{"id":46686,"date":"2026-09-16T22:53:39","date_gmt":"2026-09-17T04:53:39","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=46686"},"modified":"2026-09-16T22:54:18","modified_gmt":"2026-09-17T04:54:18","slug":"el-victimismo-y-la-violencia-redentora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2026\/09\/el-victimismo-y-la-violencia-redentora\/","title":{"rendered":"El victimismo y la violencia redentora"},"content":{"rendered":"<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Este texto de Carlos Gran\u00e9s corresponde al pr\u00f3logo de la reedici\u00f3n de <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Del buen salvaje al buen revolucionario<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">, del ensayista venezolano Carlos Rangel<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">(1929\u20131988), publicada por la Fundaci\u00f3n para el Progreso en 2023, en Santiago de Chile. El libro de Rangel fue publicado originalmente en 1976, primero en Par\u00eds y en franc\u00e9s, y posteriormente, ese mismo a\u00f1o, en Caracas por la editorial Monte \u00c1vila.<\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-46685 aligncenter\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Portada_Del-buen-salvaje-al-buen-revolucionario.jpg\" alt=\"\" width=\"255\" height=\"397\" data-wp-editing=\"1\" title=\"\"><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1976, cuando Carlos Rangel public\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Del buen salvaje al buen revolucionario<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el paisaje pol\u00edtico que ofrec\u00eda Am\u00e9rica Latina estaba lejos de ser estimulante para quienes cre\u00edan en el proyecto democr\u00e1tico, liberal o socioliberal. Hacia el norte, en M\u00e9xico, el PRI se hab\u00eda convertido en una m\u00e1quina de monarcas temporales que ejerc\u00eda sin controles ni contrapesos el monopolio del poder, y en el sur, en Argentina, Juan Domingo Per\u00f3n hab\u00eda implantado un sistema populista que adaptaba los rituales fascistas al sistema democr\u00e1tico, con el que hab\u00eda conseguido la improbable haza\u00f1a de enloquecer las finanzas y envilecer la convivencia del pa\u00eds m\u00e1s rico y culto del continente. Entre uno y otro extremo, m\u00e1s experimentos antidemocr\u00e1ticos. Los militares controlaban pa\u00edses como Brasil, Per\u00fa, Bolivia o Chile \u2014pocos meses despu\u00e9s tambi\u00e9n Argentina\u2014, y la vida intelectual y universitaria somatizaba el furor marxista y la fascinaci\u00f3n por el proyecto revolucionario de Fidel Castro.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Solo un lustro antes, Eduardo Galeano hab\u00eda publicado <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las venas abiertas de Am\u00e9rica Latina<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, un ensayo que actualizaba las obsesiones latinoamericanas detonadas por la guerra hispano-estadounidense de 1898, en especial un exaltado antiyanquismo y la frustraci\u00f3n latina frente al avasallador poder de los sajones. Aquel libro reforz\u00f3 un viejo mito que satisfac\u00eda profundas necesidades psicol\u00f3gicas del latinoamericano: la culpa de nuestra pobreza no la ten\u00edamos nosotros, sino los yanquis y los europeos, \u00e9ramos pobres porque ellos son ricos, nuestra riqueza hab\u00eda alimentado durante cinco siglos los est\u00f3magos del norte. Desde tiempos inmemoriales, nuestro destino hab\u00eda sido la sumisi\u00f3n y la explotaci\u00f3n. Primero hab\u00edamos sido v\u00edctimas del colonialismo, luego del imperialismo y de sus secuaces locales. Hab\u00edamos sido despojados de todo, excepto de la virtud y la superioridad moral para denunciar, reclamar y se\u00f1alar a los culpables.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Qu\u00e9 lugar tan pl\u00e1cido, sobre todo para los intelectuales, el que ofrec\u00eda el victimismo que actualiz\u00f3 el ensayo de Eduardo Galeano; qu\u00e9 tranquilidad de conciencia daba, qu\u00e9 claridad de prop\u00f3sitos, cu\u00e1nto facilitaba el trabajo. La cocci\u00f3n que surg\u00eda al mezclar el marxismo-leninismo, la teor\u00eda de la dependencia y el eterno recurso antiimperialista que hab\u00eda forjado el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ariel<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Rod\u00f3, arrojaba diagn\u00f3sticos que daban una explicaci\u00f3n perfecta \u2014porque perfectos son los mitos\u2014, que, sin embargo, de poco serv\u00eda para entender las realidades latinoamericanas. Por una sencilla raz\u00f3n: miraban siempre afuera, nunca adentro; pon\u00edan