{"id":45569,"date":"2026-06-02T11:03:39","date_gmt":"2026-06-02T17:03:39","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=45569"},"modified":"2026-06-17T08:58:55","modified_gmt":"2026-06-17T14:58:55","slug":"el-delirio-y-la-forma-arte-politica-y-destino-en-la-obra-de-carlos-granes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2026\/06\/el-delirio-y-la-forma-arte-politica-y-destino-en-la-obra-de-carlos-granes\/","title":{"rendered":"El delirio y la forma: arte, pol\u00edtica y destino en la obra de Carlos Gran\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">La obra de Carlos Gran\u00e9s constituye uno de los intentos m\u00e1s sistem\u00e1ticos por pensar la relaci\u00f3n entre arte, ideolog\u00eda y pol\u00edtica en Am\u00e9rica Latina. Libros como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El pu\u00f1o invisible<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Salvajes de una nueva \u00e9poca <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El rugido de nuestro tiempo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u2014le\u00eddos en conjunto con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Delirio americano<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que opera como su eje interpretativo\u2014 conforman una cartograf\u00eda intelectual del continente en la que las vanguardias art\u00edsticas no aparecen como fen\u00f3menos marginales, sino como fuerzas determinantes en la configuraci\u00f3n de la vida pol\u00edtica latinoamericana. La hip\u00f3tesis que atraviesa estos textos es tan provocadora como sugerente: Am\u00e9rica Latina no ha sido moldeada \u00fanicamente por sus estructuras econ\u00f3micas o sus conflictos sociales, sino tambi\u00e9n por el \u201cdelirio\u201d de sus artistas. El resultado es una paradoja: aquello que naci\u00f3 como impulso cr\u00edtico \u2014la ruptura, la transgresi\u00f3n, la negaci\u00f3n del orden\u2014 termin\u00f3 alimentando tanto los excesos de la pol\u00edtica como la din\u00e1mica del mercado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El ep\u00edgrafe de Vicente Huidobro que abre <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Delirio americano<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201cMientras que el ensue\u00f1o pertenece a todo el mundo, el delirio solo pertenece a los poetas\u201d, funciona como clave de lectura. El delirio, entendido no como extrav\u00edo patol\u00f3gico sino como potencia creadora, es aquello que permite imaginar mundos alternativos. Sin embargo, cuando esa potencia abandona el \u00e1mbito de la imaginaci\u00f3n est\u00e9tica y se proyecta sobre la realidad pol\u00edtica, adquiere un car\u00e1cter ambivalente: puede abrir horizontes de libertad o precipitar formas de dominaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En este sentido, Gran\u00e9s se inscribe en una tradici\u00f3n liberal latinoamericana hoy debilitada. Su defensa de la libertad individual \u2014de expresi\u00f3n, de experimentaci\u00f3n vital, de invenci\u00f3n\u2014 encuentra en el arte un espacio privilegiado. Las vanguardias, en su dimensi\u00f3n m\u00e1s radical, no solo produjeron nuevas formas est\u00e9ticas, sino que ensayaron modos de vida: hicieron de la existencia misma una obra abierta, un laboratorio de posibilidades. Esta concepci\u00f3n implica una \u00e9tica antidogm\u00e1tica, refractaria a los sistemas cerrados y a las verdades absolutas. La vida, como el arte, no puede someterse a un programa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No obstante, el propio desarrollo hist\u00f3rico de las vanguardias introduce una tensi\u00f3n decisiva. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, el arte deja de concebirse \u00fanicamente como exploraci\u00f3n individual para asumir una misi\u00f3n transformadora. El a\u00f1o 1898 \u2014con la guerra de Cuba y la irrupci\u00f3n de Estados Unidos como potencia hemisf\u00e9rica\u2014 marca un punto de inflexi\u00f3n en la conciencia latinoamericana. Frente a la amenaza imperial, los artistas abandonan progresivamente el ensimismamiento esteticista y adoptan un rol pol\u00edtico. Rub\u00e9n Dar\u00edo, emblema del modernismo, deja atr\u00e1s su imaginer\u00eda mitol\u00f3gica para dirigirse directamente a Roosevelt. El arte comienza a hablar en nombre de una comunidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Este desplazamiento da origen a un nuevo nacionalismo cultural en el que confluyen figuras como Jos\u00e9 Enrique Rod\u00f3 y Leopoldo Lugones. La exaltaci\u00f3n de lo latinoamericano, en oposici\u00f3n a lo saj\u00f3n, se articula con una concepci\u00f3n elitista del esp\u00edritu: el artista como gu\u00eda, como conciencia superior capaz de orientar el destino colectivo. Esta idea, que en apariencia busca afirmar la identidad frente a la dominaci\u00f3n externa, encierra una ambig\u00fcedad profunda: en su aspiraci\u00f3n a elevar a la comunidad, el artista se sit\u00faa por encima de ella.