{"id":4742,"date":"2021-08-27T23:52:02","date_gmt":"2021-08-28T05:52:02","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/08\/where-rocinantes-go-die-victor-carreno\/"},"modified":"2023-05-26T17:41:52","modified_gmt":"2023-05-26T23:41:52","slug":"where-rocinantes-go-die-victor-carreno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/08\/where-rocinantes-go-die-victor-carreno\/","title":{"rendered":"&#8220;Donde van a morir los Rocinantes&#8221; de V\u00edctor Carre\u00f1o"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>En su discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Nobel, Joseph Brodsky dijo que recibirlo fue realizar el viaje m\u00e1s largo entre San Petersburgo y Estocolmo. Esta circunstancia no le extra\u00f1aba porque hac\u00eda tiempo que hab\u00eda dejado de serle atractiva la idea de que la l\u00ednea recta era la distancia m\u00e1s corta entre dos puntos. Y le agradaba descubrir que la (impredecible) geograf\u00eda, que lo hab\u00eda llevado al exilio en los Estados Unidos, era capaz de justicia po\u00e9tica. Una de las met\u00e1foras que Brodsky eligi\u00f3 para el exilio es la del extrav\u00edo, o la de la l\u00ednea recta que se convierte en selva, una met\u00e1fora que ya us\u00f3 Dante. Quisiera partir de esa met\u00e1fora para hablar de la experiencia que a algunos escritores latinoamericanos les ha tocado vivir como profesores en Estados Unidos. Es el tema de <i>Donde van a morir los elefantes<\/i>, de Jos\u00e9 Donoso, novela que narra desde el punto de vista del chileno Gustavo Zuleta, profesor invitado en la Universidad de San Jos\u00e9, un pueblo en medio del desierto del Medioeste, las tensiones entre la cultura anglosajona y la cultura latinoamericana. Las batallas identitarias entre los grupos humanos siempre han existido, pero quiz\u00e1 este conflicto esconda otro menos anecd\u00f3tico y m\u00e1s importante. En la novela de Donoso, la actividad del profesor Gustavo Zuleta como escritor es m\u00e1s bien marginal. En el ep\u00edlogo, Zuleta confiesa que ha escrito su novela en secreto desde Chile, al terminar su periodo de profesor visitante en Estados Unidos, y ha sentido la tentaci\u00f3n de ocultarse detr\u00e1s de heter\u00f3nimos, como Pessoa. Confiesa tambi\u00e9n que el arte no es tribuna y solo una manera de \u201calejar un poco el muro donde comienza la oscuridad\u201d.<\/p>\n<p>Brodsky dec\u00eda que la pol\u00edtica y la poes\u00eda solo tienen en com\u00fan la letra p, con lo que acaso se burlaba del poeta comprometido y suger\u00eda a la vez el da\u00f1o que la pol\u00edtica hace a los poetas. No cabe duda de que cuando la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica decret\u00f3 su expulsi\u00f3n a Occidente, pudo desarrollar una carrera m\u00e1s libre como escritor en Estados Unidos. Sin embargo, trabaj\u00f3 en varias universidades, lo que indica cierta inestabilidad o dificultad para adaptarse. Solomon Volkov, quien public\u00f3 un libro de conversaciones con el poeta ruso, revel\u00f3 lo que un profesor de Harvard le dijo una vez muy irritado. Ciertas ideas de Brodsky violaban los derechos civiles de los estudiantes, seg\u00fan el profesor. Exigir memorizar poemas era un castigo cruel y absurdo, cuando esos poemas pod\u00edan encontrarse en la biblioteca, a diferencia de lo que ocurr\u00eda en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. La an\u00e9cdota sorprende por la situaci\u00f3n misma y por el desencuentro entre dos culturas muy diferentes. Brodsky, hasta donde s\u00e9, no habl\u00f3 mucho de su situaci\u00f3n como escritor que ahora deb\u00eda ser profesor en el extranjero. No es dif\u00edcil saber qui\u00e9n ten\u00eda m\u00e1s que perder en ese escenario universitario.