{"id":4918,"date":"2021-11-13T20:01:28","date_gmt":"2021-11-14T02:01:28","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/11\/ruler-fire-sylvia-iparraguirre\/"},"modified":"2024-05-14T01:55:37","modified_gmt":"2024-05-14T07:55:37","slug":"ruler-fire-sylvia-iparraguirre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/11\/ruler-fire-sylvia-iparraguirre\/","title":{"rendered":"&#8220;El due\u00f1o del fuego&#8221; de Sylvia Iparraguirre"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>La ma\u00f1ana ya hab\u00eda empezado con un inconveniente. O por lo menos eso fue lo que la ordenada mente de la doctora Dusseldorff pens\u00f3 m\u00e1s tarde, al dejar la Facultad. El edificio era antiguo y fr\u00edo; alt\u00edsimas persianas de hierro dejaban pasar a desgano esa ambigua claridad del invierno que obligaba a encender las luces, a hablar sin levantar la voz, a no mirarse las caras. En un rinc\u00f3n del aula, el portero forcejeaba con la estufa a queros\u00e9n. Los asistentes a la clase de etnoling\u00fc\u00edstica de la doctora Dusseldorff, en efecto, hablaban sin mirarse, en voz muy baja cuando se oy\u00f3 una detonaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Co\u00f1o! \u2014rezong\u00f3 el portero, acuclillado junto a la estufa.<\/p>\n<p>Los quemadores exhib\u00edan un mecherito desarticulado y anacr\u00f3nico. Una llama azul aparec\u00eda y desaparec\u00eda con sonoras explosiones intermitentes. De golpe se apag\u00f3. Todos miraron a la doctora que acababa de tomar asiento tras el escritorio. El portero se levant\u00f3 y dijo:<\/p>\n<p>\u2014No hay caso, no funciona. Voy hasta mi casa y traigo la m\u00eda. No se nos vaya a enfermar el aborigen.<\/p>\n<p>El pronombre reflexivo o algo en el acento espa\u00f1ol del portero provoc\u00f3 discretas sonrisas entre los ling\u00fcistas y antrop\u00f3logos. La clase, <i>Lengua y cultura del Chaco argentino, <\/i>deb\u00eda comenzar en unos minutos. Se contaba con la participaci\u00f3n de un informante ind\u00edgena: el toba Marcelino Romero. No pod\u00eda tardar. Considerando que viajaba desde Villa Insuperable, el trayecto le llevaba poco m\u00e1s de una hora.<\/p>\n<p>A las diez y media en punto, Romero apareci\u00f3 en la puerta del aula. Era bajo y corpulento con una convencionalmente inexpresiva cara de indio. Usaba el pelo, renegrido y largo, contenido detr\u00e1s de las orejas. Llevaba unos pantalones anchos y un saco corto de mangas, de las que sobresal\u00edan unas mu\u00f1ecas anchas y fuertes, medias y alpargatas; su aspecto era muy pulcro. Murmur\u00f3 un saludo en general y se dirigi\u00f3 a su asiento, a un costado del escritorio de la doctora. Sobre el pizarr\u00f3n, un cuadro repet\u00eda en griego y espa\u00f1ol, la leyenda: \u201cEl hombre es la medida de todas las cosas\u201d. La doctora sali\u00f3 del aula. Cuando volvi\u00f3 a entrar, escoltada por el portero y el antrop\u00f3logo de la c\u00e1tedra, ya era, definitivamente, la doctora y profesora Brigitta Inge Dusseldorff, de la Universidad de Mainz, especialista en lenguas amerindias, cuya tesis <i>Einige linguistiche indizien des Kurtunwandels in Nordost-Neuquinea <\/i>(Munchen, 1965) hab\u00eda impresionado vivamente a especialistas de todo el mundo. Otro de sus trabajos, <i>Der Kulturwandel bei de Indianen des Gran Chaco (Sudamerika) seit der Konkista-Zeit <\/i>(Mainz, 1969), era fervientemente citado por los alumnos de la Facultad, quienes aspiraban a desentra\u00f1ar alg\u00fan d\u00eda sus profundos conceptos. La doctora Dusseldorff era alta, huesuda, de pelo muy corto; anteojos y pies enormes. La clase la miraba, expectante; la universidad argentina se conmov\u00eda con su presencia. El portero, un paso detr\u00e1s de ella con la estufa encendida colgando de una mano, no le llegaba al hombro.