{"id":4750,"date":"2021-08-28T06:46:30","date_gmt":"2021-08-28T12:46:30","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/08\/clarice-lispector-beyond-grip-theory-guillermo-cerceau\/"},"modified":"2023-05-26T17:41:41","modified_gmt":"2023-05-26T23:41:41","slug":"clarice-lispector-beyond-grip-theory-guillermo-cerceau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/08\/clarice-lispector-beyond-grip-theory-guillermo-cerceau\/","title":{"rendered":"&#8220;Clarice Lispector: Fuera de las garras de la teor\u00eda&#8221; de Guillermo Cerceau"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>Durante casi toda la segunda mitad del siglo pasado, una parte considerable de la literatura latinoamericana fue prisionera de la convicci\u00f3n de que, para ser tomada en cuenta, deb\u00eda cumplir con las exigencias que las teor\u00edas literarias \u2014sobre todo de origen franc\u00e9s\u2014 impon\u00edan al mundo. Dejando de lado los casos pat\u00e9ticos de emuladores del <i>nouveau roman<\/i> franc\u00e9s, varias generaciones de novelistas sufrieron el imperativo del \u201cflujo de la conciencia\u201d, de la \u201cmetaficci\u00f3n\u201d, de la \u201cpura objetividad\u201d o sus respectivos opuestos, y crearon un universo literario que, con contad\u00edsimas excepciones, posee esa caracter\u00edstica que alguna vez Borges us\u00f3 a prop\u00f3sito de la literatura argentina: la de ser prescindible. Lo que funcionaba en la Ciudad Luz no pod\u00eda trasladarse a nuestras latitudes sino como remedo o caricatura. En Par\u00eds los escritores y los te\u00f3ricos coincid\u00edan a veces en la misma persona y casi siempre en los mismos c\u00edrculos sociales y culturales, lo que quiere decir que compart\u00edan y a la vez creaban los prejuicios imperantes que se sosten\u00eda con un mercado editorial complaciente y una legi\u00f3n de lectores cuyas preferencias eran moldeadas por la publicidad.<\/p>\n<p>Nuestra realidad en esos a\u00f1os era totalmente otra. Aquellos escritores que devoraban sucesivamente a Sartre, Barthes, Foucault o Derrida y a sus disc\u00edpulos, compet\u00edan por escribir <i>comme il faut<\/i> sin una industria editorial que los apoyara ni unos lectores envilecidos por el <i>marketing<\/i>. En Venezuela, Argentina, Brasil o M\u00e9xico los ejemplos son demasiado conspicuos para enumerarlos y solo nos demoramos en el tema porque al placer que nos brindan las obras de los grandes escritores hay que agregar la sorpresa muy grata de comprobar que hicieron muy poco caso, si alguno, de las modas que impusieron las editoriales y los profesores de literatura. Entre estos grandes autores se encuentra Clarice Lispector, en cuya ampl\u00edsima obra que nace en su adolescencia y no deja de crecer hasta su muerte se encontrar\u00e1n muy pocas concesiones deliberadas o involuntarias a los t\u00f3picos de la cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Si se quiere, y contrario a las especulaciones de algunos feministas, Lispector encajaba voluntaria y empecinadamente en el estereotipo de la mujer tradicional de la clase media latinoamericana, lo que no solo no representaba ninguna verg\u00fcenza para ella ni, por lo tanto, ninguna necesidad de justificarse, sino que lo asum\u00eda con aut\u00e9ntica dedicaci\u00f3n, como un deber que inclu\u00eda, principalmente, el de ser hermosa, elegante, refinada: una mujer que \u201ccualquier hombre quisiera como esposa\u201d. Para ser hermosa no tuvo que esforzarse mucho. Su rostro encantador, su soberbia figura, delicada y llamativa sin ser exageradamente voluptuosa, ejerc\u00edan tanto la atracci\u00f3n er\u00f3tica como la admiraci\u00f3n est\u00e9tica y pod\u00eda recibir los halagos de un adolescente lujurioso, de un caballero cort\u00e9s o de un amigo homosexual, para no mencionar a las mujeres que la admiraban o envidiaban. Mujer hermosa, modesta, elegante; esposa ejemplar, madre dedicada, hija piadosa en el sentido muy especial de la familia jud\u00eda; Clarice comenz\u00f3 escribiendo en las revistas llamadas \u201cdel coraz\u00f3n\u201d, donde daba consejos de belleza, moda, y otros temas de inter\u00e9s femenino, a mujeres de todas las edades que llegaron a adorarla. De otra manera y en circunstancias completamente diferentes, no desentonar\u00eda en su dimensi\u00f3n femenina, en su belleza y en su talento, con nuestra <i>se\u00f1orita que escribi\u00f3 porque se fastidiaba <\/i>(al decir de Teresa de la Parra).