{"id":5009,"date":"2021-11-19T23:02:43","date_gmt":"2021-11-20T05:02:43","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/11\/image-liminal-language-rituality-and-poetry-jaime-saenz-juan-ramirez-ruiz-and-cesar\/"},"modified":"2022-05-27T14:35:51","modified_gmt":"2022-05-27T20:35:51","slug":"image-liminal-language-rituality-and-poetry-jaime-saenz-juan-ramirez-ruiz-and-cesar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/11\/image-liminal-language-rituality-and-poetry-jaime-saenz-juan-ramirez-ruiz-and-cesar\/","title":{"rendered":"&#8220;La imagen del lenguaje liminal: ritualidad y poes\u00eda en Jaime Saenz, Juan Ram\u00edrez Ruiz y C\u00e9sar D\u00e1vila Andrade&#8221; de Victor Vimos"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>Entre 2010 y 2017, una serie de trabajos etnogr\u00e1ficos me permitieron observar distintos niveles de relaci\u00f3n entre habitantes de la zona andina con la ritualidad. Dos elementos destacaron en esa observaci\u00f3n: el lenguaje que ocupaba el campo ritual, y la relaci\u00f3n entre ese lenguaje y la identidad de los participantes en el rito.<\/p>\n<p>Relacion\u00e9 estos elementos con otros marcos en los que lenguaje e identidad se afectaran mutuamente. La poes\u00eda, campo de interacci\u00f3n y crisis de lengua e identidad, se convirti\u00f3 en espacio de interlocuci\u00f3n con esas observaciones. La convergencia entre ritual y poes\u00eda dispuso, como punto inicial, una tensi\u00f3n en el lenguaje tras el intento de pronunciar algo que previamente no ten\u00eda forma de ser dicho. La identidad aparec\u00eda como un estado en modificaci\u00f3n constante mediante la ampliaci\u00f3n de su espectro de referencia.<\/p>\n<p>El rito y el poema se acercan e intersecan desplazando la instrumentalizaci\u00f3n del lenguaje cotidiano por intermedio del cuestionamiento a su funcionalidad. Lo que aparece es un lenguaje de la pausa, del corte y del distanciamiento con la efectividad comunicacional. Queda, como centro de acci\u00f3n de esta intersecci\u00f3n un <i>neuma <\/i>[1], un lugar de respiraci\u00f3n, que tiende a dilatar la relaci\u00f3n directa y automatizada realidad-lenguaje y a disociar al individuo de su relaci\u00f3n con la materia y los sentidos, generando en la actividad creativa un motor de reincorporaci\u00f3n a una realidad reconfigurada. Se desprende de esa acci\u00f3n la presencia de otras ontolog\u00edas que cuestionan versiones unitarias y jerarquizantes de lo real, la verdad, la libertad.<\/p>\n<p>Estos dos campos se proponen como textos abiertos a la interpretaci\u00f3n, y su lectura como forma radical de abarcar y absorber experiencias que acontecen en su duraci\u00f3n. Leer un proceso del lenguaje en continua transfiguraci\u00f3n implica disponerse a un cambio de perspectiva y asimilar sus efectos. La densidad de un texto ritual o po\u00e9tico no puede ser atrapada por interpretaciones binarias interior-exterior u orientadas a la reafirmaci\u00f3n de su significado social y funci\u00f3n espec\u00edfica, sino por un modo de navegaci\u00f3n que entienda el rito y la poes\u00eda como lugares de producci\u00f3n de un conocimiento abarcativo, integrador de tiempos, espacios, pr\u00e1cticas, en su intento por generar puntos de conexi\u00f3n con la realidad. Leer el ritual como un poema. Leer un poema como un ritual. Leerlos como la tentativa sim\u00e9trica y asim\u00e9trica de construcci\u00f3n de una pr\u00f3tesis ling\u00fc\u00edstica que act\u00fae como amplificadora de los sentidos y las corporalidades en camino hacia nuevas formas de relaci\u00f3n con elementos animados e inanimados.<\/p>\n<p>Bajo esta perspectiva leo los poemarios <i>La noche<\/i> (1984) de Jaime Saenz; <i>Las armas molidas<\/i> (1994) de Juan Ram\u00edrez Ruiz; y el poema \u201cBolet\u00edn y Eleg\u00eda de las Mitas\u201d (1959), de C\u00e9sar D\u00e1vila Andrade.