{"id":4926,"date":"2021-11-13T23:05:48","date_gmt":"2021-11-14T05:05:48","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/11\/masters-creative-writing-writing-community-federico-falco-new-york-university\/"},"modified":"2022-05-27T15:02:45","modified_gmt":"2022-05-27T21:02:45","slug":"masters-creative-writing-writing-community-federico-falco-new-york-university","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/11\/masters-creative-writing-writing-community-federico-falco-new-york-university\/","title":{"rendered":"&#8220;Maestr\u00eda en Escritura Creativa, escritura en comunidad&#8221; de Federico Falco (New York University)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llevaba mucho tiempo viviendo en C\u00f3rdoba, la ciudad donde hab\u00eda estudiado y donde me hab\u00eda quedado trabajando despu\u00e9s de terminar la universidad. Estaba por cumplir treinta y dos a\u00f1os, coordinaba talleres de escritura desde los veinticuatro y hab\u00eda publicado un par de libros de cuentos; otro, que ya estaba terminado y semi aceptado por una editorial, se retrasaba y no terminaba de salir. Y entonces, lleg\u00f3 la noticia. Hab\u00eda ganado una beca para cursar un M\u00e1ster en Escritura Creativa en Espa\u00f1ol en la Universidad de Nueva York.<\/p>\n<p>De alguna manera, en el recuerdo de esos a\u00f1os, la experiencia de cursar la Maestr\u00eda se superpone con el encuentro con una ciudad tan vital y tan variada como Nueva York. Y, en simult\u00e1neo, el encuentro con compa\u00f1eros, profesores y coordinadores de talleres de toda Latinoam\u00e9rica. Esa fue una de las primeras cosas que me sorprendi\u00f3: de pronto mi campo de referencias y de lecturas, en los a\u00f1os anteriores m\u00e1s o menos limitado a la literatura, la agenda, las novedades editoriales y los temas de conversaci\u00f3n por esa \u00e9poca predominantes en el campo literario argentino, en cuesti\u00f3n de meses se ensanch\u00f3 y ampli\u00f3 tanto hasta casi estallar.<\/p>\n<p>Lo que hasta ese momento para m\u00ed eran referencias fijas y s\u00f3lidas, se vieron contrastadas y relativizadas por miles de otras referencias, otras miradas, otros autores, otras lecturas y otras posturas sobre esas lecturas y esos autores. Y, tambi\u00e9n, por debates y discusiones con otras voces, con otras entonaciones, y sobre temas, libros o autores que proven\u00edan de otros campos literarios. Encontrarse con compa\u00f1eros de M\u00e9xico, de Colombia, de Per\u00fa, de Chile, de Espa\u00f1a, con sus lecturas y sus formas de leer los textos, poco a poco me permiti\u00f3 \u2014lentamente, no sin cierta reticencia al principio\u2014 empezar a pensar la lectura y la escritura desde un lugar nuevo, mucho m\u00e1s amplio y m\u00e1s variado.<\/p>\n<p>Por otro lado, la mayor\u00eda de las referencias y los autores que se mencionaban en los talleres no solo eran desconocidos para m\u00ed, sino que, en Argentina, dif\u00edcilmente hubiera podido tener acceso a ellos. Sus libros no se distribu\u00edan en mi pa\u00eds, o llegaban con cuentagotas o, al ser importados, eran car\u00edsimos. Descubrir que muchos de sus libros estaban en la biblioteca de la universidad, completamente disponibles, fue otro de los grandes momentos de esos dos a\u00f1os. Al mismo tiempo que visitaba los museos y galer\u00edas neoyorkinas y por primera vez me encontraba cara a cara con la obra de muchos artistas que siempre hab\u00eda admirado pero que no hab\u00eda ten\u00eda oportunidad de ver en directo, acarreaba libros en mi mochila e iba leyendo a autores latinoamericanos que con el tiempo se volver\u00edan centrales para m\u00ed.<\/p>\n<p>Recuerdo leer a Igor Barreto y las descripciones de su pueblo venezolano de infancia mientras esperaba en la cola para entrar a una de las tardes gratuitas del MoMA. Nos hab\u00eda asignado el texto Sergio Chejfec, en una de sus clases, y en ese momento hubo algo que me llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n en la poes\u00eda de Barreto, pero que no llegu\u00e9 a captar del todo. Le\u00ed algunos de sus libros, termin\u00e9 algunos, otros tal vez los dej\u00e9 a medias y la referencia qued\u00f3 ah\u00ed, flotando en mi cabeza, mientras mi atenci\u00f3n r\u00e1pidamente se desplazaba hacia nuevos lugares: otros autores, o tal vez algo que hab\u00eda visto en el museo, o un ciclo de cine o vaya uno a saber qu\u00e9 y, de pronto, ya me hab\u00eda olvidado de Igor Barreto.