{"id":4784,"date":"2021-08-27T19:34:10","date_gmt":"2021-08-28T01:34:10","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/08\/mysteries-creative-writing-jose-de-pierola-university-texas-el-paso\/"},"modified":"2024-05-13T06:59:55","modified_gmt":"2024-05-13T12:59:55","slug":"mysteries-creative-writing-jose-de-pierola-university-texas-el-paso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/08\/mysteries-creative-writing-jose-de-pierola-university-texas-el-paso\/","title":{"rendered":"&#8220;Los misterios de la creaci\u00f3n&#8221; de Jos\u00e9 de Pi\u00e9rola (University of Texas at El Paso)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando empec\u00e9 a escribir, a fines de los a\u00f1os 90, lo \u00faltimo que se me habr\u00eda ocurrido era consultar si hab\u00eda un programa universitario dise\u00f1ado para ense\u00f1ar creaci\u00f3n literaria. Durante mi larga experiencia como lector, con algunos episodios de escritura espont\u00e1nea, hab\u00eda disfrutado de la literatura a la sombra de las opiniones comunes en Am\u00e9rica Latina durante el siglo xx. La m\u00e1s importante, por supuesto, es que la escritura es un don. Hay quienes lo tienen. Los dem\u00e1s, ni siquiera deber\u00edan intentarlo. No conoc\u00eda entonces la larga tradici\u00f3n de programas de creaci\u00f3n literaria en los Estados Unidos. Quiz\u00e1, si alguien los hubiera mencionado, habr\u00eda dicho que m\u00e1s que verdaderos programas para formar escritores, eran una expresi\u00f3n m\u00e1s del talante norteamericano capaz de mecanizar inclusive el arte. Entonces me top\u00e9 con <i>The Art of Fiction<\/i> de John Gardner. El autor norteamericano no solo hablaba de la escritura como una disciplina pasible de ser aprendida, sino tambi\u00e9n daba a entender que, en efecto, hab\u00eda muchos programas de creaci\u00f3n literaria en los Estados Unidos.<\/p>\n<p>En esa \u00e9poca, internet no ten\u00eda tantos recursos como ahora. El buscador se llamaba Altavista. Mostraba, esencialmente, lo que las universidades, las primeras afiliadas a la naciente <i>world wide web<\/i>, quer\u00edan mostrar. Pero era suficiente. Encontr\u00e9 que no solamente hab\u00eda un gran n\u00famero de programas de creaci\u00f3n literaria, sino tambi\u00e9n que algunos de ellos ten\u00edan una ilustre antig\u00fcedad, como el de la Universidad de Iowa, que, adem\u00e1s, hab\u00eda acogido durante los a\u00f1os 60 a Carlos Germ\u00e1n Belli, un admirado poeta peruano. Como \u00e9l, otros escritores norteamericanos tambi\u00e9n hab\u00edan pasado por programas semejantes, empezando por Raymond Carver, continuando con otros escritores emergentes como Jhumpa Lahiri, que acababa de ganar el Premio Pulitzer con un libro de cuentos que hab\u00eda empezado a escribir durante su maestr\u00eda en Creaci\u00f3n Literaria en la Universidad de Boston.<\/p>\n<p>Este descubrimiento me oblig\u00f3 a reconsiderar mis ideas sobre la posibilidad de aprender a escribir. Lamentablemente, a mi pesar, mi b\u00fasqueda de programas semejantes en Am\u00e9rica Latina no result\u00f3 tan fruct\u00edfera. No hab\u00eda ninguno. Mi b\u00fasqueda de programas de creaci\u00f3n literaria en espa\u00f1ol en los Estados Unidos result\u00f3 menos prometedora todav\u00eda. De modo que, sin otra posibilidad, decid\u00ed hacer un doctorado en literatura, que era lo m\u00e1s pr\u00f3ximo que pod\u00eda estar a la literatura que, entonces, se hab\u00eda convertido en la preocupaci\u00f3n principal de mi vida intelectual y creativa.