{"id":45813,"date":"2026-06-12T11:03:11","date_gmt":"2026-06-12T17:03:11","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=45813"},"modified":"2026-06-16T14:21:07","modified_gmt":"2026-06-16T20:21:07","slug":"barrio-bomba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2026\/06\/barrio-bomba\/","title":{"rendered":"Barrio Bomba"},"content":{"rendered":"<p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>Donde se cuenta el origen del mundo y la abuela sagrario dice: \u201c\u00a1Nos salvamos porque arriba de dios no vive nadie!\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Mi recuerdo m\u00e1s antiguo es donde estoy sentado en las piernas de Natividad Bonanza, mi madre, tomando leche de una botella caliente, observando sus pechos bajo la blusa, que sub\u00edan y bajaban, sub\u00edan y bajaban, y entonces me r\u00edo, con una risa de la que ya no me acuerdo. Empiezo a toser, me falta el aire y estoy p\u00e1lido como la barriga de un pescado. Mam\u00e1 empieza a darme golpes en la espalda, con el cuenco de su mano, primero suave y luego fuerte, \u00a1<em>tras<\/em>!, \u00a1<em>tras<\/em>!, \u00a1<em>tras<\/em>!, y entonces regreso al mundo despu\u00e9s de ver una luz al final de un t\u00fanel.<\/p>\n<p>As\u00ed que comenzar\u00e9 por el principio. \u00bfC\u00f3mo llegu\u00e9 a ser el espermatozoide m\u00e1s r\u00e1pido de todos? Todav\u00eda no lo s\u00e9. Nac\u00ed cansado, soy como esa gente que matan de primero en las pel\u00edculas de terror y me he tropezado tanto que ya caigo con estilo; con los a\u00f1os sabr\u00e1n que incluso para aterrizar o estrellarse, en el peor caso, se necesita estilo. Todos lo saben, sobre todo ella, mi madre, que lo pregonaba desde el principio de los tiempos, porque recordaba aquellos d\u00edas que dur\u00f3 pari\u00e9ndome, mientras pensaba que de esa cama sal\u00eda directo para el cementerio, sin haberse podido confesar y dejando esa criatura a la suerte de Dios y del Diablo.<\/p>\n<p>Me imagino a mi madre haciendo fuerza, sacando aliento de donde ya no pod\u00eda, su coraz\u00f3n convertido en un pu\u00f1o cerrado envuelto en sangre, tratando de expulsarme del vientre, entre los rezos y palabras de aliento de la partera para que no bajara los \u00e1nimos. \u201c\u00a1El dolor pasa, muchacha, pero la gloria del Se\u00f1or es para siempre!\u201d, gritaba la comadrona mientras cacheteaba a mam\u00e1, buscando despertarla de sus desmayos y delirios. \u00a1Eso s\u00ed era adrenalina!<\/p>\n<p>Aquella mujer que mi abuela Sagrario hab\u00eda buscado tuvo que sacarme como pudo, ya sin aliento, tirando de mis pies con sus manos acostumbradas a los milagros de la vida, pero no a la rebeld\u00eda de algunos animales. Me cort\u00f3 el ombligo con una tijera para castrar cerdos y motilar caballos, despu\u00e9s me lo amarr\u00f3 con un cord\u00f3n de los zapatos de mi padre, que estaba en el patio fumando y escuchando m\u00fasica en la radio como si no pasara nada en el resto del planeta, como si la vida no fuera con \u00e9l, en este mundo donde si alguien se descuida se lo comen las hormigas o se lo lleva un perro en la boca.<\/p>\n<p>Sin embargo, la gloria nunca lleg\u00f3. \u201c\u00a1Muchacho bandido!\u201d, repet\u00eda mi abnegada madre cada vez que me pillaba haciendo travesuras y maldades, y recordando lo que hab\u00eda sufrido para traerme a este mundo donde el amor y el inter\u00e9s se fueron al campo un d\u00eda y m\u00e1s pudo el inter\u00e9s que el amor, la necesidad tiene cara de perro, el que espabila pierde, y hay que amarrar con cadenas los televisores en los moteles.