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es aqu\u00ed donde la lectura de Gran\u00e9s dialoga con la c\u00e9lebre distinci\u00f3n de Walter Benjamin entre la politizaci\u00f3n de la est\u00e9tica y la estetizaci\u00f3n de la pol\u00edtica. En Am\u00e9rica Latina, ambas tendencias convergen: el arte se convierte en instrumento de la lucha ideol\u00f3gica, mientras la pol\u00edtica adopta formas est\u00e9ticas que la vuelven seductora y totalizante. El resultado es la p\u00e9rdida de autonom\u00eda del arte, que pasa a ser subsumido por programas pol\u00edticos que lo utilizan como veh\u00edculo de legitimaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La Revoluci\u00f3n Mexicana constituye un ejemplo paradigm\u00e1tico de este proceso. Los muralistas producen una iconograf\u00eda que exalta al pueblo y mitifica la revoluci\u00f3n. Sin negar la potencia est\u00e9tica de estas obras ni el significado de llevar el arte al espacio p\u00fablico, Gran\u00e9s subraya su dimensi\u00f3n propagand\u00edstica: el arte ya no interroga la realidad, sino que la fija en una imagen idealizada. El artista, lejos de ser un disidente, se convierte en funcionario. Surge as\u00ed un arte burocr\u00e1tico, orientado a consolidar relatos oficiales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Este fen\u00f3meno no es exclusivo de los proyectos de izquierda. A lo largo del siglo XX, tanto el fascismo como el comunismo encontraron en el arte un aliado fundamental. Poetas e intelectuales celebraron la maquinaria, la guerra, el pueblo o la revoluci\u00f3n, seg\u00fan el signo ideol\u00f3gico al que adhirieran. Am\u00e9rica Latina vivi\u00f3, en este sentido, una \u201cedad de las utop\u00edas\u201d, marcada por la convicci\u00f3n de que era posible rehacer la sociedad desde sus cimientos. Sin embargo, como advierte Gran\u00e9s, estas utop\u00edas tendieron a convertirse en atajos: simplificaron la complejidad de la vida pol\u00edtica y despreciaron los mecanismos deliberativos de la democracia. La pol\u00edtica latinoamericana del siglo XX fue, en ese sentido, salvaje.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una de las afirmaciones m\u00e1s incisivas de esta lectura es que el autoritarismo no puede explicarse \u00fanicamente por la acci\u00f3n de militares o movimientos populares. Tambi\u00e9n los artistas, con su imaginario redentor, contribuyeron a crear las condiciones para su emergencia. Vicente Huidobro, en sus <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tres cartas al T\u00edo Sam<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, hace un mea culpa frente al surgimiento del nazismo y otras formas de tiran\u00eda. Reconoce retrospectivamente la falta de fe en la democracia: \u201cPorque todos est\u00e1bamos cansados de la democracia, desilusionados de su falta de vitalidad, de sus injusticias, de su lentitud, de su flojedad interna; descontentos, por lo menos, de sus modos de actuar. Hab\u00eda frialdad para defenderla; no inspiraba entusiasmo en nadie\u201d. Aquella \u00e9tica de la radicalidad \u2014donde en el arte era leg\u00edtimo destruir el pasado para crear algo nuevo\u2014 encontr\u00f3 su correlato en los proyectos revolucionarios que aspiraban a fundar un mundo mejor, y a\u00fan resuena en ciertos liderazgos actuales, a los que Gran\u00e9s denomina \u201cpresidente creador\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el trasfondo de este problema se encuentra la tentaci\u00f3n demi\u00fargica, la idea de que el artista no solo puede imaginar el mundo, sino imponerle una forma. Influido por corrientes como el arielismo de Rod\u00f3, este impulso se traduce en una concepci\u00f3n jer\u00e1rquica de la cultura, donde ciertos esp\u00edritus se consideran llamados a dirigir a los dem\u00e1s. El paso del elitismo est\u00e9tico al autoritarismo pol\u00edtico resulta, entonces, menos abrupto de lo que podr\u00eda pensarse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El recorrido hist\u00f3rico que propone Gran\u00e9s muestra, adem\u00e1s, la persistencia del nacionalismo bajo distintas formas. Los proyectos autoritarios de derecha en los a\u00f1os cuarenta, orientados al orden y la jerarqu\u00eda, fracasan en su intento de modernizaci\u00f3n. Posteriormente, en los a\u00f1os