<\/p>\n<p>En la ciudad donde yo viv\u00eda entonces \u2014La Jolla, California\u2014 no hab\u00eda talleres de creaci\u00f3n literaria en espa\u00f1ol, de modo que empec\u00e9 a asistir a talleres en ingl\u00e9s. Resultaron un tanto frustrantes, ya que me obligaban a gastar demasiada energ\u00eda creativa lidiando con las dificultades del idioma en lugar de entregar todo ese esfuerzo a la creaci\u00f3n de literatura. El experimento no fue del todo descaminado, ya que, si bien no avanc\u00e9 mucho en mi desarrollo como escritor, empec\u00e9 a comprender que lejos de ser un planteamiento mecanizado, como hab\u00eda pensado al principio, la ense\u00f1anza de la creaci\u00f3n literaria depend\u00eda en gran medida de la interacci\u00f3n entre los participantes, as\u00ed como de una inmensa libertad creativa.<\/p>\n<p>Para entonces, hab\u00eda tenido la suerte de haber ganado algunos premios literarios, lo cual, adem\u00e1s de abrirme las puertas de la publicaci\u00f3n, me hicieron pensar en c\u00f3mo compartir lo que hab\u00eda aprendido hasta entonces. Entusiasmado, hice una traducci\u00f3n de <i>The Art of Fiction<\/i> que publiqu\u00e9 en el Per\u00fa, donde poco despu\u00e9s empec\u00e9 a dirigir mis primeros talleres. En esos d\u00edas me toc\u00f3 enfrentar dos dificultades un tanto dis\u00edmiles.<\/p>\n<p>La primera era la denominaci\u00f3n de la pr\u00e1ctica. En la tradici\u00f3n norteamericana se usaba el t\u00e9rmino <i>creative writing<\/i>, que significa, literalmente, &#8220;escritura creativa&#8221;. Como no hab\u00eda una denominaci\u00f3n semejante en espa\u00f1ol, en una suerte de rebeld\u00eda contra esa ausencia de tradici\u00f3n, adopt\u00e9 &#8220;escritura creativa&#8221;, un tanto para subrayar nuestra incipiente disciplina, as\u00ed como para reconocer una tradici\u00f3n de la que sin duda tambi\u00e9n ten\u00edamos mucho que aprender. Con el paso de los a\u00f1os, a medida que nuevos programas empezaron a surgir en Am\u00e9rica Latina, result\u00f3 cada vez m\u00e1s claro que nuestra disciplina no era tanto la &#8220;escritura creativa&#8221;, ya que, puestos a reflexionar, casi todo tipo de escritura es creativa. Lo nuestro era (y sigue siendo) la creaci\u00f3n de literatura. De modo que empec\u00e9 a usar el t\u00e9rmino &#8220;creaci\u00f3n literaria&#8221; que escuch\u00e9 usar de manera certera al escritor mexicano Luis Arturo Ramos.<\/p>\n<p>La segunda dificultad era la antigua pregunta: \u00bfse puede ense\u00f1ar a escribir? Como dije l\u00edneas arriba, la respuesta que yo hab\u00eda cre\u00eddo tener clara hasta entonces era un rotundo no. Uno nace con el talento para escribir. El problema con aquella postura, encapsulada en la pregunta, es que esta usa el t\u00e9rmino \u201cescribir\u201d para cubrir un terreno muy grande, algo as\u00ed como decir \u201cAmazonia\u201d para referirse a regiones tan distintas como la ciudad de Pucalpa a orillas de Ucayali, as\u00ed como la ciudad de Bel\u00e9m frente al fabuloso estuario a orillas del Oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico.<\/p>\n<p>La pregunta \u201c\u00bfse puede ense\u00f1ar a escribir?\u201d es en realidad una mala condensaci\u00f3n de tres preguntas diferentes. Si entendemos escribir como la habilidad de convertir en escritura cualquier expresi\u00f3n del lenguaje, queda claro que la mayor\u00eda de seres humanos puede aprender a escribir, por lo menos tanto como le haga falta en su vida diaria. Si entendemos escribir, en el sentido literario, como una capacidad de usar el lenguaje de manera fresca, inesperada, que adem\u00e1s d\u00e9 luces sobre nuestra experiencia com\u00fan en este mundo, entonces uno debe aceptar que hay quienes nacen con una