el acento en lo p\u00e9rfidos que eran nuestros enemigos y sus aliados, en su apetito nefando, pero nunca en nuestros errores, nunca en nuestra fascinaci\u00f3n por ideas inservibles \u2014el cristianismo primitivo, la misi\u00f3n jesu\u00edtica, el caudillismo napole\u00f3nico, la utop\u00eda milenarista, la pureza identitaria, la teleolog\u00eda del progreso, el para\u00edso socialista, la homogeneidad racial, el nacionalismo fascista\u2014 que nos llegaban de saldo desde Europa y que alg\u00fan redentor carburaba con delirio local para ponerlas a andar de nuevo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hay que tener en cuenta este contexto pol\u00edtico e ideol\u00f3gico, esta complacencia en el an\u00e1lisis y ese placentero regodeo en el error que dignificaba el alma y enflaquec\u00eda el cuerpo, para entender el car\u00e1cter irreverente y transgresor del libro de Rangel. Como el ni\u00f1o que se\u00f1alaba la desnudez del emperador, el intelectual venezolano se propon\u00eda en estas p\u00e1ginas identificar los mitos, por no decir las mentiras, que obnubilaban al latinoamericano y le imped\u00edan hacer diagn\u00f3sticos certeros sobre su realidad y sus problemas. Una historia del error, eso tambi\u00e9n es este libro, un recuento de las abstracciones y espejismos que se han sobrepuesto a la realidad y que nos han impedido relacionarnos con ella sin victimismo ni violencia redentora, las dos caras de una misma moneda.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Rangel empezaba su labor desmitificadora sin analg\u00e9sicos ni medias tintas, y por el principio, con la conquista. Am\u00e9rica Latina, dec\u00eda, se convirti\u00f3 desde ese momento inicial en una pantalla donde Col\u00f3n y los dem\u00e1s conquistadores proyectaron sus fantas\u00edas y deseos. Todas las im\u00e1genes de riqueza, prodigio, pureza y bondad humana que rondaron la mentalidad medieval encontraron en el Nuevo Mundo reci\u00e9n descubierto un referente inequ\u00edvoco que parec\u00eda confirmar lo escrito en la Biblia y en las ficciones medievales. All\u00ed estaba el Para\u00edso terrenal, la edad de oro, el ser humano tal y como hab\u00eda sido creado antes de la ca\u00edda, antes de conocer el pecado. En esas tierras estaba la Fuente de la Juventud, el Dorado, California y las Amazonas. Tambi\u00e9n, por supuesto, el buen salvaje que deslumbr\u00f3 a fray Bartolom\u00e9 de las Casas, ese ser angelical que no hab\u00eda sufrido la penosa corrupci\u00f3n que pudr\u00eda el alma y que solo pod\u00eda provenir de la civilizaci\u00f3n occidental.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ah\u00ed estaba el fermento del gran mito latinoamericano. Por culpa de una potencia extranjera, el buen salvaje hab\u00eda sido arrancado de ese para\u00edso en el que gozaba de una vida aut\u00e9ntica, feliz y libre, para ser arrastrado a una situaci\u00f3n colonial, nueva y dolorosa, marcada por la alienaci\u00f3n, la pobreza y la dependencia. La redenci\u00f3n de esas penurias pasaba entonces por el rechazo de la civilizaci\u00f3n corruptora, sin importar que para entonces, cuando empezaron a esgrimirse toda suerte de ideas liberacionistas, hubieran pasado casi cinco siglos desde la llegada de los espa\u00f1oles. Millones de personas que rezaban al Dios cat\u00f3lico, hablaban espa\u00f1ol y se apellidaban Morales, Reyes, Mart\u00ednez o L\u00f3pez deb\u00edan autoexcluirse de Occidente y negar cualquier vinculaci\u00f3n con Europa, con Estados Unidos y en general con la civilizaci\u00f3n occidental. Empezaba el delirio y la mitificaci\u00f3n de la realidad latinoamericana. Quiz\u00e1s el camino de regreso al buen salvaje estaba vedado \u2014aunque hoy los decolonialistas dicen que no, que s\u00ed es posible negar cinco siglos de mestizaje y recuperar la pureza de los saberes y valores ancestrales\u2014, pero s\u00ed pod\u00edamos evolucionar en una nueva criatura igualmente asc\u00e9tica y noble, superior por la idoneidad de sus convicciones, que ser\u00eda el buen revolucionario. Su misi\u00f3n, clara como pocas, ser\u00eda cortar nuestra subordinaci\u00f3n econ\u00f3mica, pol\u00edtica y cultural hacia Estados Unidos y Occidente, extirpar esa herencia colonial e imperial que nos contaminaba.