{"id":44785,"date":"2026-03-02T17:00:56","date_gmt":"2026-03-02T23:00:56","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=44785"},"modified":"2026-03-14T20:52:32","modified_gmt":"2026-03-15T02:52:32","slug":"el-barco-en-el-pavimento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2026\/03\/el-barco-en-el-pavimento\/","title":{"rendered":"El barco en el pavimento"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">En los \u00faltimos a\u00f1os cada vez que alg\u00fan periodista, estudiante de comunicaci\u00f3n, cineasta o escritor me busc\u00f3 para hablar de la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, me negu\u00e9 o no contest\u00e9 porque, entre otras cosas, me parec\u00eda que no era necesario agregar nada. Transcribo algunas frases que flotaban en mi mente cuando me convocaban: \u201cLo que ten\u00eda para dar en relaci\u00f3n con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, poco o mucho, ya lo di\u201d. Otra: \u201cMi vida est\u00e1 en el presente\u201d. Mi favorita: \u201cMe siento muy joven para acomodarme en un sill\u00f3n a recibir a la nueva generaci\u00f3n para hablar del pasado\u201d. Y por supuesto: \u201cEl tiempo dorado es este\u201d. Adem\u00e1s, yo ten\u00eda la certeza de que aquellos interesados en hablar conmigo buscaban la confirmaci\u00f3n de una historia que ellos o ellas ya hab\u00edan concluido y que inexorablemente no coincid\u00eda con la m\u00eda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Durante ese tiempo pens\u00e9 que todos los que escrib\u00edan, opinaban o produc\u00edan alg\u00fan material cultural relacionado con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">ten\u00edan derecho a hacerlo con total libertad, pod\u00edan darle la relectura y la interpretaci\u00f3n que sintieran o la valoraci\u00f3n o cr\u00edtica que les pareciera, porque no exist\u00edan due\u00f1os de una verdad sobre <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el detalle era que como yo no coincid\u00eda con ninguna de las versiones que circulaban, ni siquiera con la que daba Enrique Symns, me reservaba el derecho de no ser parte, de no contribuir.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces, este texto est\u00e1 dedicado a todas las personas que intentaron hablar conmigo sobre <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y a las cuales no respond\u00ed o respond\u00ed negativamente. Est\u00e1 dedicado a todos los que fueron parte de la revista y ya no est\u00e1n. Esa es una lista larga. Y, por supuesto, casi no hace falta decirlo, est\u00e1 dedicado a los lectores de las distintas \u00e9pocas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando cierro los ojos y pienso en la redacci\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, las im\u00e1genes que vienen a mi mente muestran gente trabajando. Dibujantes entrando con sus carpetas, fot\u00f3grafos con sus contactos o negativos, tableros de dise\u00f1o con hojas de diagramaci\u00f3n, las m\u00e1quinas de escribir repiqueteando, reuniones intensas sin l\u00edmite de horario, conversaciones apasionadas y, algo que en aquel momento nos parec\u00eda normal, pero que en retrospectiva resulta asombroso: artistas poniendo a disposici\u00f3n parte de su obra sin esperar remuneraci\u00f3n. Esas im\u00e1genes de gente en la redacci\u00f3n exponiendo y debatiendo ideas, narrando y analizando experiencias, no creo que tengan gran inter\u00e9s para nadie y las an\u00e9cdotas alocadas, que suelen buscar los periodistas y entusiasman a los editores o bien no las tengo, o si logro recordarlas, no me parecen divertidas sino tr\u00e1gicas o dolorosas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Estar en una revista es compartir un espacio con gente que piensa distinto a uno, indefectiblemente. Cuando entr\u00e9 a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">la l\u00ednea ya estaba creada y determinada, por eso a veces pienso que muchos me dan un lugar demasiado preponderante. Lo he dicho otras veces: yo sent\u00eda que mi estilo era muy liviano y mi escritura muy ingenua para <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, sent\u00eda que no encajaba en la revista, pero quer\u00eda estar. El barco pirata, con el loco capit\u00e1n ebrio, hab\u00eda avanzado por la ciudad, hab\u00eda