{"id":45526,"date":"2026-06-12T11:01:05","date_gmt":"2026-06-12T17:01:05","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=45526"},"modified":"2026-06-17T10:40:17","modified_gmt":"2026-06-17T16:40:17","slug":"batalla-naval-sobre-ataudes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2026\/06\/batalla-naval-sobre-ataudes\/","title":{"rendered":"Batalla naval sobre ata\u00fades"},"content":{"rendered":"<p>Morteros se inundaba con facilidad y sin causas. Algunos d\u00edas de algunos a\u00f1os, los campos se llenaban de agua y, sin que nadie supiera muy bien porqu\u00e9, Morteros se transformaba en un pueblo flotante: flotaban las vacas, flotaban los coches, flotaban los perros y las bicicletas, flotaban los maceteros, flotaban los bancos de la plaza, flotaban las barreras del ferrocarril y el escenario del Tiro. Un a\u00f1o tambi\u00e9n flotaron los muertos. La imagen no es f\u00e1cil de recordar y, sin embargo, es imborrable: flotaron noventa ata\u00fades y todos hicieron el mismo recorrido, marcharon en fila india desde el cementerio hasta el monumento que est\u00e1 frente a la plaza, en el centro del pueblo. Algunos, al pasar por la estaci\u00f3n de tren, quedaron enganchados en las barreras, pero de eso se dieron cuenta los conductores del Norte\u00f1o al d\u00eda siguiente, cuando en su trayecto San Francisco\u2013Suardi pasaron por Morteros y vieron que a la barrera le hab\u00eda nacido un ata\u00fad.<\/p>\n<p>Era el D\u00eda del Ni\u00f1o y est\u00e1bamos en la plaza, frente a la iglesia, con medio cuerpo en el agua, divirti\u00e9ndonos. Cuando los mayores vieron aparecer los cajones, el griter\u00edo anul\u00f3 cualquier atisbo de racionalidad y enseguida vimos que aquello iba a ser una gran aventura. Nuestros padres comenzaron a nadar intentando reconocer los f\u00e9retros con los restos de sus cad\u00e1veres queridos, mientras nosotros organiz\u00e1bamos una batalla naval subi\u00e9ndonos a la \u00faltima morada de nuestros antepasados. Navegando por el bulevar como corsarios, como piratas, como ni\u00f1os flotantes nacidos en Morteros.<\/p>\n<p>Nuestras madres sufrieron ataques de nervios. Nuestros padres tambi\u00e9n, pero los disimularon mejor. Cuarenta ni\u00f1os nos subimos a cuarenta ata\u00fades y jugamos durante m\u00e1s de una hora a la batalla naval, al Titanic, a matarnos y a morir.<\/p>\n<p>Yo navegaba al lado de Mart\u00edn Mattioli y de la M\u00ednima Su\u00e1rez y, entre los tres, intent\u00e1bamos hundir al Fede Fenoglio, que ten\u00eda ventaja porque hab\u00eda logrado domar dos corceles de madera que hab\u00eda puesto en paralelo junt\u00e1ndolos con sus largas piernas, lo que hac\u00eda dif\u00edcil la misi\u00f3n de tirar por la borda al capit\u00e1n.<\/p>\n<p>Me acuerdo de que la P\u00eda Tonetti iba encima de un caj\u00f3n blanco, precioso, y que detr\u00e1s de ella, aferrado a su cintura, iba el Toti Liteli. Eran los \u00fanicos que navegaban a d\u00fao. Primero jugamos a todos contra todos y, cuando nos cansamos, alguien propuso que organiz\u00e1ramos ej\u00e9rcitos.<\/p>\n<p>\u2014Los de los ata\u00fades marrones, contra los de los ata\u00fades negros \u2014dijo Mart\u00edn Mattioli.<\/p>\n<p>\u2014Y los de los ata\u00fades blancos somos los jueces \u2014dijo la P\u00eda Tonetti.<\/p>\n<p>As\u00ed fue.<\/p>\n<p>Al finalizar la batalla, alguien propuso hacer una carrera, y todos pusimos proa hacia la l\u00ednea de salida que era, sin discusi\u00f3n alguna, el monumento que hac\u00eda las veces de rotonda en el \u00fanico cruce de calles grandes de toda la comarca.<\/p>\n<p>\u2014La meta es el colegio Cristo Rey \u2014dijo el Rafa Capellino, el \u00fanico ni\u00f1o que hab\u00eda visto cosas extraordinarias el a\u00f1o que lo llevaron lejos, a pasar unas vacaciones m\u00edticas. Tan lejos hab\u00eda ido el Rafa Capellino, tanto, que vio algo que ni siquiera todos los ni\u00f1os de Morteros pensando juntos como un cardumen de ni\u00f1os imaginativos imaginando al un\u00edsono nos hubi\u00e9ramos podido imaginar. La llanura, dijo el Rafa al volver de su viaje, puede ir hacia arriba. Algunas veces, dijo, sobrepasa las nubes. Si la llanura sube mucho, el pasto se pone blanco en la punta, dijo. Esas formaciones extra\u00f1\u00edsimas de esos lugares lejanos, esas llanuras verticales, no