<\/p>\n<p>Pero dejemos al poeta-profesor Brodsky para dirigir ahora la mirada a Am\u00e9rica Latina. La lista de los profesores latinoamericanos que se han residenciado en los Estados Unidos es larga y su contribuci\u00f3n a la investigaci\u00f3n y la ense\u00f1anza en las universidades pasar\u00e1 a la historia. La lista de escritores latinoamericanos que han abandonado su pa\u00eds para trabajar como profesores en las universidades norteamericanas es m\u00e1s reducida. Por la cercan\u00eda geogr\u00e1fica e hist\u00f3rica, la huida hacia Estados Unidos ha sido una de las rutas m\u00e1s transitada, aunque no la \u00fanica. Pero la l\u00ednea a menudo tambi\u00e9n se ha convertido en selva, en territorio de confusi\u00f3n y malentendidos.<\/p>\n<p>La obra de algunos de estos escritores es con frecuencia herm\u00e9tica, barroca o rezuma insatisfacci\u00f3n existencial. Los primeros nombres que acuden a mi mente son cubanos: Heberto Padilla, Antonio P\u00e9rez Ben\u00edtez Rojo, Jos\u00e9 Prats Sariol. Pero pienso tambi\u00e9n en varios escritores del Cono Sur. Aunque no hayan venido siempre en condici\u00f3n de perseguidos pol\u00edticos, han sufrido los traumas de las dictaduras y a la vez han expresado cierta extra\u00f1eza al insertarse en el ambiente universitario de Estados Unidos. Ricardo Piglia es el caso m\u00e1s conocido, pero no es el \u00fanico. Por \u00faltimo, pienso tambi\u00e9n en las novelas <i>Moronga<\/i> (2018), de Horacio Castellanos Moya, o en <i>Ll\u00e9vame esta noche <\/i>(2020), de Miguel Gomes, en las que un profesor latinoamericano que vive y no termina de adaptarse a los Estados Unidos, lucha contra los fantasmas de la memoria (la historia de la guerra civil de El Salvador, la del chavismo en Venezuela). Esta extra\u00f1eza se suele describir como cultural, pero intento llamar la atenci\u00f3n sobre algo menos evidente, algo que acaso tenga que ver con el extra\u00f1o para s\u00ed mismo en que se convierte un extranjero. Me concentrar\u00e9 en esta ocasi\u00f3n en el caso de los tres escritores cubanos mencionados.<\/p>\n<p>Heberto Padilla (1932-2000), como muchos intelectuales, apoy\u00f3 la Revoluci\u00f3n cubana al principio. Luego cay\u00f3 en desgracia cuando su libro <i>Fuera del juego<\/i> recibi\u00f3 un premio de un concurso literario en Cuba en 1968. El libro hac\u00eda una s\u00e1tira del discurso de la Revoluci\u00f3n y pronto Padilla fue objeto de persecuci\u00f3n. En 1971, estuvo casi cuarenta d\u00edas detenido entre la Seguridad del Estado y el Hospital Militar, sometido a torturas f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas, como medio de presi\u00f3n para que redactara y memorizara una confesi\u00f3n p\u00fablica de sus \u201cerrores imperdonables\u201d por haber \u201cdifamado\u201d al r\u00e9gimen con sus cr\u00edticas. Lo que sigui\u00f3 a este acto p\u00fablico, que fue transmitido por televisi\u00f3n, es bien conocido. Los intelectuales de la izquierda internacional se dividieron por el \u201ccaso Padilla\u201d: unos se solidarizaron con el escritor y retiraron su apoyo a la Revoluci\u00f3n cubana, otros hicieron lo contrario y reafirmaron su adhesi\u00f3n a la misma. Cuando Padilla logr\u00f3 por fin conseguir la autorizaci\u00f3n oficial de abandonar Cuba y residenciarse en los Estados Unidos, ense\u00f1\u00f3 en algunas universidades y en sus \u00faltimos a\u00f1os ense\u00f1aba en Auburn University, cuando muri\u00f3. Es decir: nunca consigui\u00f3 un puesto estable en las universidades. Para Guillermo Cabrera Infante, despu\u00e9s de la humillaci\u00f3n que sufri\u00f3 como perseguido pol\u00edtico en Cuba, nunca se recuper\u00f3 emocionalmente y tuvo problemas de alcoholismo. Sea por los motivos que fueran, su vida en Estados Unidos termin\u00f3 en un fracaso. Pero no debemos ver su caso como un paradigma. Escritores cubanos que terminaron tambi\u00e9n como profesores en el exilio, pero con un desenlace diferente, son Jos\u00e9 Prats Sariol y Antonio P\u00e9rez Ben\u00edtez Rojo.