<\/p>\n<p>Yo era una especie de duende callejero, miembro de una familia en cuyo \u00e1rbol geneal\u00f3gico todas las ramas estaban torcidas, y que prefer\u00edan que yo estuviera en las esquinas con los otros muchachos, jugando hasta la medianoche, siempre que los dejara ver la telenovela en paz.<\/p>\n<p>\u201c\u00bf\u00a1Con qu\u00e9 habr\u00e1n alimentado a estos ni\u00f1os!?\u201d, se preguntaba en voz alta la gente que pasaba. Nos criamos entre la televisi\u00f3n y la calle, aprendiendo a hipnotizar en cursos por correspondencia, practicando esos trucos con los perros y los gatos callejeros, doblando cucharas con el poder de la mente y, sobre todo, tratando de llegar vivos al d\u00eda siguiente; en tiempos en que cualquier cosa que ten\u00eda sangre se com\u00eda y la gente cre\u00eda que pod\u00edas aprender matem\u00e1ticas si dorm\u00edas con el libro debajo de la almohada. Tambi\u00e9n pensaban que la luna los segu\u00eda cuando caminaban o corr\u00edan por la calle y que si botaban un pedazo de pan a la basura era pecado porque el pan era la cara de Dios. Alguien dir\u00e1: \u201c\u00a1Ese <em>man<\/em> es bravo para echar embustes! \u00a1No le dice la verdad ni al m\u00e9dico!\u201d, pero yo le responder\u00eda: \u201c\u00a1Nadie baja al infierno sin chamuscarse y se queda con las ganas de contar el cuento!\u201d.<\/p>\n<p>Mi principal problema, durante mi juventud, que me tuvo acomplejado durante a\u00f1os, es que yo era muy flaco, \u00a1m\u00e1s carne ten\u00eda una empanada de queso que yo!, \u00a1m\u00e1s nalgas se le ve\u00edan a un calzoncillo colgado en un clavo!, \u00a1m\u00e1s flaco que las seis en punto en el reloj colgado en la pared! Y todo eso me llev\u00f3 a so\u00f1ar con ser fisiculturista. Me puse a levantar pesas de madera y cemento en un gimnasio improvisado en el patio de mi casa que mi primo Seraf\u00edn se invent\u00f3; pero entre m\u00e1s ejercicio hac\u00eda, m\u00e1s flaco me pon\u00eda, y as\u00ed me fui pareciendo a esos conejos, ya sin ninguna piel, que cuelgan en el mercado popular, atravesados por pedazos de madera y crucificados en el altar del hambre ajena, que siempre es mucha, porque el hambre es tan buena maestra que hasta a los animales adiestra, y m\u00e1s jud\u00edos hicieron cristianos el tocino y el jam\u00f3n que la Santa Inquisici\u00f3n.<\/p>\n<p>Mejor vamos a comenzar a contar por d\u00f3nde hay que empezar, es decir, por el principio de las cosas, mejor dicho, por el mismo origen, por all\u00e1 en los amaneceres del siglo XX; aunque despu\u00e9s vayamos m\u00e1s atr\u00e1s, para descubrir lo que falte por boca de otros, \u00a1oh, sorpresa!, que el mundo ya exist\u00eda antes de que naci\u00e9ramos y el planeta no comenz\u00f3 a girar cuando nosotros abrimos los ojos la primera vez.<\/p>\n<p>Siempre es bueno hacer eso, contar las cosas anteriores, porque nunca falta el necio que piensa que estas calles no significan nada para nadie, y tambi\u00e9n sabemos que quien conoce poco, a menudo repite las mentiras ajenas, y hablando se descubren infinidad de cosas, mientras que callando se ignoran muchas. Y por eso la abuela dec\u00eda: \u201cUn muerto mat\u00f3 a un herido, el ciego lo vio matar, el cojo sali\u00f3 corriendo y el mudo se fue a contar\u201d.