{"id":4698,"date":"2021-08-24T21:50:45","date_gmt":"2021-08-25T03:50:45","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/08\/clarice-childhood-and-chickens-sylvia-georgina-estrada\/"},"modified":"2023-05-26T09:32:05","modified_gmt":"2023-05-26T15:32:05","slug":"clarice-childhood-and-chickens-sylvia-georgina-estrada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/08\/clarice-childhood-and-chickens-sylvia-georgina-estrada\/","title":{"rendered":"&#8220;Clarice, la infancia y las gallinas&#8221; de Sylvia Georgina Estrada"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>El primer cuento que le\u00ed de Clarice Lispector estaba protagonizado por una gallina. No una gallina cualquiera, sino una que, desafiando su condici\u00f3n de subespecie dom\u00e9stica de la especie <i>Gallus gallus<\/i>, decidi\u00f3 que no ser\u00eda parte de la comida del d\u00eda y se dio a la fuga, brincoteando por los tejados.<\/p>\n<p>Record\u00e9 esta primera lectura en mayo pasado, cuando present\u00e9 los <i>Cuentos completos<\/i> de Clarice Lispector publicados por el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, en una maravillosa traducci\u00f3n de Paula Abramo. En este evento virtual, el editor Eduardo Mat\u00edas nos pregunt\u00f3 a las presentadoras qu\u00e9 fue lo primero que le\u00edmos de la escritora brasile\u00f1a. Entonces record\u00e9 a la gallina \u201cque se hab\u00eda recortado contra el cielo al borde del techo\u201d.<\/p>\n<p>Si bien eventualmente esta gallina descarriada es atrapada, y convertida en mascota en reconocimiento a su anormal conducta, me pareci\u00f3 que en este breve cuento estaban encerradas muchas de las ideas que bull\u00edan en mis a\u00f1os universitarios: la singularidad, las peque\u00f1as valent\u00edas, el secreto gozo de ser un extraviado, el mundo semioculto de la infancia, los sentimientos de adolescencia tan parecidos a la gallina de Clarice, \u201cest\u00fapida, t\u00edmida y libre\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de <i>Una gallina<\/i> continu\u00e9 con otros cuentos de la escritora brasile\u00f1a, tambi\u00e9n protagonizados por aves: <i>El huevo y la gallina<\/i>, <i>Una historia de tanto amor<\/i> y <i>La vida \u00edntima de Laura<\/i>. No es ning\u00fan secreto que la autora sent\u00eda predilecci\u00f3n por estos animales, que si bien en la actualidad son vistos como comida, fueron considerados sagrados durante la Edad de Hierro. Hace unos meses le\u00ed un art\u00edculo acerca de un estudio hecho por la Universidad de Exeter que establece que en el a\u00f1o 1200 a.C., en la isla de Gran Breta\u00f1a, un pollo sol\u00eda vivir cerca de cuatro a\u00f1os, pues no era considerado un alimento.<\/p>\n<p>La idea de una gallina sagrada me recuerda, por supuesto,<i> <\/i>a <i>Una historia de tanto amor<\/i>: \u201c\u00c9rase una vez una ni\u00f1a que de tanto observar a las gallinas conoc\u00eda su alma y sus m\u00e1s \u00edntimos anhelos\u201d. En este cuento, la madre le dice a su hija que comerse a su gallina favorita es un acto amatorio, pues al engullir su carne, el ave se quedar\u00e1 adentro de ella. la peque\u00f1a aprende la lecci\u00f3n y, en la primera oportunidad, devora con avidez a Eponina, su animal m\u00e1s querido.<\/p>\n<p>\u201cEl no haber nacido animal es una de mis nostalgias m\u00e1s secretas\u201d, lleg\u00f3 a escribir la autora de <i>Cerca del coraz\u00f3n salvaje,<\/i> una cita que refiere Benjamin Moser en la biograf\u00eda <i>Por qu\u00e9 este mundo<\/i> (Ediciones Siruela, 2017). Lo cierto es que fueron muchos los que describieron a Clarice como una felina elegante, misteriosa y \u201cpeligrosa en potencia\u201d. El poeta brasile\u00f1o Ferreira Gullar dijo: \u201csu rostro eslavo me impresion\u00f3, fuerte y hermoso, con algo de animal felino\u201d.