sesenta, emerge un nacionalismo de izquierda que, bajo la bandera de la emancipaci\u00f3n, promueve la lucha armada y la transformaci\u00f3n radical de la sociedad. A pesar de sus diferencias, ambos comparten una l\u00f3gica com\u00fan: la subordinaci\u00f3n del individuo a un proyecto colectivo. Las revoluciones triunfantes tienden a ser conservadoras, no aceptan cr\u00edtica ni desviaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Frente a este panorama, las vanguardias ofrecen una lecci\u00f3n ambigua. Su impulso transformador buscaba redefinir la imagen del ser humano. \u201cLa poes\u00eda puede servir para entender la relaci\u00f3n de una subjetividad concreta con el mundo \u2014las penas e insatisfacciones, las injusticias padecidas por un esp\u00edritu perceptivo y con vocaci\u00f3n marginal\u2014, pero como instrumento para hacer un diagn\u00f3stico pol\u00edtico de los males de la sociedad es arriesgado y azaroso\u201d. Esa misma ambici\u00f3n de cambio puede derivar en proyectos totalizantes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El caso del Boom latinoamericano ilustra un precedente adicional. Muchos de sus autores sostuvieron posiciones pol\u00edticas antiimperialistas, pero su formaci\u00f3n est\u00e9tica estuvo profundamente influida por tradiciones literarias anglosajonas, como la de William Faulkner. Lejos de ser una contradicci\u00f3n, esta tensi\u00f3n revela la capacidad de la cultura para trascender fronteras. La circulaci\u00f3n global de estas obras constituye, en s\u00ed misma, una forma de universalidad que la pol\u00edtica latinoamericana rara vez ha logrado alcanzar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Roberto Bola\u00f1o, ya a fines del siglo XX, percibe el agotamiento de ese impulso. En su obra, la oposici\u00f3n entre civilizaci\u00f3n y barbarie se disuelve: ambas conviven en el mismo sujeto. El poeta revolucionario se convierte en espectro, y la literatura se puebla de precariedad y desencanto. Se trata de una conciencia postut\u00f3pica, donde el delirio ha perdido su inocencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A lo largo de los libros de Gran\u00e9s se articula una relectura de la historia cultural del continente. En sus ensayos se practica un \u201cejercicio del juicio\u201d que dialoga con la forma y con la fluidez del relato: una invitaci\u00f3n a seguir indagando y a enfrentarse a sus p\u00e1ginas con libertad de movimiento. El autor propone un orden de lectura abierto, guiado por el inter\u00e9s del lector. Al mismo tiempo, no se desentiende del presente: \u201cUn esfuerzo quim\u00e9rico, como el de atrapar el agua con los dedos, que sin embargo arroja, de tanto en tanto, alg\u00fan descubrimiento\u201d. En ese recorrido, Gran\u00e9s traza m\u00faltiples conexiones: desde el campo de batalla donde cae Jos\u00e9 Mart\u00ed hasta Managua, Chiapas y, por supuesto, La Habana; desde la universalidad de C\u00e9sar Vallejo hasta la muerte de Fidel Castro, deteni\u00e9ndose en la soledad de Lezama Lima en medio de la revoluci\u00f3n, o reparando en un poema \u2014terriblemente cursi\u2014 recitado por Gustavo Petro en la ONU.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su indagaci\u00f3n no se limita al continente: hay en ella un examen cosmopolita, necesario para comprender lo que ocurre en su interior. Aparecen m\u00faltiples casos que alimentan ese ejercicio de juicio: la venta de una obra de Banksy en Sotheby\u2019s, la lectura de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El capital<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Marx en la Bienal de Venecia, y el turismo bolivariano de Podemos. La condescendencia europea y de las universidades norteamericanas \u2014advertida por Octavio Paz y Vargas Llosa\u2014,\u00a0 un bus con una exhibici\u00f3n tr\u00e1nsfoba recorriendo Estados Unidos, Colombia y Chile, o el dildo anal gigante de Paul McCarthy instalado en la plaza Vend\u00f4me.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Gran\u00e9s muestra as\u00ed un fen\u00f3meno posterior a mayo del 68: el izquierdismo cultural fue r\u00e1pidamente absorbido por el capitalismo, y los productos nacidos de la revuelta se transformaron en mercanc\u00eda. La rebeld\u00eda se volvi\u00f3 consumible. La m\u00e1quina no se quiebra: se adapta. El capitalismo incorpora los valores de la contracultura y termina institucionalizando la rebeli\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En las \u00faltimas d\u00e9cadas, sin embargo, se ha producido un desplazamiento significativo. La exploraci\u00f3n individual \u2014esa aspiraci\u00f3n a convertir la propia vida en obra de arte\u2014 ha dado paso a una pol\u00edtica de identidades colectivas. La singularidad se redefine en t\u00e9rminos de pertenencia: identidades de g\u00e9nero, \u00e9tnicas o culturales estructuran nuevas formas de acci\u00f3n pol\u00edtica. Si bien este proceso ha permitido visibilizar desigualdades hist\u00f3ricas, tambi\u00e9n ha generado, seg\u00fan Gran\u00e9s, una fragmentaci\u00f3n del espacio com\u00fan. La ciudadan\u00eda deja de ser un principio universal para convertirse en un mosaico de reivindicaciones particulares.