<\/p>\n<p>Al principio, la gente del barrio sinti\u00f3 como si el mundo estuviera empezando otra vez, porque pod\u00edan contarse con los dedos las casas de madera levantadas en medio de la maleza, sobre troncos flacos como la vara que llevaba Mois\u00e9s en las manos, seg\u00fan el Antiguo Testamento. He aqu\u00ed el itinerario de los primeros recuerdos, borrosos como la cinta de una pel\u00edcula muda. Todav\u00eda la tierra no estaba dividida y la gente segu\u00eda llegando, yerbas del mismo pantano, expulsados por la violencia o el hambre, desde pueblos lejanos, con sus brazos tostados por el sol del camino y gotas de sudor en los labios. Muchos de ellos no sab\u00edan el nombre y para qu\u00e9 serv\u00edan muchas cosas, porque apenas las estaban viendo por primera vez.<\/p>\n<p>Mis abuelos, Sagrario Villabona y Feliciano Bonanza vinieron de un pueblo sin nombre porque en casa siempre estuvo prohibido pronunciarlo. Se fueron huyendo de all\u00e1 s\u00f3lo con el Cristo por delante, porque dicen que lleg\u00f3 una peste de sue\u00f1o que enferm\u00f3 a todos sus habitantes, poni\u00e9ndolos a dormir sin avisar, de un momento a otro, en medio de sus oficios diarios, y luego duraban dormidos por varios d\u00edas, semanas, y despertaban con mucha hambre, aunque algunos mor\u00edan durante el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Y eso tambi\u00e9n le pas\u00f3 a Marlene, la hermana menor de mi madre, entonces por precauci\u00f3n, para evitar que toda la familia se contagiara, y pensando sin mayores temores que ser\u00eda s\u00f3lo por algunos pocos d\u00edas, se marcharon del pueblo. Se instalaron en una posada para viajeros en la carretera; despu\u00e9s pasaron los d\u00edas y en vista de que Marlene no despertaba, emprendieron el camino de regreso a la aldea sin nombre.<\/p>\n<p>En el camino se encontraron a un cartero, que estaba visiblemente alterado, con los ojos rojos, como de conejo. Les pregunt\u00f3 a los Bonanza hacia d\u00f3nde se dirig\u00edan y ellos respondieron que hacia\u00a0 la aldea sin nombre porque all\u00e1 viv\u00edan.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No vayan! \u2014dijo el cartero, con la voz temblando y el rostro p\u00e1lido\u2014. \u00a1Eso que pas\u00f3 all\u00e1 no es natural! Se los digo yo que he hecho varios cursos por correspondencia y s\u00e9 de muchas cosas: un vendaval con lluvia y truenos se llev\u00f3 por los aires a esa aldea, los techos y paredes volaron como si fueran cometas, arranc\u00f3 de ra\u00edz los \u00e1rboles, todo desapareci\u00f3 de la faz de la Tierra, como si Dios le hubiera pasado su escoba por encima. Mejor devu\u00e9lvanse. Yo no volver\u00e9 a ser el mismo despu\u00e9s de ver todo eso \u2014y el cartero sigui\u00f3 su camino temblando. Se quedaron los Bonanza detenidos, sin saber qu\u00e9 hacer y en silencio; una hora despu\u00e9s una mujer pas\u00f3, junto a otra gente, montados todos en burros, y les contaron la misma historia con otras palabras.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Lo que yo he sufrido en esta vida no est\u00e1 escrito! \u00a1Nos salvamos porque arriba de Dios no vive nadie! \u2014dijo la abuela Sagrario, con su pelo asegurado por una pa\u00f1oleta y siempre ataviada con vestidos olorosos a naftalina\u2014. \u00a1Porque nuestro Se\u00f1or es justo y bueno y dulce y aqu\u00ed nadie se da cuenta de eso y por eso siempre andamos jodidos!