derretido el pavimento y hab\u00eda llegado hasta el cord\u00f3n de la vereda, donde yo estaba sentada, aburrida, mascando chicle. Por nada quer\u00eda perderme la aventura. Me esforc\u00e9 para subir el tono y funcion\u00f3. Tambi\u00e9n pude ir un poco m\u00e1s lejos y agregar algo propio y abrir el espacio para otros, con libertad, pude influir, pero no tuve poder de veto. Es importante aclarar esto: yo no estaba de acuerdo con mucho de lo que se publicaba en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y parte de mi escritura ten\u00eda el objetivo de hacer un contrapeso. Un intento fallido porque mi producci\u00f3n terminaba englob\u00e1ndose dentro de lo mismo. Claro que en el momento no me daba cuenta.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando recuerdo la etapa warholiana de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la m\u00e1s extrema, lo veo a Ignacio Sourrouille acerc\u00e1ndose a mi escritorio con una carpeta de fotos. \u00a1Ese escritorio de metal, enorme, feo y funcional que yo ten\u00eda en la redacci\u00f3n de Lavalle y en el que tanta gente desplegaba sus materiales para que los viera! Pero ese mediod\u00eda Ignacio no tra\u00eda sus fotos sino una serie de copias, impecables, del extraordinario Robert Mapplethorpe. Recuerdo el impacto que esas fotos me provocaron. Pens\u00e9: \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">esto tenemos que publicarlo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">;<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y me fui a buscar a Symns.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nombrar personas es injusto porque es a la vez omitir a otras que fueron fundamentales. Suelo pasar meses o a\u00f1os sin evocar <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, pero si abro mi mente a los recuerdos, las im\u00e1genes comienzan a surgir como una pel\u00edcula y no como vivencias propias. Es extra\u00f1o, en mis recuerdos de la etapa m\u00e1s intensa de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">me veo desde afuera y las im\u00e1genes son en blanco y negro y entonces el bar, mis vestidos, la redacci\u00f3n, el humo, el sol p\u00e1lido, las m\u00e1quinas de escribir, la avenida Pueyrred\u00f3n, la cara sonriente de Leonardo Sacco, todo lo recuerdo en blanco y negro.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">favorita, la que m\u00e1s satisfacci\u00f3n me dio, se inicia con Jos\u00e9 Llovet en 1996. \u00bfPor qu\u00e9 ser\u00e1 que pude disfrutar tanto de ese retorno? Tal vez, porque ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que volv\u00edamos luego de mil a\u00f1os. Era una segunda oportunidad, sin duda. Est\u00e1bamos cambiados. En mi caso, ten\u00eda la experiencia, sab\u00eda c\u00f3mo hacer una revista. No me abrumaba. Adem\u00e1s, como no fue una experiencia exitosa en t\u00e9rminos de venta, no sent\u00ed el asedio de los otros.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al principio no baraj\u00e1bamos la posibilidad de sacar una revista, nos reun\u00edamos en la casa de Guillermo Monserrat a tomar t\u00e9 con lim\u00f3n y pensar en un proyecto que nos entusiasmara. Hab\u00eda cuatro personas dispuestas a invertir una cifra interesante para fundar un Centro Cultural con bar. Nos encantaba la idea de que no fuera simplemente un bar, sino que pudi\u00e9ramos proyectar otras actividades. Jos\u00e9 Llovet, amigo de Guillermo, era el impulsor y quien ten\u00eda el contacto con los potenciales inversores.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tirados en los sillones de Guille, le\u00edamos los clasificados del diario <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Clar\u00edn<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> buscando locales o casas que pudieran servir para desarrollar el plan. Nos recuerdo a los tres tomando un colectivo hacia zona norte para ver un caser\u00f3n antiguo incre\u00edble, perfecto para nuestra idea. Todo iba de maravillas hasta que tres de los potenciales inversores se retiraron antes de que se concretara el proyecto y las reuniones en la casa de Guille terminaron.