<\/p>\n<p>Esa es otra de mi sensaci\u00f3n de esos a\u00f1os: un alt\u00edsimo nivel de exposici\u00f3n a nuevos est\u00edmulos, nuevos v\u00ednculos, nuevos paisajes, nuevos territorios y tan poco tiempo para procesarlos, para digerirlos. En ese sentido, los a\u00f1os de relativa calma que siguieron a la cursada del M\u00e1ster fueron como una continuaci\u00f3n de sus clases. Necesit\u00e9 un cierto tiempo para dejar que todo fuera lentamente decantando, para retomar ideas que hab\u00edan aparecido all\u00ed por primera vez, para replantearme posturas o posiciones que en un primer momento me hab\u00edan parecido inamovibles y que, con el tiempo, aprend\u00ed a revisar, a volver a mirar, a considerar desde un lugar diferente. Necesit\u00e9 tiempo para retomar la lectura de Barreto, identificar qu\u00e9 era lo que me seduc\u00eda tanto de su poes\u00eda y empezar a pensar esos gestos, esas aproximaciones a la escritura, como posibilidad para mi propio escribir.<\/p>\n<p>Antes de cursar la maestr\u00eda yo hab\u00eda participado un par de a\u00f1os, ni bien me hab\u00eda mudado a C\u00f3rdoba, del taller de escritura coordinado por Lilia Lardone. Despu\u00e9s de la crisis argentina del 2001, alentados por Lilia, con Luciano Lamberti hab\u00edamos empezado nosotros mismos a coordinar talleres. Lilia, junto a Mar\u00eda Teresa Andruetto y otras escritoras cordobesas, propon\u00edan un espacio de taller horizontal y colaborativo. Siempre recuerdo algo que Lilia me dijo: los talleres no se \u201cdictan\u201d, sino que se \u201ccoordinan\u201d; los participantes de un taller no son \u201calumnos\u201d sino \u201ctalleristas\u201d.<\/p>\n<p>En el taller, la voz del coordinador organizaba los tiempos y retomaba y conclu\u00eda las devoluciones al final de la ronda. Las marcas sobre el texto eran meticulosas. Para las devoluciones se exig\u00eda una sinceridad cari\u00f1osa pero extrema: lo importante era encontrar maneras en que el texto pudiera crecer. Eran talleres que ten\u00edan, ante todo, la intenci\u00f3n de promover el deseo de la escritura.<\/p>\n<p>Buena parte de la cursada de la Maestr\u00eda en Escritura Creativa consisti\u00f3 en participar de talleres y para m\u00ed signific\u00f3 encontrarme con otras maneras y otros modos \u2014otros dispositivos; tal vez, otras tradiciones\u2014 de coordinar y de participar en un taller.<\/p>\n<p>En algunos casos, se trataba de talleres m\u00e1s jer\u00e1rquicos, casi verticalistas. En otros casos, talleres donde las intervenciones del coordinador eran cari\u00f1osas pero distantes. Tambi\u00e9n talleres donde hab\u00eda mucho espacio para el debate y la posibilidad de desarmar el texto hasta sus capas m\u00e1s profundas. Tambi\u00e9n alg\u00fan que otro taller donde lo que se pon\u00eda en juego no era m\u00e1s que una lucha de egos.<\/p>\n<p>Vista en retrospectiva, esa exposici\u00f3n a m\u00faltiples tipos y maneras y metodolog\u00edas de coordinar un taller y de lo que un taller puede ser me permiti\u00f3 contrastar, mirar desde cierta distancia, sopesar el rol del taller en el proceso de escritura. No creo que para escribir sea necesario asistir a un taller, o hacer una maestr\u00eda en Escritura Creativa. Pero s\u00ed creo que el taller, cualquier taller, da la posibilidad de encontrarse con pares, de armar y participar en una m\u00ednima comunidad de pares. En principio, para conjurar un poco la soledad que la escritura siempre trae consigo, ese encierro con el propio texto que a veces se puede volver rumiante y obsesivo y que de a poco va quitando el aire necesario para que un otro lector tambi\u00e9n pueda habitar ese texto.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n porque esa puesta en comunidad puede a uno permitirle contrastar la propia voz con otras; para, en torno a la mesa del taller, ver qu\u00e9 se me espeja en las devoluciones de mis compa\u00f1eros, c\u00f3mo otras voces se abren espacio en lo que cre\u00ed que era m\u00edo. Ver qu\u00e9 es lo que all\u00ed encuentran y as\u00ed poder llegar a vislumbrar ese lugar de siempre dif\u00edcil acceso: qu\u00e9 es lo que yo no s\u00e9 y se pone en juego en esto que he escrito.<\/p>\n<p>Y una vez entrevisto: agarrarlo con fuerza, ir m\u00e1s all\u00e1, seguir escribiendo, seguir cavando, profundizar hasta llegar al hueso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llevaba mucho tiempo viviendo en C\u00f3rdoba, la ciudad donde hab\u00eda estudiado y donde me hab\u00eda quedado trabajando despu\u00e9s de terminar la universidad. Estaba por cumplir treinta y dos a\u00f1os, coordinaba talleres de escritura desde los veinticuatro y hab\u00eda publicado un par de libros de cuentos; otro, que ya estaba terminado y semi aceptado por una editorial, se retrasaba y no terminaba de salir. Y entonces, lleg\u00f3 la noticia. 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