<\/p>\n<p>As\u00ed que los Bonanza tuvieron que emprender el viaje en direcci\u00f3n a cualquier parte, en busca de una mejor suerte en la vida, porque pies para qu\u00e9 los tenemos, y recordando eso, algunos dijeron que quien pierde el techo se gana las estrellas del cielo. Tal vez lo m\u00e1s dif\u00edcil de la traves\u00eda fue que llevaron consigo a la t\u00eda Marlene, nombrada as\u00ed en honor a Marlene Dietrich, la actriz alemana de la que se enamor\u00f3 mi abuelo Feliciano, cuando la descubri\u00f3 en la primera pel\u00edcula que vio en su vida, por all\u00e1 en la zona bananera.<\/p>\n<p>Mi t\u00eda se la pas\u00f3 dormida durante todo el viaje en una hamaca colgada detr\u00e1s de una carreta, de esas con carpas que aparecen en las pel\u00edculas del Lejano Oeste, y en la que hicieron gran parte del recorrido. Tambi\u00e9n ven\u00edan dos ni\u00f1os \u2014el t\u00edo Carib\u00fa y mi madre Natividad\u2014, que no ten\u00edan edad todav\u00eda para que despu\u00e9s recordaran muchas cosas.<\/p>\n<p>Arrojados a un viaje sin br\u00fajula, atravesaron tierras por las que se encontraron con viajantes de comercio, recaudadores de impuestos, vendedores de milagros, campesinos desterrados \u2014casi todos por la violencia de pol\u00edticos\u2014, terratenientes y polic\u00edas confabulados para robar tierras ajenas, por donde corren r\u00edos que llevan desde siempre el color de la sangre. Muchos de esos campesinos se unieron a la caravana sin rumbo, con muchas ganas de encontrar un lugar donde las cosas fueran diferentes, y se la pasaban rezando todo el tiempo y se escond\u00edan a veces en los montes a orillas del camino para evitar el contacto con gente extra\u00f1a y los peligros propios del recorrido.<\/p>\n<p>Vieron vaqueros, cirqueros, santones locos con t\u00fanicas sucias de tierra, gitanos criadores de caballos, evangelizadores pentecostales, ladrones y buscavidas. Hasta que llegaron a una carretera, que de acuerdo con el horizonte, no parec\u00eda tener ning\u00fan final, y por cuyas orillas continuaron, s\u00f3lo con la ilusi\u00f3n de que en alg\u00fan momento apareciera algo que se pareciera a la tierra prometida.<\/p>\n<p>Apenas llegaba la noche, acampaban en la orilla, encend\u00edan fogatas y echaban cuentos, unos detr\u00e1s de otros, porque hab\u00eda gente que ten\u00eda la lengua m\u00e1s larga que el cuerpo. S\u00f3lo una cosa ten\u00edan algunos m\u00e1s larga que la lengua: \u00a1El sexto sentido!, como el de mi abuela y otras mujeres de la caravana, pues ya sabemos que cuando dos o m\u00e1s mujeres se re\u00fanen, Dios y el Diablo se buscan un rinc\u00f3n muy cerca, escuchan y aprenden. Fue esa intuici\u00f3n la que les se\u00f1al\u00f3 el lugar a orillas de la ciudad donde deb\u00eda fundarse Barrio Bomba.<\/p>\n<p>A la abuela todo ese viaje le recreaba la traves\u00eda del pueblo jud\u00edo por el desierto, aunque este camino era m\u00e1s peligroso, porque es mil veces mejor lidiar con los peligros de la naturaleza que con el alma de los hombres, dec\u00eda. A veces sent\u00eda que los pies se le part\u00edan sobre la carretera, bajo la luz de la estrella m\u00e1s cercana. \u00a1Caminando se llega a cualquier parte y para quien no sabe a d\u00f3nde va, cualquier direcci\u00f3n sirve! Son cosas que se saben y no necesitan explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y lleg\u00f3 una ma\u00f1ana en que la abuela Sagrario despert\u00f3 de un sue\u00f1o, en el que un p\u00e1jaro rojo se le apareci\u00f3 y ocurri\u00f3 que ella se baj\u00f3 de la hamaca poniendo el pie derecho, como siempre, para empezar con buena suerte el nuevo d\u00eda, y vio el p\u00e1jaro de su sue\u00f1o picoteando en el suelo a su lado. As\u00ed que ella sali\u00f3 de la carpa y sigui\u00f3 el camino del p\u00e1jaro hasta un \u00e1rbol, desde cuyas ramas el p\u00e1jaro rojo le solt\u00f3 una cagada en la cabeza para luego volar y perderse en el horizonte.