cierta aptitud, as\u00ed como hay quienes nacen con buen o\u00eddo para la m\u00fasica. Esa aptitud, sin embargo, lejos de ser una expresi\u00f3n binaria, tiene infinitas variantes. Lo cual hace posible que quien tenga una modesta aptitud pueda desarrollarla con mucha pr\u00e1ctica. De hecho, muchos escritores admirables han logrado serlo a base de mucho trabajo, como es el caso del estilista Isaac Babel, que, seg\u00fan se cuenta, reescrib\u00eda sus cuentos docenas de veces antes de su publicaci\u00f3n. Por \u00faltimo, la pregunta tambi\u00e9n puede entender \u201cescribir\u201d como la serie de conocimientos t\u00e9cnicos que quien escribe literatura debe dominar. En este \u00faltimo caso no hay duda alguna de que todos tienen que aprenden a escribir.<\/p>\n<p>La otra complicaci\u00f3n para responder esa pregunta es si uno entiende el \u201cescribir\u201d como la capacidad para crear una obra maestra. Esto \u00faltimo, por supuesto, es dif\u00edcil de lograr, inclusive para quienes han practicado mucho tiempo el oficio. Pero tambi\u00e9n, hay que considerar que la calidad literaria depende de muchos factores, empezando por la idea misma de la literatura. Existe un rango significativo, no lineal, que abarca la literatura. Desde aquellos textos que se escriben con el exclusivo prop\u00f3sito de entretener, hasta aquellos que exploran los l\u00edmites de lo que puede con la palabra escrita, pasando por los textos escritos para responder el momento cultural.<\/p>\n<p>De modo que la respuesta a la pregunta \u201c\u00bfse puede ense\u00f1ar a escribir?\u201d es un categ\u00f3rico: s\u00ed, se puede, con el proviso de que la calidad de la escritura depender\u00e1 del <i>modicum<\/i> de aptitud inicial, compuesto, a la manera del inter\u00e9s compuesto, por el tiempo de aprendizaje. Recordando a Pablo Neruda, podr\u00edamos arriesgarnos a decir que el aprendizaje necesita una \u201cardiente paciencia\u201d, un aprendizaje que es m\u00e1s efectivo cuando lo dirige alguien con m\u00e1s experiencia, idealmente en un programa de creaci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p>Desde el a\u00f1o 2007, cuando publiqu\u00e9 mi segunda novela, empec\u00e9 a ense\u00f1ar en la maestr\u00eda biling\u00fce en Creaci\u00f3n Literaria de la Universidad de Texas en El Paso. Eleg\u00ed ense\u00f1ar en ese programa debido a que era el \u00fanico programa biling\u00fce en el mundo (todav\u00eda lo es), lo cual implicaba que tendr\u00edamos en el aula tanto estudiantes que escrib\u00edan en ingl\u00e9s como estudiantes trabajando en espa\u00f1ol. Por otro lado, hab\u00eda (todav\u00eda es el caso) la intenci\u00f3n de aceptar estudiantes de las am\u00e9ricas, creando un peque\u00f1o universo donde el aprendizaje funciona a dos niveles: por un lado, aprender a escribir; por el otro, aprender sobre las tradiciones literarias que los estudiantes traen de sus respectivos pa\u00edses.<\/p>\n<p>Para entonces, aparec\u00edan nuevos programas de creaci\u00f3n literaria en Am\u00e9rica Latina, as\u00ed como en Europa, lo cual confirmaba la idea de que no solo se puede ense\u00f1ar a escribir, sino que tambi\u00e9n hay muchos futuros escritores interesados en aprender. Estas noticias felices tambi\u00e9n me obligaron a reconsiderar mis objetivos al momento de ense\u00f1ar, cosa que, gracias a la gran tradici\u00f3n sobre creaci\u00f3n literaria en los Estados Unidos, no era nada f\u00e1cil. Si bien es cierto que no resulta dif\u00edcil percibir un cierto corpus de los que uno debe incluir en la ense\u00f1anza (desde el uso del punto de vista hasta el efecto emotivo de un texto), tambi\u00e9n hab\u00eda empezado a notar ciertas ausencias.