{"id":4532,"date":"2021-05-11T16:18:30","date_gmt":"2021-05-11T22:18:30","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/05\/nobody-saw-them-leave-eduardo-antonio-parra\/"},"modified":"2024-11-03T19:17:22","modified_gmt":"2024-11-04T01:17:22","slug":"nobody-saw-them-leave-eduardo-antonio-parra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/05\/nobody-saw-them-leave-eduardo-antonio-parra\/","title":{"rendered":"&#8220;Nadie los vio salir&#8221; de Eduardo Antonio Parra"},"content":{"rendered":"<div dir=\"ltr\"><\/div>\n<div class=\"caption\" dir=\"ltr\"><\/div>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: right;\">Para Claudia Guill\u00e9n, por supuesto<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Desnudos cuerpos bellos que llevan<br \/>\ntras de s\u00ed los deseos<br \/>\ncon su exquisita forma.<\/em><br \/>\nLuis Cernuda \u201cA un poeta muerto (FGL)\u201d<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Llegaron a eso de las tres, cuando los m\u00fasicos todav\u00eda no se cansan y avientan cumbias y corridos como si estuvieran empezando. A esas alturas de la madrugada ni nosotras ni los clientes estamos tan borrachos, y casi nadie perdona una pieza sin ponerse a zapatear. Los de la maquila apenas acaban la segunda jornada y entran bien ganosos, con la garganta nuevecita y los billetes de la raya listos en la bolsa para reventarse un buen rato de cerveza y compa\u00f1\u00eda. Yo baj\u00e9 al filo de las once. El mal de la Lorenza hab\u00eda hecho crisis dos d\u00edas antes, y no sent\u00eda ni tantitas ganas de trabajar por culpa de la mortificaci\u00f3n. No hubiera bajado, si no es porque la misma enferma me lo pidi\u00f3 con esa vocecilla de moribunda que tuvo desde que cay\u00f3 en cama. \u201cVe, manita, por m\u00ed no te detengas\u201d, me dijo. \u201cVe, necesitas los centavos\u201d. Y era cierto, as\u00ed que no estaba aqu\u00ed por gusto, sino a causa de las apuraciones.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">S\u00ed, debi\u00f3 ser m\u00e1s o menos a las tres. Ni llamaron la atenci\u00f3n. Yo ya los vi sentados en una mesa junto a la pared. Se me hizo raro, porque los gringos agarran siempre las mesas centrales, all\u00e1, pegadas a la pista. Para ellos esto resulta un espect\u00e1culo, como asistir al circo a mirar elefantes y payasos. Si no hay mesas ah\u00ed, r\u00e1pido les desocupan una: los meseros quitan a la gente con el alegato de que necesitan el lugar para unos turistas, que porque ellos s\u00ed consumen y no nada m\u00e1s calientan la silla haci\u00e9ndose g\u00fceyes con una cuba toda la noche. Ni qui\u00e9n dijera que se van a meter a congales como \u00e9ste, \u00bfverdad? Eso s\u00ed, cuando traen pareja nom\u00e1s se acaban un par de tragos y se largan. Y es que las gabachas son muy llamativas y luego luego se incomodan con tanta mirada braguetera. Si vienen gringas, nosotras ni existimos para los hombres. \u00a1C\u00f3mo nos vamos a comparar! Aqu\u00ed trabajan hembras jovencitas, con buen cuerpo y bonitas facciones, y hasta con las gre\u00f1as decoloradas, pero a los mexicanos siempre los atraen m\u00e1s las rubias naturales. Y si las escuinclas no pueden competir, cuantimenos las veteranas que ya dejamos atr\u00e1s los mejores a\u00f1os. Adem\u00e1s, como se sabe que los gabachos cargan sangre de la que no hierve, nunca falta un bravuc\u00f3n que se anime y vaya a sacar a sus mujeres. Claro, estos cabrones son bien mandados y antes de terminar la primera pieza, las gringas se regresan a su silla ofendidas o asustadas, ya porque las fajan, ya porque les agarraron una nalga. \u00bfY los maridos? Como si no vieran&#8230; Por eso tienen fama de agachones. All\u00e1 ellos. No les importa.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Los negros son otra cosa: ellos s\u00ed imponen. Tanto, que nadie jala a bailar a una negra si no trae sus farolazos encima, a menos que sea ella la ofrecida. Y aun as\u00ed la mayor\u00eda le escurre al bulto. Dan miedo: adem\u00e1s de prietos, grandotes como caballos y con esa cara de m\u00edrame y no me chingues, aunque se r\u00edan o anden hasta el copete. Pero ellos casi no vienen por ac\u00e1. Prefieren irse a bailar a cualquier cabaret del centro antes de ensuciarse los zapatos por estos barrios.