<\/p>\n<p>Mi abuela, de quien dec\u00edan que era clarividente, sinti\u00f3 que esa era una se\u00f1al de la providencia: el largo camino que los hab\u00eda tra\u00eddo hasta all\u00ed hab\u00eda terminado. \u201cEl destino meti\u00f3 su mano, ya dio la se\u00f1al de que lleg\u00e1ramos hasta aqu\u00ed y yo no me hago la sorda con los mandatos de Dios\u201d. Volvi\u00f3 a la carpa, sac\u00f3 un machete, se recogi\u00f3 el pelo en un mo\u00f1o, y empez\u00f3 a limpiar el terreno donde los Bonanza levantaron la primera casa del barrio. Hasta el viento sonri\u00f3 agradecido con esa decisi\u00f3n, porque ya estaba cansado de acompa\u00f1arlos.<\/p>\n<p>Y cuenta tambi\u00e9n el abuelo Feliciano que esa misma ma\u00f1ana ocurri\u00f3 otro suceso; encontraron a un muchacho colgado de un \u00e1rbol, cerca del campamento. Se llamaba Primigenio Castellanos. Aquel viento lo mec\u00eda como a una cometa equivocada, ten\u00eda las manos separadas del cuerpo, como si en el \u00faltimo momento hubiera querido apartar a la muerte. En el bolsillo de su camisa llevaba una nota en la que ped\u00eda que no culparan a nadie y explicaba que se hab\u00eda matado por amor.<\/p>\n<p>Aquel ahorcado, Primigenio, hab\u00eda sido rechazado por una muchacha llamada Asunci\u00f3n Materano, que ten\u00eda los ojos enormes de un halc\u00f3n peregrino, se doblaba los p\u00e1rpados hacia arriba para asustar a los ni\u00f1os, y se pod\u00eda tocar tambi\u00e9n la punta de la nariz con la lengua. Ten\u00eda un rostro dulce de princesa mestiza y tomaba cerveza y ron como un alba\u00f1il reci\u00e9n pagado.<\/p>\n<p>Nunca lo pongan en duda: el hombre pone, Dios dispone, llega el Diablo y todo lo descompone. Despu\u00e9s de verla en la calle y cruzar algunas palabras con ella, el muchacho se enamor\u00f3 a primera vista. Despu\u00e9s conversaron algunas veces, \u00e9l deposit\u00f3 todas sus esperanzas en la muchacha, pero ella dej\u00f3 de prestarle atenci\u00f3n, mientras que Primigenio \u2014con el coraz\u00f3n en los huesos\u2014 se puso a escribirle poemas, dec\u00eda \u00e9l que la lengua se le volv\u00eda m\u00e1s dulce con s\u00f3lo pronunciar su nombre; pero la boca de ella ya estaba cantando para otro lado \u2014y hacia donde el coraz\u00f3n se inclina el coraz\u00f3n camina\u2014, enloquecida de amor y lujuria por uno de los polic\u00edas de carretera que frecuentaba los caminos en una motocicleta, en donde Asunci\u00f3n se montaba y \u00e9l despu\u00e9s se la llevaba por los caminos secundarios, viejo cazador de animales montaraces. Muy pronto, la muchacha qued\u00f3 embarazada, con las manos en la cabeza y sin saber qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p>Ya para esos d\u00edas, Primigenio se hab\u00eda convertido en un escribidor de versos sin academia ni salones de clases. S\u00f3lo por la obra del amor y gracias a un cuadernillo de poes\u00eda que alguien dej\u00f3 abandonado en una caja de basura de la carretera, donde sal\u00edan publicados versos de Neruda, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, Alfonsina Storni y muchos m\u00e1s, empez\u00f3 a leer tantos poemas que la poes\u00eda se le termin\u00f3 metiendo en la sangre y sec\u00e1ndole los sesos. A pesar de todo, no le alcanz\u00f3 la vida para leer a Catulo, el poeta latino, que se reprend\u00eda por enamorarse:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">\u00a1<em>Desgraciado Catulo, deja de hacer tonter\u00edas<\/em>,<br \/>\n<em>y lo que ves perdido, dalo por perdido!