<\/p>\n<p>\u2014Gracias \u2014dijo al portero en correct\u00edsimo castellano\u2014. Puede retirarse.<\/p>\n<p>Los alumnos se acomodaron en sus asientos; el antrop\u00f3logo, tambi\u00e9n. La clase comenzaba casi a horario.<\/p>\n<p>\u2014La clase anterior \u2014dijo la doctora, a quien le gustaba ir directamente al punto\u2014, hab\u00edamos llegado hasta los paradigmas de caza y pesca, armas e implementos, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>Menos Romero, todos en el aula dieron cabezadas afirmativas.<\/p>\n<p>\u2014Bien, hoy no usaremos cintas grabadas \u2014dijo la doctora\u2014. Vamos a retomar con el propio informante el \u00e1rea correspondiente a pesca. Por favor, se\u00f1or Marcelino, \u00bfc\u00f3mo se dice \u201cpescar\u201d.<\/p>\n<p>El indio los mir\u00f3, despu\u00e9s mir\u00f3 inexpresivamente la pared y dijo:<\/p>\n<p>\u2014Sokoenagan.<\/p>\n<p>\u2014Muy bien. As\u00ed que esto es \u201cpescar\u201d.\u00a0 \u2014La doctora lo anot\u00f3 en el pizarr\u00f3n.<\/p>\n<p>El indio sacudi\u00f3 la cabeza.<\/p>\n<p>\u2014No \u2014dijo\u2014. <i>Yo<\/i> voy a pescar.<\/p>\n<p>\u2014Ah, bien, la primera persona verbal del singular. Entonces, usted va a pescar \u2014lo se\u00f1al\u00f3, pero el indio no dijo nada\u2014. Bien, pero \u00bfc\u00f3mo se dice pescar? Solamente eso.<\/p>\n<p>\u2014Sokoenagan \u2014dijo el indio.<\/p>\n<p>La doctora qued\u00f3 con la tiza en alto.<\/p>\n<p>\u2014Intentemos con la tercera persona. \u00bfC\u00f3mo decimos \u201c\u00e9l pesca\u201d?<\/p>\n<p>\u2014Niemay\u00e9-rokoenagan \u2014dijo el indio.<\/p>\n<p>\u2014Perfectamente \u2014expres\u00f3 la doctora, y se explay\u00f3 en consideraciones morfofon\u00e9ticas.<\/p>\n<p>Durante los siguientes veinte minutos la clase avanz\u00f3 muy lentamente.<\/p>\n<p>\u2014Recapitulemos \u2014dijo, al fin, la doctora\u2014. Pescar: sokoenagan; yo pesco: sokoenagan; t\u00fa pescas: arat\u00e1-sokoenagan; \u00e9l pesca: niemay\u00e9-rokoenagan. Adviertan que existe una glotalizaci\u00f3n con valor distintivo en&#8230;<\/p>\n<p>El indio dec\u00eda que no con la cabeza. Dejaba entrever que lo recapitulado no era correcto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo? \u2014exclam\u00f3 la doctora frunciendo el ce\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 sentado, todav\u00eda no fue \u2014dijo Romero.<\/p>\n<p>Se hizo un breve silencio.<\/p>\n<p>\u2014Un tiempo continuo, entonces, o un elemento espacial en la conjugaci\u00f3n \u2014avis\u00f3 la doctora a la clase\u2014. Expl\u00edquese \u2014dijo severamente al toba\u2014. Por un momento pareci\u00f3 que iba a agregar \u201cbuen hombre\u201d, pero no fue as\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 sentado, todav\u00eda no fue a pescar. Est\u00e1 pensando \u2014dijo el ind\u00edgena\u2014, est\u00e1 pensando en ir a pescar. Lo estoy viendo cerca.<\/p>\n<p>Alumnos y profesores se movieron inquietos. El informante no parec\u00eda facilitar las cosas hoy. Una de las alumnas intervino con evidentes deseos de coincidir con la doctora Dusseldorff. Era la alumna m\u00e1s adelantada. Hab\u00eda tenido la oportunidad de hablar a solas con la doctora y se hab\u00eda mencionado la posibilidad de una beca; hasta, quiz\u00e1s, un viaje a Alemania.