se llaman llanuras verticales, se llaman monta\u00f1as, dijo. Monta\u00f1as, dijimos todos juntos aquel d\u00eda. Y el pasto blanco se llama nieve, dijo el Rafa Capellino el d\u00eda que volvi\u00f3 de su viaje, y, mientras todos los ni\u00f1os de Morteros dec\u00edan Oooooh, yo pens\u00e9 que no pod\u00eda ser que existieran palabras que yo no conociera porque eso quer\u00eda decir que exist\u00edan cosas que esas palabras nombraban que tampoco conoc\u00eda, y que eso era algo terrible porque, entonces, todo aquello en lo que uno cre\u00eda, todo aquello en lo que uno confiaba, todo aquello que uno defend\u00eda pod\u00eda ser refutado por alguien que supiera cosas que uno no sab\u00eda, por alguien que hubiera visto cosas que uno desconoc\u00eda, por alguien que pronunciara palabras que uno ni hab\u00eda pronunciado, ni pronunciaba, ni pronunciar\u00eda jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Estuve a punto de gritar a causa del p\u00e1nico que experiment\u00e9 al darme cuenta, por primera vez, de la posibilidad de que el mundo que quedaba pasando Morteros, el mundo que quedaba m\u00e1s all\u00e1 de nuestros campos, m\u00e1s all\u00e1 de la SanCor y del monumento que daba la bienvenida a nuestro pueblo, que era lo m\u00e1s lejos que hab\u00edamos ido nunca, no fuera id\u00e9ntico a nosotros, a nuestras creencias y a nuestro paisaje y de que, adem\u00e1s, nuestras palabras no fueran todas las palabras habidas y por haber y de que as\u00ed, entonces, por consiguiente, de esta manera, en conclusi\u00f3n, la verdad con may\u00fasculas no fuera verdadera en s\u00ed, sino solo en m\u00ed.<\/p>\n<p>En nosotros.<\/p>\n<p>No tuve tiempo de gritar porque el Rafa Capellino cont\u00f3 la mejor parte de todas las partes de su viaje a las llanuras verticales llamadas monta\u00f1as. Que una tarde, sentado en la puerta del hotel de carretera, mientras sus padres se duchaban juntos en el ba\u00f1o de la habitaci\u00f3n, \u00e9l sinti\u00f3 c\u00f3mo el asfalto y el aire empezaban a vibrar m\u00e1s y m\u00e1s y m\u00e1s y m\u00e1s y m\u00e1s y m\u00e1s y m\u00e1s y c\u00f3mo, de repente, en vez de un terremoto lo que apareci\u00f3 fue la mitad de la palabra: una moto sin terre, dijo. Una moto sin terre capaz de hacer temblar el coraz\u00f3n de un hombre, dijo. Y de una mujer, lo corrigi\u00f3 la Nina Boturi. Que pas\u00f3 por delante de sus ojos y aparc\u00f3 justo a su lado, dijo el Rafa Capellino. Que el hombre, dijo el Rafa Capellino, al ver al Rafa Capellino mirarlo con los ojos tan abiertos, le sonri\u00f3 y le habl\u00f3 en una lengua que no era la nuestra, una lengua que sonaba como las palabras de las canciones de Hank Williams. Y ac\u00e1 ven\u00eda el porqu\u00e9 de la admiraci\u00f3n que todos le prodig\u00e1bamos al Rafa Capellino: que el hombre, dijo, no solo lo dej\u00f3 subir a su moto sin terre sino que, adem\u00e1s, lo llev\u00f3 a dar una vuelta y llegaron hasta la mitad de las llanuras verticales llamadas monta\u00f1as.<\/p>\n<p>Dijo el Rafa Capellino que vio un r\u00edo que, en vez de ir horizontal, como iban la laguna Mar Chiquita y el agua de las cunetas, ca\u00eda vertical entre las rocas. Y que, en la mitad de la precipitaci\u00f3n, hab\u00eda un arco iris. El arco iris que es la se\u00f1al que Dios se puso a s\u00ed mismo para recordar su promesa a No\u00e9 de no volver a inundar la tierra, de no volver a hacernos naufragar, de no exterminarnos nunca m\u00e1s, dijo el Rafa Capellino que dijo No\u00e9 que dijo Dios. Am\u00e9n, dijimos todos los ni\u00f1os de Morteros y, con las manitos en modo rezo, enunciamos: G\u00e9nesis 9, vers\u00edculos del 1 al 16.<\/p>\n<p>Enseguida, como si no fuera todo lo suficientemente extraordinario, el Rafa Capellino nos dijo que la ruta no era recta sino curva. Una curva detr\u00e1s de otra, muchas, decenas, cientos de curvas, dijo el Rafa Capellino, y nosotros nos frotamos los ojos porque lo \u00fanico curvo en nuestra vida llana y recta de ni\u00f1os morterenses eran la rotonda del supermercado Larguirucho, la rotonda del cruce del bulevar donde estaba el monumento a la Pachamama y una desviaci\u00f3n m\u00ednima del camino, justo antes de llegar a Suardi, el pueblo del costado. Dijo el Rafa Capellino que nadie puede describir lo que uno siente cuando est\u00e1 