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Esa noche no hab\u00eda gringos ni negros. Puro nacional, pura raza. Por eso se me hace raro que nadie los haya visto entrar. Nos dimos cuenta de su presencia cuando pidieron el primer cubetazo. Seguro andaban acalorados: como aqu\u00ed no hay clima, lo \u00fanico es echarse unas fr\u00edas. Esos ventiladores del techo nom\u00e1s sirven para revolver olores; diario los mismos: sudor, cerveza, meados, perfumes, cigarro y hasta v\u00f3mito ya cuando la madrugada termina de revolverles el est\u00f3mago a los briagos. Una se acostumbra, y m\u00e1s si asiste noche a noche. Malo cuando es la primera vez, ah\u00ed s\u00ed el tufo te da un buen chingadazo en la nariz y se necesitan varios alcoholes para hacerlo a un lado.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Yo acompa\u00f1aba a mi cliente como a dos mesas de distancia y fui quien hizo la se\u00f1a a la barra para que los atendieran. Me gust\u00f3 el pelao, no voy a negarlo: alto, colorado, vestido de blanco y con un aire de se\u00f1orito que no se ve seguido por estos rumbos. Volteaba a todas partes curioso y con un pa\u00f1uelo se limpiaba el sudor que le escurr\u00eda por la cara, desde la frente hasta la barbita esa que le dicen de candado. A ella no la vi al principio. S\u00f3lo de espaldas. Aunque tambi\u00e9n se le reconoc\u00eda lo fino, sobre todo en el vestido: de esos suavecitos, casi transparente como ala de mosca. Y en el color de su pelo, entre rojo y casta\u00f1o, bien arreglado, de sal\u00f3n, pues.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Los meseros andaban en lo suyo, y Agapito ni me pel\u00f3. El que me vio fue Marcial, y tampoco me hubiera hecho caso si no le se\u00f1alo a la pareja. Habr\u00e1 pensado que quer\u00eda el servicio para mi cliente, y como se trata de un viejito que viene dos veces por semana, se toma dos cervezas, me invita una, y luego se va sin bailar y sin coger, pues ni val\u00eda la pena molestarse. Pero nom\u00e1s se dio cuenta de qu\u00e9 se trataba y le grit\u00f3 fuerte al Agapito. Marcial es el due\u00f1o, y tambi\u00e9n la hace de cantinero. Siempre les da preferencia a los gringos, confiado en que le van a consumir un chorro de d\u00f3lares entre alcohol, rec\u00e1maras y mujeres. Hasta parece que no los conoce&#8230;<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Agapito les llev\u00f3 el cubetazo de ampolletas, y regres\u00f3 muy sonriente a la barra, como si le hubieran dado propina. Empec\u00e9 a ponerles atenci\u00f3n: aqu\u00ed nadie da nada, ni siquiera despu\u00e9s de pasarse la noche manose\u00e1ndola a una de gratis. Entonces se me ocurri\u00f3 que a lo mejor ni gabachos eran y me entr\u00f3 el gusanito de que algo se tra\u00edan. \u00bfPor qu\u00e9 escoger un lugar en donde casi no llega la luz, cerca del olor a gato muerto de los ba\u00f1os y junto a una de las bocinas? Los excusados se tiran y el agua puerca se riega por entre las mesas apest\u00e1ndolo todo, dejando el piso resbaloso. Eso sin contar el ruidazo de la m\u00fasica que no deja platicar. Qui\u00e9n sabe qu\u00e9 se traer\u00e1n \u00e9stos, le dije a mi cliente. Y me puse a vigilarlos.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Aquella noche acompa\u00f1aba a don Chepe, un viejo jubilado de una de las f\u00e1bricas del gabacho. Qued\u00f3 medio sordo porque se pasaba el d\u00eda a martillazo y martillazo, por eso no le importa acomodarse cerca de la bocina. Casi no habla. Cuando viene me busca, aunque nada m\u00e1s sea para invitarme una cerveza. Me agarr\u00f3 ley: yo fui su novia; bueno, su chica favorita, hace a\u00f1os. Me conoci\u00f3 maciza, y \u00e9l todav\u00eda joven. Llegaba y enseguida preguntaba por m\u00ed, y apenas me ve\u00eda era jalarme a la pista y a darle al danz\u00f3n. Bail\u00e1bamos las horas, haciendo pausas nom\u00e1s para echarnos unos tragos. Entonces tom\u00e1bamos del fuerte, y yo le dec\u00eda Chepe, a secas, o Jos\u00e9, o de otras maneras m\u00e1s cari\u00f1osas. El \u201cdon\u201d se lo fui acomodando cuando me obligaron sus achaques y su seriedad de hombre grande. Despu\u00e9s de bailar nos \u00edbamos al cuarto y hac\u00edamos el amor hasta volvernos locos de tanta cama. Me pagaba bien y siempre se quedaba a dormir conmigo para exigir su ma\u00f1anero al despertar, antes de regresar a su f\u00e1brica y a su martillo. Qu\u00e9 tiempos. Ni hablar: con los a\u00f1os a \u00e9l se le fue muriendo poco a poco la hombr\u00eda, y yo, pues dej\u00e9 el atractivo por ah\u00ed. Adem\u00e1s cada ciertos meses llegan muchachas m\u00e1s j\u00f3venes, y las viejas sobrevivimos con fichas pepenadas por aqu\u00ed y por all\u00e1; o haci\u00e9ndole de nanas