<\/p>\n<p>Para quienes puedan pensar que estas actividades \u201cfr\u00edvolas\u201d, que realizaba amparada en varios seud\u00f3nimos, pudiera haber sido una ocupaci\u00f3n sin mayor entusiasmo, que no se tomaba en serio o que consideraba por debajo de sus aspiraciones literarias, cito parcialmente a la periodista argentina Mar\u00eda Mansilla: \u201cSu biblioteca fue testigo de que se lo tomaba muy en serio (\u2026). Despu\u00e9s de su muerte, all\u00ed quedaron libros como <i>Ricettario domestico<\/i>, <i>Enciclopedia moderna per la donna e per la casa<\/i>, <i>The Homemaker\u2019s Enciclopedia: Personal Beauty and Charm<\/i>, <i>Beleza e personalidade: o livro azul da mulher<\/i>\u201d. Claro est\u00e1, en su biblioteca, hoy custodiada por el Instituto Moreira Salles de S\u00e3o Paulo, tambi\u00e9n quedaron Spinoza, Tolstoy, Kafka, Machado de Assis, James Joyce, Katherine Mansfield y Herman Hesse, entre muchos otros autores.<\/p>\n<p>Pero nada de lo anterior puede servirnos, ayudarnos o siquiera darnos alguna pista para entender su literatura, y por entender no queremos decir descifrar sus textos ni ser capaces de pensar el tr\u00e1nsito entre esta vida relativamente mediocre en la que suceden muy pocas cosas y una de las obras m\u00e1s luminosas que se hayan producido en el siglo XX. Me resulta desagradable hacer esta aclaraci\u00f3n, que para algunos es importante, porque la \u00fanica raz\u00f3n para plantear este falso problema es que se trata de una mujer, de una mujer hermosa, seductora y discreta, es decir, de una mujer que encierra en su humanidad todas las contradicciones asociadas tradicionalmente con el sexo femenino. Pocos, que yo sepa, se interrogan por la distancia entre la mediocridad vital de Jorge Luis Borges y su magn\u00edfica e insuperable obra, como no lo hacen por Fernando Pessoa o tantos otros autores que carecen de la vida m\u00e1s o menos heroica de un Hemingway, de un Andr\u00e9 Gide o de cualquier otro creador. Por <i>entender<\/i> queremos simplemente referirnos a esa necesidad de discernir l\u00edneas de fuerza, modos expresivos, puntos de ruptura. Discernir, no explicar ni mucho menos ponerle la lupa de alg\u00fan esquema te\u00f3rico.<\/p>\n<p>Si se ha le\u00eddo a Lispector (a Kafka, a Dostoievski, a Rilke) se ha sufrido una metamorfosis espiritual, un renacimiento muy secreto, como le sucede al reptil que muda de piel o al creyente que ve a su dios. Es absolutamente imposible ser la misma persona antes y despu\u00e9s de transitar las p\u00e1ginas de <i>La pasi\u00f3n seg\u00fan G.H<\/i>., <i>Agua viva<\/i> o cualquiera de sus muchos relatos y novelas, todos intensos y de manera extra\u00f1a, compactos, casi breves, todos inolvidables, inconfundibles, perfectos. En algunos casos, en muchos, no hay una historia discernible, o simplemente no hay historia en el sentido com\u00fan de un argumento que se desarrolla, pasa por diversas etapas y nos lleva como un mar hasta la orilla. M\u00e1s que orillas a las que somos arrojados, sus libros son el propio mar, ese que Octavio Paz nos hace inteligible cuando nos dice que <i>su forma es su movimiento<\/i>. En Lispector (y con seguridad, en toda literatura verdadera) no hay una forma definida de antemano; es el propio movimiento de las palabras, esa oscilaci\u00f3n