{"id":44796,"date":"2026-03-02T18:02:17","date_gmt":"2026-03-03T00:02:17","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=44796"},"modified":"2026-03-15T18:32:09","modified_gmt":"2026-03-16T00:32:09","slug":"la-vida-es-un-bar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2026\/03\/la-vida-es-un-bar\/","title":{"rendered":"La vida es un bar"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">La mesa, la ventana y el mozo que se pasea como el mundo, yendo y viniendo, llevando y trayendo los copetines, que son los \u00fanicos motivos por los que tipos como la gente se bancan ese est\u00fapido pase\u00edto del mundo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es m\u00e1s: creo que lo \u00fanico bueno que puedo contar son todas esas ratas que me hice en los bares. Desde los faltazos al colegio, pasando por el trabajo y llegando hasta la novia o pareja de turno.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Siempre lo mejor era no ir, llegar un poco m\u00e1s tarde, dejarlo para despu\u00e9s. Y siempre cerca aquel gran amigo que te dec\u00eda \u201cdale, no me jodas, vamos a tomar un feca\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero, faltazo, faltazo, fue ir al colegio. Fue una rata tan larga que me acuerdo de pocas cosas y eran pocos los profesores que me reconoc\u00edan la trucha. Me hab\u00edan puesto \u201cel nuevo\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el colegio Mariano Acosta hac\u00eda ranchada en el ba\u00f1o, pero en cuanto pod\u00eda me iba a La Perla del Once, cuando era La Perla en serio y nos fum\u00e1bamos unos tarugos que te pon\u00edan tan colifa que todos los chinchulines del cerebro sal\u00edan rajando por los ojos y las orejas, y por los pasillos vac\u00edos de tu mente s\u00f3lo se escuchaban los taconeos aterrorizados de la paranoia reci\u00e9n nacida. Que despu\u00e9s se hizo grande, y a m\u00ed me crecieron ojos hasta en el agujero del ano para vigilar los movimientos de la silla. El Esteban, que era de quinto a\u00f1o, se daba supositorios de morfina en el famoso \u00f1oba donde Tanguito tambi\u00e9n se daba entre barca y barcaza. Cuando Esteban sal\u00eda del ba\u00f1o era un dibujito animado de un fantasma perdido en el tiempo: el qu\u00eda ya no estaba en La Perla, caminaba por entre las mesas como si esquivara flechas de prana que \u2014dec\u00eda \u00e9l\u2014 le tiraba la diosa Minerva desde el planeta Plut\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero las verdaderas, las bizarras, las legendarias ratas yo me las hac\u00eda en el bar Los Leones, de Constituci\u00f3n, hace muchos a\u00f1os desaparecido en acci\u00f3n. Con el Buj\u00e1n, que era de Quilmes, bat\u00edamos los r\u00e9cords mundiales de permanencia en el bar. Ah\u00ed pr\u00e1cticamente hicimos toda nuestra vida: empezamos con batallas navales, luego fuimos poetas, recorrimos el mundo sobre el mapa del manual de geograf\u00eda, nos separamos en Francia y nos reencontramos en un tiroteo en Praga, planeamos asaltos y asesinatos, hicimos enormes listas de c\u00f3mo gastar\u00edamos los millones de d\u00f3lares que nos encontrar\u00edamos en un malet\u00edn en la calle. Fuimos aventureros, y mujeres y amigos nos despidieron con l\u00e1grimas de todos los puertos del mundo y, en fin, cuando terminamos el secundario (mejor dicho, \u00e9l termin\u00f3 con nosotros), ya lo hab\u00edamos hecho todo y no s\u00e9 Buj\u00e1n, pero ya me segu\u00ed quedando en los bares, so\u00f1ando con todas las vidas que no pueden ser porque la \u00fanica vida que uno va viviendo lo obliga a uno a vivirla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las \u00faltimas rateadas me las hice cuando intent\u00e9 hacer el ingreso en Psicolog\u00eda. Fue mi primera y \u00fanica carrera. Me manqu\u00e9 en la largada. Pero el boliche, medio finoli, no me acuerdo el nombre, ah\u00ed por la calle Charcas, era todos los d\u00edas lo m\u00e1s parecido a un rechifle en Caseros o Devoto. Ah\u00ed todo el mundo andaba por lo menos con sus cien o doscientos libros en la cabeza. Que Sartre va y que vuelve Nietzsche y por la izquierda se escapa Neruda. Yo me estaba leyendo a Henry Miller y bat\u00eda historias bravas de cogidas para sonrosar a la Elisa y a la Mirta, a las que tambi\u00e9n les regalaba poemas de Maiakovski, pero firmados por quien esta gilada te cuenta. Ah\u00ed vino la cagada del amor. Que siempre te duele y te deja medio boludo para el resto de la pelea. La facultad, la Mirta, la Elisa y los intelectuales me patearon. Se acabaron las rateadas. Ya no ten\u00eda el curro del estudiante. Ahora, me cago en Dios, hab\u00eda que ponerse a laburar.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Volver vencido al boliche del barrio<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No te voy a decir que era angustia, sentimiento de culpa, desesperaci\u00f3n. Pero s\u00ed bastante preocupado me segu\u00ed haciendo la rata, ahora en el boliche de Barracas. Todav\u00eda est\u00e1 ah\u00ed. En Montes de Oca y Uspallata. Se llamaba Kinteto. Era lo m\u00e1s. Paraban todos los pesados, medianos y hasta peso pluma de la Gran Fraternidad de los Truchos que viv\u00edan en los convoyes de Ituzaing\u00f3 y que siempre andaban corriendo por los techos del yotivenco dispar\u00e1ndole a la yuta. El elegante Pololo, que cada dos por tres nos sacaba, mejor no enterarse c\u00f3mo, de alguna comisar\u00eda. El viejo Chaina, que todos los d\u00edas volv\u00eda de la estaci\u00f3n