a las escuinclas o, de plano, cuando no hay de otra, de sirvientas de Marcial. A falta de mi comadre Lorenza, me dio gusto que don Chepe estuviera esa noche conmigo, aunque no oyera lo que le dec\u00eda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Se acabaron la primera cubeta igual que si fuera agua. Es dif\u00edcil soportar el calor aqu\u00ed, entre la gente, con las parejas bailando, sin una triste ventana. De las ocho ampolletas, la muchacha se bebi\u00f3 cinco. Qu\u00e9 juego de garganta: se las empinaba y las vaciaba de un solo trago. \u00c9l tomaba un poco m\u00e1s despacio. No cre\u00ed que formaran pareja de novios o de casados; m\u00e1s bien parec\u00edan camaradas, amigos de juerga. Pero al mirarlos con cuidado era f\u00e1cil notar la complicidad entre los dos: como si hicieran una travesura, igual a los chamacos que se van de pinta en vez de ir a clase. Se entend\u00edan a la perfecci\u00f3n con miradas y gestos, no necesitaban hablar. La muchacha ten\u00eda maneras de dama. No pod\u00eda verle la cara y, sin embargo, a pesar de la poca luz alcanc\u00e9 a ver sus manos: cuidadas, con u\u00f1as largas, aunque sin pintar; con movimientos de \u00e9sos que ni las gringas&#8230; Los dos segu\u00edan con el cuerpo el ritmo de la m\u00fasica. Se mostraban alegres, pero no a causa del alcohol, ni del lugar, ni de la gente. Por el semblante del joven me di cuenta de que su alegr\u00eda era privada y ya la tra\u00edan desde antes de entrar aqu\u00ed. No ten\u00edan ojos m\u00e1s que para ellos. Como si estuvieran dentro de una vitrina, de una burbuja de cristal, alejados de todo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Siguieron metidos uno en el otro hasta que el joven levant\u00f3 la mano para pedir un cubetazo m\u00e1s. Entonces la muchacha volte\u00f3 hacia la barra y vi su cara: bonita, no como la hab\u00eda imaginado, pero hab\u00eda en esos rasgos algo que atra\u00eda harto: la expresi\u00f3n cachonda quiz\u00e1, de hembra ganosa, dispuesta a disfrutar a su hombre. De pronto \u00e9l la ve\u00eda muy raro, parec\u00eda que se le iba a echar encima. Luego la mirada le cambiaba: se le llenaban los ojos de ternura. Estos no duran aqu\u00ed, me dije, nom\u00e1s se acaban las cervezas y se largan a coger como Dios manda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En ese momento perd\u00ed el inter\u00e9s y dej\u00e9 de vigilarlos, no s\u00f3lo porque cre\u00ed adivinar lo que suceder\u00eda, sino porque en ese rato lleg\u00f3 un grupo de gringos. Ven\u00edan m\u00e1s que borrachos, algunos hasta cay\u00e9ndose; dos de ellos tra\u00edan su sombrerote de zapatista reci\u00e9n comprado en las curios del centro, aunque no les hac\u00edan ni tantito juego a las bermudas floreadas que usan. C\u00f3mo no se dan cuenta de que parecen payasos: con esas canillitas lechosas y patones, sin calcetines y casi sin pelos, tan rid\u00edculos los pobres. Las muchachas bonitas, s\u00ed, pero flacas flacas, y tan largas que daban la impresi\u00f3n de estar a punto de trozarse por la mitad. Marcial les mand\u00f3 desocupar tres mesas cerca de la barra; las juntaron y les sirvieron una botella de tequila y a cada uno su caballito lleno hasta el tope.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Es divertido ver a los gringos bailando esta m\u00fasica, sobre todo si se ponen a zapatear corridos como \u00e9se que cuenta c\u00f3mo Pancho Villa les cort\u00f3 las orejas cuando vinieron a perseguirlo. Ellos ni entienden, pero en cuanto oyen mentar a Villa se deshacen en gritos de coyote enamorado de la luna. Y ah\u00ed estaban los g\u00fceros, en la pista, bien apretaditos a su vieja, dando vueltas hasta marearse y caer en su silla con tremendo costalazo. Le echan mucha fibra al baile, pero se cansan pronto. Se me figura que as\u00ed han de ser para la cama. Con los mexicanos es al rev\u00e9s: hay que apapacharlos, mantenerles el ritmo, tratarlos como si una fuera su mam\u00e1 para que no pierdan el inter\u00e9s. Bueno, es mi opini\u00f3n. Pero la Lorenza y yo, con hartos a\u00f1os de experiencia, siempre estuvimos de acuerdo, as\u00ed que puedo hablar con autoridad del asunto. Antes nos encam\u00e1bamos a dos o tres tipos por noche, cuando no ven\u00eda don Chepe, porque \u00e9l me exig\u00eda exclusividad. No importaba qui\u00e9n fuera el cliente: \u00e9ramos bien jariosas y nos gustaba tanto el hombre&#8230; Pero los a\u00f1os no nom\u00e1s se llevan lo bonito de una; tambi\u00e9n las ganas, y nos dejan la