{"id":4900,"date":"2021-08-31T04:13:55","date_gmt":"2021-08-31T10:13:55","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/08\/alvaro-mutis-novelist-crows-nest-zulfikar-ghose\/"},"modified":"2024-05-13T05:34:27","modified_gmt":"2024-05-13T11:34:27","slug":"alvaro-mutis-novelist-crows-nest-zulfikar-ghose","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/08\/alvaro-mutis-novelist-crows-nest-zulfikar-ghose\/","title":{"rendered":"&#8220;\u00c1lvaro Mutis: Un novelista en la gavia&#8221; de Zulfikar Ghose"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>De los escritores latinoamericanos que mencion\u00e9 como los creadores verdaderamente m\u00e1gicos de ficci\u00f3n, \u00c1lvaro Mutis (1923-2013) es el m\u00e1s interesante tanto por sus historias como por su estilo literario. Los lectores de habla inglesa no est\u00e1n tan familiarizados con sus novelas como con las de su compatriota colombiano Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. A pesar de todo lo admirable de este, sobre todo el Garc\u00eda M\u00e1rquez m\u00e1s tard\u00edo y juguet\u00f3n de <i>El amor en los tiempos del c\u00f3lera<\/i>, las historias de Mutis sobre Maqroll llegan m\u00e1s profundo. En la narrativa de Mutis, situada no en un pa\u00eds definido sino en ese universo cambiante que es el caos silvestre del Yo interior donde el ser humano es tanto peregrino con rumbo a una anhelada redenci\u00f3n como alma perdida y sola en una jungla de confusi\u00f3n y desesperanza, hay una dimensi\u00f3n metaf\u00edsica que no aparece en sus contempor\u00e1neos latinoamericanos m\u00e1s famosos.<\/p>\n<p>Si bien antes fue poeta consumado \u2014y muy elogiado por Octavio Paz\u2014, Mutis se conoce sobre todo por sus siete novellas sobre un personaje que bautiz\u00f3 Maqroll el Gaviero, recopiladas en dos vol\u00famenes, <i>Maqroll<\/i> y <i>The Adventures of Maqroll,<\/i> excelentemente traducidas al ingl\u00e9s por Edith Grossman y reeditadas en un solo volumen con una informativa introducci\u00f3n de Francisco Goldman, como <i>The Adventures and Misadventures of Maqroll<\/i>. <i>\u00a0 <\/i><\/p>\n<p>El protagonista de Mutis, de nacionalidad indeterminada, portador de un conveniente pero dudoso pasaporte chipriota y sin m\u00e1s nombre conocido que Maqroll el Gaviero, ha cruzado los oc\u00e9anos y vagado por los cinco continentes. Es un hombre como cualquiera y, a la vez, absolutamente singular. Ulises en un episodio, Quijote en otro, Tom Jones un d\u00eda y Tartufo al siguiente: encarna a muchos de los h\u00e9roes de la literatura, solo para volverse un inescrupuloso delincuente, contrabandista o proxeneta, un antih\u00e9roe que no deja de resultar simp\u00e1tico, como Robin Hood, a pesar de sus fechor\u00edas. Detr\u00e1s de su personalidad camale\u00f3nica, sin embargo, sigue siendo siempre \u00e9l mismo, Maqroll el Gaviero.<\/p>\n<p>El \u201cgaviero\u201d es el vig\u00eda, el que se sienta en la gavia, la cofa del barco de vela, y desde lo alto es el primero en avistar tierras lejanas, lo bueno o lo malo que espere a los marineros en el horizonte; es el inquieto esp\u00edritu humano en constante b\u00fasqueda de esa nueva morada, esa nueva amistad, y sobre todo, ese amor ideal que ser\u00e1 la consumaci\u00f3n del alma cuando el yo se subsuma por completo en el otro, inquietud que sin embargo ve frustrada la b\u00fasqueda una y otra vez, y descubre \u00fanicamente el gran vac\u00edo de la nada. En esa funesta realidad, no hay consuelo para el yo atormentado. La tragedia de Edipo y de Lear se repite.