{"id":4914,"date":"2021-11-13T19:01:54","date_gmt":"2021-11-14T01:01:54","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/11\/helena-or-annunciation-carlos-martin-briceno\/"},"modified":"2022-05-27T15:04:49","modified_gmt":"2022-05-27T21:04:49","slug":"helena-or-annunciation-carlos-martin-briceno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/11\/helena-or-annunciation-carlos-martin-briceno\/","title":{"rendered":"&#8220;Helena o la Anunciaci\u00f3n&#8221; de Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>Antes de Helena odiabas el piano. Cada \u00faltimo viernes de mes hab\u00eda que estar en punto de las siete de la tarde, con el pelo arreglado, el vestido vaporoso y las zapatillas bien lustradas, en las tertulias musicales. El piano era una tradici\u00f3n en la familia. Tu abuela lleg\u00f3 a ejecutar con \u00e9xito, en un teatro de la capital, a Brahams, cuando \u00e9ste a\u00fan no era conocido en provincia. De ello daba cuenta el programa de mano, un pedazo rectangular de papel brilloso, elegantemente impreso, que adornaba una de las paredes de la sala de m\u00fasica.<\/p>\n<p>El primer recuerdo que tienes de Helena es el de una mujer et\u00e9rea, sentada con laxitud en la silleta de mimbre del recibidor. Lleva unos gruesos lentes oscuros de carey y un vestido entallado, blanco y transl\u00facido, de escote generoso. El sol, filtr\u00e1ndose por los cristales plomizos del ventanal, le pega de lleno en el rostro, creando una especie de halo en torno a su larga y rojiza cabellera. Te agrad\u00f3 desde el principio: ninguna de las profesoras anteriores se hubiera atrevido a presentarse en tu casa vestida de esa forma.<\/p>\n<p>No parece una mujer honorable, sentenci\u00f3 tu madre, cuando, despu\u00e9s de saludarla, te llam\u00f3 aparte a la biblioteca.<\/p>\n<p>Si no es con ella, al diablo las clases, replicaste de inmediato; al menos no es un vejestorio.<\/p>\n<p>Tu prima Fausta era en aquel tiempo la nieta preferida. A sus doce a\u00f1os pod\u00eda ejecutar desde una mazurca de Chopin hasta una rapsodia h\u00fangara de Liszt con el virtuosismo de una profesional, seg\u00fan dec\u00eda tu abuela. En cambio, ya ibas a cumplir catorce y lo \u00fanico que interpretabas con cierto decoro eran las piezas del libro de Anna Magdalena Bach. No pasabas de ser, para congoja de tu mam\u00e1, \u201cuna ni\u00f1a sin talento, a la que le hizo gran falta el padre\u201d.<\/p>\n<p>Helena era joven y delgada, ten\u00eda los ojos verdes y unos pechos grandes y puntiagudos que le temblaban al recorrer el teclado. No usaba sost\u00e9n, su piel destilaba un aroma a agua de rosas. Pareci\u00f3 comprender desde el principio tu hostilidad por ese antiguo y majestuoso Bechstein. Sin presiones, acostumbraba decir, mejor concentra tu energ\u00eda en liberar la tensi\u00f3n del cuerpo para que fluya el ritmo. Con ternura tomaba tus manos, invit\u00e1ndote a cerrar los ojos y masajeaba uno a uno los dedos, largamente, hasta que sent\u00eda los pasos de alguien aproximarse a la estancia de m\u00fasica.<\/p>\n<p>Nunca te aplicaste tanto como en esos primeros meses despu\u00e9s de su llegada. \u00bfPercibes la diferencia entre respetar la partitura y compartir el sentimiento de los autores?, inquir\u00eda, ansiosa, al t\u00e9rmino de cada pieza. Ante tu silencio dubitativo, fijaba el verdor de sus pupilas y dec\u00eda, lac\u00f3nica: \u00a1Ay, linda, cu\u00e1nto te falta por vivir!