<\/p>\n<p>Moser tambi\u00e9n se\u00f1ala que la peque\u00f1a Clarice disfrutaba mucho de la compa\u00f1\u00eda de las gallinas y pollitos del corral, as\u00ed como de la gata de la casa. De hecho, la escritora nunca permiti\u00f3 que regalaran ni un s\u00f3lo gatito de las camadas de esta mascota. En mi infancia yo tuve perros, gatos y s\u00f3lo un pollo, que compr\u00e9 en la kerm\u00e9s escolar. De color azul \u2014a\u00fan subsist\u00eda esa pr\u00e1ctica barb\u00e1rica de pintar sus plumas con colores brillantes\u2014, el ave vivi\u00f3 en la rec\u00e1mara, en una jaula improvisada con cajas de frutas, para evitar que los gatos de la casa la devoraran. Mis pap\u00e1s siempre pensaron que la compra del pollo fue una p\u00e9sima idea, pero yo disfrutaba verlo picotear los granos y contarle historias por las noches, hasta que unos meses despu\u00e9s muri\u00f3 sin grandes aspavientos.<\/p>\n<p>Moser se\u00f1ala que la predilecci\u00f3n de la narradora por los animales y los ni\u00f1os ten\u00eda una relaci\u00f3n con el lenguaje, pues \u201chablaban un lenguaje que no estaba hecho de palabras con significado, de las que Clarice siempre desconfi\u00f3, sino de puro sonido\u201d.<\/p>\n<p>Estas ni\u00f1as que van y vienen en los cuentos de Clarice suelen enfrentar actos epif\u00e1nicos. Una de ellas es la protagonista de <i>Felicidad clandestina<\/i>, quien experimenta la m\u00e1xima alegr\u00eda cuando, tras semanas de ruegos, una compa\u00f1era se ve forzada a prestarle el libro que ha deseado desde hace mucho tiempo.<\/p>\n<p>\u201cAl llegar a casa no empec\u00e9 a leer. Fing\u00eda no tener el libro, s\u00f3lo para sentir despu\u00e9s el susto de tenerlo. Horas despu\u00e9s lo abr\u00ed, le\u00ed algunas l\u00edneas maravillosas, volv\u00ed a cerrarlo, fui a pasear por la casa, postergu\u00e9 a\u00fan m\u00e1s la lectura\u2026\u201d, relata la chica sobre esa alegr\u00eda subrepticia que le produce la posesi\u00f3n del objeto anhelado.<\/p>\n<p>La lectura, la imaginaci\u00f3n exacerbada como v\u00eda de escape, marcaron mi infancia. En los largos veranos que viv\u00ed en una peque\u00f1a ciudad de provincia fueron los libros los que me sacaron del caluroso sopor del desierto. En la biblioteca familiar encontr\u00e9 no s\u00f3lo aventuras de piratas y viajes extraordinarios por tierras fant\u00e1sticas, tambi\u00e9n una forma de apropiarme del mundo. Una sensaci\u00f3n que describe muy bien Susan Sontag en su discurso de aceptaci\u00f3n del Premio de la Paz del Comercio Librero Alem\u00e1n, y que se recoge en el libro <i>Al mismo tiempo<\/i> (Mondadori, 2007):<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">(La lectura) me salv\u00f3 cuando era una colegiala en Arizona, mientras esperaba crecer, esperaba escapar a una realidad m\u00e1s amplia [&#8230;] La disponibilidad de la literatura, de la literatura mundial, permit\u00eda escapar de la prisi\u00f3n de la vanidad nacional, del filiste\u00edsmo, del provincianismo forzoso, de la inanidad educativa, de los destinos imperfectos y de la mala suerte.<\/p>\n<p>No es casualidad que en este texto aparezca una referencia a Susan Sontag, que comparte con Clarice Lispector no s\u00f3lo una inteligencia precoz, la p\u00e9rdida de un padre en la infancia y su pasi\u00f3n por escribir, tambi\u00e9n el mismo bi\u00f3grafo: Benjamin Moser.