<\/p>\n<p>Mutis no dice nada de todo esto; como en toda buena pluma, las ideas no se explicitan, sino que se insin\u00faan en las im\u00e1genes objetivas en las que se sucede la acci\u00f3n, lo que demuestra una vez m\u00e1s que las ideas est\u00e1n condicionadas por el lenguaje y se descubren durante el acto de creaci\u00f3n literaria cuando el escritor engarza distintas combinaciones de palabras a fin de elegir la m\u00e1s agradable y apropiada para continuar la acci\u00f3n, y por lo tanto, cuanto m\u00e1s sutil es el dominio que tiene del idioma quien escribe, m\u00e1s extenso es el campo de sus ideas; y en literatura, la calidad del lenguaje se mide por la originalidad y la precisi\u00f3n de las im\u00e1genes del autor. Mutis lo aprendi\u00f3 de escritores como Dickens y Proust (lo que da fe de otro punto importante: que la buena literatura transciende las fronteras culturales defendidas con entusiasmo provinciano por cr\u00edticos nacionalistas y profesores de literatura que custodian su nicho exclusivo prestos como un pitbull).<\/p>\n<p>En la superficie, en las historias de Mutis hay una narraci\u00f3n a la vieja usanza pero brillantemente reinventada que captar\u00e1 la atenci\u00f3n de todo tipo de lectores: los que solo busquen distraerse con aventuras apasionantes y los que esperen que esas aventuras den a entender una idea conceptual de la condici\u00f3n humana; los que se contenten con el Robert Louis Stevenson de <i>La isla del Tesoro <\/i>y los que prefieran la complejidad intelectual de <i>Coraz\u00f3n de las tinieblas<\/i> de Conrad o el simbolismo que se desprende de la prosa descriptiva de Melville.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica ha comparado a Mutis con Conrad, pero por el motivo superficial de que, en algunas de las historias, Maqroll lucha sobre una barcaza por un r\u00edo en un interior amenazante donde el ser humano padece penurias f\u00edsicas que llevan la carga simb\u00f3lica de una prueba espiritual; de la misma manera, podr\u00edan haber comparado las tribulaciones de Maqroll con las del personaje de Humphrey Bogart en <i>La reina africana<\/i>, esa pel\u00edcula memorable en la que el hombre y la mujer elementales batallan contra el castigo arbitrario que les depara un interior despiadado y sobreviven. El coraz\u00f3n de las tinieblas no tiene coraz\u00f3n. En ese interior oscuro, y en la visi\u00f3n de Mutis, la traves\u00eda al <i>inferno<\/i> de Dante se repite en una imaginer\u00eda densamente organizada en la que se desarrolla la trama literal de una historia fascinante, y que transmite una capa de sentido simb\u00f3lico que se comprende a nivel inconsciente.<\/p>\n<p>Todas las grandes obras de la imaginaci\u00f3n proyectan la obsesi\u00f3n de una persona con un conjunto de im\u00e1genes que deben su potencia al hecho de que provienen de la visi\u00f3n singular de esa persona y de que se expresan en su estilo particular, y sin embargo constituyen una variaci\u00f3n de una visi\u00f3n colectiva y general de la condici\u00f3n humana, el cuerpo atormentado sin cesar por la sombra que llevamos a veces delante y a veces detr\u00e1s: nuestra propia identidad.<\/p>\n<p>Mutis comienza la primera novella, <i>La nieve del almirante<\/i>, con el conocido recurso de que el autor descubre el texto por un accidente en apariencia providencial y por el que recae en \u00e9l la obligaci\u00f3n de transcribir ese texto de forma legible sin poner en juego la integridad del original. El del autor que se ve forzado a asumir el papel de un editor imparcial es un viejo truco (m\u00e1s viejo a\u00fan que el uso que le da Daniel Defoe en <i>Robinson Crusoe<\/i>) para sostener la ficci\u00f3n de que lo que est\u00e1 a punto de ser contado es una historia real, y en manos de Mutis, resulta convincente. Hablando en su propio nombre, Mutis empieza relatando una visita a una curiosa librer\u00eda de Barcelona donde encuentra un libro raro que llevaba a\u00f1os buscando.