincidente\u201d ocurrido en un supermercado donde Lola ha experimentado el primer momento de desidentificaci\u00f3n, el quiebre a partir del cual todo se le ha ido volviendo primero extra\u00f1o, luego amenazante y finalmente ominoso. En el ambiente opresivo creado por la ficci\u00f3n de Schweblin, los acontecimientos de la trama (la llegada de los vecinos, los encuentros del marido con el chico en el patio de la casa, el relato del asalto a la rotiser\u00eda, la muerte del marido, la presencia del chico acech\u00e1ndola en la casa, la vaga memoria de lo que los otros llaman \u201cel incidente\u201d y los d\u00edas de hospitalizaci\u00f3n, sus furtivos encuentros con la vecina) se suceden desde all\u00ed con la materialidad gaseosa de la alucinaci\u00f3n. Las paranoias infundidas por la convenci\u00f3n medi\u00e1tica, los miedos prodigados por la degradaci\u00f3n f\u00edsica, los rencores y recelos acumulados con los a\u00f1os, la senilidad y la p\u00e9rdida de memoria, acompa\u00f1an el derrumbe de una realidad para imponer <i>otra<\/i> (en la que los vecinos se le presentan como okupas peligrosos, el chico como un delincuente, su propio marido como un extra\u00f1o de quien debe cuidarse). La desconfianza se vuelve sospecha; y la sospecha, elemento constitutivo de <i>otra<\/i> realidad. Una realidad alterna, estructurada como una pesadilla: la de un espacio abierto y una familiaridad rota, la de una experiencia del lenguaje que no sublima la distancia radical e irreconciliable entre las palabras y las cosas.<\/p>\n<p>Lo que retorna, si retorna, retorna siempre de otro modo: cuando el r\u00e9gimen de representaci\u00f3n convencional se rompe y la significaci\u00f3n naturalizada se extrav\u00eda, la fuerza alusiva de la literatura abre una nueva dimensi\u00f3n y, con ella, la posibilidad del encuentro con sentidos nuevos y nuevas formas de vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\">Foto: Campo cosechado, Argentina, de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@estebantrivelli\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Esteban Trivelli, Unsplash<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una de las p\u00e1ginas digitales de <i>Los campos magn\u00e9ticos<\/i> (Buenos Aires: CHINA editora, 2013) se puede leer una afirmaci\u00f3n que describe con suma nitidez el corrosivo proceso abierto a la realidad en nombre de lo real que se ha venido describiendo en el curso de las p\u00e1ginas precedentes. 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