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPodr\u00e1 ser, doctora, tal vez, un subsistema de presencia\/ausencia del objeto de referencia?<\/p>\n<p>\u2014No creo que sea el caso \u2014replic\u00f3, con frialdad, la doctora.<\/p>\n<p>El antrop\u00f3logo, joven, p\u00e1lido, de traje y bufanda, con experiencia de campo, intervino:<\/p>\n<p>\u2014Perm\u00edtame, doctora \u2014era un hombre que sab\u00eda manejarse con los indios\u2014. \u00bfQu\u00e9 quer\u00e9s decir cuando dec\u00eds que lo est\u00e1s viendo cerca, Marcelino? \u2014el antrop\u00f3logo tuteaba al toba, aunque deb\u00eda tener veinte a\u00f1os menos.<\/p>\n<p>La doctora aprob\u00f3 con una inclinaci\u00f3n de cabeza la eficaz intervenci\u00f3n masculina.<\/p>\n<p>\u2014Si no lo veo, digo de una manera distinta \u2014dijo Marcelino Romero. Y agreg\u00f3: \u2014Pero no pesca; va a ir a pescar.<\/p>\n<p>Se escuch\u00f3 un suspiro de alivio general. El antrop\u00f3logo daba explicaciones a unas alumnas sentadas a su alrededor. Fumaba elegantemente. Conoc\u00eda al detalle las \u00faltimas corrientes te\u00f3ricas; en privado, a\u00f1oraba la \u00e9poca de la Antropolog\u00eda cl\u00e1sica y so\u00f1aba con reeditar a alguno de aquellos refinados y eruditos <i>dandies<\/i> ingleses, capaces de internarse en lo m\u00e1s profundo y salvaje de la jungla o del desierto sin perder el estilo, todo por la ciencia. \u00c9l mismo ya hab\u00eda estado en el monte ind\u00f3mito del Impenetrable. Esto le otorgaba una secreta superioridad sobre la doctora, que s\u00f3lo hab\u00eda trabajado con lenguajes artificiales, estad\u00edsticas y computadoras. Los murmullos se generalizaron.<\/p>\n<p>\u2014Muy bien, Marcelino \u2014dijo el antrop\u00f3logo. Su tono conten\u00eda un premio.<\/p>\n<p>La clase continu\u00f3. Romero permanec\u00eda sentado, inm\u00f3vil; la espalda, recta, no tocaba el respaldo de la silla.<\/p>\n<p>\u2014Pasemos a la caza \u2014dijo la doctora, acomod\u00e1ndose los anteojos.<\/p>\n<p>El antrop\u00f3logo sinti\u00f3 que nuevamente le correspond\u00eda tomar la palabra.<\/p>\n<p>\u2014Vos sal\u00edas a cazar con tu abuelo, \u00bfno, Marcelino?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014dijo el indio.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHab\u00eda alg\u00fan rito&#8230; \u2014el antrop\u00f3logo titube\u00f3 y se corrigi\u00f3\u2014, quiero decir, alguna reuni\u00f3n, alguna ceremonia, antes de que fueran a cazar? Tu abuelo, \u00bfqu\u00e9 dec\u00eda de esto?<\/p>\n<p>\u2014No \u2014dijo Romero, y mir\u00f3 vagamente a su alrededor.<\/p>\n<p>Se produjo otra vez un evidente desconcierto. La doctora intervino. Manifest\u00f3 su inter\u00e9s en preguntar exclusivamente sobre la terminolog\u00eda referida a la caza. El antrop\u00f3logo estuvo por completo de acuerdo. Pero antes de que la doctora pudiera formular la primera pregunta, el toba, inesperadamente, comenz\u00f3 a hablar. Hablaba en voz baja, con la mirada clavada en el piso. Explic\u00f3 la enfermedad que se pod\u00eda contraer por maleficio del animal perseguido. \u00c9l se hab\u00eda enfermado de ese modo, por maleficio, cuando era un chico. La ciudad se parec\u00eda a la selva, dijo. All\u00e1 hab\u00eda que cuidarse de los bichos; ac\u00e1 hay que cuidarse de la gente. Record\u00f3 a su padre y a su abuelo, cuando lo llevaban a cazar. Ellos le hab\u00edan ense\u00f1ado c\u00f3mo hacerlo. Pero \u00e9l, con los a\u00f1os, hab\u00eda querido venirse. Salir del Chaco, de la tierra firme, y venirse, porque se hab\u00eda peleado con el capataz, que era paraguayo, y les daba trabajo nada m\u00e1s que a los paraguayos. No a los hermanos tobas, no a los argentinos.