<br \/>\n<\/em><em>Ahora ella ya no quiere, t\u00fa, no seas d\u00e9bil, tampoco,<br \/>\n<\/em><em>ni sigas sus pasos ni vivas desgraciado,<br \/>\n<\/em><em>sino endurece tu coraz\u00f3n y mantente firme.<\/em><\/p>\n<p>Algunos amigos, ya cansados de que hablara tanto de esa mujer, le ped\u00edan a Primigenio que abriera la boca para ver si todav\u00eda ten\u00eda dientes de leche. \u201c\u00a1No seas ingenuo! \u00a1No confundas la cerveza con el agua de lavar los platos! \u00bfAcaso no ves, pendejo, que la sal tambi\u00e9n parece az\u00facar? Ya olv\u00eddate de esa mujer, no le des m\u00e1s cuerda, \u00a1tanta mujer en el mundo y te vas a enamorar de la m\u00e1s sinverg\u00fcenza de la caravana! \u00a1Ojos hay que de laga\u00f1as se enamoran! \u00a1Esa muchacha hasta regalada sale cara! \u00a1Ya deja de sacarle brillo al cobre para que parezca oro! \u00a1No seas tonto, pero sobre todo no seas cursi! \u00a1El que ruega por amor sufre por huev\u00f3n!\u201d.<\/p>\n<p>Ante lo cual Primigenio respond\u00eda: \u2014\u00bfCursi yo? Cursi es la noche que me acaricia con su ausencia y me besa con el fr\u00edo de los recuerdos de ella, cursis los caminos que confabulan para llevarme siempre a su recuerdo, cursi saber que el tiempo nos separa sin medir distancias.<\/p>\n<p>Sin embargo, el poeta no hac\u00eda caso a los consejos, porque quien no entiende una mirada, jam\u00e1s comprender\u00e1 una larga explicaci\u00f3n, y as\u00ed qued\u00f3 desde entonces atrapado en las c\u00e1rceles de la melancol\u00eda. Algunos lo llamaban el astronauta, porque se la pasaba en la luna, siempre pensando en esa mujer; es que la ve\u00eda y el viento empezaba a traer m\u00fasica de violines, su pecho se volv\u00eda un cielo cruzado de p\u00e1jaros de todos los colores y su coraz\u00f3n lat\u00eda como un trueno enjaulado. \u201c\u00a1Yo por ti, mujer, levanto imperios en la cabeza de un alfiler! \u00a1Hasta grabo en la penca de un maguey nuestros nombres!\u201d.<\/p>\n<p>A veces le\u00eda a sus amigos los poemas que le escrib\u00eda a su amor no correspondido. Dec\u00eda que la palabra que m\u00e1s se le parec\u00eda a esa muchacha, Asunci\u00f3n, era inefable, pues ella no pod\u00eda ser descrita con palabras y pose\u00eda cualidades maravillosas. A esto los amigos respond\u00edan: \u201cpor supuesto que es maravillosa, idiota, y por eso todos quieren un pedazo de ese pastel. Ya conf\u00f3rmate y sigue tu camino silbando y pateando piedras\u201d.<\/p>\n<p>\u201cM\u00e1s fuerte era Sans\u00f3n y lo venci\u00f3 el amor\u201d, dijo uno de los que ayud\u00f3 a bajar el cuerpo de Primigenio del \u00e1rbol, y luego se hizo la se\u00f1al de la cruz. Se necesitaron tres hombres para bajarlo, porque los hombres pesan m\u00e1s cuando est\u00e1n muertos que cuando est\u00e1n vivos, y lo pusieron sobre una mesa de cocina a la intemperie. Uno de los presentes tom\u00f3 la misma cuerda con la que se hab\u00eda colgado el muchacho y midi\u00f3 la estatura del cad\u00e1ver. Alguien pregunt\u00f3 por qu\u00e9 lo hac\u00eda y el otro respondi\u00f3: \u201cpara tener la medida del ata\u00fad que necesitar\u00e1n para sepultarlo. Hay gente que se encoge cuando muere y existen otros que se ponen a crecer m\u00e1s r\u00e1pido. Todo el mundo sabe eso. As\u00ed pasa cuando el Se\u00f1or llama a sus criaturas\u201d.