<\/p>\n<p>La lectura que gira en torno a <i>La noche<\/i>, la \u00faltima publicaci\u00f3n de Jaime Saenz, recorre las cuatro secciones que lo componen compar\u00e1ndolas con las tres etapas del rito de paso, propuestas por Arnold Van Gennep: separaci\u00f3n, liminalidad y agregaci\u00f3n. Esa comparaci\u00f3n explora los momentos en los que Saenz recrea su aislamiento del mundo, su ingreso a un estado de crisis hasta alcanzar el \u00e9xtasis corporal, y su descenso a una realidad rehecha por el cambio radical de paradigma personal. La observaci\u00f3n sigue al comportamiento que durante este tr\u00e1nsito tiene la lectura m\u00edstica a la que Jaime Saenz se entrega de forma \u00edntegra, encarnando principios practicados por San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Miguel de Molinos; resignific\u00e1ndolos en su experiencia de estar en el mundo. El lenguaje distanciado de lo cotidiano y el espacio de crisis identitaria ritual tornan en una disposici\u00f3n a la contemplaci\u00f3n desde el lenguaje, modificando la linealidad temporal y espacial \u2014relacionada con el afuera\u2014 hacia una serie de ciclos producidos y renovados al interior del individuo, ampliando el alcance de su visi\u00f3n para contemplar. El espacio de este cambio es un lugar de crisis en el que la identidad se pone en discusi\u00f3n y se somete a una sistem\u00e1tica fragmentaci\u00f3n que logra, en su punto extremo, disoluci\u00f3n de la relaci\u00f3n cuerpo-esp\u00edritu y, en esa medida, la renovaci\u00f3n de relaciones multidimensionales del individuo. Saenz propone al \u00e9xtasis como un lugar esencial para la transformaci\u00f3n de relaciones con la realidad.<\/p>\n<p>La imagen del lenguaje como espacio material \u2014visible y audible\u2014 en la transfiguraci\u00f3n del individuo, y el ritual como una tecnolog\u00eda de cambio y adaptaci\u00f3n, son dos postulados en esta lectura de <i>La noche<\/i>. En la poes\u00eda como en el rito, el lenguaje est\u00e1 vivo, en desplazamiento y emite se\u00f1ales que no son decodificables del todo pero que abren relaciones alternas que permiten su tr\u00e1nsito a trav\u00e9s de los sentidos. Las palabras est\u00e1n en pugna con la comunicaci\u00f3n, intentan desprenderse de su marco mediante un cuestionamiento a su contenido significativo. La identidad con la que el individuo se asoma al inicio del proceso creativo, po\u00e9tico y ritual, es fragmentada y discute con la referencialidad hist\u00f3rica, pol\u00edtica, ideol\u00f3gica y psicol\u00f3gica. La actividad po\u00e9tica como la actividad ritual son instancias creativas pues en ellas prima la presencia de lo antiestructural, caracter\u00edstica que hace saltar los engranajes del pensamiento occidental, racional, jerarquizador, secuencial, y lo pone en di\u00e1logo con una forma ontol\u00f3gica diferente, en la que el lenguaje y la crisis constituyen el centro de la realidad.<\/p>\n<p>En la lectura de <i>Las armas molidas<\/i> (1994), el lenguaje est\u00e1 en continua\u00a0 afecci\u00f3n. Dispuesto como un recorrido por la historia del Per\u00fa, desde la etapa preincaica hasta la contemporaneidad, este libro propone la guerra como motor de movilizaci\u00f3n del individuo y la sociedad andina. El lenguaje de esa movilizaci\u00f3n es agujereado, erosionado, neutralizado en la relaci\u00f3n guerra-progreso. Ram\u00edrez Ruiz intenta trabajar desde los l\u00edmites de ese lenguaje partiendo de la alteraci\u00f3n primordial de las formas significativas. Para esto estructura el espacio del poema como un espacio de afecci\u00f3n del lenguaje, al que descentra de su linealidad occidental y arroja hacia formas de complementaci\u00f3n que re-direccionan su uso y funci\u00f3n. Es un proceso de sanaci\u00f3n del lenguaje, opci\u00f3n en la que el poeta <i>ve<\/i> posibilidad de renovar la realidad desde el espacio de su enunciaci\u00f3n. Muestra de ello son los <i>Andigramas<\/i>, condensaciones energ\u00e9ticas y aglutinantes capaces de ser le\u00eddas en distintas direcciones. En la intersecci\u00f3n ritualidad y poes\u00eda, esta s\u00edntesis se identifica como un quiebre en el uso sem\u00e1ntico del lenguaje. No se trata de buscar conexiones para transmitir el mensaje, sino de un modo de producci\u00f3n sobre la marcha. En los <i>Andigramas<\/i>, como Ram\u00edrez