<\/p>\n<p>Aunque dicha en voz baja, la \u00faltima palabra reson\u00f3 extra\u00f1a en el aula. Los presentes miraron al toba como si acabara de decir algo fuera de lugar, o como si empezaran a descubrir en \u00e9l una cualidad antes no percibida, un atributo inesperado; en el aire flotaba una observaci\u00f3n notable: ese ind\u00edgena era argentino.<\/p>\n<p>\u2014Me fui un domingo a hablarle \u2014prosegu\u00eda el toba. No hab\u00eda variado la actitud y su mirada permanec\u00eda fija en el suelo\u2014. Y me peli\u00e9. Trabaj\u00e1bamos toda la semana, no hab\u00eda domingo.<\/p>\n<p>Estudiando su cuaderno de notas, la doctora lo interrumpi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Creo que nos vamos del tema. No se trata de historia personal sino de reconstrucci\u00f3n cultural. \u2014Mir\u00f3 al antrop\u00f3logo, que acudi\u00f3 otra vez en su auxilio.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, Marcelino \u2014concedi\u00f3 el antrop\u00f3logo con cierta advertencia en el tono de voz; ten\u00eda experiencia de campo, hab\u00eda estado en el Impenetrable y sab\u00eda c\u00f3mo hablar con los indios\u2014, est\u00e1 muy bien \u2014ahora parec\u00eda dirigirse a una criatura\u2014, pero queremos que nos cuentes de cuando ibas a cazar; qu\u00e9 armas usabas, c\u00f3mo se llamaban, \u00bfte acord\u00e1s? Vos ten\u00edas dieciocho a\u00f1os cuando te viniste del Chaco.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, me vine \u2014dijo el indio\u2014. Yo no quise entrar en la transculturaci\u00f3n \u2014como llevadas por un mismo impulso, todas las cabezas se inclinaron; se tom\u00f3 nota de esta palabra tan correctamente asimilada por el toba\u2014. Yo rebot\u00e9 porque me peli\u00e9 con el capataz. Llov\u00eda y mi abuelo y yo hab\u00edamos cargado todo el domingo. Mi abuelo y yo, entreverados con los otros, cargamos los vagones con los fardos, aunque llov\u00eda. Entonces me peli\u00e9 y me vine a la ciudad, al Hotel de Inmigrantes; pero la pieza era muy chica, todo era muy chico. Uno quiere ver campo y no. Ve nada m\u00e1s que ciudad, por todos lados.<\/p>\n<p>La clase estaba en suspenso. La doctora, impaciente, mir\u00f3 al indio y dijo con tono autoritario:<\/p>\n<p>\u2014Vamos a continuar con implementos y armas, pero antes probaremos con dos palabras para retomar la parte fon\u00e9tica \u2014mir\u00f3 otra vez al toba\u2014. \u00bfC\u00f3mo se dice \u201cpez\u201d?<\/p>\n<p>Romero suspir\u00f3 y, por primera vez, se apoy\u00f3 en el respaldo de la silla; despu\u00e9s, meti\u00f3 las manos en los bolsillos del pantal\u00f3n y cruz\u00f3 una pierna sobre otra. El gesto no pareci\u00f3 oportuno en el contexto de la clase. Mir\u00f3 de frente a la doctora.<\/p>\n<p>\u2014Naiaq \u2014dijo.