Constituci\u00f3n con una valija pungueada y nos vend\u00eda corbatas o corpi\u00f1os. El heroico Queso y Dulce. El peligroso Yoyega, la Negra Marta, que era yiro sin ganas, el Gerardo, que capitaneaba la barra de los m\u00e1s pendejos. Estaban hasta los pitucos: el Fede, el Alejandro, el Gus. Y los intelectuales, que vendr\u00edamos a ser el Omar y yo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hac\u00edamos continuado: matin\u00e9e, tarde y noche. Los mil veces malditos avisos clasificados de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Clar\u00edn<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> siempre estaban sobre la mesa para apoyar sobre ellos los escritos que me mandaba para justificar mi larga ausencia por el mundo. No quedaba m\u00e1s remedio que hacerse escritor. Fue toda una vida, mientras me sentaba a esperar que el barco de las aventuras me viniera a buscar para transportarme hasta las legendarias leyendas so\u00f1adas por todos los ni\u00f1os que fui cuando tuve la suerte de ser ni\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Form\u00e1bamos una hermosa familia de vagos. Todav\u00eda me acuerdo del olor del mundo mirando por la ventana. Era un olor que te pon\u00eda de punta los pelos del coraz\u00f3n. Y ah\u00ed discut\u00edamos las giladas del mundo, sanamente se hablaba mal del que no estaba, cada tanto, un roscazo y algunas veces una de esas charlas que si Buda o Shakespeare las escuchaban seguro que se las copiaban. Con Omar nos mand\u00e1bamos aquellas caminatas jur\u00e1ndonos un mundo apasionante que despu\u00e9s, como todo, iba a llegar pero congelado. Yo estaba ya medio boludazo y, en vez de aspirar a una fresca, jugosa y rom\u00e1ntica conchita barraquense, me croqueteaba con ser un escritor famoso para que, alg\u00fan d\u00eda, una literaria, psicoanalizada vagina palermitana la pusiera entre el chamuyo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y, de repente, el mundo vino a buscarme. El Omar un d\u00eda desapareci\u00f3 para siempre de todas las calles y avenidas del planeta. Los muchachos fueron cayendo presos o consiguieron un empleo en el banco. As\u00ed como despu\u00e9s una mujer me llev\u00f3 a Brasil y otra a \u00c1msterdam, del barrio tambi\u00e9n una mujer me arranc\u00f3 de cuajo. Partir del barrio es emigrar para siempre. Ni aleda\u00f1os de colegios ni aleda\u00f1os de nadie. El centro es la tierra de los parias.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Los bares son un mapa<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo andaba con mis largos veinte pelotudazos a\u00f1os. Y, si sab\u00e9s para d\u00f3nde iba, cont\u00e1mela, as\u00ed me escribo una carta para avisarme. No serv\u00eda ni para robar un chorip\u00e1n. Trabajar o estudiar eran deportes que mi debilidad medular me imped\u00eda realizar. \u00bfQu\u00e9 quedaba? Seguir esperando en los boliches. Pero en el centro, hasta que le agarrabas la onda, no te digo que era imposible, como escapar de un laberinto de Borges, pero era rejodido. El bar Eros era el aguantadero. Ya no est\u00e1. Y enfrente, el Cultural, el lugar del chamuyo. Tampoco est\u00e1. Era la zona del bandidaje con tiros y batallas campales. Te cruzabas con los que ven\u00edan de vuelta por tercera vez de donde vos ibas.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por todo ese sendero se cocinaba mucho teatro y se asaba poes\u00eda. Se cog\u00eda tupido. Se planeaban todos los quilombos que despu\u00e9s pasaron. Yo viajaba mucho a la comisar\u00eda y, una vez, me tom\u00e9 un Larga Distancia desde la Academia hasta Devoto, con parada en Tribunales.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En esos bares aprend\u00ed a que las mujeres me miraran y a que los hombres me escucharan. Pero si me dec\u00eds de algo \u00fatil, no tengo ni mu para decirte. Del bar Eros tuve un largo viaje. Un amigo me present\u00f3 a su novia y con ella me fui a\u00f1os despu\u00e9s a donde ella conoci\u00f3 a un amigo m\u00edo y se fue con \u00e9l a Italia, y yo, poco despu\u00e9s, conoc\u00ed a la mujer con la que me fui a \u00c1msterdam, y ya los bares en el extranjero no eran lo mismo. Uno se sentaba en una mesita de un bodeg\u00f3n de San Remo o de Madrid y sonre\u00eda complacido recordando a aquel tipo que en la mesita del Kinteto so\u00f1aba con viajar hasta el otro punto del universo para sentarse en la mesa de un bar a seguir esperando que de una buena pu\u00f1etera vez suceda alguna cosa interesante en este podrido mundo.<\/span><\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Enrique Symns<br \/>\n<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<br \/>\n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Enero 1989<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #000080;\"><a style=\"color: #000080;\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-37\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><b>\u00a1Compra libros de los autores y traductores incluidos en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop!<\/b><\/a><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Enrique Symns, escritor argentino y fundador de la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La mesa, la ventana y el mozo que se pasea como el mundo, yendo y viniendo, llevando y trayendo los copetines, que son los \u00fanicos motivos por los que tipos como la gente se bancan ese est\u00fapido pase\u00edto del mundo. 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