pura nostalgia. Por eso cuando vi la calentura bien prendida al gesto de la g\u00fcerita simpatic\u00e9 con ella, y hasta me dio un poco de envidia. A estas alturas yo me engatuso a un hombre apenas si est\u00e1 viejo y anda borracho, pero luego me sale el tiro por la culata: me llevo mi buena soba intentando levantarle el muerto. Y de pensar que la muchacha en cualquier rato se iba a ejecutar al jovenazo ese&#8230;<\/p>\n<p>El grupo de gringos se fue apaciguando hasta quedar casi en silencio, viendo sus cervezas y comentando sus cosas por debajo de la m\u00fasica. Qu\u00e9 raro es el juego de miradas en el putero cuando se calma el alboroto: los gringos ven su trago, las gringas los ven a ellos, la bola de briagos alrededor encueran a las gringas con los ojos, y Marcial y los meseros no dejan de vigilar a los m\u00e1s calenturientos para que no vayan a importunarlos. Y como don Chepe no habla, ni me toca, ni se acaba su cerveza, ni se va, pues no me queda de otra que mirar y seguir mirando. As\u00ed, entre tantas miradas para all\u00e1 y para ac\u00e1, me volv\u00ed a topar con los g\u00fceros del rinc\u00f3n.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Deb\u00edan ir en su tercer cubetazo, por la cantidad de botellas sobre la mesa. Agapito se deshac\u00eda atendiendo a los gabachos y ni qui\u00e9n se las recogiera. Aunque a ellos no les molestaba: segu\u00edan enganchados por los ojos sin hablar y de vez en vez daban un trago a sus ampolletas. Por momentos el joven le acariciaba un brazo a ella, y a leguas se ve\u00eda que se le erizaban los pelitos, que se estremec\u00eda, pues. Esa caricia puede parecer muy inocente, pero con las caras que ten\u00edan a m\u00ed me empezaba a cosquillear el est\u00f3mago.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">De puro aburrida, y tambi\u00e9n para calarlos, le hice al joven la se\u00f1a de que si me invitaba una cerveza. Con un gesto de disculpa me ense\u00f1\u00f3 la cubeta vac\u00eda. Ella se dio cuenta, porque igual volte\u00f3, y luego se inclin\u00f3 para murmurarle algo. Yo cre\u00ed que le dec\u00eda que me mandara a la chingada, pero enseguida el joven pidi\u00f3 con la mano dos cubetas. \u00bfDos?, pregunt\u00f3 desde lejos el Agapito con cara de sorpresa. La g\u00fcerita le confirm\u00f3 la orden con los dedos. Y ah\u00ed va el otro, muy extra\u00f1ado, hacia la barra; nom\u00e1s le falt\u00f3 rascarse la cabeza. A Marcial tambi\u00e9n se le hizo raro, pero r\u00e1pido ech\u00f3 al balde el hielo y las cheves, no se le fueran a arrepentir.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Cuando se las llevaron, la g\u00fcerita se puso de pie, se acomod\u00f3 el vestido, tom\u00f3 una de las cubetas y camin\u00f3 hacia m\u00ed. Don Chepe, que hasta se estaba quedando dormido, pel\u00f3 tama\u00f1os ojos al verla. Y es que de frente luc\u00eda mejor: el cabello se le esponjaba detr\u00e1s de la nuca como si fuera partiendo el aire; los ojos grandes, la nariz finita y un poco respingada; sin colorete, por lo que daba un aspecto inocente, natural. Mientras ven\u00eda hacia m\u00ed atrap\u00f3 la atenci\u00f3n de los borrachos que hasta entonces segu\u00edan embobados con las gringas, y ya no dejaron de embarrarle las babas de su mirada. \u00a1Si hubiera estado aqu\u00ed la Lorenza! Porque mi comadre, de cuando en cuando, le daba su llegue a las jovencitas. Eso s\u00ed, deb\u00edan ser agraciadas, blancas, con caritas angelicales, como la muchacha esa. Nos dej\u00f3 la cubeta y me brind\u00f3 una sonrisa maliciosa y un gui\u00f1o de ojos. Adem\u00e1s, ol\u00eda muy rico, a perfume suavecito, y el aroma se desparramaba por el aire a su alrededor. Con raz\u00f3n ni se les arrugaba la nariz con la peste de los ba\u00f1os. Sin decir palabra, dio media vuelta y camin\u00f3 de regreso a su mesa. El vestido le llegaba a la altura de las corvas, amplio, vaporoso; parec\u00eda flotar como si no tuviera a nadie adentro.