{"id":46652,"date":"2026-09-16T21:08:00","date_gmt":"2026-09-17T03:08:00","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=46652"},"modified":"2026-09-16T21:08:27","modified_gmt":"2026-09-17T03:08:27","slug":"emil-cioran-y-la-musica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2026\/09\/emil-cioran-y-la-musica\/","title":{"rendered":"Emil Cioran y la m\u00fasica"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para Emil Cioran (1911-1995), la m\u00fasica no constituye un mero objeto de estudio est\u00e9tico, sino la \u00fanica justificaci\u00f3n ante el desastre de la existencia. Mientras el pensamiento fracasa al intentar cercar el sufrimiento con conceptos abstractos, el arte de los sonidos se erige como una v\u00eda de escape y una revelaci\u00f3n. A trav\u00e9s de una escritura pulcra, fragmentaria e inundada de lirismo, el pensador rumano encuentra en la arquitectura sonora el puente definitivo entre la herida del nacimiento y la nostalgia de un absoluto inalcanzable. Para Cioran, la m\u00fasica no era un simple pasatiempo, sino la m\u00e1xima justificaci\u00f3n de la existencia y la \u00fanica v\u00eda de escape al dolor de vivir. Mientras el discurso verbal y reflexivo choca de frente con el sinsentido del mundo, la m\u00fasica le ofrece un consuelo abarcador, total.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A partir del siglo XVII, la Modernidad occidental abri\u00f3 una profunda grieta en el modo de comprender la relaci\u00f3n entre el sonido y el logos. Con el advenimiento del racionalismo cartesiano, la m\u00fasica qued\u00f3 relegada inicialmente a una condici\u00f3n subalterna de las pasiones que deb\u00eda ser gobernado por la claridad del intelecto. En este periodo, el arte sonoro se vinculaba estrechamente con la teor\u00eda de los afectos; el sonido era un veh\u00edculo para conmover el alma, pero siempre bajo la estricta vigilancia de una estructura matem\u00e1tica y ret\u00f3rica. La filosof\u00eda de la Ilustraci\u00f3n vio en ella una forma de ornamento o, en el mejor de los casos, un lenguaje rudimentario de las emociones que palidec\u00eda ante la precisi\u00f3n del discurso filos\u00f3fico y cient\u00edfico. Sin embargo, esta subordinaci\u00f3n sem\u00e1ntica sufri\u00f3 una mutaci\u00f3n radical con la llegada del idealismo alem\u00e1n y el romanticismo. Fil\u00f3sofos como Arthur Schopenhauer subvirtieron por completo el orden cartesiano al postular que la m\u00fasica no copia las ideas, sino que es la objetivaci\u00f3n inmediata de la Voluntad misma. Dej\u00f3 de ser el pelda\u00f1o inferior del conocimiento para convertirse en la metaf\u00edsica suprema. Cioran hereda este giro copernicano, pero despoj\u00e1ndolo de cualquier optimismo sistem\u00e1tico. El contexto moderno y posrom\u00e1ntico sit\u00faa a la m\u00fasica como el reverso cr\u00edtico de la raz\u00f3n ilustrada: all\u00ed donde el concepto claudica y muestra sus costuras frente a la contingencia del dolor, la m\u00fasica comparece como un testimonio incorp\u00f3reo, un lenguaje que no necesita significar para ser real.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el pensamiento de Cioran, las palabras poseen una peculiar limitaci\u00f3n: mienten y categorizan. Pero la m\u00fasica carece de conceptos y, por eso, comunica la verdad desnuda del ser. Esto trae otra implicancia: la m\u00fasica, en la tradici\u00f3n de Schopenhauer y Nietzsche, es para el pensador rumano la cumbre del arte; est\u00e1 situada por encima de la literatura, la pintura y la filosof\u00eda. Pero no se trata solo de jerarqu\u00edas. En verdad, la m\u00fasica es la anestesia del ego. As\u00ed, el arte de los sonidos disuelve el yo consciente, pues permite experimentar una muerte temporal, pero placentera, en medio de la vida. De aquel modo, m\u00e1s que una est\u00e9tica musical, Cioran concluye que la belleza suprema est\u00e1 ligada a las l\u00e1grimas. El arte verdadero debe evocar la p\u00e9rdida originaria del ser. Tal vez por eso la m\u00fasica es una especie de \u201credenci\u00f3n sin ma\u00f1ana\u201d, es decir, una salvaguarda que redime el sufrimiento humano solo mientras dura la melod\u00eda. Al cesar la m\u00fasica, el absurdo de la