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Prats Sariol (1946) tambi\u00e9n vio un signo de esperanza en el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista y el triunfo de la Revoluci\u00f3n cubana en 1959. La decepci\u00f3n fue progresiva, aunque vendr\u00eda por circunstancias diferentes. Prats Sariol ten\u00eda trece a\u00f1os cuando Fidel Castro lleg\u00f3 al poder, y le llev\u00f3 m\u00e1s tiempo madurar su ruptura y su futuro exilio de Cuba. Empez\u00f3 muy joven su trabajo como docente, en 1963, a los 17 a\u00f1os, en un momento cuando Padilla evolucionaba hacia una posici\u00f3n disidente, expresada en su libro <i>Fuera del juego<\/i>, ganador de un concurso en cuyo jurado estaba Lezama Lima. Durante la \u00e9poca en que Padilla fue detenido, Prats Sariol, estudiante universitario entonces, ten\u00eda como tema de tesis de grado la revista <i>Or\u00edgenes<\/i>, de la cual Lezama Lima fue uno de sus m\u00e1s importantes directores. Interesarse en ese momento, d\u00e9cada de 1970, en este \u00edcono de la cultura cubana, quien era visto con suma desconfianza por el poder pol\u00edtico en Cuba, pudo generar sospecha. Pero Lezama muere en 1976 y deja de ser motivo de alarma para el oficialismo. Prats Sariol continuar\u00e1 sus actividades como cr\u00edtico y narrador, pero procura mantener un bajo perfil. A mediados de la d\u00e9cada de 1990, se fue convirtiendo en una figura indeseable por su actividad intelectual. Le permiten abandonar la isla en 2003. Cuando comienza su exilio, tiene cincuenta y siete a\u00f1os. Pide asilo en M\u00e9xico, y posteriormente, consigue un puesto como profesor visitante en Arizona State University, trabajo que, como es usual, dura corto tiempo.<\/p>\n<p>Al terminarse su periodo como profesor visitante, Prats Sariol tiene m\u00e1s de sesenta a\u00f1os y es poco atractivo para una universidad norteamericana. Contin\u00faa viviendo en Estados Unidos, escribiendo y publicando, aunque ha hablado muy poco de su experiencia en el norte. Sin embargo, en \u201cLo cubano como enso\u00f1aci\u00f3n\u201d (2019), un ensayo sobre la identidad cubana a partir de algunas reflexiones de Cintio Vitier, dice: \u201c\u00bfQu\u00e9 arraigo puede haber para un emigrante forzado a adaptarse o perecer?\u201d. Habla del \u201cdespego\u201d, aunque le da un sentido diferente al que le da Vitier: \u201cLa disponibilidad para ir siempre a otra cosa y el escaso sentimiento nacionalista\u201d. El exilio como un encuentro sin apego (sin \u201ccredos o ideales\u201d) con el azar. Uno de sus libros publicados en sus \u00faltimos a\u00f1os se titula <i>Lezama Lima o el azar concurrente<\/i>. Azares del lenguaje: al hablar de los cubanos, Sariol usa la palabra \u201cemigrante\u201d. Los tiempos de la Guerra Fr\u00eda y el exilio inmediato pasaron para ellos. Los cubanos y venezolanos que cruzan desesperados las fronteras son ahora emigrantes, refugiados o desplazados. Pero en muchos de estos y otros casos las distinciones entre inmigrantes y exiliados latinoamericanos son borrosas, cuando sus vidas se ven amenazadas en sus pa\u00edses de origen.