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los d\u00edas posteriores la pas\u00e9 mal. No lograba resignarme. Siempre se trat\u00f3 de lo mismo, antes y ahora: estar en un proyecto con amigos. Cuando eso se diluye, baja la intensidad de la vida. Una de esas tardes estaba en casa tirada en la cama, el tel\u00e9fono inal\u00e1mbrico gris apoyado en la panza, las cortinas de la ventana que se mov\u00edan por la brisa c\u00e1lida. Mi novio estaba de viaje y hab\u00edamos hablado por tel\u00e9fono un rato largo y hab\u00edamos cortado. Yo ten\u00eda treinta a\u00f1os. Llevaba una vida tranquila y placentera. Estaba enamorada. Hab\u00eda dejado atr\u00e1s el caos juvenil. Dedicaba el tiempo a cuidarme, leer, ver pel\u00edculas, comprarme ropa y salir con mi novio. Ten\u00eda con \u00e9l una relaci\u00f3n estable y apasionada a la vez. No conviv\u00edamos, pero \u00e9ramos fieles y leales. Yo sent\u00eda que hab\u00eda encontrado el formato de pareja ideal para m\u00ed. La pasaba bien mientras esperaba la llegada de la pr\u00f3xima aventura. Esa tarde me desped\u00ed de mi novio, apret\u00e9 el bot\u00f3n y me qued\u00e9 mirando las paredes, el cuadro de Kandinsky y la ventana, los cortinados, las paletas lentas del ventilador de techo. Y de pronto me encontr\u00e9 haciendo cuentas simples: cu\u00e1nto pod\u00eda salir una imprenta, cu\u00e1nto el papel, cu\u00e1l pod\u00eda ser el precio de tapa. Me levant\u00e9 de un salto, busqu\u00e9 una revista cualquiera y me fij\u00e9 debajo del staff <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">donde siempre est\u00e1 la direcci\u00f3n y el tel\u00e9fono de la imprenta<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> y llam\u00e9 para pedir costos. Me tom\u00f3 unos d\u00edas conseguir los precios porque no me quer\u00edan dar los presupuestos por tel\u00e9fono. Tuve que ir a las imprentas y tener entrevistas con los due\u00f1os. Cuando volv\u00ed a la casa de Guille, dije la frase m\u00e1gica:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Con esa plata, podemos hacer una revista.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pasamos el resto del verano hablando de La Revista.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Enrique y yo coincid\u00edamos en algo: necesit\u00e1bamos tener asegurado un distribuidor. Ese era el paso dos. No \u00edbamos a escribir ni una sola l\u00ednea hasta no tener un distribuidor. Enrique propuso a la empresa Vaccaro-S\u00e1nchez y Llovet los contact\u00f3 y acord\u00f3 una reuni\u00f3n. Fue entonces cuando decidimos que la revista fuera la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, para que el distribuidor nos aceptara y para que los kiosqueros nos dieran bola de entrada. Hasta ese momento hab\u00edamos hablado de La Revista, sin darle ning\u00fan nombre.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Llovet me pidi\u00f3 que lo acompa\u00f1ara a la reuni\u00f3n con el posible distribuidor. Vaccaro ya no trabajaba con S\u00e1nchez. Nos recibi\u00f3 S\u00e1nchez en una oficina en el centro. Fue muy amable. Hablamos de la distribuci\u00f3n en Capital y en el interior y de cu\u00e1nto ten\u00edamos que tirar para poder completar el recorrido. Para m\u00ed era muy importante que me garantizara llegar a las provincias.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Diez mil ejemplares <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">nos dijo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando le estaba dando la mano a S\u00e1nchez, en el final de la reuni\u00f3n, Llovet hizo un comentario referido a la colecci\u00f3n de rinocerontes expuesta sobre un mueble ubicado a un costado del escritorio de S\u00e1nchez y, aunque los tres ya est\u00e1bamos de pie, se inici\u00f3 una nueva conversaci\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hab\u00eda rinocerontes de piedras, maderas, metales, opacos, brillantes, grandes, chicos, con colores intensos, aterciopelados, con patas gordas, rugosas, en fin, eran muchos. En pedestales o plataformas o apoyados directo en la repisa. S\u00e1nchez nos mostr\u00f3 cu\u00e1l era el rinoceronte que hab\u00eda iniciado su original pasatiempo y nos cont\u00f3 la historia de esa primera adquisici\u00f3n. Por esos misterios de la mente ese relato lo tengo borrado. Lo que s\u00ed recuerdo bien es que, al concluir, S\u00e1nchez se ri\u00f3 complacido y resignado ante lo inevitable: su colecci\u00f3n no ten\u00eda otra