realidad regresa instant\u00e1neamente. En tan singular experiencia, pareciera ser que la m\u00fasica nos ense\u00f1a a desapegarnos del mundo. Nos muestra que la nada puede ser hermosa y que el vac\u00edo no tiene por qu\u00e9 ser aterrador, sino una melod\u00eda perfecta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ese maldito yo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1987), Emil Cioran posiciona la m\u00fasica como el \u00faltimo basti\u00f3n de pureza, elev\u00e1ndola sobre el conocimiento y vincul\u00e1ndola a la estructura divina que poseen las composiciones de Johann Sebastian Bach. En feroz cr\u00edtica a la \u201cespectacularizaci\u00f3n\u201d de la m\u00fasica, los dardos de Cioran apuntan a la obra de Richard Wagner: la \u201cobra de arte total\u201d que propugnaba el autor de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lohengrin<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es la materializaci\u00f3n ruidosa de la historia, la manipulaci\u00f3n de las pasiones y una falsa redenci\u00f3n teol\u00f3gica a trav\u00e9s del mito. Para Cioran, la m\u00fasica funciona efectivamente como un aprendizaje para morir, pero no de car\u00e1cter estoico, sino estrictamente m\u00edstico y disolvente. Mientras que el estoicismo exige control, raz\u00f3n y aceptaci\u00f3n del destino, la m\u00fasica en Cioran opera por desprecio a la raz\u00f3n y sumisi\u00f3n absoluta al \u00e9xtasis.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Cioran, tal vez la m\u00fasica abre la posibilidad de una m\u00edstica de la nada. El moralista, el estoico, el ser humano bien pensante domina o pretende controlar sus pasiones mediante la raz\u00f3n (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">logos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">). Para el pensador rumano, en cambio, la m\u00fasica es el camino de aniquilaci\u00f3n de la raz\u00f3n y del yo. La m\u00fasica no existe para resistir el dolor; quiere disolverse en \u00e9l. Tal vez por ello, la m\u00fasica pospone el suicidio frente a su propio deseo. La m\u00fasica no es el otorgamiento de una fortaleza estoica para soportar lo absurdo del mundo; m\u00e1s bien, es un motivo que se le da al ser humano para no suicidarse de inmediato. Es un analg\u00e9sico, no un manual de conducta. Pero la m\u00fasica, en Cioran, puede ser entendida como un \u201censayo general\u201d de la muerte. Por ello la define como una \u201cmuerte voluptuosa\u201d. Escuchar a Bach o a Brahms permite experimentar la ingravidez y el desapego del cuerpo, simulando el estado de no existencia, pero de forma placentera. Tal vez, como en tantos otros \u00e1mbitos de su obra, Cioran se vuelve maestro de la paradoja: sus sugestivas y contradictorias ideas sobre la m\u00fasica se convierten en una especie de \u201cdesaprendizaje del ser\u201d, un curioso <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">dictum<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> para el \u201cbuen morir\u201d, que consistir\u00eda, en el acto de la escucha musical, en despojarse de la identidad, del ego y de la maldici\u00f3n de haber nacido. La m\u00fasica borra el tiempo cronol\u00f3gico, facilitando esa transici\u00f3n hacia el vac\u00edo. El universo ideal deber\u00eda extinguirse al comp\u00e1s de una melod\u00eda. La m\u00fasica es el \u00fanico marco est\u00e9tico que vuelve tolerable la destrucci\u00f3n final.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el siglo XX, la reflexi\u00f3n est\u00e9tica sobre la m\u00fasica se bifurc\u00f3 en caminos marcadamente te\u00f3ricos e hist\u00f3ricos, personificados en contempor\u00e1neos de Cioran como Theodor W. Adorno y Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch. La distancia que separa al pensador de Broos de estos autores es epistemol\u00f3gica y temperamental, estableciendo una radical diferencia en la manera de concebir el hecho sonoro. Theodor W. Adorno aborda el fen\u00f3meno musical desde una rigurosa sociolog\u00eda dial\u00e9ctica. Para el te\u00f3rico de Frankfurt, la m\u00fasica \u2014especialmente la de la Segunda Escuela de Viena\u2014 es un reflejo de las tensiones materiales, las contradicciones de clase y la alienaci\u00f3n del sujeto en el capitalismo tard\u00edo. Adorno busca el desciframiento conceptual de la partitura como un documento hist\u00f3rico-cr\u00edtico. Cioran, en contraste, aborrece cualquier reduccionismo hist\u00f3rico o sociol\u00f3gico. No busca en la m\u00fasica las huellas de la alienaci\u00f3n social, sino las marcas del exilio c\u00f3smico del ser humano. Para Cioran, la m\u00fasica no es un producto de la historia, sino una v\u00eda de escape de la sumisi\u00f3n al tiempo hist\u00f3rico. Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch, por su parte, se aproxima a la m\u00fasica a trav\u00e9s de una filosof\u00eda del misterio y de lo inefable. En obras como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La m\u00fasica y lo inefable <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1961), el fil\u00f3sofo franc\u00e9s sostiene que la m\u00fasica no dice nada porque expresa aquello que no se puede decir de otro modo, defini\u00e9ndola como un arte del \u201cya casi\u201d (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">presque-rien<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">). Si bien Cioran comparte la noci\u00f3n de que el sonido escapa a la tiran\u00eda del concepto, se distancia de la sutil ligereza y el encanto melanc\u00f3lico de Jank\u00e9l\u00e9vitch. Donde el franc\u00e9s encuentra un misterio l\u00fadico y evanescente, Cioran halla una experiencia desgarradora, una herida teol\u00f3gica y un absoluto vertical que suspende la respiraci\u00f3n y colinda con el misticismo m\u00e1s sombr\u00edo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la geograf\u00eda espiritual de Cioran, es preciso abandonar la idea de la composici\u00f3n musical como entretenimiento. La m\u00fasica es una ontolog\u00eda encarnada y su funci\u00f3n primordial es la de servir de anest\u00e9sico metaf\u00edsico y simulacro de redenci\u00f3n. Lejos de proponer una definici\u00f3n taxon\u00f3mica, el autor esparce a lo largo de su obra una caracterizaci\u00f3n narrativa que se articula a trav\u00e9s de cuatro propiedades fundamentales. En primer lugar, la m\u00fasica se manifiesta como una disoluci\u00f3n de la individuaci\u00f3n, un torrente que desborda las fronteras del yo y diluye la pesadez de la carne en una fluidez incorp\u00f3rea. En segundo t\u00e9rmino, opera como una subversi\u00f3n del tiempo cronol\u00f3gico, sustituyendo la sucesi\u00f3n tir\u00e1nica de los minutos del reloj por un tiempo puro y est\u00e1tico, una suerte de eternidad port\u00e1til accesible a los mortales. Como tercera caracter\u00edstica, la m\u00fasica posee una esencia lagrimal y cat\u00e1rtica; no apela a la inteligencia, sino a una lucidez nocturna nacida del llanto y de la desesperaci\u00f3n purificada. Finalmente, se define por su capacidad de suplantaci\u00f3n divina, present\u00e1ndose como el \u00fanico vestigio de la divinidad en un universo desierto, una prueba est\u00e9tica de la trascendencia all\u00ed donde la teolog\u00eda ha fracasado. En su obra cumbre, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">En las cimas de la desesperaci\u00f3n <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1934), Cioran condensa bellamente estas cualidades al escribir sobre el poder de la escucha y la disoluci\u00f3n de los l\u00edmites existenciales: \u201cLa m\u00fasica es un llanto del espacio, una queja que se eleva desde las profundidades de la materia para perderse en el infinito. Escuchar m\u00fasica es dejar que el ser se desangre dulcemente, es una agon\u00eda sin cad\u00e1ver donde el alma se emancipa del peso de la tierra\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es legendario, en la vida de Cioran, el lugar que ocupa el insomnio como incentivo de las derivas del pensamiento. Para el pensador rumano, el insomnio no era una simple disfunci\u00f3n m\u00e9dica, sino una cat\u00e1strofe metaf\u00edsica que lo despojaba de la inocencia de la inconsciencia. Es precisamente en ese calvario nocturno donde su correspondencia y su fascinaci\u00f3n por el budismo convergen a trav\u00e9s de la m\u00fasica. En sus cartas, Cioran se quita la m\u00e1scara del ensayista c\u00ednico para revelar c\u00f3mo la