<\/p>\n<p>La lluvia escurriendo por el tejado, precipit\u00e1ndose hasta el piso; el zumbar insistente de los grillos despu\u00e9s del aguacero, la algarab\u00eda de los p\u00e1jaros al retirarse a sus nidos al desmayar la tarde, cualquier rumor de la naturaleza era pretexto para una nueva lecci\u00f3n. \u00a1Escucha, escucha! \u00bfEst\u00e1s lista para traducir en el piano esos sonidos?, y volv\u00eda a sentarse a tu lado en la banca para seguir de cerca el ensayo, llenando el ambiente con su perfume.<\/p>\n<p>Para entonces, tu madre ya comenzaba a apreciarla. El recelo que le tuvo al principio se hab\u00eda ido transformando poco a poco en deslumbramiento. Se le miraba contenta. Sol\u00eda entrar a escucharles mientras practicaban. Incluso dio su consentimiento para que aprendieras algo de Satie, un \u201crevolucionario\u201d compositor franc\u00e9s al cual nunca hab\u00edas o\u00eddo nombrar, s\u00f3lo por tratarse del favorito de la profesora. Despu\u00e9s de un tiempo, comenz\u00f3 a invitar a la pianista, al t\u00e9rmino de las clases, a conversar y beber licor de caf\u00e9 en la biblioteca. T\u00fa aprovechabas sus risas para acabar con el tiramis\u00fa y la carlota rusa. Era como si hubiera siempre fiesta en casa.<\/p>\n<p>Helena se convirti\u00f3 pronto en presencia habitual en tu familia. Las clases se ampliaron de tres a cinco veces en la semana y se mand\u00f3 a habilitar uno de los cuartos de hu\u00e9spedes para cuando ella deseara quedarse a dormir. Los s\u00e1bados se le pod\u00eda ver en el teatro o en alg\u00fan restaurante haci\u00e9ndoles compa\u00f1\u00eda a ti y a tu madre. Te encantaba o\u00edrla disertar acerca del amor y la eternidad: No hay pasi\u00f3n, dec\u00eda, como aquella que nace de compartir una hermosa sinfon\u00eda, la buena m\u00fasica favorece la comuni\u00f3n de los amantes. Y sobre todo, disfrutabas oy\u00e9ndola re\u00edr. Era la suya una risa franca, contagiosa, libre, que te inundaba de gozo.<\/p>\n<p>Una madrugada de domingo, despu\u00e9s de haber pasado el fin de semana juntas en casa, despertaste inquieta. Hab\u00edas tenido una pesadilla y tu coraz\u00f3n palpitaba acelerado. Las s\u00e1banas parec\u00edan haberse cargado con tenues corrientes de electricidad. Cada vez que remov\u00edas tu cuerpo en el lecho, un placer inexplicable recorr\u00eda tu piel. En el sue\u00f1o, eras una doncella desnuda condenada a morir en la guillotina. Una muchedumbre de harapientos esperaba atenta junto al cadalso. Pod\u00edas sentir, como agujas, las miradas lascivas de la gente. Y justo cuando el verdugo toc\u00f3 el resorte y el filo iba a caer sobre tu cuello, abriste los ojos. El reloj de la biblioteca anunci\u00f3 las dos de la ma\u00f1ana. En medio del silencio de la noche llegaron a tus o\u00eddos voces, risas, gemidos. \u00bfEra posible? \u00bfSegu\u00edan all\u00ed? Te hubiera gustado levantarte, ponerte algo de ropa, caminar con sigilo a la biblioteca y darles una sorpresa, pero despu\u00e9s de aquel ensue\u00f1o, todav\u00eda extraviada, con el coraz\u00f3n retumbando, lleno de rumores nuevos, preferiste dormir. Te sent\u00edas plena. So\u00f1aste con mujeres. Hembras hermosas de pechos grandes, anchas caderas y cabelleras largas. Sirenas de formas suaves que se ba\u00f1aban a la orilla de un r\u00edo, enjabon\u00e1ndose unas a otras.<\/p>\n<p>Pero no faltaron las habladur\u00edas. En esa ciudad peque\u00f1a, trat\u00e1ndose de una familia tan conocida, alguien tuvo que ir a calentarle la cabeza a tu abuela, previni\u00e9ndola, alert\u00e1ndola. Y en una de las reuniones, cuando estrenabas <i>Gymnop\u00e9dies<\/i>, la escuchaste reclamar, indignada, a tu madre: Esa m\u00fasica extra\u00f1a y sofisticada no es de mi agrado. Estoy segura que es influencia de \u00e9sa, tu nueva profesora. Todo mundo habla de ustedes. Hazme el favor de retirar a esa mujer.