posibilidad que seguir creciendo, porque las personas, al verla, deseaban sumar un rinoceronte nuevo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando salimos del edificio, el sol del final de la tarde de verano nos dio en la cara. Caminamos hasta Corrientes, muy contentos y satisfechos. Llovet ya hab\u00eda decidido que a la siguiente reuni\u00f3n iba a llevar un rinoceronte. La cuesti\u00f3n era encontrar uno que fuera especial. Tambi\u00e9n me dijo que, a partir de ese momento, el tema del distribuidor quedaba a su cargo y me agradeci\u00f3 por haberlo acompa\u00f1ado. Ya ten\u00edamos distribuidor. Ahora hab\u00eda que ponerse a hacer la revista.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me dediqu\u00e9 a pensar el sumario tentativo. Ten\u00eda en mente la palabra \u201ccl\u00e1sica\u201d. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces Cl\u00e1sica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Y trataba de convencer a Enrique de que ten\u00edamos que tomar los t\u00f3picos vigentes de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, los que a\u00fan nos parecieran v\u00e1lidos y trabajar sobre ellos: seguir defendiendo a las minor\u00edas excluidas, denunciar los atropellos y los cr\u00edmenes de Estado, en una \u00e9poca en la que las fuerzas de seguridad estaban puestas contra el pueblo en general y en especial contra los j\u00f3venes, darle un espacio importante al rock, la literatura, el cine, el c\u00f3mic y cubrir la noche y la efervescencia art\u00edstica que suced\u00eda en la ciudad. Por supuesto que Enrique me escuchaba atentamente. \u00c9l siempre fue muy permeable a mis palabras. Claro que despu\u00e9s hac\u00eda todo a su manera. Pero algo de aquella idea de convertirnos en un cl\u00e1sico se plasm\u00f3 en esa etapa. El ingrediente que yo no tuve en cuenta en esas charlas previas con Enrique, y que despu\u00e9s se incorpor\u00f3 de forma natural, fue la irrupci\u00f3n de la resistencia cultural con un enfoque de oposici\u00f3n pol\u00edtica, una impronta caracter\u00edstica de toda la movida cultural de los noventa y que la revista transit\u00f3 con su propio estilo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En ese primer n\u00famero del retorno, escrib\u00ed una rese\u00f1a de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pulp<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la \u00faltima novela de Charles Bukowski, y la titul\u00e9 \u201cEl Legado\u201d. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pulp<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la escritura de Bukowski hab\u00eda cambiado, se hab\u00eda movido hacia otra zona, aunque manten\u00eda su caracter\u00edstica respiraci\u00f3n. Luego de escribir <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pulp<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Bukowski hab\u00eda muerto. Nos dejaba, a los que en ese momento \u00e9ramos sus lectores, a los que hab\u00edamos crecido leyendo sus libros, la apertura de un camino nuevo que \u00e9l solo hab\u00eda alcanzado a transitar en una novela corta y de g\u00e9nero. Yo sent\u00eda que ese legado era a la vez liberador. No era una mochila pesada.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Enrique escribi\u00f3 la nota de tapa de ese n\u00famero. Un material que cuestionaba el rol de los periodistas y de los medios de comunicaci\u00f3n en la transformaci\u00f3n de las tragedias an\u00f3nimas en c\u00e9lebres acontecimientos p\u00fablicos. Un tema que siempre le hab\u00eda interesado a Enrique y que en la revista ya se hab\u00eda abordado en otros tiempos. Pero esa vez, el enfoque estaba puesto en la cuesti\u00f3n de la intromisi\u00f3n de los medios en la vida de las v\u00edctimas y las distintas formas de morbosidad y manipulaci\u00f3n del dolor. Quiso protagonizar la producci\u00f3n fotogr\u00e1fica, con un traje y un micr\u00f3fono, empujando la puerta de entrada de un departamento, junto a un camar\u00f3grafo, una imagen representativa del planteo de la nota, y el hecho de estar \u00e9l representando al periodista acosador de v\u00edctimas, fue una forma obvia de autoincriminaci\u00f3n, de cuestionar un sistema de comunicaci\u00f3n del que se sent\u00eda parte, aunque fuera desde los m\u00e1rgenes.