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Las dem\u00e1s mujeres vieron el regalo y luego luego quisieron acoplarse. Primero la Marcela, quien no por nada es la m\u00e1s arrastrada: se les arrim\u00f3 con ojos de perra sin due\u00f1o y le bisbise\u00f3 una frase al o\u00eddo a la muchacha. Ella agarr\u00f3 una ampolleta y se la dio. Luego se acercaron otras dos escuinclas y les bajaron una cerveza cada una. La \u00faltima fue Hermenegilda. Al rato Marcial tuvo que mandarles al Agapito con otro servicio, seg\u00fan \u00e9l para reponer el da\u00f1o de sus pupilas, aunque seguro tambi\u00e9n lo apunt\u00f3 en la cuenta. \u00a1Cu\u00e1ndo ha dado algo gratis ese cabr\u00f3n! Y Agapito mantuvo a raya a las colgadas bajo la amenaza de echarlas a la calle. Entonces intentaron pedirme las cervezas a m\u00ed, pero conmigo las escuinclas se chingan: no les doy ni agua. Ya parece&#8230; Con las viejas, al contrario, soy bastante solidaria. Por eso a las de mi rodada s\u00ed les repart\u00ed. Lo malo es que al final don Chepe s\u00f3lo alcanz\u00f3 una cerveza y yo dos. Vi\u00e9ndolo bien, no importa: si las maduritas no somos generosas con nosotras mismas, qui\u00e9n va a serlo, pues. Hasta se me ocurri\u00f3 subirle una a mi comadre, pero luego pens\u00e9 que con el alcohol se pondr\u00eda peor. Al menos la que se tom\u00f3 don Chepe me hizo sentir bien: pude devolverle algo de lo que \u00e9l me ha dado en cuarenta a\u00f1os. No se me olvida que, aunque sea con un triste trago, muchas noches es el \u00fanico que me rescata del aburrimiento. No s\u00e9 si haya sido por eso, pero a m\u00ed me supieron a gloria.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La madrugada ya se ven\u00eda acercando a ese punto en que todo se quiebra: la resistencia, el humor, el ambiente. Una lo sabe porque es cuando los m\u00fasicos cambian el ritmo: hacen a un lado tropicales y rancheras y empiezan a tocar las calmaditas. Como si dijeran \u201c\u00d3rale, es tarde, v\u00e1yanse a coger o a dormir, pero ya ll\u00e9guenle a la cama\u201d. Y la pareja, fresca, igual que si acabara de entrar. Ella bailando con el cuerpo, sin levantarse de la silla; y a \u00e9l no se le borraban del rostro ni la sonrisa divertida ni la mirada tierna. Lo \u00fanico que le hab\u00eda hecho el alcohol era ponerlo m\u00e1s colorado. O al menos eso cre\u00eda yo en esos momentos, porque de pronto se par\u00f3 meci\u00e9ndose en el aire. Se va a caer de borracho, pens\u00e9. Pero extendi\u00f3 los brazos con las palmas hacia abajo, y recuper\u00f3 el equilibrio para dirigirse muy derechito al ba\u00f1o. Al verlo ir a orinar sent\u00ed una cosa semejante al alivio. Qu\u00e9 curioso, como si fuera yo la de las ganas. Era guapo, ya lo dije, y con esa ropa blanca se me figuraba una aparici\u00f3n, alguien fuera de este mundo. Bonito, como ni\u00f1o Dios. Para eso las viejas tenemos el ojo experto, y nom\u00e1s de ver c\u00f3mo lo ol\u00edan y se lo beb\u00edan mis comadres a su paso puedo asegurar que nunca antes vino un hombre as\u00ed a este agujero&#8230; acompa\u00f1ado, l\u00e1stima. El olfato de las viejas no se le despeg\u00f3 en ning\u00fan instante mientras caminaba. Con el tiempo las mujeres perdemos audacia, si no, seguro alguna de nosotras lo hubiera acompa\u00f1ado para preguntarle qu\u00e9 se le ofrec\u00eda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Varios tipos tambi\u00e9n lo vigilaban; en cuanto desapareci\u00f3 detr\u00e1s de la puerta, se arrimaron a la muchacha. Los que no tuvieron coraje para invitarla a bailar, le clavaban la vista como si quisieran met\u00e9rsele en las entra\u00f1as. De veras, nunca vi as\u00ed de jariosos a esos cabrones, ni cuando el congal se llena de gringas, ni cuando a alguna de las escuinclas, ya muy borracha, le da por encuerarse en medio de la pista. La g\u00fcerita ni se inmut\u00f3. Al contrario, repart\u00eda sonrisas a diestra y siniestra, y a los que se le acercaban mucho nada m\u00e1s les dec\u00eda no con la cabeza sin dejar de sonre\u00edr. Ninguno insisti\u00f3, ninguno se propas\u00f3, ninguno la toc\u00f3 siquiera. Algo hab\u00eda en ella que los obligaba a la distancia.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00f3 el joven, los galanes se hicieron pendejos. Se entreten\u00edan mirando el trago o sacaban a bailar a su fichera. Entonces, igual que si se hubieran puesto de acuerdo, apenas se sent\u00f3 \u00e9l y ella se levant\u00f3. Y otra vez a lamerla con la mirada. Hasta los gringos, que ya se hab\u00edan apagado bastante, recuperaron los \u00e1nimos. Uno de ellos se sinti\u00f3 Pedro Infante: lanz\u00f3 un grito largo y se empin\u00f3 la botella de tequila de pura emoci\u00f3n antes de gritarle con un espa\u00f1ol de tarado \u201cAdious, ma-ma-ci-taaaa\u201d. No era para menos: como el ba\u00f1o de mujeres est\u00e1 all\u00e1, cerca de la entrada, ning\u00fan tipo tuvo problema para contemplarla a sus anchas. Hab\u00eda tomado much\u00edsimo, pero luc\u00eda igual de sobria que al principio. Se mov\u00eda como un gato, elegante, sin menearse. El vestido se le untaba a su cuerpo y, al pasar junto a uno de los focos que iluminan la pista, una serie de murmullos y besos tronados en el aire anunci\u00f3 a todos los presentes que no usaba nada bajo la tela.