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Estos buenos revolucionarios tendr\u00edan una prerrogativa que no hab\u00eda tenido el buen salvaje: los fusiles y la violencia. La versi\u00f3n del marxismo-leninismo que circulaba por aquellos a\u00f1os en Am\u00e9rica Latina legitimaba la acci\u00f3n emancipadora. A diferencia de Marx, que abog\u00f3 por el intercambio modernizador entre las metr\u00f3polis y las colonias, Lenin se dio cuenta de que el comunismo y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica obtendr\u00edan mejores r\u00e9ditos si las enfrentaba. Ese fue el origen del tercermundismo, un tema al que Rangel dedic\u00f3 otro libro. El fin del dominio imperial pasaba por fomentar los movimientos de liberaci\u00f3n nacional en todo el mundo, con m\u00e1s inter\u00e9s al sur de los Estados Unidos, para que se sumaran a la cruzada antioccidental.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con esas ideas ardiendo en la cabeza y despu\u00e9s de haber tenido la gran revelaci\u00f3n, despu\u00e9s de haber entendido que todos los males latinoamericanos eran importados y que las causas de su miseria ven\u00edan del imperio yanqui, el camino se aclaraba. Los j\u00f3venes pod\u00edan descartar la opci\u00f3n reformista, ahorrarse el autoexamen y volver a la selva o a la monta\u00f1a para formar un foco guerrillero e iniciar una desquiciada campa\u00f1a de sabotaje. Durante los sesenta y setenta, mientras Rangel escrib\u00eda su libro, las agresiones imperialistas y la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica ser\u00edan repelidas mediante la acci\u00f3n subversiva.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El nacionalismo empezaba a te\u00f1irse de rojo en Am\u00e9rica Latina. Antiguos fascistas que cre\u00edan en la pureza nacional, como los j\u00f3venes argentinos de la agrupaci\u00f3n Tacuara, empezaban ahora a formar guerrillas izquierdistas. Lo curioso, lo desconcertante, es que persegu\u00edan fines similares. El ejemplo de Fidel Castro y el discurso leninista los hab\u00eda convencido de que la patria se defend\u00eda con las armas y expulsando al enemigo externo. Si en los a\u00f1os treinta hab\u00edan sido derechistas y clerofascistas como el argentino Julio Meinvielle quienes hab\u00edan legitimado el uso de la violencia en la pol\u00edtica, ahora lo har\u00edan izquierdistas como el Che Guevara. Poco importaba que los primeros quisieran extirpar la contaminaci\u00f3n jud\u00eda y an\u00e1rquica que llegaba del este, y que los segundos la contaminaci\u00f3n yanqui que ven\u00eda del norte; tampoco que luego vinieran los militares \u2014Stroessner, Castelo Branco, Videla, Pinochet\u2014 a extirpar el comunismo, otra plaga for\u00e1nea. Todos funcionaban con el mismo esquema mental. Tem\u00edan la contaminaci\u00f3n disolvente o subyugante que amenazaba a la naci\u00f3n, y estaban dispuestos a defenderla con las bombas, las balas o las picanas. El buen salvaje demostraba ser, bajo el terror al enemigo externo o interno, mucho m\u00e1s salvaje que bueno.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Habiendo expuesto ese marco general, Rangel pasaba entonces a desbrozar los mitos que imped\u00edan ver la realidad. El primero y m\u00e1s urgente, dada la fecha en que escrib\u00eda, era la teor\u00eda de la dependencia, el discurso econ\u00f3mico m\u00e1s influyente del momento. Rangel demostraba en este libro que Estados Unidos no se hab\u00eda enriquecido a nuestra costa, malcomprando nuestras materias primas o imponi\u00e9ndonos contratos leoninos. Los yanquis se hab\u00edan enriquecido antes de entrar en contacto con Am\u00e9rica Latina, y fue eso, su estabilidad pol\u00edtica y su fortaleza econ\u00f3mica, lo que les permiti\u00f3 acercarse luego hasta nuestras costas para intervenir de forma imperial en nuestros asuntos. Esto es importante aclararlo: lejos de defender gratuitamente a Estados Unidos, Rangel se\u00f1ala todos sus atropellos, incluyendo los desembarcos y las relaciones estrat\u00e9gicas que estrech\u00f3 con dictadores tropicales, esos \u201ccaudillos consulares\u201d que tanto contribuyeron a la debilidad democr\u00e1tica del continente. Aqu\u00ed no hay ning\u00fan inter\u00e9s en limpiar la imagen de los yanquis ante el lector latinoamericano. Lo que le interesa a Rangel es desarticular el mito para que empecemos a asumir que la debilidad ante el imperialismo yanqui es el resultado de nuestros errores.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Porque la costumbre de culpar al imperio de todos nuestros males es el vicio intelectual m\u00e1s nocivo y m\u00e1s in\u00fatil. M\u00e1s bien habr\u00eda que empezar a reconocer ciertos hechos. Por ejemplo, que mientras los estadounidenses lograron forjar un pa\u00eds homog\u00e9neo, con una clara noci\u00f3n de su destino, nosotros seguimos, doscientos a\u00f1os despu\u00e9s de las independencias, refundando pa\u00edses y subdividiendo la com\u00fan ciudadan\u00eda en peque\u00f1as naciones \u00e9tnicas. Con alarde de novedad posmoderna o marxismo neoindigenista, ahora lo llamamos plurinacionalidad, como si Am\u00e9rica Latina no hubiera ya pecado lo suficiente al convertir una misma entidad pol\u00edtica, que iba de M\u00e9xico a Chile, en un muestrario exuberante de retazos nacionales, cada uno m\u00e1s orgulloso que el otro de sus fronteras, sus glorias y sus h\u00e9roes, todos enfundados en trajes militares y ba\u00f1ados de los pies a la cabeza en sangre.