<\/p>\n<p>Es como si el lector se viera arrastrado al mundo de <i>Las mil y una noches<\/i> y algo m\u00e1gico estuviera por suceder. Lo que encuentra Mutis es un libro de historia que contiene un gran bolsillo en la contraportada pensado para guardar mapas y documentos hist\u00f3ricos, pero donde, en su lugar, Mutis descubre \u201cun c\u00famulo de hojas, en su mayor\u00eda de color rosa, amarillo o celeste [\u2026] cubiertas con una letra menuda, un tanto temblorosa\u201d: las entradas del diario escrito por Maqroll \u201ccon l\u00e1piz color morado, de vez en cuando rete\u00f1ido con saliva por el autor\u201d, que narran las \u201cdesventuras, recuerdos, reflexiones, sue\u00f1os y fantas\u00edas\u201d sucedidos mientras remontaba el r\u00edo Xurand\u00f3.<\/p>\n<p>El detalle del color morado del l\u00e1piz con el que se tomaron las notas hace que el lector vea el trazo apretado, y la referencia a la saliva del escritor evoca repentinamente una imagen en la mente del lector: la del hombre que escribe y que toca el extremo del l\u00e1piz con la punta de la lengua, una imagen que compele al lector a profesar una fe po\u00e9tica y comunica la idea no dicha de que la tinta con la que se inscriben las palabras es una sustancia vital que fluye del cuerpo del escriba. La imagen es tan precisa que, al ingresar en la mente del lector como una sensaci\u00f3n f\u00edsica que se experimenta, condiciona a la mente a dar por hecha la veracidad de lo que vendr\u00e1 a continuaci\u00f3n, siempre y cuando se presente en un lenguaje as\u00ed de v\u00edvido.<\/p>\n<p>M\u00e1s Adelante, Mutis se\u00f1ala que el diario de Maqroll \u201ces una mezcla indefinible de los m\u00e1s diversos g\u00e9neros\u201d que contiene tanto narraci\u00f3n directa como \u201cpreceptos herm\u00e9ticos\u201d, observaci\u00f3n que le granjea a Mutis, el autor que se hace pasar por editor, la libertad de subvertir toda formalidad estricta que pudiera asumir el texto mediante variaciones estil\u00edsticas para mantener la imaginaci\u00f3n del lector embelesada sin dejar de sujetar su curiosidad con la trama. Una seductora informalidad se convierte en el procedimiento formal de las siete novellas. Mutis puede permitirse digresiones, presentarse como un personaje de la narraci\u00f3n, hacer referencia a sus amigos y, as\u00ed, difuminar la distinci\u00f3n entre ficci\u00f3n y realidad. De ese modo, cuando en el cap\u00edtulo que cierra la \u00faltima novella, <i>Tr\u00edptico de mar y tierra, <\/i>Mutis y su esposa Carmen escuchan a Maqroll contar el episodio final de su historia, toda sensaci\u00f3n de ficci\u00f3n termina de evaporarse: el autor que invent\u00f3 a Maqroll se ha convertido en su amigo y ha sobrevolado el Atl\u00e1ntico con su mujer para acompa\u00f1arlo en Mallorca en un momento de necesidad. Parece una reuni\u00f3n familiar.<\/p>\n<p>El descubridor del texto se encuentra con que su propio ser es una presencia viva en el texto; todo pretexto para la ilusi\u00f3n se disuelve: estamos ante algo real, olvidados hace tiempo \u2014tal es la magia de la escritura\u2014 de que nos hab\u00edamos adentrado en el mundo de <i>Las mil y una noches, <\/i>aunque a veces, en el sue\u00f1o l\u00facido de nuestra implicaci\u00f3n en el texto, estuvimos a la deriva en alta mar con Ulises o perdidos en alg\u00fan extra\u00f1o pasadizo del inframundo de <i>La divina comedia<\/i>. Mutis nos conmociona con su drama oscuro sin descuidar jam\u00e1s su responsabilidad de mantener el inter\u00e9s de la historia, lo que Henry James declar\u00f3 la \u00fanica obligaci\u00f3n de los novelistas, ni olvidar que un personaje crucial de toda tragedia es el payaso que nos hace re\u00edr antes de entregarnos al dolor.