m\u00fasica operaba directamente sobre su cuerpo devastado por las noches en vela. Describ\u00eda el insomnio cr\u00f3nico como una \u201clucidez demencial\u201d que convert\u00eda su mente en una f\u00e1brica de pensamientos suicidas. En sus cartas admite que la m\u00fasica era el \u00fanico est\u00edmulo capaz de \u201caflojar\u201d la tensi\u00f3n de sus m\u00fasculos y sus nervios contra\u00eddos por el p\u00e1nico nocturno. Parad\u00f3jicamente, en esos textos \u00edntimos confiesa que la m\u00fasica lo sanaba, pero, a la vez, lo debilitaba de una forma hermosa. Escrib\u00eda que, tras escuchar ciertas piezas, sent\u00eda una absoluta \u201cutilidad de ya no seguir viviendo\u201d. El sonido distend\u00eda sus resortes vitales; no lo curaba para volver a la rutina del d\u00eda siguiente, sino que lo dejaba suspendido en un vac\u00edo donde el dolor biol\u00f3gico cesaba. En la correspondencia con su hermano Aurel o con amigos cercanos, Cioran describe la experiencia musical casi como una sustancia qu\u00edmica: una inyecci\u00f3n de infinito que penetraba su carne. El sonido lograba lo que ning\u00fan medicamento pod\u00eda: suspender el tiempo y sustituir el fluir de la sangre por el fluir de los acordes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el pante\u00f3n personal de Cioran, dos nombres se erigen sobre todos los dem\u00e1s, transform\u00e1ndose en categor\u00edas de su propio pensamiento: Johann Sebastian Bach y Wolfgang Amadeus Mozart. Ambos compositores no representan meras preferencias est\u00e9ticas, sino dos modos distintos de relacionarse con el Absoluto. Por un lado, la veneraci\u00f3n por Johann Sebastian Bach adquiere en Cioran ribetes de una teodicea est\u00e9tica. Para un pensador que declar\u00f3 la muerte de Dios y fustig\u00f3 incansablemente las ilusiones de la fe, la arquitectura polif\u00f3nica de Bach es la \u00fanica grieta por la cual la hip\u00f3tesis divina se vuelve tolerable. La perfecci\u00f3n del contrapunto y la rigurosa geometr\u00eda de sus cantatas no son para Cioran meros ejercicios t\u00e9cnicos, sino la prueba de que el orden celestial es posible, aun si la Tierra est\u00e1 maldita. En un c\u00e9lebre aforismo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Silogismos de la amargura <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1952), escribe de forma tajante: \u201cSi alguien debe todo a Bach, ese es Dios\u201d. La m\u00fasica del cantor de Leipzig justifica la creaci\u00f3n entera; es la estructura misma del ser reconciliada con el esp\u00edritu. Por otro lado, Wolfgang Amadeus Mozart encarna para Cioran la dimensi\u00f3n de la gracia incorrupta y la melancol\u00eda ang\u00e9lica. Si Bach es la catedral del sonido, Mozart es la luz que atraviesa los vitrales sin romperlos. La m\u00fasica mozartiana representa la nostalgia de un para\u00edso previo a la ca\u00edda, un estado de pureza donde el sufrimiento humano se transfigura en una belleza ingr\u00e1vida y soberana. Frente al dolor del mundo, Mozart ofrece una consolaci\u00f3n que no enga\u00f1a, una tristeza que sonr\u00ede ante el abismo. Mientras Bach eleva al pensador hacia una trascendencia severa, Mozart lo reconcilia moment\u00e1neamente con la fragilidad de su condici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El n\u00facleo de la relaci\u00f3n entre Cioran y la m\u00fasica se despliega al enfrentar los l\u00edmites \u00faltimos del lenguaje: el silencio y el vac\u00edo. La filosof\u00eda se edifica sobre la palabra, el concepto y la l\u00f3gica argumentativa. Sin embargo, para Cioran, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">logos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es una impostura, un velo que disfraza nuestra incapacidad de asimilar la nada. Cuando el pensamiento filos\u00f3fico llega al extremo de su lucidez, se topa con el vac\u00edo existencial, una vacuidad que la palabra escrita o hablada solo logra traicionar al intentar nombrarla. Aqu\u00ed es donde la m\u00fasica se revela como un antecedente ontol\u00f3gico respecto al pensar discursivo. La m\u00fasica no necesita de intermediarios conceptuales para manifestar el ser; es anterior a la escisi\u00f3n entre sujeto y