que empujan los vientos y contrae la gravitaci\u00f3n del esp\u00edritu lo que dibuja su forma. Pura materia verbal, su \u00fanica metaf\u00edsica es ser materia y esp\u00edritu en una sola cosa que parece se narrara sola. En ese mar de palabras hay personajes que no dejan de ser aspectos parciales de la autora, fragmentos involuntarios de una biograf\u00eda que duda entre el secreto y la confesi\u00f3n. Cada tanto, casi cada tres o cuatro p\u00e1ginas, una observaci\u00f3n definitiva sobre cualquier cosa que, lejos de parecer un injerto casual, envuelve y da sentido a lo que le antecede.<\/p>\n<p>Queremos en estas breves l\u00edneas se\u00f1alar uno de los aspectos de la obra de Lispector al que hemos sido m\u00e1s sensibles; no pretendemos que estas consideraciones agoten o definan su obra. Se trata de la alternancia entre la descripci\u00f3n del mundo cotidiano de la mujer, descripci\u00f3n cargada de ternuras asombrosas, de la minuciosa observaci\u00f3n del detalle que a los dem\u00e1s se les presenta como trivial por una parte, y la s\u00fabita y muy frecuente aparici\u00f3n de los estratos m\u00e1s profundos del ser, de los hallazgos innumerables de su inteligencia y sensibilidad agud\u00edsimas. Para tal efecto comentaremos dos breves pasajes de dos obras lejanas entre s\u00ed, en lo formal, en lo tem\u00e1tico y en lo temporal.<\/p>\n<p>Comencemos con <i>El origen de la primavera o la muerte necesaria en pleno d\u00eda<\/i>, del <i>Libro de los placeres<\/i>, donde se encuentra este p\u00e1rrafo:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Una vez m\u00e1s, en sus titubeos confusos, lo que la tranquiliz\u00f3 fue lo que tantas veces le serv\u00eda de sereno apoyo: que todo lo que exist\u00eda, exist\u00eda con una precisi\u00f3n absoluta y en el fondo lo que ella terminase por hacer o no hacer no escapar\u00eda a esa precisi\u00f3n, aquello que fuese del tama\u00f1o de la cabeza de un alfiler, no sobrepasar\u00eda ni una fracci\u00f3n de mil\u00edmetro m\u00e1s all\u00e1 del tama\u00f1o de una cabeza de alfiler: todo lo que exist\u00eda era de una gran perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este fragmento es precedido por un prolongado comienzo que describe o narra lo que pudieran ser los rituales del <i>boudoir<\/i> de cualquier mujer ocupada en los perfumes y el vestido apropiados para el encuentro con el hombre que ama. Aunque carece de iron\u00eda, la situaci\u00f3n encaja en la imaginaci\u00f3n empobrecida de lo que se supone es el universo femenino, cuando nos encontramos con este p\u00e1rrafo casi que <i>fuera de lugar<\/i>: modesto, casi susceptible de ser pasado por alto, hace aflorar la profundidad misteriosa de la escritura de Lispector. Donde la cr\u00edtica ve el flujo de la conciencia y la transgresi\u00f3n de la sintaxis, elementos formales intrascendentes, nosotros encontramos un patr\u00f3n que se repetir\u00e1 una y otra vez: lo cotidiano y predecible interrumpido, con diversos grados de violencia, por el magma subterr\u00e1neo de una verdad que se manifiesta inesperadamente.<\/p>\n<p>Veamos ahora un caso diferente. En una de sus \u00faltimas obras, <i>Agua viva<\/i>, encontramos esta oraci\u00f3n, casi un poema: \u201cS\u00e9 qu\u00e9 estoy haciendo aqu\u00ed: cuento los instantes que gotean y son de sangre densa\u201d.