<\/p>\n<p>\u2014Bien, entonces podr\u00edamos establecer: sokoenagan naiaq: yo pesco un pez. Observen que hay dos nasales en contacto \u2014advirti\u00f3 con algo que pod\u00eda parecerse al entusiasmo, la doctora \u2014 lo que produce&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Si el pez est\u00e1 ah\u00ed y yo lo veo, s\u00ed \u2014interrumpi\u00f3 el indio\u2014, si no, no. \u2014Todos lo miraron\u2014. Hay otra forma \u2014concluy\u00f3, finalmente, el toba.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l? \u2014pregunt\u00f3 la doctora Dusseldorff. Sus ojos se hab\u00edan achicado detr\u00e1s de los enormes anteojos.<\/p>\n<p>\u2014Lacheog\u00e9-mnaiaq-\u00f1iemay\u00e9-dokoeratak \u2014dijo el indio.<\/p>\n<p>Algunos de los presentes creyeron advertir una sombra de sonrisa en la cara p\u00e9trea, pero los ojos estaban serios y fijos.<\/p>\n<p>\u2014Parece que el informante no est\u00e1 bien dispuesto hoy para la parte ling\u00fc\u00edstica. Si quierre, profesorr podemos continuarr con implementos y arrmas \u2014dijo la doctora, marcando tremendamente las erres.<\/p>\n<p>La clase en pleno se relaj\u00f3. Ser\u00eda lo mejor. Todos se daban cuenta de que la doctora estaba ligeramente fastidiada. Cuando esto ocurr\u00eda, su lengua materna sub\u00eda a la superficie. El informante deb\u00eda colaborar, de otro modo era imposible organizar adecuadamente la parte fon\u00e9tica.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfUn merecido receso, doctora? \u2014dijo, sonriente, el antrop\u00f3logo.<\/p>\n<p>Todos rieron. Una de las alumnas se ofreci\u00f3 para traer caf\u00e9. El antrop\u00f3logo y la doctora se retiraron a un rinc\u00f3n, a hablar en voz baja. Dos estudiantes se acercaron al ind\u00edgena, que permanec\u00eda sentado en su silla.<\/p>\n<p>\u2014And\u00e1 al punto, Marcelino, no te vayas por las ramas que esto va a durar todo el d\u00eda.<\/p>\n<p>Le ofrecieron un cigarrillo y el toba acept\u00f3, pero no se levant\u00f3 de la silla. Cada tanto, un r\u00e1pido parpadeo era lo \u00fanico que le modificaba la expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed que la ciudad no te gusta \u2014le dijo uno de los estudiantes\u2014, pero vos ac\u00e1 pod\u00e9s trabajar y mantener a tu familia, \u00bfno, Marcelino? Est\u00e1s mejor que en el Chaco.<\/p>\n<p>Romero dijo que s\u00ed con la cabeza. Miraba la brasa del cigarrillo:<\/p>\n<p>\u2014Pero cuando uno quiere ver campo, ve nada m\u00e1s que ciudad.<\/p>\n<p>Diez minutos m\u00e1s tarde, el antrop\u00f3logo golpeaba las manos con soltura acad\u00e9mica.<\/p>\n<p>\u2014Continuamos \u2014dijo.<\/p>\n<p>Mientras los alumnos se ubicaban, \u00e9l mismo sali\u00f3 y se dirigi\u00f3 a Arqueolog\u00eda. Cuando volvi\u00f3 a entrar tra\u00eda dos arcos, varias flechas, tres lanzas de diferentes tama\u00f1os y un lazo hecho de fibras vegetales con complicados nudos en los extremos.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, Marcelino \u2014el antrop\u00f3logo se coloc\u00f3 frente al toba\u2014, \u00bfreconoc\u00e9s estos elementos, estas armas&#8230;? \u2014sosten\u00eda el arco y las flechas delante de los ojos del indio\u2014. Desde la silla, el toba mir\u00f3 los objetos. Levant\u00f3 una mano y toc\u00f3 con la punta de los dedos el arco. Baj\u00f3 la mano.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014dijo\u2014, s\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAlguno te llama la atenci\u00f3n en forma especial? \u2014continu\u00f3 preguntando el antrop\u00f3logo.<\/p>\n<p>El indio tom\u00f3 una de las flechas, la m\u00e1s chica, sin plumas en el extremo.<\/p>\n<p>\u2014\u00c9sta es una flecha para pescar.