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Apenas entr\u00f3 al ba\u00f1o, los m\u00fasicos terminaron una pieza y el lugar qued\u00f3 en silencio. Nadie hablaba, pero en las caras de los hombres se advert\u00eda la inquietud de la calentura. Cada uno de ellos estaba atento a la puerta, esperando verla reaparecer. Me dio un poco de miedo. En el fondo de todos los ojos hab\u00eda un brillo de locura. Hasta don Chepe parec\u00eda haber recuperado la lujuria de la juventud y miraba en direcci\u00f3n del ba\u00f1o sin pesta\u00f1ear. Las mujeres, j\u00f3venes y viejas, un poquito m\u00e1s discretas, ve\u00edan al joven con codicia mientras \u00e9l, con cierta inocencia, aguardaba el regreso de su compa\u00f1era dando peque\u00f1os tragos a su cerveza.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La muchacha impon\u00eda. Ninguno se atrevi\u00f3 a otra cosa que a mirarla cuando volvi\u00f3 al mismo tiempo que los m\u00fasicos iniciaban la siguiente canci\u00f3n. Al atravesar la pista, a\u00fan vac\u00eda por la pausa entre pieza y pieza, se detuvo para aventarse el palomazo de unos pasos de baile. Se me hace imposible explicarlo: parec\u00eda que su cuerpo no pesara y resbalaba muy r\u00e1pido por el suelo sin perder el equilibrio. No s\u00e9, como si no tuviera huesos dentro y la piel y el vestido fueran la envoltura de un paquete a punto de abrir. Cre\u00ed que iba a echarse a volar cuando menos lo esper\u00e1ramos y sent\u00ed una especie de ahogo por la emoci\u00f3n. Debe ser una bailarina de a de veras, de las que anuncian en el teatro y salen en la tele, le dije a don Chepe. \u00c9l, embobado, no me hizo caso.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Aunque bail\u00f3 nada m\u00e1s unos segundos, sus movimientos agitaron el ambiente: los hombres se remov\u00edan nerviosos, igual que si les corrieran hormigas entre las piernas, respiraban como si no pudieran, apretaban fuerte su vaso o su botella. Cuando la joven sacudi\u00f3 las manos en se\u00f1al de invitaci\u00f3n a la pista, los que ten\u00edan pareja se pararon muy contentos a desentumirse y, los que no, fueron a buscar una. Incluso don Chepe marcaba los compases con los pies. Qu\u00e9 raro, pens\u00e9 en voz alta, por lo regular a esas horas el antro empieza a vaciarse&#8230;<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Esa fue la \u00faltima ocasi\u00f3n en que me acord\u00e9 de mi comadre durante aquella noche. A Lorenza siempre le encant\u00f3 bailar y, hasta antes de caer enferma, por lo menos una vez se lanzaba a la pista. No le importaba ir sola, si no ten\u00eda clientes que atender. Y m\u00e1s lo disfrutaba si hab\u00eda bebido. \u201cYa sabes, comadrita\u201d, me advert\u00eda, \u201cyo soy capaz de morirme bailando\u201d. Hace muchos a\u00f1os, una noche de parranda, mientras gir\u00e1bamos como trompos chilladores en medio de la pista, me dijo bien borracha: \u201c\u00bfSabes qu\u00e9 me gustar\u00eda? Que cuando me muera en vez de velorio me organicen una pachanga. Me voy a ir m\u00e1s contenta si quienes me quieren est\u00e1n d\u00e1ndole gusto al cuerpo\u201d. Tan loca la Lorenza. L\u00e1stima que su enfermedad no la dej\u00f3 ver aquello.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">De puro placer, nom\u00e1s por c\u00f3mo le alegraban el ambiente, Marcial les mand\u00f3 otra cubeta llena de cervezas. No se daba abasto para surtir lo que le ped\u00edan los clientes. El baile provoca harta sed, y el zonzo de Agapito iba y ven\u00eda con la lengua de fuera llevando tragos aqu\u00ed y all\u00e1. Con tanto darle a la zapatiza, los dem\u00e1s dejaron a la pareja de g\u00fceros tranquila por un rato. Yo misma, al sentir a don Chepe tan animoso como no hab\u00eda estado en mucho tiempo, los olvid\u00e9 por unos minutos. Al buscarlos otra vez con los ojos, vi que la muchacha se hab\u00eda encaramado a una de las piernas del joven y ambos se mec\u00edan, restreg\u00e1ndose lentamente al ritmo de la m\u00fasica.