<\/p>\n<p>Ya en casa, mientras preparabas tus ropas para ir a la cama, estuviste d\u00e1ndole vueltas al asunto. \u00bfQu\u00e9 iba a pasar ahora? Por lo regular, la abuela se entromet\u00eda de una forma menos directa. Pero cuando solicitaba algo, no hab\u00eda otro remedio que obedecer. Adem\u00e1s, estaba lo de las rentas. Ninguno de sus hijos, tu mam\u00e1 incluida, hubiera querido disgustarla y correr el riesgo de perderlas. Todo hab\u00eda terminado. Tu madre no iba a darle pretextos. Y menos en su condici\u00f3n de mujer sola.<\/p>\n<p>Aquella noche te result\u00f3 imposible conciliar el sue\u00f1o. Bajaste al cuarto de m\u00fasica y estuviste sentada largo rato al piano. Hab\u00eda llovido y el silbar del viento se colaba por los ventanales. El amanecer lleg\u00f3 mientras tocabas. Se encendieron luces en las habitaciones, pero nadie se atrevi\u00f3 a interrumpir el concierto. De haber tenido la oportunidad de estar contigo, Helena hubiera dicho: \u00a1Por fin, linda, has conseguido liberar tu pasi\u00f3n interior! Al finalizar, ca\u00edste rendida en el sill\u00f3n de piel donde acostumbraba sentarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Helena dej\u00f3 de acudir a las clases. Tu madre no dio ninguna explicaci\u00f3n y estuvo encerrada en su cuarto una semana entera sin permitir que nadie la molestara. Ha transcurrido casi un a\u00f1o y a\u00fan se le humedecen los ojos cuando interpretas <i>Gymnop\u00e9dies<\/i>. Por supuesto, esto sucede s\u00f3lo en tu casa donde te permiten recibir a tus amigas a cualquier hora de la noche, y usar vestidos cortos y de escote pronunciado. Para las reuniones de los viernes has vuelto a Bach.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\">Foto: Martillos del piano, de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@juansisinni\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Juan Sisinni, Unsplash<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antes de Helena odiabas el piano. Cada \u00faltimo viernes de mes hab\u00eda que estar en punto de las siete de la tarde, con el pelo arreglado, el vestido vaporoso y las zapatillas bien lustradas, en las tertulias musicales. El piano era una tradici\u00f3n en la familia. Tu abuela lleg\u00f3 a ejecutar con \u00e9xito, en un teatro de la capital, a Brahams, cuando \u00e9ste a\u00fan no era conocido en provincia. De ello daba cuenta el programa de mano, un pedazo rectangular de papel brilloso, elegantemente impreso, que adornaba una de las paredes de la sala de m\u00fasica.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4911,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2956,2992],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2349],"translator":[],"lal_author":[3228],"class_list":["post-4914","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-mexico-es","tag-mexico-es-2","genre-fiction-es","section-fiction-es","lal_author-carlos-martin-briceno-es-2"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4914","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4914"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4914\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4911"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4914"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4914"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4914"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=4914"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=4914"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=4914"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=4914"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=4914"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}