<\/p>\n<p>\u2014Perfectamente. \u00bfSe utiliza con este arco? La clase pasada dijiste que tu abuelo ten\u00eda todas estas cosas guardadas en su casa.<\/p>\n<p>De repente, el indio se puso de pie y se inclin\u00f3 sobre el antrop\u00f3logo. Todos se sorprendieron y el primero en hacerlo fue el antrop\u00f3logo, que dio un brusco paso atr\u00e1s. El toba le habl\u00f3 en voz baja.<\/p>\n<p>\u2014Por supuesto, Marcelino \u2014el antrop\u00f3logo intentaba re\u00edr\u2014, por supuesto.<\/p>\n<p>\u2014Marcelino pide permiso para quitarse el saco y estar m\u00e1s c\u00f3modo para reconocer el arco \u2014inform\u00f3 a la clase.<\/p>\n<p>Se oyeron unas risas aisladas, de compromiso. La doctora, completamente seria, anotaba algo en su libreta de apuntes. El indio coloc\u00f3 cuidadosamente el saco en el respaldo de la silla. Despu\u00e9s tom\u00f3 el arco. En las manos del toba, el arco dej\u00f3 de ser una pieza de museo y se volvi\u00f3 un objeto vivo. Sus manos, anchas y morenas, lo recorr\u00edan parte por parte. No hab\u00eda ninguna afectaci\u00f3n en ese reconocimiento. Su disposici\u00f3n era la de alguien que sabe muy bien lo que est\u00e1 haciendo. Con una mano sostuvo el arco y con la otra tom\u00f3 las flechas.<\/p>\n<p>\u2014\u00c9sta es de caza \u2014dijo sin dirigirse a nadie.<\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente, el toba se ve\u00eda mucho m\u00e1s corpulento sin el saco. El cuello y los hombros eran poderosos. En la frente, inclinada para observar mejor los objetos, se marcaba una vena desde el entrecejo hasta el nacimiento del<i> <\/i>pelo. Todos lo miraban con curiosidad. No parec\u00eda el mismo hombre que hac\u00eda unos minutos contestaba pasivamente las preguntas de la doctora.<\/p>\n<p>\u2014Y \u00e9sta es la de guerra. \u2014Al decirlo, el indio mir\u00f3 al antrop\u00f3logo. La flecha que sosten\u00eda era la m\u00e1s grande, con un penacho de plumas de colores en el extremo. \u2014Mi abuelo dec\u00eda que Peritnalik nos mandaba a la guerra a los hermanos \u2014mir\u00f3 otra vez al antrop\u00f3logo y despu\u00e9s a todos\u2014. Antes de que el antrop\u00f3logo hablara, dijo: \u2014Peritnalik, el Gran Padre, el que manda los esp\u00edritus a las tierras del indio.<\/p>\n<p>Algunos tomaban notas. La mayor\u00eda clavaba una mirada ansiosa en el toba. No pod\u00eda decirse que estuviera haciendo nada inapropiado, pero algo hab\u00eda en su manera de pararse y de sostener el arco que sobrepasaba los l\u00edmites de una clase en el Instituto. El antrop\u00f3logo se hab\u00eda sentado cerca de la puerta, a un costado del indio, y lo observaba. Trataba de aparentar inter\u00e9s, pero era evidente que estaba algo desconcertado e inc\u00f3modo.<\/p>\n<p>Con una destreza sorprendente, el toba tens\u00f3 la cuerda suelta y la amarr\u00f3 al extremo del arco. Los ojos de la clase estaban fijos en sus manos. Una ligera inquietud se pint\u00f3 en las caras. En realidad, nadie conoc\u00eda bien a ese indio. Hab\u00edan dado con \u00e9l por casualidad y hab\u00eda resultado particularmente oportuno para ilustrar las clases de la doctora Dusseldorff. Como para retomar el hilo perdido de la clase, el antrop\u00f3logo pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014C\u00f3mo se dice \u201cflecha\u201d, Marcelino.<\/p>\n<p>El indio levant\u00f3 bruscamente la cabeza.<\/p>\n<p>\u2014Hichqen\u00e1 \u2014dijo.