<\/p>\n<p>Mientras velaban el cuerpo del muchacho debajo de una gran carpa comunal, aparecieron familiares y curiosos; algunos empezaron a quemar ramas de naranjo y hojas tiernas de eucalipto para abrirle al muerto su camino hacia el m\u00e1s all\u00e1, y que su alma se llevara un buen recuerdo de este plano terrenal. Alguien tambi\u00e9n lleg\u00f3 con un Cristo de madera, junt\u00f3 las manos del difunto, y coloc\u00f3 el crucifijo entre los dedos que ya estaban endurecidos. Ninguna muerte es bonita, pero los que mueren de amor, como este muchacho, despiertan en muchos el deseo de vivir.<\/p>\n<p>A Primigenio lo enterraron en un sitio cerca del campamento. La abuela del muchacho dijo que le daba tristeza dejarlo all\u00ed tan solo, en medio de la nada, al ni\u00f1o de sus ojos, y decidi\u00f3 quedarse a vivir all\u00ed. Una amiga imprudente le pregunt\u00f3 p\u00fablicamente a la abuela qu\u00e9 pensaba sobre la muchacha esa, Asunci\u00f3n, por la que Primigenio se hab\u00eda quitado la vida. La abuela respondi\u00f3: \u201c\u00a1Arriba est\u00e1 el que para abajo mira y no es un murci\u00e9lago! \u00a1Ojal\u00e1 Dios la lleve por buen camino y tambi\u00e9n la ilumine con un rayo en la cabeza!\u201d.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fue que tambi\u00e9n los dem\u00e1s miembros de la caravana decidieron quedarse, porque de igual manera creyeron advertir en todo eso una se\u00f1al de la providencia y adem\u00e1s ya estaban cansados de andar sin rumbo por los caminos del mundo. As\u00ed fue como empezaron a cortar la sombra del monte, arrancar todas las yerbas y a construir casas con los materiales que ten\u00edan a la mano, sin preguntarse en ning\u00fan momento a qui\u00e9n pertenec\u00edan esas nuevas tierras. \u201c\u00a1Yo no nac\u00ed el d\u00eda de los temblores! \u00a1El que tenga miedo, que se compre un perro!\u201d, dicen que dijo entonces mi abuelo Feliciano Bonanza.<\/p>\n<p>A la muchacha Asunci\u00f3n le preguntaron una vez por qu\u00e9 hab\u00eda despreciado los amores del poeta que hab\u00eda tomado tan mortal decisi\u00f3n. Sin ninguna contemplaci\u00f3n, ella respondi\u00f3 que Primigenio era muy aburrido, medio pendejo, es decir, pobre de esp\u00edritu y voluntad, como si el mundo le debiera algo a alguien, y todos sabemos que a los pendejos ni mi Dios los quiere. \u201cAdem\u00e1s, nunca me agarr\u00f3 ni la mano, \u00a1y el que quiere besar busca la boca!\u201d.<\/p>\n<p>Alegr\u00edas siempre hay en la vida, como tambi\u00e9n existen desgracias, y estas \u00faltimas a veces vienen juntas y hasta cogidas de la mano. Nadie sabe a qu\u00e9 orilla lo va a llevar el r\u00edo. Al final tampoco a la muchacha Asunci\u00f3n le fue muy bien, porque el camino de la vida es largo y culebrero, y cuando el polic\u00eda se enter\u00f3 de que Asunci\u00f3n estaba embarazada, nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a aparecer por su camino y ella tuvo que parir la criatura con mucho esfuerzo mientras lloraba de amor por su amante perdido.