<\/p>\n<p>Antonio Ben\u00edtez Rojo (1931-2005) fue novelista, ensayista y cuentista. Su obra gan\u00f3 reconocimientos dentro y fuera de Cuba, siendo recordada sobre todo por sus libros <i>El mar de las lentejas<\/i> y <i>La isla que se repite<\/i>. Su \u00e9xito sorprende en primer lugar porque sus estudios universitarios en La Habana no fueron de literatura sino de econom\u00eda. Tanto \u00e9l como su esposa se identificaron con la Revoluci\u00f3n, pero se desenga\u00f1aron de ella a la mitad de la d\u00e9cada de 1960. El gobierno cubano autoriz\u00f3 a su esposa a viajar con sus dos hijos a Estados Unidos en 1967, ya que su hija requer\u00eda de tratamiento m\u00e9dico especial, pero no autoriz\u00f3 la salida de Antonio Ben\u00edtez Rojo. Esta separaci\u00f3n continuar\u00eda hasta 1980, cuando deserta de la delegaci\u00f3n diplom\u00e1tica cubana a la que acompa\u00f1aba en Par\u00eds, viaja a Estados Unidos y se reencuentra con su familia. Es el mismo a\u00f1o cuando Padilla, quien es de la misma generaci\u00f3n que Ben\u00edtez Rojo, llega a este pa\u00eds. Gracias a la mediaci\u00f3n de un amigo, Ben\u00edtez Rojo consigui\u00f3 un puesto como profesor de espa\u00f1ol en Amherst College, donde ense\u00f1ar\u00eda durante veinte a\u00f1os y ser\u00eda muy querido por sus estudiantes, como recuerda la revista de Amherst College en su sitio web. Una nota con la que quiz\u00e1 pudo contribuir en su redacci\u00f3n el autor antes de morir: suerte que le toc\u00f3 antes a su hija. La vida de Antonio Ben\u00edtez Rojo tiene un sabor agridulce. Pero m\u00e1s all\u00e1 de sus penurias personales, supo aprovechar la otra historia, la historia de colonialismos y desarraigos que aprendi\u00f3 muy temprano. Desde muchacho se interes\u00f3 por las novelas de piratas y aventuras del Caribe. Una cocinera de su casa hab\u00eda sido esclava y le contaba de los <i>orishas<\/i> del pante\u00f3n yoruba. Todo este material le sirvi\u00f3 para la ficci\u00f3n y luego en el exilio para publicar <i>La isla que se repite<\/i>, que le dio un amplio reconocimiento en las universidades norteamericanas. Este libro y <i>El mar de las lentejas<\/i> fueron traducidos el ingl\u00e9s con mucho \u00e9xito.<\/p>\n<p>En estas historias de extranjer\u00eda y exilio, hay un marcado contraste entre el caso de Padilla, por un lado, y el de Ben\u00edtez Rojo y Prats Sariol, por el otro. La obra de los tres quedar\u00e1, pero creo tambi\u00e9n que los diferentes exilios que vivieron influyeron en la evoluci\u00f3n de su escritura.\u00a0 Aunque Padilla invitaba a ver la historia con desconfianza, si leemos su autobiograf\u00eda <i>Mala memoria<\/i> comprobaremos que \u00e9l mismo quiso desafiar al r\u00e9gimen cubano con su libro. No previ\u00f3 que pudiera ser sometido a crueles torturas y pag\u00f3 un alto precio por hacer historia. Ya sea que atribuyamos su fracaso en el exilio a trauma, indisciplina o irreverencia contra todo orden establecido, nunca pareci\u00f3 muy satisfecho del desenlace de su desaf\u00edo individual contra un r\u00e9gimen totalitario. Y el impacto que tuvo su castigo en otros escritores es innegable. Ni Ben\u00edtez Rojo ni Prats Sariol desafiaron con la misma fuerza a la dictadura de Fidel Castro. El tiempo del intelectual como h\u00e9roe hab\u00eda terminado. En estos casos, la obra tiende a configurarse como testimonio o como s\u00edmbolo, o como un punto intermedio. Los libros de Padilla remiten directamente al trauma de la persecuci\u00f3n y la expulsi\u00f3n. Para Arcadio D\u00edaz Qui\u00f1ones, el motivo del n\u00e1ufrago, el que sobrevive al trauma en otra orilla, es un s\u00edmbolo en <i>La isla que se repite<\/i> del propio Ben\u00edtez Rojo y de su exilio, trabajado literariamente y, a\u00f1adir\u00eda yo, sublimado. Prats Sariol habla del desapego cubano en un ensayo de 2019. La RAE define desapego como \u201cFalta de afici\u00f3n o inter\u00e9s, alejamiento, desv\u00edo\u201d. Quiz\u00e1 el alejamiento o el desv\u00edo discreto sea el s\u00edmbolo de Prats Sariol. Traumas, naufragios, desv\u00edos: met\u00e1foras del extrav\u00edo del exilio. Cada escritor trat\u00f3 de compensar con el tiempo que ahora les quedaba para escribir, el tiempo que hab\u00edan perdido. Los resultados, a la luz de lo que hemos visto, fueron divergentes.