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 la m\u00e1s importante era que, aunque la literatura es una forma de expresi\u00f3n art\u00edstica que depende mucho de lo que ocurre en el mundo interior de los personajes, hab\u00eda muy poco sobre los aspectos t\u00e9cnicos de dicha representaci\u00f3n. Es cierto que los modernistas, desde Virginia Woolf hasta William Faulkner, hab\u00edan explorado el proceso. Tambi\u00e9n es cierto que muchos escritores latinoamericanos, como Mario Vargas Llosa, hab\u00edan usado recursos semejantes. No obstante, no hab\u00eda casi nada al respecto en los textos sobre creaci\u00f3n literaria disponibles hasta entonces. Los m\u00e1s aventurados hac\u00edan alusiones sobre el uso del estilo indirecto libre, pero sin ahondar demasiado en su rol fundamental al momento de representar el mundo interior de los personajes. De modo que empec\u00e9 un proceso de b\u00fasqueda que me oblig\u00f3 a crear un curso nuevo que, en ingl\u00e9s, he llamado Minding Fiction, aprovechando el doble significado del t\u00e9rmino <i>minding<\/i>. Como este, he desarrollado otros cursos que a\u00f1aden, modestamente, a la experiencia de nuestros estudiantes, abordando temas que no se encuentran f\u00e1cilmente en otros textos.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 una de las experiencias m\u00e1s fruct\u00edferas de ense\u00f1ar creaci\u00f3n literaria sea el descubrir esos vac\u00edos, que nos alientan a contribuir, en la medida de nuestras modestas posibilidades, con lo que nos parezca la mejor manera de abordarlos. En estos d\u00edas, por ejemplo, trabajo en un texto para mis estudiantes en el que trato de aclarar, con suerte, la idea de \u201cestructura\u201d en un texto literario.<\/p>\n<p>En paralelo, despu\u00e9s de ense\u00f1ar creaci\u00f3n literaria por unos a\u00f1os, empec\u00e9 a comprender que \u201cescribir\u201d no solo abarcaba los tres aspectos a los me he referido l\u00edneas arriba. Hab\u00eda otro, mucho m\u00e1s importante: la pr\u00e1ctica de la escritura. Es dif\u00edcil competir con las versiones cinematogr\u00e1ficas en las que uno ve a una escritora escribir una novela de manera casi autom\u00e1tica, sin esfuerzo, para concentrarse m\u00e1s bien en el proceso posescritural: la presentaci\u00f3n del libro, las entrevistas, las apariciones p\u00fablicas, el descubrimiento de un inter\u00e9s rom\u00e1ntico, etc\u00e9tera. La realidad es que quien escribe sabe que todo lo posescritural es solo un breve momento comparado con el tiempo que hace falta para escribir un libro (en algunos casos d\u00e9cadas).<\/p>\n<p>De modo que ense\u00f1ar a escribir tambi\u00e9n implica, de manera urgente, comunicar a los estudiantes que se est\u00e1n embarcando en una pr\u00e1ctica cuya mayor recompensa es el proceso mismo de escribir. La publicaci\u00f3n, as\u00ed como todas las actividades posescriturales, son un resultado, un efecto secundario. Este aspecto, en mi experiencia, es el m\u00e1s dif\u00edcil de ense\u00f1ar, ya que, de manera totalmente comprensible, quien empieza a escribir quiere, de manera entusiasta, publicar cuanto antes, imaginando, adem\u00e1s, todo lo que ocurre fuera del espacio de escritura. Tambi\u00e9n era mi caso cuando empec\u00e9 a escribir. Sin embargo, uno no cumple su labor como instructor si no incluye, en esta, una conversaci\u00f3n sobre la idea de que la escritura es su propia recompensa, adem\u00e1s de un privilegio.