objeto. Al carecer de un referente sem\u00e1ntico en el mundo material, el tejido sonoro brota directamente del abismo primordial. Es la \u00fanica fuerza capaz de colonizar el vac\u00edo sin destruirlo, dotando de una arquitectura inteligible al silencio sin romper su misterio. Mientras la filosof\u00eda fracasa porque balbucea ante la nada, la m\u00fasica asimila ese vac\u00edo, se nutre de \u00e9l a trav\u00e9s de sus pausas y compases, y lo transforma en una experiencia m\u00edstica tolerable. Para Cioran, la m\u00fasica es superior a la filosof\u00eda porque no pretende explicar el dolor ni el sinsentido, sino que los habita y los eleva a la dignidad de la belleza pura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quiz\u00e1s la \u00faltima estaci\u00f3n de este abrupto y espasm\u00f3dico viaje entre Cioran y la m\u00fasica sea inevitable: el silencio. Para Cioran, el silencio que sobreviene al apagarse la m\u00fasica no es una simple ausencia de sonido; es la culminaci\u00f3n de la experiencia y el encuentro definitivo con la verdad del ser. Si la m\u00fasica es el veh\u00edculo que nos transporta, el silencio posterior es el destino final: el vac\u00edo purificado de toda ilusi\u00f3n. Esta vivencia del silencio posmusical tal vez pueda articularse a trav\u00e9s de las siguientes dimensiones. En primer t\u00e9rmino, mientras la m\u00fasica suena, el oyente experimenta un \u00e9xtasis que Cioran llamaba una ilusi\u00f3n de absoluto. Sin embargo, al detenerse la \u00faltima nota, esa ilusi\u00f3n se disipa y revela la cruda realidad del mundo. En alg\u00fan momento, Cioran observaba, por ejemplo, que el silencio posterior a una pieza de Bach no es el mismo silencio que exist\u00eda antes de que empezara. Es un silencio pre\u00f1ado de significado, un espacio donde el \u201cyo\u201d ya ha sido triturado y despojado de sus defensas. Es lo m\u00e1s cerca que un occidental puede estar de experimentar la vacuidad (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u015a\u016bnyat\u0101<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) budista sin recurrir a la meditaci\u00f3n formal. En segundo lugar, el silencio se convierte en un destino: en sus cuadernos de notas, Cioran llega a sugerir una postura radical: la m\u00fasica es, en \u00faltima instancia, una distracci\u00f3n \u2014la m\u00e1s noble de todas, pero distracci\u00f3n al fin\u2014. Esto conlleva algo muy singular: el peligro del consuelo. En una de sus m\u00e1s deliciosas paradojas, Cioran nos da a entender que la m\u00fasica nos enga\u00f1a, haci\u00e9ndonos creer que el dolor tiene una justificaci\u00f3n est\u00e9tica o que el universo posee una armon\u00eda secreta. El silencio posterior destruye ese enga\u00f1o. Nos devuelve a la nada primordial, oblig\u00e1ndonos a mirar de frente el sinsentido del universo, pero ahora con una mente pacificada por la belleza que acaba de presenciar. Finalmente, la m\u00fasica nos devela una est\u00e9tica del fragmento y el silencio de la escritura. Esto est\u00e1 moldeado por la forma en que Cioran escrib\u00eda. Su renuncia a los grandes tratados filos\u00f3ficos y su elecci\u00f3n del aforismo (el fragmento breve) imitan la din\u00e1mica musical. Un aforismo de Cioran es como una nota de clavec\u00edn: irrumpe en la nada, hiere con su lucidez y se extingue de inmediato, el lector queda suspendido en un vac\u00edo reflexivo. Escribir es una forma de bordear esa herida.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-39\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><b>\u00a1Compra libros de los autores y traductores incluidos en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop!<\/b><\/a><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Emil Cioran, fil\u00f3sofo rumano.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Emil Cioran (1911-1995), la m\u00fasica no constituye un mero objeto de estudio est\u00e9tico, sino la \u00fanica justificaci\u00f3n ante el desastre de la existencia. Mientras el pensamiento fracasa al intentar cercar el sufrimiento con conceptos abstractos, el arte de los sonidos se erige como una v\u00eda de escape y una revelaci\u00f3n. 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