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo peor de todo es que la Am\u00e9rica espa\u00f1ola empezaba con ventaja. En el siglo XVI, Estados Unidos era un p\u00e1ramo de ignorancia y hambre mientras que en Per\u00fa, M\u00e9xico o Rep\u00fablica Dominicana hab\u00eda universidades y primorosas ciudades coloniales. Era la Am\u00e9rica que empezaba al sur de la frontera yanqui, nuestra Am\u00e9rica, la destinada a sembrar algo de luz en los pantanos, desiertos y costas congeladas del norte, y sin embargo ocurri\u00f3 lo contrario. Esta es la dura realidad \u2014la terapia de choque\u2014 con la que Rangel confronta al lector latinoamericano. Basta ya de echar balones fuera. Ha llegado el momento de abandonar los mitos confortables, de rechazar ese papel de buen salvaje que no es m\u00e1s que un infantilismo, la manera que hemos encontrado de evadir las responsabilidades de la edad adulta y de justificar las pataletas violentas y autodestructivas con las que el buen revolucionario expresa de tanto en tanto su inf\u00e9rtil malestar. Es hora de mirarnos a nosotros mismos, es hora de examinar nuestros sistemas pol\u00edticos, las ideas que han orientado a nuestros l\u00edderes, caudillos y dictadores; de entender el papel de la Iglesia, de analizar el espejismo legalista que tanto nos seduce, de repasar la Leyenda negra que tantos equ\u00edvocos ha perpetuado, de reconocer nuestra propia xenofobia disfrazada de emancipaci\u00f3n nacionalista. Tambi\u00e9n, claro, de superar nuestro enquistado resentimiento, ese mal consejero que nos hace preferir cualquier tiran\u00eda, hasta la de Vladimir Putin, con tal no estar del lado de Estados Unidos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Carlos Rangel emprende esta labor en este libro. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Del buen salvaje al buen revolucionario<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> tambi\u00e9n es un repaso de las aver\u00edas que condenaban al priismo, al peronismo, al allendismo y al modelo militar, tanto de derecha como de izquierda, al fracaso. De los proyectos pol\u00edticos latinoamericanos solo reivindicaba uno, el democr\u00e1tico \u2014el socialdemocr\u00e1tico, para ser m\u00e1s exactos\u2014 que ensay\u00f3 V\u00edctor Ra\u00fal Haya de la Torre en Per\u00fa con el APRA y que tuvo verdadero \u00e9xito con la Acci\u00f3n Democr\u00e1tica de R\u00f3mulo Betancourt en Venezuela. Ese fue el credo pol\u00edtico que Rangel trat\u00f3 de promover en un per\u00edodo en el que los intelectuales rend\u00edan culto al radicalismo de izquierda y se mofaban de las democracias burguesas. De haberse le\u00eddo m\u00e1s y mejor este libro, de haber despertado una d\u00e9cima parte del fervor que provoc\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las venas abiertas de Am\u00e9rica Latina<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, tal vez nuestro destino habr\u00eda sido distinto. El cicl\u00f3n populista de las \u00faltimas dos d\u00e9cadas quiz\u00e1s habr\u00eda encontrado mejores resistencias, y el lugar donde se escribi\u00f3 este libro tal vez no ser\u00eda hoy un desguace de lo peor de nuestra historia: la demagogia y el victimismo del buen salvaje y la violencia y el despotismo del buen revolucionario. La buena noticia \u2014siempre las hay\u2014 es que nunca es demasiado tarde.\u00a0<\/span><\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Madrid, 27\/01\/23<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-39\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><b>\u00a1Compra libros de los autores y traductores incluidos en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop!<\/b><\/a><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Carlos Gran\u00e9s, escritor y antrop\u00f3logo colombiano. Cr\u00e9dito: Archivo ABC \/ Ignacio Gil.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este texto de Carlos Gran\u00e9s corresponde al pr\u00f3logo de la reedici\u00f3n de Del buen salvaje al buen revolucionario, del ensayista venezolano Carlos Rangel (1929\u20131988), publicada por la Fundaci\u00f3n para el Progreso en 2023, en Santiago de Chile. 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