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">As\u00ed, uno junto al otro, con la luz que apenas los alumbraba, me fij\u00e9 en que eran muy semejantes. Como hermanos. No lo hab\u00eda notado y me dio curiosidad. Forc\u00e9 la vista para fisgonearlos bien, y un estremecimiento me puso el pellejo de gallina. No nada m\u00e1s parec\u00edan hermanos, sino gemelos: quit\u00e1ndole a \u00e9l barba y bigote, cort\u00e1ndole a ella el cabello, y sin tomar en cuenta la diferencia en los tama\u00f1os, se podr\u00eda jurar que hab\u00edan nacido de la misma madre y el mismo padre. Pero mi reacci\u00f3n, no fue por sentirme escandalizada, l\u00edbreme Dios de eso, yo no juzgo a la gente y adem\u00e1s estoy tan vieja y he visto tantas cosas en este mundo que ya no me asusto de nada. La piel se me enchin\u00f3 a causa de tanta belleza. Luc\u00edan tan hermosos, tan felices, que me conmov\u00ed hasta el esqueleto y busqu\u00e9 con mi mano la de don Chepe. \u00c9l me la apret\u00f3 con la fuerza de cuando acab\u00e1bamos de conocernos y la mantuvo as\u00ed mientras los m\u00fasicos tocaban una canci\u00f3n que fue mi favorita en la juventud.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Lenta, la melod\u00eda es de \u00e9sas que se bailan embarrando el cuerpo al del compa\u00f1ero, como queriendo hacerse uno solo. Los bailarines en la pista comenzaron a besarse, a acariciarse, a buscar la calentura del otro aunque estuviera la ropa de por medio. Y la pareja hac\u00eda lo mismo en la silla. Las manos de \u00e9l repasaban las carnes de la g\u00fcerita igual que si hubiera sido la primera vez. Con curiosidad, con mucha atenci\u00f3n. Ella sudaba a chorros, y el sudor le empapaba el vestido hasta volverlo transparente y dejaba ver las formas de su cuerpo. Ya no sonre\u00edan. Su expresi\u00f3n ahora mostraba sorpresa. Se manoseaban uno al otro como si se estuvieran reconociendo, como si durante mucho tiempo no hubieran podido estar juntos. Y ahora s\u00ed la sangre enloqueci\u00f3 dentro de m\u00ed. Me entraron cosquillas hasta en las canas. Me tiritaban los huesos y los dientes. Tuve ganas hacer algo, no sab\u00eda con claridad qu\u00e9. Despu\u00e9s de a\u00f1os y a\u00f1os volv\u00eda a sentirme urgida, viva.<\/p>\n<p>Quienes ocupaban las mesas de alrededor, los que segu\u00edan en la pista, hasta Marcial, vamos, todos ten\u00edan los ojos clavados en la pareja. No supe si alguien movi\u00f3 las luces hacia ac\u00e1, pero de repente el rinc\u00f3n de los amantes dej\u00f3 de estar medio oscuro, y ellos mismos parec\u00edan alumbrados; brillaban, pues. Nadie se atrevi\u00f3 a acerc\u00e1rseles y, sin embargo, estoy segura de que nadie perd\u00eda detalle. Aunque la m\u00fasica continuaba sonando, pude escuchar clarito c\u00f3mo las respiraciones se aceleraron cuando el joven, con un gesto m\u00e1s de fisg\u00f3n que de lujurioso, le alz\u00f3 el vestido a la muchacha. Batall\u00f3 un poco, hasta que ella se puso de pie delante de \u00e9l para dejarlo sacar al aire unas nalgas esponjadas y una entrepierna lampi\u00f1a, como la de una reci\u00e9n nacida. Despu\u00e9s ella le abri\u00f3 la camisa para besarle el pecho y todos pudimos ver que, aunque fuerte, como no ten\u00eda pelos daba una impresi\u00f3n de debilidad que invitaba a protegerlo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Hombres y mujeres dieron un suspiro que hizo temblar el lugar cuando ella se puso de rodillas y comenz\u00f3 a desabrocharle el pantal\u00f3n. Yo creo que a esas horas hasta los m\u00fasicos, los meseros y Marcial hab\u00edan parado sus trajines para tambi\u00e9n arrimarse a donde pudieran ver. La verdad, no me fij\u00e9, ni s\u00e9 si se o\u00eda m\u00fasica. \u00c9l le baj\u00f3 el vestido por los hombros hasta la cintura. Su pecho era casi plano, pero los pezones sobresal\u00edan mucho, largos y picudos, como para que su compa\u00f1ero pudiera pellizcarlos f\u00e1cilmente. Y as\u00ed lo hizo mientras le acariciaba ese cabello que parec\u00eda hecho de plumas, el cuello, los hombros. El coraz\u00f3n me lat\u00eda rapid\u00edsimo, igual que el de cualquier mirona morbosa; tanto, que al verla hundir la cara entre las piernas del joven pens\u00e9 que iba a desmayarme. Lo que me mantuvo despierta fueron su boca, sus gestos, sus ojos: una forma de mover los labios, de abrirlos y cerrarlos, que la hac\u00eda verse aun m\u00e1s hermosa; sus gestos, los de quien est\u00e1 segura de dar todo el placer a su macho, como si fuera la \u00fanica oportunidad; y en sus ojos, que no dejaban de pesta\u00f1ear, se notaba un gusto infinito. Yo s\u00e9 de eso. Hablo con experiencia.