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esta transformaci\u00f3n implica un cambio en la funci\u00f3n del arte. La expresi\u00f3n est\u00e9tica ya no busca explorar la condici\u00f3n humana, sino afirmar una identidad. En este contexto, la frontera entre artista y activista se difumina. Estos deben plegarse a las \u201cbuenas causas\u201d, sacrificar la libertad y, si es posible, explotar el codiciado capital de v\u00edctima. \u201cDe peque\u00f1o dios, el artista ha pasado a ser un siervo del moralismo puritano que brot\u00f3 del suelo estadounidense para esparcirse por las sociedades occidentales\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La pol\u00edtica, por su parte, adopta rasgos teatrales, perform\u00e1ticos, privilegiando la visibilidad y el gesto por sobre la deliberaci\u00f3n. El riesgo es que la performance sustituya al acuerdo, debilitando las bases de la convivencia democr\u00e1tica. \u201cQuedamos entonces con una pol\u00edtica entretenid\u00edsima, muy televisiva y de p\u00e9sima calidad, inmoral, estridentista y salvaje: una amenaza a los ideales civilizatorios del Occidente moderno y liberal. Y con un arte inocuo e impostado, insoportablemente predecible, aburrido y conservador, m\u00e1s a la defensiva que abierto a la experimentaci\u00f3n y la sorpresa. Pol\u00edticos incorrectos, artistas correctos: la peor combinaci\u00f3n\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la actualidad, el diagn\u00f3stico de Gran\u00e9s es cr\u00edtico. La cultura latinoamericana parece atrapada en una obsesi\u00f3n por el pasado: la memoria, los mitos y las identidades ocupan el centro del debate, mientras el futuro pierde densidad imaginativa. En este contexto, emerge la figura del \u201cpresidente creador\u201d, el l\u00edder que se concibe a s\u00ed mismo como artista o visionario, cerrando as\u00ed el ciclo en el que arte y poder vuelven a entrelazarse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La obra de Gran\u00e9s es un fresco sobre nuestra exuberante historia; su lectura nos lleva a extra\u00f1ar un escepticismo civilizatorio, una defensa frente a las visiones cada vez m\u00e1s desfiguradas de la realidad. Y, a pesar de la exhaustividad de su trabajo, no arroja grandes soluciones o respuestas, pero s\u00ed da algunas se\u00f1ales de d\u00f3nde sostenerse. Las ofrece en su defensa del surrealismo: \u201cese intento por volver a los inicios de la vida, a la ni\u00f1ez o al tiempo primitivo, para recuperar lo que el adulto y el civilizado hab\u00edan perdido\u201d, la ant\u00edtesis del guerrero nacionalista. Y lo hace en el p\u00e1rrafo final de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Delirio americano<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, cuando concluye que ninguno de los movimientos pol\u00edticos o \u201cmitolog\u00edas\u201d creados desde nuestros sue\u00f1os redentores ha cohesionado la sociedad ni ha dado prosperidad. Quiz\u00e1 nuestra mejor gu\u00eda sea: \u201cun liberalismo no redentor, cosmopolita e impuro, que fomente liderazgos plurales. Como cualquier otro lugar, Latinoam\u00e9rica amasa una historia compleja y b\u00e1rbara de verg\u00fcenzas y luces. El futuro est\u00e1 ah\u00ed, como para cualquier otra comunidad humana. Es hora de poner un pie en el siglo XXI\u201d.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\"><a style=\"color: #000080;\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-38\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><b>\u00a1Compra libros de los autores y traductores incluidos en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop!<\/b><\/a><\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Carlos Gran\u00e9s, escritor y antrop\u00f3logo colombiano. Cr\u00e9dito: Archivo ABC \/ Ignacio Gil.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La obra de Carlos Gran\u00e9s constituye uno de los intentos m\u00e1s sistem\u00e1ticos por pensar la relaci\u00f3n entre arte, ideolog\u00eda y pol\u00edtica en Am\u00e9rica Latina. 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