encima de una moto sin terre: el viento en la cara, la libertad, el paisaje pasando a la velocidad de la mano que acelera. Yo le dije que mi Fantic, la moto que me hab\u00edan regalado mis padres el d\u00eda que cumpl\u00ed seis a\u00f1os, tambi\u00e9n hac\u00eda que me diera el aire en la cara, que yo tambi\u00e9n sab\u00eda acelerar con la manito y, en cuanto al paisaje y su pasar a una determinada velocidad mientras nosotros pasamos por \u00e9l, asever\u00e9 que era as\u00ed dado que las cosas van para atr\u00e1s mientras nosotros vamos para delante y que todo se hace con total libertad porque uno elige el camino: o vas al basural, o vas al aero club, le dije, y \u00e9l se ri\u00f3 con ternura y conmiseraci\u00f3n. Dijo el Rafa Capellino que la tapa del filtro de aire de la moto sin terre era de cromo y que ten\u00eda grabada una calavera, que las alforjas de cuero ten\u00edan grabadas dos calaveras, que el llavero era una calavera y que todas las calaveras que habitaban esa moto ten\u00edan dos piedras rojas que brillaban como si fueran ojos de verdad. Nosotros aplaudimos porque si algo nos gustaba a los ni\u00f1os de Morteros eran los esqueletos. Dijo el Rafa Capellino que, en el tanque de nafta, en vez de estar escrito el nombre de la moto, estaba escrito el nombre y el apellido del hombre que hablaba igual que si cantara canciones de Hank Williams, el hombre que ahora era su amigo: Harley Davidson, dijo. Harley Davidson, repetimos todos, como si invoc\u00e1ramos al Esp\u00edritu Santo en la misa del domingo. Y que, entonces, \u00e9l hab\u00eda deducido, y nos ped\u00eda que deduj\u00e9ramos con \u00e9l para confirmar o descartar la deducci\u00f3n, que la moto de Harley Davidson era de marca Sin Terre. Sin Terre, dijimos todos, para demostrarle al Rafa Capellino que deduc\u00edamos con \u00e9l sin inducir lo contrario. Y, para acabar la explicaci\u00f3n, el Rafa Capellino nos cont\u00f3 que Harley Davidson, despu\u00e9s de llevarlo a dar una vuelta por las llanuras verticales llamadas monta\u00f1as, habl\u00f3 con las mismas palabras que nosotros, en nuestra lengua, con un<\/p>\n<p>acento raro, pero comprensible: \u201cHasta la vista, baby\u201d, dijo el Rafa Capellino que dijo Harley Davidson y que \u00e9l, entonces, le escribi\u00f3 el nombre de nuestro pueblo y le dibuj\u00f3 un mapa de la Pampa H\u00fameda para que no se perdiera cuando viniera a visitarlo. Dijo que \u00e9l estaba seguro de que vendr\u00eda. Y que nos llevar\u00eda a todos a dar vueltas por el aero club. O por el basural, dije yo.<\/p>\n<p>Con tal curr\u00edculum a cuestas, nadie discuti\u00f3 la decisi\u00f3n del Rafa Capellino cuando dijo que la meta de nuestra batalla naval era el colegio Cristo Rey. \u00c9l era el m\u00e1s experimentado de todos, \u00e9l hab\u00eda viajado en una moto Sin Terre que sonaba como un terremoto, conducida por Harley Davidson, un se\u00f1or que pon\u00eda piedras a los ojos de las calaveras y que hablaba con las palabras de las canciones de Hank Williams. \u00c9l hab\u00eda paseado por curvas que llevaban a las llanuras verticales llamadas monta\u00f1as, donde hab\u00eda r\u00edos que ca\u00edan entre las rocas justo en el lugar en el que Dios puso el arco iris para no olvidarse de detener la lluvia en caso de tentarse con ahogarnos de nuevo. Nosotros, en cambio, solo conduc\u00edamos ata\u00fades y ninguno ten\u00eda nuestro nombre grabado.<\/p>\n<p>La Lali Far\u00edas, que no hab\u00eda conseguido subir a bordo de ning\u00fan f\u00e9retro, se trep\u00f3 a un \u00e1rbol de la plaza y grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014En sus marcas, listos, \u00a1ya!<\/p>\n<p>Nosotros pusimos proa al viento, usando nuestras piernas y nuestros brazos como remos. Despu\u00e9s de cinco horas de diversi\u00f3n, risas, gritos, llantos y persecuciones, nuestros antepasados regresaron al cementerio y nuestros barcos volvieron a ser ata\u00fades atracados en sus nichos. Unos d\u00edas m\u00e1s tarde, mientras la gente grande intentaba responder al porqu\u00e9 de una inundaci\u00f3n tan repentina, yo me encamin\u00e9 al cementerio, abr\u00ed la puerta de un pante\u00f3n, cog\u00ed un hacha y golpe\u00e9 los herrajes de un caj\u00f3n para liberar al capit\u00e1n de mi nav\u00edo. Encontr\u00e9 jirones, del alma no quedaba ni rastro y, en lugar de ojos, hab\u00eda vac\u00edo, ausencia. Nada.