Ruiz buscaba, est\u00e1 latente el incremento de relaciones y funciones que desbordan al lenguaje escrito y derivan hacia lo pict\u00f3rico, musical, lo teatral. Sintetizar y expandir incluye la ambig\u00fcedad como n\u00facleo de acci\u00f3n. El mito, desde esta perspectiva, se muestra como un texto de di\u00e1logo y en desarrollo, y no como un espacio cancelado por la tradici\u00f3n. Es disuelto por el reacomodo que los elementos del lenguaje alterado logran al interior de su marco. Se devuelve una relectura del mito en el que lo h\u00edbrido, proveniente de las versiones sagradas del rito y de las alteraciones ling\u00fc\u00edsticas de la poes\u00eda, deconstruye sus l\u00edmites espaciales y temporales convirti\u00e9ndolo en un medio de trance y expansi\u00f3n.<\/p>\n<p>La naturaleza de estas modificaciones constituye una marca para pensar el espacio ritual y po\u00e9tico pues las l\u00edneas de decodificaci\u00f3n no se detienen en la forma significativa, se proyectan hacia contactos que desbordan los elementos sem\u00e1nticos y sus reglas y tornan, en ocasiones, espacios de ocupaci\u00f3n en lugares sonoros, pict\u00f3ricos, matem\u00e1ticos, en los que la posibilidad de <i>decir<\/i> es desplazada a una posibilidad de <i>estar<\/i>. Estados de tr\u00e1nsito en distintas etapas del rito intersecan con estados de tr\u00e1nsito en lo po\u00e9tico. En ambos casos delinean una distancia significativa con la versi\u00f3n de lo real, y se oponen a ser decodificados por la inmediatez del pensamiento funcional.\u00a0 Esta condici\u00f3n es vista como la resistencia de estos estados a <i>hacer<\/i> signo. Influidos por una serie de est\u00edmulos temporales y espaciales de alteraci\u00f3n, estos estados disputan con el lenguaje que trata de asirlos para significar. Lo que logra, en el mejor de los casos, es arrancar algunas astillas, fragmentos que muestran de forma plena su relaci\u00f3n \u00edntima con lo no erosionado, con lo no digerido por el centro cultural de neutralizaci\u00f3n. Resiste lo po\u00e9tico porque no est\u00e1 ah\u00ed para ser descrito o dicho. Y como en el ritual una serie de transferencias marcan sus v\u00edas de circulaci\u00f3n movilizando s\u00edmbolos y sentidos en acecho y pugna con el significado.<\/p>\n<p>Ese elemento de resistencia es motivo de exploraci\u00f3n en \u201cBolet\u00edn y Eleg\u00eda de las Mitas\u201d de C\u00e9sar D\u00e1vila Andrade. Cierta cr\u00edtica catalog\u00f3 este poema como pieza representativa de indigenismo en el que D\u00e1vila <i>le da diciendo <\/i>al indio y visibiliza la explotaci\u00f3n de la que era v\u00edctima. El <i>habla cancelada<\/i> del indio existir\u00eda, dice la cr\u00edtica, porque al estar en una situaci\u00f3n asim\u00e9trica, su voz no alcanza el valor auditivo que, por ejemplo, tiene la voz del mestizo. Hay una imposibilidad de visibilizaci\u00f3n del sujeto alrededor de su propia voz.<\/p>\n<p>Un distanciamiento con estos par\u00e1metros de lectura implica asumir que esa asimetr\u00eda existe porque se ha pensado que el lenguaje en el que habla el mestizo es el mismo que aquel en el que intenta hablar el indio. Ese lenguaje ser\u00eda una especie de espa\u00f1ol gen\u00e9rico, en el que la cr\u00edtica ha visto un gui\u00f1o de piedad de parte del poeta al intentar <i>indianizar<\/i> su escritura para hacer m\u00e1s veros\u00edmil el discurso. Como territorio de alteraci\u00f3n del lenguaje y crisis de identidad, poes\u00eda y ritualidad acogen formas ling\u00fc\u00edsticas que se distancian de esos moldes gen\u00e9ricos que se han pensado para el lenguaje y que no corresponden solamente a un espa\u00f1ol trucado, a una deformaci\u00f3n del habla oficial, sino que representan una proto-lengua, un decir en formaci\u00f3n. Dentro del poema y de la ritualidad las formas que toma la lengua est\u00e1n en tr\u00e1nsito hacia otro diferencial que coincide, solo en parte, con la forma ling\u00fc\u00edstica en la que son decodificadas. Pero esa parte que no coincide, eso que se vuelve inentendible para quien lee como para quien observa el rito, constituye el punto m\u00e1s vital pues pone por fuera de lo esperado aquello que se intenta encajar en la raz\u00f3n y que, por su misma naturaleza, no ingresa, exigiendo, cuando el proceso es intenso, que quien lee o mira, salga de su centro de enunciaci\u00f3n y devenga en su alteridad. Una <i>Uku Simi<\/i> o lengua de la profundidad podr\u00eda encarnar este proto-lenguaje que configura un modo de enunciaci\u00f3n posible a trav\u00e9s de un estado de distanciamiento con la superficie hist\u00f3rica y social.