<\/p>\n<p>Una forma de afrontar semejante reto es abordar la idea del \u201cescritor profesional\u201d. Uso el t\u00e9rmino de manera deliberada en el aula de clases, aclarando dos cosas. La primera es que hay que pensar en el t\u00e9rmino \u201cprofesional\u201d en el sentido de quien practica una actividad de manera habitual, en general con la intenci\u00f3n de ganarse la vida. La segunda es que tambi\u00e9n significa llevar a cabo una actividad con los mayores est\u00e1ndares del oficio. De modo que \u201cescritor profesional\u201d es aquel que escribe de manera habitual tratando de hacerlo con el mayor grado de competencia posible.<\/p>\n<p>En cierta medida, se podr\u00eda decir que, as\u00ed como quien escribe puede ya considerarse escritor, al margen de su desarrollo art\u00edstico, tambi\u00e9n quien se asume como escritor profesional es quien ha abrazado la pr\u00e1ctica de la escritura como un ejercicio constante tratando de producir el mejor trabajo posible. En eso tenemos mucho en com\u00fan con los orfebres. La diferencia radica en que nuestra orfebrer\u00eda est\u00e1 hecha de palabras.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es importante recordar que la creaci\u00f3n literaria es una pr\u00e1ctica art\u00edstica. Como tal, adem\u00e1s de los aspectos t\u00e9cnicos que uno puede aprender, de la pr\u00e1ctica que uno puede adoptar, est\u00e1 esa \u201cimpresi\u00f3n personal del mundo\u201d como llamaba Henry James, que es lo que la literatura est\u00e1 en mejor posici\u00f3n de ofrecer. Se trata de un trabajo de descubrimiento individual, que puede recibir el apoyo de un programa de creaci\u00f3n literaria, pero que, como toda postura intelectual, depender\u00e1 mucho de la b\u00fasqueda personal de cada estudiante.<\/p>\n<p>Llega el momento, sin embargo, inclusive si todo va bien, en que un estudiante sale de un programa de creaci\u00f3n literaria para entrar al mundo. Es entonces que quiz\u00e1 como en cualquier otra especialidad, uno tiene que darse por satisfecho de haber se\u00f1alado el camino, siempre con la mejor intenci\u00f3n posible, sabiendo muy bien que los mejores estudiantes abrir\u00e1n el suyo propio. En algunos casos, ampliar\u00e1n, con su propia pr\u00e1ctica, gracias a su impresi\u00f3n personal del mundo, lo que entendemos por literatura. Cuando eso ocurre hay que celebrar, ya que hace de la literatura una metr\u00f3polis m\u00e1s grande, m\u00e1s inclusiva, sin centro ni periferia: una ciudad a la que todos quienes escribimos tenemos el mismo derecho a pertenecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Oceanside, California, abril de 2021<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando empec\u00e9 a escribir, a fines de los a\u00f1os 90, lo \u00faltimo que se me habr\u00eda ocurrido era consultar si hab\u00eda un programa universitario dise\u00f1ado para ense\u00f1ar creaci\u00f3n literaria. Durante mi larga experiencia como lector, con algunos episodios de escritura espont\u00e1nea, hab\u00eda disfrutado de la literatura a la sombra de las opiniones comunes en Am\u00e9rica Latina durante el siglo xx. La m\u00e1s importante, por supuesto, es que la escritura es un don. Hay quienes lo tienen. Los dem\u00e1s, ni siquiera deber\u00edan intentarlo. No conoc\u00eda entonces la larga tradici\u00f3n de programas de creaci\u00f3n literaria en los Estados Unidos. Quiz\u00e1, si alguien los hubiera mencionado, habr\u00eda dicho que m\u00e1s que verdaderos programas para formar escritores, eran una expresi\u00f3n m\u00e1s del talante norteamericano capaz de mecanizar inclusive el arte. Entonces me top\u00e9 con <i>The Art of Fiction<\/i> de John Gardner. 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