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir que la mala suerte acompa\u00f1\u00f3 a los Lispector durante sus primeros a\u00f1os en Brasil con la muerte de la madre, la falta de dinero, los esfuerzos por encajar en otro pa\u00eds con otro idioma. Clarice fue una ni\u00f1a que cre\u00eda en las historias milagrosas, seg\u00fan relata Benjamin Moser, quien cuenta que cuando la menor de la familia comenz\u00f3 a leer y escribir, tambi\u00e9n empez\u00f3 a escribir poes\u00edas para su padre \u2014algunas con gallinas incluidas\u2014, \u201cpeque\u00f1as historias\u201d que sol\u00edan representar con sus amigas y primas, e incluso textos para la p\u00e1gina infantil del <i>Di\u00e1rio de Pernambuco.<\/i><\/p>\n<p>A pesar de que la vida adulta nos muestra que las palabras no son suficientes, volvemos a ellas una y otra vez para conjurar aquello que est\u00e1 fuera de nuestro control. La peque\u00f1a Clarice no pudo hacer nada por devolverle la salud a su madre, pero en sus \u00faltimas notas dej\u00f3 una frase reveladora: \u201cEscribo como si quisiera salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida\u201d.<\/p>\n<p>En el cuento <i>Restos de carnaval<\/i>, Clarice Lispector relata la forma en que una ni\u00f1a peque\u00f1a se da cuenta de la inutilidad de los disfraces y la magia frente a las tragedias dom\u00e9sticas. Mientras que afuera de su casa las risas y el baile se apoderan de las calles de Recife \u2014la ciudad en la que vivi\u00f3 la infancia\u2014, en casa su madre est\u00e1 en cama, luchando contra la enfermedad, ajena al brillo, al tul y al maquillaje que fascinan a su hija.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 esta ni\u00f1a quer\u00eda formar parte del carnaval? Para tener lo que siempre hab\u00eda deseado: \u201ciba a ser otra, no yo misma\u201d. Los escritores, como los ni\u00f1os, tambi\u00e9n sentimos esta atracci\u00f3n por las m\u00e1scaras y los disfraces, \u00bfqu\u00e9 no son el punto de partida de nuestras propias historias?<\/p>\n<p>En enero de 2020, antes de que la pandemia de covid-19 cambiara la din\u00e1mica social, inici\u00e9 un c\u00edrculo de lectura titulado \u201cLa hora de la estrella\u201d, en honor a una de las novelas de Clarice Lispector. Este peque\u00f1o homenaje me pareci\u00f3 natural. Qu\u00e9 mejor referencia a una reuni\u00f3n mensual para hablar de libros de escritoras que la obra de una autora que vivi\u00f3 para contar historias.<\/p>\n<p>S\u00f3lo tuvimos dos reuniones presenciales antes de que la pandemia nos encerrar\u00e1 en nuestras casas en marzo de 2020, desde entonces el c\u00edrculo de lectura se hace de forma virtual y ya hemos le\u00eddo dieciocho libros, incluyendo <i>La hora de la estrella<\/i>. Durante lo m\u00e1s cruento del confinamiento, estas lecturas y reuniones se convirtieron en ese escape de los destinos imperfectos y la mala suerte que nos impuso el mundo.<\/p>\n<p>La biograf\u00eda de Moser cierra con un texto que escribi\u00f3 Clarice a prop\u00f3sito de su obra y quehacer literario. Las primeras l\u00edneas dicen as\u00ed: \u201cNo leas lo que escribo como si fueras un lector. Salvo que ese lector tambi\u00e9n trabaje con los soliloquios de la oscuridad irracional\u201d. Quienes nos dedicamos a la literatura sabemos de este pacto de transformaci\u00f3n, al que nos hemos entregado d\u00edas enteros para, como los autores de los libros que amamos, ser otros, con una vida distinta, en la que podemos inventar los m\u00e1s falsos obst\u00e1culos \u201cpara esa cosa clandestina\u201d que es la felicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Centro Hist\u00f3rico, Saltillo, Coahuila<br \/>\nJunio 2021<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\">Photo: Estatua de Clarice Lispector sobre el Caminho dos Pescadores en Rio de Janeiro, Brasil. Cr\u00e9dito: Luan Rezende Oliveira \/ Alamy Stock Photo.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primer cuento que le\u00ed de Clarice Lispector estaba protagonizado por una gallina. 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