<\/p>\n<p>Esta novela se presta con generosidad al descubrimiento de s\u00edmbolos, peculiaridades sint\u00e1cticas, niveles del discurso, entre otras muchas cosas. Nada de eso, sin embargo, nos interesa: nos dejamos llevar por esa voz intensa e ininterrumpida que fluye como la sangre de una herida o como el mar que insiste, desde el comienzo de los tiempos, en romper contra las barreras de corales. Aqu\u00ed no existe lo cotidiano que antes se\u00f1alamos, aqu\u00ed todo es erupci\u00f3n y misterio; tal vez m\u00e1s que una exploraci\u00f3n formal se trate del hallazgo irrepetible de una voz, de un ritmo, de una entonaci\u00f3n. Si en <i>El libro de los placeres<\/i> nos dejamos arrastrar por la reiteraci\u00f3n obsesiva de los rituales de lo cotidiano, porque suponemos y terminamos convencidos de que esa monoton\u00eda sufrir\u00e1 sobresaltos, en <i>Agua viva<\/i> permanecemos anclados a la intensidad de una voz que no parece darnos tregua y que solo nos da un respiro para arremeter con m\u00e1s fuerza. Lispector recurre a ambas estrategias narrativas, seguramente sin plena conciencia de ello; esta oscilaci\u00f3n entre modos de escritura encuentra extremos como en los ejemplos que hemos mencionado, donde se excluyen sin posibilidad de conciliaci\u00f3n, pero una lectura atenta de toda su obra revelar\u00e1 que estos extremos se alternan, entremezclan y luchan entre s\u00ed porque no son otra cosa que el reflejo exterior de su mundo privado, como lo dice ella misma en alguna parte.<\/p>\n<p>La excelente biograf\u00eda de Benjamin Moser, <i>Por qu\u00e9 este mundo<\/i>, no solo supera a las muchas que le preceden (y a las que agradece con generosidad), aunque solo sea por el privilegio de ser la m\u00e1s reciente, sino que insiste en algunos temas que Lispector se empe\u00f1\u00f3 toda su vida en evadir o al menos en desviar la mirada. Su clara y aguda percepci\u00f3n de sus or\u00edgenes jud\u00edos, que cada tanto se hace visible en sus temas y obsesiones, pero tambi\u00e9n su incomprensible neutralidad frente al antisemitismo, una tolerancia muy similar a la que muestra otro jud\u00edo entre gentiles enemigos, Mijail Sebastian. Su hoy c\u00e9lebre diario, documento insustituible para comprender una \u00e9poca, un diario personal que no pretend\u00eda publicar y que la dedicaci\u00f3n de los estudiosos sac\u00f3 a la luz luego de un largo olvido, nos asombra con el registro de su resignaci\u00f3n, su tolerancia casi suicida hacia los fascistas rumanos, entre los que por cierto se encuentran celebridades como Emil Cioran, Mircea Eliade o Camil Petrescu, todos antisemitas furibundos y partidarios de los nazis: Sebastian relata con amargura las opiniones y acciones de quienes eran sus amigos de juventud, con una fidelidad conmovedora. Sin duda no fueron las circunstancias de Lispector, pero sus muchas amistades del movimiento integrista, su frecuentaci\u00f3n de c\u00edrculos sociales donde el antisemitismo y el fascismo eran ventilados con simpat\u00eda, nos presentan la misma ceguera, la misma aceptaci\u00f3n pasiva de alguien que pudo llegar a ser v\u00edctima de espantosas crueldades y a quien salvaron los hechos fortuitos de la historia.<\/p>\n<p>\u00bfNo hay acaso en esta actitud un elemento de cobard\u00eda o de complicidad? Nada parece justificar esta pregunta, ninguna an\u00e9cdota conocida, ninguna palabra dicha o escrita, pero su enunciaci\u00f3n, seguramente injusta, se me impone como un golpe en la frente. Creo, sin embargo, que la lucidez puede a veces, parad\u00f3jicamente, contaminarse de ceguera, tal vez porque se imagina como el \u00fanico modo de evitar el terror. Nada, sin embargo, empa\u00f1a la felicidad, los m\u00faltiples alumbramientos, las horas convertidas en eternidades que le debo a esta extraordinaria escritora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\">Foto: Clarice Lispector, escritora brasile\u00f1a, 1964. Cr\u00e9dito: Arquivo L\u00eado Ivo \/ Instituto Moreira Salles.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante casi toda la segunda mitad del siglo pasado, una parte considerable de la literatura latinoamericana fue prisionera de la convicci\u00f3n de que, para ser tomada en cuenta, deb\u00eda cumplir con las exigencias que las teor\u00edas literarias \u2014sobre todo de origen franc\u00e9s\u2014 impon\u00edan al mundo. 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