<\/p>\n<p>Asunci\u00f3n termin\u00f3 trabajando en el primer prost\u00edbulo que tuvo el barrio, en donde algunas noches se pasaba de tragos y se burlaba de la locura cometida por el muchacho suicida. Cuando le ped\u00edan respeto por el descanso del muerto, dec\u00eda: \u201c\u00a1Pero por qu\u00e9 callar, si nacimos gritando, no somos ratones de iglesia! Y es que fuego que prende solo no necesita le\u00f1a. Por eso yo prefiero en esta y tambi\u00e9n en la otra vida a un hombre que me ponga a gozar en la cama, en vez de alguien que ande calent\u00e1ndome las orejas con versos, porque las palabras se las lleva el viento, pero el cuerpo nunca olvida\u201d. Y pensar ahora que lo ir\u00f3nico es que son las palabras las que rescatan del olvido estas historias que hoy s\u00f3lo sobreviven en algunas pocas cabezas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-45535 aligncenter\" style=\"border: 1px solid #d3d3d3;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada_Bario-Bomba.jpg\" alt=\"\" width=\"292\" height=\"493\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada_Bario-Bomba.jpg 759w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada_Bario-Bomba-178x300.jpg 178w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada_Bario-Bomba-607x1024.jpg 607w\" sizes=\"(max-width: 292px) 100vw, 292px\" \/><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\">Primer cap\u00edtulo de la\u00a0 novela <a href=\"https:\/\/periscopiocasaeditorial.com\/product\/the-return-of-the-king\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>Barrio Bomba<\/em><\/a>, editado por Periscopio Editorial de Colombia, 2025.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\"><a style=\"color: #000080;\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-38\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong>\u00a1Compra libros de los autores y traductores incluidos en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop!<\/strong><\/a><\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Foto: Rodrigo Pereira, Unsplash.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 \u00a0Donde se cuenta el origen del mundo y la abuela sagrario dice: \u201c\u00a1Nos salvamos porque arriba de dios no vive nadie!\u201d Mi recuerdo m\u00e1s antiguo es donde estoy sentado en las piernas de Natividad Bonanza, mi madre, tomando leche de una botella caliente, observando sus pechos bajo la blusa, que sub\u00edan y bajaban, sub\u00edan [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":45812,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2887],"tags":[5703],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[5687],"class_list":["post-45813","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ficcion","tag-numero-38","lal_author-j-j-junieles"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45813","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=45813"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45813\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":46065,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45813\/revisions\/46065"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/45812"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=45813"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=45813"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=45813"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=45813"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=45813"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=45813"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=45813"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=45813"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}