<\/p>\n<p>Lo que enciende la imaginaci\u00f3n en las historias de Maqroll es la incesante curiosidad humana, el asombro que produce ver c\u00f3mo un yo se transforma en el otro desplazado que orbita en un universo on\u00edrico pero palpable. La vida de otro ha ido transcurriendo junto a la suya en \u201cla ciega corriente de otro destino\u201d, se\u00f1ala Maqroll y agrega desesperado: \u201ccorriendo a mi vera como una sangre fantasmal que me nombra y, sin embargo, nada sabe de m\u00ed\u201d. En una ocasi\u00f3n, cuando deliraba de malaria en el r\u00edo del interior, Maqroll debe pasar \u201cuna prueba aterradora\u201d en la que pierde \u201cpor completo la idea del curso del tiempo\u201d. El nivel literal de la prosa descriptiva consigna con precisi\u00f3n lo que experimenta en su delirio, pero ese lenguaje tan controlado trae consigo algo sugestivo que agrega una dimensi\u00f3n po\u00e9tica a la apasionante realidad de los hechos. Los que lo rodean le resultan \u201cpor completo ajenos, ba\u00f1ados en una luz opalina\u201d, como si hubiera descendido a alg\u00fan infierno. En esa oscuridad interna, \u201cnos convertimos, no en otro ser, sino en otra cosa\u201d. Igual que en <i>C\u00f3mo es<\/i> de Becket, donde los humanos Bom y Pim se convierten en seres que reptan en un mar de lodo.<\/p>\n<p>Recuperado, Maqroll contin\u00faa la traves\u00eda. La descripci\u00f3n recorre la escena con su lente gran angular: \u201cEl caudal se estrecha y empiezan a surgir ligeras colinas, estribaciones que se levantan en la orilla, dejando al descubierto una tierra rojiza que semeja, en ciertos trechos, la sangre seca\u201d, para mostrar luego c\u00f3mo los \u00e1rboles \u201cdejan al descubierto sus ra\u00edces en los barrancos, como huesos reci\u00e9n pulidos\u201d. Las im\u00e1genes parecen palpitar en los sentidos del lector y configuran el contexto para un grave enunciado, \u201cTodo calla y parece esperar una revelaci\u00f3n arrasadora\u201d, que aislado sonar\u00eda portentoso, pero inserto en esa v\u00edvida prosa cinematogr\u00e1fica se convierte en una idea central: porque ese anhelo humano desesperado, como una insaciable sed espiritual, de la revelaci\u00f3n plena de sentido que con fervor religioso esperamos nos libere del coraz\u00f3n de las tinieblas y nos transporte a un oasis refulgente bajo una luna eternamente llena es lo que convence al Maqroll que todos llevamos dentro de lanzarnos a los peligros de ese interior.<\/p>\n<p>Pero en un sentido metaf\u00f3rico, Maqroll sigue siendo el Gaviero que, oteando el horizonte y pronosticando tormentas, siente en los huesos el mecerse de la gavia aunque est\u00e9 en el inframundo de una mina de oro en busca de la visi\u00f3n destellante que le revele la rica veta de la realidad, pero se encuentra en laberintos oscuros donde el viento \u201ctrae voces, lamentos, interminables y tercos trabajos de insectos\u201d y el desesperado \u201cchillido de alg\u00fan p\u00e1jaro extraviado en el fondo de los socavones\u201d.<\/p>\n<p>Ese \u201cchillido\u201d o\u00eddo de pronto expresa la desesperaci\u00f3n del p\u00e1jaro por verse preso en esas profundidades, y el lector, sobresaltado por la n\u00edtida sensaci\u00f3n del dolor del p\u00e1jaro, experimenta una transmisi\u00f3n inconsciente a su imaginaci\u00f3n del angustioso batir de las alas, como si el dolor no fuera del p\u00e1jaro sino suyo, y las alas enloquecidas, su alma incapaz de escapar de la oscuridad del yo. Este pasaje es un ejemplo perfecto de las im\u00e1genes objetivas y precisas que sufren una transformaci\u00f3n junguiana y comunican sentido, puesto que el inconsciente colectivo humano est\u00e1 repleto de fantasmas y demonios m\u00edticos, los on\u00edricos disfraces de nuestra realidad cotidiana que obran dentro de nosotros una \u00e9pica surrealista personal en la que desfilan vertiginosamente im\u00e1genes que combinan el imp\u00edo frenes\u00ed dionis\u00edaco con la piedad de la ortodoxia religiosa, nuestra versi\u00f3n de todas las historias jam\u00e1s contadas.