<\/p>\n<p>\u2014Podemos establecer una comparaci\u00f3n con la terminolog\u00eda mataca que&#8230;<\/p>\n<p>El antrop\u00f3logo debi\u00f3 interrumpirse. El indio, con las piernas separadas y firmemente plantado, tensaba el arco como prob\u00e1ndolo. Una parte de su pelo, renegrido y duro \u2014de tipo mongol, pens\u00f3 autom\u00e1ticamente el antrop\u00f3logo\u2014, se hab\u00eda deslizado de atr\u00e1s de su oreja y le ca\u00eda sobre la cara. La mano oscura alrededor de la madera se ve\u00eda enorme. Una energ\u00eda insospechada hasta entonces \u2014en las clases anteriores el indio hab\u00eda permanecido siempre respetuosamente sentado en su silla\u2014 se transmiti\u00f3 de su cuerpo, estableciendo una fuerza rec\u00edproca entre su brazo y la tensi\u00f3n del arco, una potencia masculina que fastidi\u00f3 especialmente a la doctora Dusseldorff, habituada a las jerarqu\u00edas asexuadas de la ciencia. Con voz gutural, el toba dijo:<\/p>\n<p>\u2014Kal\u2019lok \u2014y repiti\u00f3 m\u00e1s fuerte\u2014, Kal\u2019lok.<\/p>\n<p>Nadie anotaba ya las palabras. Con una agilidad que dej\u00f3 a todos en vilo, el indio se agach\u00f3 y tom\u00f3 una flecha apoyada contra la silla, la m\u00e1s larga, la de guerra, con el penacho de plumas. La doctora hab\u00eda dejado el cuaderno de notas sobre el escritorio. El antrop\u00f3logo se levant\u00f3 de la silla. Estaba algo p\u00e1lido.<\/p>\n<p>\u2014Creo que no es necesario&#8230; \u2014empez\u00f3 a decir.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ena&#8230;! \u00a1En\u00e1&#8230;! \u00a1Peritnalik! \u2014la voz profunda del toba rebot\u00f3 en las paredes.<\/p>\n<p>Varios cuadernos de notas cayeron al suelo. El indio hab\u00eda colocado la flecha en el arco y tensaba la cuerda al m\u00e1ximo. Hab\u00eda quedado de perfil a la clase, un brazo extendido, el otro codo alzado, y en esa actitud era muy f\u00e1cil imaginar su torso desnudo como en un sobre relieve. La flecha ocupaba, exacta, el vac\u00edo de la tensi\u00f3n del arco. La punta alcanz\u00f3 la altura de los ojos del antrop\u00f3logo. La doctora ten\u00eda la boca abierta.<\/p>\n<p>\u2014Hanak en\u00e1 \u00f1a&#8217;alw\u00e1 ekorapigem ramay\u00e9 mnor\u00e9k, ramay\u00e9 lacheog\u00e9, ramay\u00e9 p\u00e9 habi\u00e1k&#8230; \u2014murmur\u00f3 la voz ronca del indio\u2014.<\/p>\n<p>Estaba inm\u00f3vil. S\u00f3lo su torso describi\u00f3, lentamente, un semic\u00edrculo que abarc\u00f3 toda la clase. Algunas cabezas iniciaron el movimiento de ocultarse tras la espalda de los que ten\u00edan adelante; otros se agacharon; unos cuadernos cayeron al piso. En el fondo del aula, una chica se puso de pie.<\/p>\n<p>\u2014Kal\u2019lok \u2014dijo el indio.<\/p>\n<p>El silencio pes\u00f3 como una losa.<\/p>\n<p>El toba baj\u00f3, despacio, los brazos y destens\u00f3 el arco. Con delicadeza sac\u00f3 la flecha y la coloc\u00f3 junto a las otras. Apoy\u00f3 el arco en el respaldo de la silla. Retir\u00f3 el saco y se lo colg\u00f3 del antebrazo.<\/p>\n<p>El aula, de a poco, empez\u00f3 a cobrar vida. Hubo carraspeos, alumnos que se inclinaban buscando en el suelo sus cuadernos de notas, algunas toses aisladas. El antrop\u00f3logo, todav\u00eda tenso, encendi\u00f3 un cigarrillo y se aproxim\u00f3 al indio.<\/p>\n<p>\u2014Perfectamente, Marcelino, perfectamente \u2014dijo.