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Dej\u00e9 de mirar cuando sent\u00ed la mano de don Chepe quem\u00e1ndome los muslos por debajo de la falda. Lo encar\u00e9 y, sin darme tiempo de nada, me bes\u00f3 igual que lo hac\u00eda en nuestros mejores a\u00f1os antes de subir a la rec\u00e1mara. Se apret\u00f3 a m\u00ed con ganas y su cuerpo estaba caliente y lleno de temblores. Una de sus manos se meti\u00f3 en mi escote buscando mis pechos, y de pronto me atacaron sensaciones olvidadas. Gem\u00ed cuando, con la otra mano, llev\u00f3 la m\u00eda hacia su bragueta y mis dedos agarraron su fierro duro, vuelto a nacer. Todav\u00eda mientras nos pon\u00edamos de pie, alcanc\u00e9 a ver c\u00f3mo la cara de la muchacha se retiraba de entre las piernas de su compa\u00f1ero. Un brillo de calentura le brotaba del fondo de las pupilas y pens\u00e9 que de seguro yo ten\u00eda el mismo brillo en las m\u00edas. Don Chepe me jal\u00f3 por la cintura con firmeza, pero antes de iniciar la fuga los dos vimos que ella se recog\u00eda el vestido, levantaba una pierna para montarse en \u00e9l y se dejaba caer al tiempo que de su boca sal\u00eda un quejido largo, agudo, como el chillido de un p\u00e1jaro, que se mantuvo retumbando en el ambiente por mucho rato.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Casi corrimos hacia la rec\u00e1mara, y en las escaleras me di cuenta de que a todos les hab\u00eda invadido la misma prisa. En el sal\u00f3n, las parejas se besaban y acariciaban como animales en brama, los gringos ya hab\u00edan encuerado a sus mujeres, las mesas se iban quedando vac\u00edas. Ganamos apenas mi cuarto, pues otros ya buscaban d\u00f3nde meterse. Y ah\u00ed, al fin a solas, nos volvimos a disfrutar despacito, con la calma que dan tantas noches juntos, agradeci\u00e9ndole al cielo el regalo de poder hacer lo que ya cre\u00edamos imposible. A esas horas de la madrugada, cuando ya mero amanec\u00eda, mi antiguo amante volvi\u00f3 a comportarse como un jovencito: me llen\u00f3 de besos, de cari\u00f1o, de cama, de amor. Se qued\u00f3 a dormir conmigo. Claro, al despertar todo el cuerpo nos dol\u00eda. Pero esa felicidad recuperada despu\u00e9s de haberla perdido muchos a\u00f1os atr\u00e1s, esos minutos que alargamos como si fueran los \u00faltimos, nos convencieron a los dos de que ya nada nos faltaba, de que ahora s\u00ed podemos morir tranquilos&#8230;<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y as\u00ed como nadie vio llegar al joven y a la g\u00fcerita, tampoco nadie los vio salir. Todos andaban ocupad\u00edsimos. Despu\u00e9s me dijeron que los que no alcanzaron cuarto se pusieron a coger en cualquier rinc\u00f3n, o en las mesas o hasta en el suelo de la pista de baile. Incluso los m\u00fasicos. Vamos, hasta Marcial, que nunca se mete con sus pupilas, agarr\u00f3 a la Hermenegilda y se la llev\u00f3 a la bodega.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Luego, como siempre pasa, empezaron los dimes y diretes, y, conforme se van yendo las semanas y los meses, aumentan las versiones. \u00a1La de inventos que he o\u00eddo sobre esa noche! Tal parece que s\u00f3lo yo me di cuenta de qui\u00e9nes eran. No fue tan dif\u00edcil. Cosa de mirarlos con mucho cuidado y de fijarse en los detalles. Por el milagro que lograron conmigo y con don Chepe, empec\u00e9 a sospecharlo. Pero ya a media ma\u00f1ana, cuando fui al cuarto de mi comadre a ver c\u00f3mo segu\u00eda, entend\u00ed de veras a qu\u00e9 hab\u00edan venido. La Lorenza ten\u00eda una sonrisa de felicidad como nunca se la vi antes. S\u00ed, estaba muerta. Bien muerta. Pero feliz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p dir=\"ltr\">Llegaron a eso de las tres, cuando los m\u00fasicos todav\u00eda no se cansan y avientan cumbias y corridos como si estuvieran empezando. A esas alturas de la madrugada ni nosotras ni los clientes estamos tan borrachos, y casi nadie perdona una pieza sin ponerse a zapatear. Los de la maquila apenas acaban la segunda jornada y entran bien ganosos, con la garganta nuevecita y los billetes de la raya listos en la bolsa para reventarse un buen rato de cerveza y compa\u00f1\u00eda. Yo baj\u00e9 al filo de las once. El mal de la Lorenza hab\u00eda hecho crisis dos d\u00edas antes, y no sent\u00eda ni tantitas ganas de trabajar por culpa de la mortificaci\u00f3n. No hubiera bajado, si no es porque la misma enferma me lo pidi\u00f3 con esa vocecilla de moribunda que tuvo desde que cay\u00f3 en cama. \u201cVe, manita, por m\u00ed no te detengas\u201d, me dijo. \u201cVe, necesitas los centavos\u201d. 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