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Podr\u00eda escribir cincuenta p\u00e1ginas sobre los meses en los que tuvimos la redacci\u00f3n en lo que hab\u00eda sido el departamento de soltero de Jos\u00e9 Llovet en San Crist\u00f3bal. Recuerdo especialmente dos cosas. Y las dos tienen que ver con pintura. Una sucedi\u00f3 durante la primera semana. Estaban pintando la entrada del edificio y una escalera estaba abierta en el angosto pasillo. Como yo no soy supersticiosa pas\u00e9 por debajo de la escalera docenas de veces durante esa primera semana. Pero me sorprendi\u00f3 ver a tantos intelectuales haciendo piruetas y acrobacias para entrar a la redacci\u00f3n sin pasar por debajo de la escalera. Lo otro que recuerdo es que la segunda semana me hart\u00e9 de bajar a abrirle a los colaboradores y fui al cerrajero e hice veinte copias de la llave de abajo y pint\u00e9 cada una con esmalte de u\u00f1as, y se las fui entregando a los que ven\u00edan m\u00e1s seguido.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nuestros par\u00e1metros de ventas pasadas eran de ocho mil como fracaso y dieciocho mil como \u00e9xito. Cuando lleg\u00f3 el primer informe de la distribuidora nos quedamos helados. La venta del primer n\u00famero del retorno no llegaba a tres mil. Y en los meses siguientes se puso peor: bajamos en vez de subir. No nos desanimamos. Seguimos adelante como si la cifra de venta fuera un error que en breve se iba a corregir.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando esa etapa vol\u00f3 por el aire, mucho antes de que logr\u00e1ramos aburrirnos o acostumbrarnos, pas\u00f3 algo inesperado, algo que est\u00e1 fuera o en contra de la dudosa y c\u00e9lebre Ley de Murphy: est\u00e1bamos a punto de volver al momento anterior a las reuniones en el living de Guille, cuando apareci\u00f3 Lido Iacomini, con un libro bajo el brazo. Yo estaba guardando las fotos en cajas y levantando lo que ten\u00eda en esa redacci\u00f3n de San Crist\u00f3bal. Lido entr\u00f3, y sin sentarse, me dijo que \u00e9l pod\u00eda bancar el dise\u00f1o, la imprenta y ocuparse de la distribuci\u00f3n. Pero que no pod\u00eda poner un peso para pagar nada m\u00e1s. Termin\u00f3 de decir eso y me mostr\u00f3 el libro que ten\u00eda en la mano y me pregunt\u00f3 si conoc\u00eda a ese autor y si hab\u00eda le\u00eddo esa novela.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">No, no lo le\u00ed, no lo conozco.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Tom\u00e1, leelo, te va a encantar <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">dijo y se fue.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El libro era <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Leviat\u00e1n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Paul Auster. Por supuesto que lo le\u00ed y pas\u00e9 el resto de la d\u00e9cada del noventa poni\u00e9ndome al d\u00eda con todo lo que ya estaba publicado de Paul Auster, incluso le\u00ed los poemas. Luego del cambio de milenio, al finalizar la lectura de cada nuevo libro, me quedaba esperando que Paul Auster terminara de escribir el siguiente. El apasionamiento por las novelas de Paul Auster fue para m\u00ed tan vertiginoso como su prosa y su frecuencia de publicaci\u00f3n, a tal punto que todav\u00eda no he tenido la oportunidad de detenerme a revisarlo, a releerlo. Si un d\u00eda lo hago, espero no desencantarme. Nunca se sabe.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfUna redacci\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cerdos &amp; Peces <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">en el s\u00f3tano de un bar de San Telmo? \u00bfQu\u00e9 lugar pod\u00eda ser m\u00e1s apropiado? Cuando volamos de lo que hab\u00eda sido el departamento de soltero de Jos\u00e9 Llovet, porque las cuentas no daban, porque no se pod\u00eda pagar nada con lo que vend\u00edamos, cuando todo parec\u00eda irse al carajo, adem\u00e1s de Lido con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Leviat\u00e1n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, apareci\u00f3 Nicol\u00e1s ofreci\u00e9ndonos el s\u00f3tano de su bar El Mirador para instalar la redacci\u00f3n. Sab\u00edamos que est\u00e1bamos viviendo uno de los mejores momentos de la vida. No ten\u00edamos plata. La revista vend\u00eda