<\/p>\n<p>Si bien sus historias gozan de trascendencia atemporal, y su imaginario hipn\u00f3ticamente sugestivo hace de cada geograf\u00eda el espacio universal de la conciencia humana, Mutis no desconoce los problemas de su tiempo. En ocasiones, hace un aparte para ubicar el tema en un contexto contempor\u00e1neo u observa \u201cla milenaria torpeza de los hombres, (\u2026) su desventurada vocaci\u00f3n de sacrificio\u201d y registra la brutalidad que puede azotar a la \u201cgente hospitalaria y amable\u201d en cualquier parte.<\/p>\n<p>La amplitud de la visi\u00f3n que tiene Mutis de la humanidad y su conocimiento de culturas diversas imprimen a las historias de Maqroll una sensibilidad liberal que rechaza los prejuicios sociales y religiosos que levantan barreras entre las naciones. El amigo y c\u00f3mplice de Maqroll es un hombre llamado Abdul Bashur, y en <i>Abdul Bashur, so\u00f1ador de nav\u00edos<\/i>, la novella que le dedica el autor, se hace una consideraci\u00f3n solidaria del Islam, en la que Maqroll dice de los europeos que \u201cEsta gente no ha entendido nada del Islam. Lo peor es que esa ignorancia insolente va desde las cruzadas. Siempre acaban pag\u00e1ndola muy cara, pero no entienden la advertencia y siguen en su tozudez\u201d. Bashur responde que m\u00e1s le teme al fanatismo de sus hermanos musulmanes, y Mutis agrega el elocuente comentario de que este es un \u201cconflicto secular de dos civilizaciones que han sostenido un di\u00e1logo de sordos durante m\u00e1s de un milenio\u201d. Eso se escribi\u00f3 hace casi treinta a\u00f1os. Pero, claro est\u00e1, todo buen escritor es un testigo perspicaz de la historia y, obsesionado con el enigma de la existencia, abjura de las rencillas provincianas y dogm\u00e1ticas de su \u00e9poca.<\/p>\n<p>Ese enigma es la fiebre que se apodera de Maqroll en la mina de oro llamada Amirbar (\u201cdel \u00e1rabe <i>al emir bahr<\/i>\u201d, \u201cjefe del mar\u201d). En el punto m\u00e1ximo de la fiebre, Maqroll comprende que su cerebro no arde por no encontrar una veta invaluable del metal precioso, sino que la fiebre que lo consume es una \u201cespecie de posesi\u00f3n\u201d del alma, un calor en el cuerpo \u201cque nos trabaja profundamente y que no tiene que ver con el deseo concreto de hallar riquezas descomunales\u201d. El deseo que nos quema y nos hace arriesgar la vida en el oscuro interior por el que nos arrastramos es el de \u201ctener en nuestras manos, por una vez siquiera\u201d, ese otro oro: \u201cuna mal\u00e9fica y m\u00ednima porci\u00f3n de la eternidad\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Traducci\u00f3n de Carolina Friszman<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Del libro <em>The Algebra of Conceptual Narrative<\/em>, de pr\u00f3xima publicaci\u00f3n por Left Field Books<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\n<h6 class=\"caption\">Foto: Palomino, La Guajira, Colombia, de Andres F. Uran, Unsplash.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De los escritores latinoamericanos que mencion\u00e9 como los creadores verdaderamente m\u00e1gicos de ficci\u00f3n, \u00c1lvaro Mutis (1923-2013) es el m\u00e1s interesante tanto por sus historias como por su estilo literario. Los lectores de habla inglesa no est\u00e1n tan familiarizados con sus novelas como con las de su compatriota colombiano Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. A pesar de todo lo admirable de este, sobre todo el Garc\u00eda M\u00e1rquez m\u00e1s tard\u00edo y juguet\u00f3n de <i>El amor en los tiempos del c\u00f3lera<\/i>, las historias de Mutis sobre Maqroll llegan m\u00e1s profundo. 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