<\/p>\n<p>Para Jos\u00e9 Donoso, el destino de un escritor que termina como profesor en Estados Unidos puede compararse al de los elefantes que, cuando sienten que van a morir, se refugian en una reservaci\u00f3n en Kenya. Donoso pudo pensar en esa met\u00e1fora de ancianidad y poder\u00edo porque Gustavo Zuleta estaba en cierta posici\u00f3n de poder: pod\u00eda escoger d\u00f3nde terminar sus d\u00edas. Pero no todos los escritores latinoamericanos tienen esa opci\u00f3n o ese destino. Por eso prefiero pensar en algunos de ellos no como en un elefante, sino como Rocinante, cuando Don Quijote, tras su derrota, redact\u00f3 su testamento. Ya el debilitado caballo no tiene h\u00e9roes a quien seguir y queda limitado a una modesta posici\u00f3n. Si pienso en el caso m\u00e1s exitoso de los escritores que he estudiado, Antonio P\u00e9rez Ben\u00edtez Rojo, del reconocimiento que obtuvo en Estados Unidos no puede decirse que compensara del todo las limitaciones de su vida privada en su exilio. Sobre las circunstancias que lo motivaron, habla muy poco pero suficiente para percibir lo mucho que perdi\u00f3. Al mismo tiempo, el libro m\u00e1s representativo de su etapa en Estados Unidos, <i>La isla que se repite<\/i>, se distancia de los relatos legitimadores de la naci\u00f3n y la Revoluci\u00f3n, mientras se enriquece con reflexiones culturales y te\u00f3ricas sobre el Caribe que evidencian su paso por las universidades de este pa\u00eds. Pero tampoco debemos idealizar estas compensaciones.<\/p>\n<p>El intelectual refugiado en las instituciones del saber: la situaci\u00f3n se ha repetido en Occidente con frecuencia a partir del siglo XX. Estados Unidos recibi\u00f3 a muchos intelectuales europeos que hu\u00edan del nazismo, del fascismo y del comunismo. Sin inter\u00e9s en adaptarse, algunos de ellos retornaron a sus pa\u00edses cuando las condiciones lo permitieron o mantuvieron una distancia ap\u00e1tica respecto a sus anfitriones. Con los latinoamericanos ha sido diferente. Por una cercan\u00eda geogr\u00e1fica e hist\u00f3rica, el intelectual latinoamericano ha sentido la gravitaci\u00f3n de las universidades de Estados Unidos, incluso en el siglo XXI. En ese espejo ha visto su rostro desfigurado o ha buscado, en el azar de su reflejo, su propia identidad. La obra tard\u00eda que estos escritores nos legaron suele parecerse a un testamento intelectual. Poco antes de morir Don Quijote y de redactar su testamento, Sancho le dice que le eche la culpa de su derrota por no haber asegurado bien la silla de su caballo. Pero Rocinante no dice nada: le basta con haber conducido a Don Quijote y los fantasmas de su extrav\u00edo a su lecho de muerte. Es el momento cuando caen las m\u00e1scaras, cuando Don Quijote, despu\u00e9s de su \u00faltimo regreso a casa, dice que \u00e9l es en verdad Alonso Quijano. No sabemos exactamente cu\u00e1les fueron las palabras finales de su testamento, pero s\u00ed su designio. Y as\u00ed ocurre tambi\u00e9n con los testamentos del exilio, quedan olvidados o traicionados por discursos en apariencia transparentes, sin sombras de dudas ni problemas de interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica. Por eso Brodsky desconfiaba de ciertas geometr\u00edas racionales que afirman sin titubear cu\u00e1l es la distancia m\u00e1s corta entre dos puntos. La l\u00ednea recta tiene una sola direcci\u00f3n, avanza como una flecha violenta y mortal hacia su blanco. El exilio y la extranjer\u00eda avanzan a trav\u00e9s de muchas rutas dispares, oblicuas, impredecibles. Si hay lecciones de aquellos escritores del exilio que podemos reivindicar, una es la que nos previene contra las verdades absolutas y fan\u00e1ticas, que no admiten ninguna refracci\u00f3n.