<\/p>\n<p>\u2014Los muertos no pueden leer \u2014dije, mientras met\u00eda los dedos en la calavera. Y pens\u00e9 c\u00f3mo contarle a la M\u00ednima Su\u00e1rez lo que acababa de descubrir. No ya que la muerte abol\u00eda la lectura, sino que la se\u00f1orita Susana, la maestra de lengua, nos hab\u00eda mentido cuando la M\u00ednima y yo le hab\u00edamos preguntado c\u00f3mo le\u00edan los muertos, y ella nos hab\u00eda respondido que le\u00edan para atr\u00e1s, como en espejo, porque estaban boca arriba, y nosotras, la M\u00ednima y yo, concluimos que, entonces, deb\u00eda haber libros escritos al rev\u00e9s, para que los muertos entendieran lo que les estaban contando. Que, por consiguiente, hab\u00eda escritores que descontaban la historia en vez de contarla. Desenlace. Nudo. Presentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entonces, mientras desentra\u00f1aba el enga\u00f1o de nuestra maestra, pens\u00e9 en Harley Davidson, el hombre que hablaba con palabras que no conoc\u00edamos, pens\u00e9 en la existencia de otras maneras de ser de las cosas, incluso en el ser de las llanuras y en el ser de los r\u00edos, pens\u00e9 que, si todo era tan pero tan relativo, bien pod\u00eda suceder que la mentira solo fuera otra forma de explicar el mundo, que la mentira fuera, si acaso, la mejor versi\u00f3n de una historia. Una verdad a medida.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Cerr\u00e9 el caj\u00f3n, corr\u00ed hasta mi moto y aceler\u00e9 para hacer que el paisaje pasara a la misma velocidad que pasaba yo por \u00e9l, y me fui a la salida del pueblo, al lugar donde los ni\u00f1os de Morteros nos junt\u00e1bamos cada d\u00eda a mirar la larga recta que llegaba al final del horizonte, para no perdernos el momento exacto en que Harley Davidson apareciera con sus calaveras con ojos llenos de piedras rojas conduciendo su moto Sin Terre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\">Cap\u00edtulo de la novela <a href=\"https:\/\/ho-editorial.com\/product\/el-fino-arte-de-crear-monstruos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>El fino arte de crear monstruos<\/em><\/a> (H&amp;O Editorial, 2025)<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\"><a style=\"color: #000080;\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-38\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong>\u00a1Compra libros de los autores y traductores incluidos en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop!<\/strong><\/a><\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Imagen: Zyanya Citlalli, Unsplash.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Morteros se inundaba con facilidad y sin causas. Algunos d\u00edas de algunos a\u00f1os, los campos se llenaban de agua y, sin que nadie supiera muy bien porqu\u00e9, Morteros se transformaba en un pueblo flotante: flotaban las vacas, flotaban los coches, flotaban los perros y las bicicletas, flotaban los maceteros, flotaban los bancos de la plaza, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":45805,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2887],"tags":[5703],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[5684],"class_list":["post-45526","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ficcion","tag-numero-38","lal_author-silvana-vogt"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45526","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=45526"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45526\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":46062,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45526\/revisions\/46062"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/45805"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=45526"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=45526"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=45526"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=45526"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=45526"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=45526"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=45526"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=45526"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}