<\/p>\n<p>El gesto devolvi\u00f3 a la clase su capacidad de expresi\u00f3n. En general, se intentaba averiguar qui\u00e9n hab\u00eda tomado notas. No se sab\u00eda si la doctora ten\u00eda el grabador encendido. Recorri\u00f3 el aula la informaci\u00f3n de que lo dicho por el toba hab\u00eda sido una oraci\u00f3n a Peritnalik. Algo como \u201c&#8230;el due\u00f1o del fuego, el due\u00f1o de la noche y de la selva\u2026\u201d y tambi\u00e9n algo m\u00e1s, pero no se pod\u00eda asegurar.<\/p>\n<p>Todos se levantaron para salir. Algunos cuchicheaban con su vecino de banco. R\u00e1pidamente, se reuni\u00f3 el dinero con que se pagaba la colaboraci\u00f3n de Marcelino Romero. Uno de los alumnos se lo entreg\u00f3 casi sin mirarlo. El toba se pon\u00eda lentamente el saco. Recibi\u00f3 la paga sin un gesto y la guard\u00f3 en el bolsillo.<\/p>\n<p>El antrop\u00f3logo y la doctora Dusseldorff salieron enseguida. La clase no hab\u00eda sido satisfactoria. Consideraban, acad\u00e9micamente, la posibilidad de conseguir otro informante. Tal vez un mataco, pero con mayor disposici\u00f3n. La buena disposici\u00f3n era un pilar fundamental para los fines cient\u00edficos.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Del libro <i>En el invierno de las ciudades<\/i>, en <i>Narrativa breve<\/i>, Alfaguara, 2003<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\">Foto: B\u00faho, Provincia del Chaco, Argentina, de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@fachymarin\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Fachy Mar\u00edn, Unsplash<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ma\u00f1ana ya hab\u00eda empezado con un inconveniente. O por lo menos eso fue lo que la ordenada mente de la doctora Dusseldorff pens\u00f3 m\u00e1s tarde, al dejar la Facultad. El edificio era antiguo y fr\u00edo; alt\u00edsimas persianas de hierro dejaban pasar a desgano esa ambigua claridad del invierno que obligaba a encender las luces, a hablar sin levantar la voz, a no mirarse las caras. En un rinc\u00f3n del aula, el portero forcejeaba con la estufa a queros\u00e9n. Los asistentes a la clase de etnoling\u00fc\u00edstica de la doctora Dusseldorff, en efecto, hablaban sin mirarse, en voz muy baja cuando se oy\u00f3 una detonaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4915,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2982],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2349],"translator":[2826],"lal_author":[3616],"class_list":["post-4918","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-argentina-es","genre-fiction-es","section-fiction-es","translator-emily-hunsberger-es-2","lal_author-sylvia-iparraguirre-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4918","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4918"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4918\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":33662,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4918\/revisions\/33662"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4915"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4918"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4918"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4918"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=4918"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=4918"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=4918"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=4918"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=4918"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}