\u00a0 Otras son aquellas verdades que aparecen entre l\u00edneas imperfectas de luz y sombra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\">Foto: Calles de La Habana, Cuba, de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@guillealvarez\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Guille \u00c1lvarez, Unsplash<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Nobel, Joseph Brodsky dijo que recibirlo fue realizar el viaje m\u00e1s largo entre San Petersburgo y Estocolmo. Esta circunstancia no le extra\u00f1aba porque hac\u00eda tiempo que hab\u00eda dejado de serle atractiva la idea de que la l\u00ednea recta era la distancia m\u00e1s corta entre dos puntos. Y le agradaba descubrir que la (impredecible) geograf\u00eda, que lo hab\u00eda llevado al exilio en los Estados Unidos, era capaz de justicia po\u00e9tica. Una de las met\u00e1foras que Brodsky eligi\u00f3 para el exilio es la del extrav\u00edo, o la de la l\u00ednea recta que se convierte en selva, una met\u00e1fora que ya us\u00f3 Dante. Quisiera partir de esa met\u00e1fora para hablar de la experiencia que a algunos escritores latinoamericanos les ha tocado vivir como profesores en Estados Unidos. Es el tema de <i>Donde van a morir los elefantes<\/i>, de Jos\u00e9 Donoso, novela que narra desde el punto de vista del chileno Gustavo Zuleta, profesor invitado en la Universidad de San Jos\u00e9, un pueblo en medio del desierto del Medioeste, las tensiones entre la cultura anglosajona y la cultura latinoamericana. Las batallas identitarias entre los grupos humanos siempre han existido, pero quiz\u00e1 este conflicto esconda otro menos anecd\u00f3tico y m\u00e1s importante. En la novela de Donoso, la actividad del profesor Gustavo Zuleta como escritor es m\u00e1s bien marginal. En el ep\u00edlogo, Zuleta confiesa que ha escrito su novela en secreto desde Chile, al terminar su periodo de profesor visitante en Estados Unidos, y ha sentido la tentaci\u00f3n de ocultarse detr\u00e1s de heter\u00f3nimos, como Pessoa. Confiesa tambi\u00e9n que el arte no es tribuna y solo una manera de \u201calejar un poco el muro donde comienza la oscuridad\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4739,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2998,4445],"genre":[2019],"pretext":[],"section":[2344],"translator":[2658],"lal_author":[3651],"class_list":["post-4742","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-cuba-es","tag-numero-19","genre-essay-es","section-essays-es","translator-slava-faybysh-es","lal_author-victor-carreno-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4742","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4742"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4742\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4739"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4742"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4742"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4742"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=4742"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=4742"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=4742"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=4742"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=4742"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}