<\/p>\n<p>Dentro del rito, la voz de los individuos en los momentos ceremoniales funciona como un palimpsesto sonoro, compuesta por rezos, cantos, lamentos, gritos, dirigida a m\u00faltiples frentes. Sentidos, cuerpo, la acci\u00f3n que los conjuga, viven la experiencia de una voz en tr\u00e1nsito, anterior a la que se funcionaliza y emparentada con la capacidad glosol\u00e1lica del hombre en clara conexi\u00f3n con una forma de referencia alterada [2] La identidad, en este sentido, est\u00e1 lejos de ser reducida al campo \u00e9tnico ya que, descentrada como se encuentra, constituye un estado de mutaci\u00f3n. Dentro de la construcci\u00f3n po\u00e9tica la voz constituye un efecto diferencial en el tono sobre el que se establece la escritura. Dentro de un poema los trayectos de la voz no pueden reducirse apenas al lugar de enunciaci\u00f3n, sino que parecen orillarse hacia zonas de fuga de esa realidad enunciativa, zonas de voz en desborde donde la pausa, el corte, la superposici\u00f3n de una voz que ya no es la del poeta, se encarga de afectar a trav\u00e9s de una experiencia del lenguaje que tampoco le pertenece al individuo que la escribe. Ritualidad y poes\u00eda tienen en la voz un punto de conexi\u00f3n y amplificaci\u00f3n de los ecos sobre los que se construye su <i>decir<\/i>.<\/p>\n<p>Esta exploraci\u00f3n pone en di\u00e1logo modos diferentes de vivir la experiencia po\u00e9tica. Saenz, Ram\u00edrez Ruiz y D\u00e1vila Andrade son poetas cuyas trayectorias parecen distanciadas pero que reflexionan sobre campos cercanos. La lectura m\u00edstica de Saenz y su noci\u00f3n de cuerpo encontrar\u00eda conexi\u00f3n con las formas de desintegraci\u00f3n corporal desde las que Ram\u00edrez Ru\u00edz est\u00e1 pensando al individuo dentro del poema y, a su vez, con el desdoblamiento sonoro que D\u00e1vila Andrade apunta sobre las criaturas que pueblan su poema. Cada uno, a la vez, parece depositar cierta fe personal en personajes marginados dentro de las coordenadas del progreso, la raz\u00f3n, y relegados por el discurso nacional. El <i>aparapita<\/i> en Saenz, el <i>golondrino<\/i> en Ram\u00edrez Ruiz, y el <i>indio <\/i>en C\u00e9sar D\u00e1vila Andrade, configuran de este modo otro segmento de intersecci\u00f3n en el que ser\u00eda interesante encontrar puntos de conexi\u00f3n con las formas en que estos poetas pensaban a un individuo futuro, a un ser de renovaci\u00f3n, incubando en las sombras de un lenguaje por hacerse. De un lenguaje futuro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>NOTAS<\/b><\/p>\n<p>1. T\u00e9rmino griego que refiere al esp\u00edtico como ejercicio del soplo, la respiraci\u00f3n, el espacio entre acciones.<\/p>\n<p>2. Lo glosol\u00e1lico hace referencia al enrarecimiento progresivo del lenguaje hasta extremarlo en una forma de enunciaci\u00f3n indistinguible, en el sentido significativo, pero emitida como resultado de alteraciones temporales, espaciales y fisiol\u00f3gicas en las que el individuo ingresa a prop\u00f3sito de su relaci\u00f3n con estados de alteraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\">Foto: Vista del Illimani de La Paz, Bolivia, de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@akhamani\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Miguel Melgarejo Johannessen, Unsplash<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre 2010 y 2017, una serie de trabajos etnogr\u00e1ficos me permitieron observar distintos niveles de relaci\u00f3n entre habitantes de la zona andina con la ritualidad. 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