poco. Pero todo era fant\u00e1stico. Nicol\u00e1s era un ser extraordinario. En esos ocho o diez meses que pasamos en El Mirador entramos en otro orden, otro sistema. Relanzamos la revista bajo la protecci\u00f3n y la influencia silenciosa de Nicol\u00e1s que, si no recuerdo mal, estaba formado en el anarquismo. El s\u00f3tano era el epicentro de nuestra escritura. Ten\u00edamos dos escritorios, tal vez uno de ellos era simplemente una tabla con caballetes, dos Macintosh ochentosas, una m\u00e1quina de escribir y las cajas con fotos y papeles. Las reuniones eran arriba, en el bar, que era un t\u00edpico pub con barra de madera y mesas contra las ventanas que daban al parque. Se entraba por la puerta de la ochava. Yo sol\u00eda llegar a las tres o cuatro de la tarde y me quedaba hasta la noche. A veces las reuniones se prolongaban y segu\u00edamos conversando con el bar cerrado. \u00c1lvaro era el barman y encargado del lugar. No viv\u00eda en el bar, pero en el entrepiso, donde deb\u00eda funcionar la oficina de Nicol\u00e1s, ten\u00eda una especie de b\u00fanker acondicionado para pernoctar un par de veces en la semana.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si tengo que definir en dos palabras la etapa en la que la revista funcion\u00f3 en El Mirador, digo: libertad y armon\u00eda. Coincidi\u00f3 adem\u00e1s con una revitalizaci\u00f3n de San Telmo, una m\u00e1s, de tantas, pero aquella no estaba incentivada por proyectos inmobiliarios, sino que se trataba de faros, El Mirador era uno, y otros faros se iban prendiendo en el barrio. Casas y locales que se abr\u00edan con intenciones contraculturales, ut\u00f3picas, rom\u00e1nticas. Ahora que lo escribo, me doy cuenta de que parte de lo que planeamos en los sillones de Guille se cumpli\u00f3 en El Mirador: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El Cabaret Po\u00e9tico <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Tom Lupo, los talleres de periodismo, la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Vestite y andate<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, las bandas, los shows, las fiestas. Enrique escrib\u00eda el editorial en el s\u00f3tano, sacaba la hoja de la Olivetti y sub\u00eda a leerlo al p\u00fablico del bar. As\u00ed de inmediato. Sin intermediaci\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hubo una fiesta que dur\u00f3 hasta el amanecer. Al terminar, la gente se qued\u00f3 un rato en la esquina del bar. Supongo que \u00c1lvaro intentaba bajar las persianas mientras todos segu\u00edan charlando entusiasmados. Yo tambi\u00e9n estaba hablando con alguien, tal vez Juan Mendoza o Jorge Sarmiento, y de pronto lo veo a Enrique delante de un coche que estaba a punto de arrancar. Me acerqu\u00e9. Parado sacando pecho, Enrique puteaba a los tipos que estaban en el auto y los invitaba a pelear. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 pasa y me dijo que los tipos eran polic\u00edas y se estaban llevando a dos chicas detenidas. El coche era color crema y la patente de la provincia de Buenos Aires. Decidimos bajar a las chicas del coche. Todo fue muy r\u00e1pido. Fuimos uno de cada lado, abrimos las puertas y las bajamos. Los supuestos polic\u00edas no hicieron nada para impedirlo. Recuerdo que mientras estaba tironeando de la que me hab\u00eda tocado bajar a m\u00ed, me pareci\u00f3 raro que me costara tanto darle impulso. Cuando las dos estaban en la vereda entend\u00ed la dificultad; todos est\u00e1bamos achispados, pero ellas estaban en un estado de ebriedad fatal. Las puertas de atr\u00e1s del coche quedaron abiertas. Los supuestos polic\u00edas cerraron las puertas y se fueron.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #000080;\"><a style=\"color: #000080;\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-37\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><b>\u00a1Compra libros de los autores y traductores incluidos en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop!<\/b><\/a><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Andrea \u00c1lvarez Mujica, tambi\u00e9n conocida como Vera Land, en el bar cultural La Paz Arriba, por Florencia Cosin.<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos a\u00f1os cada vez que alg\u00fan periodista, estudiante de comunicaci\u00f3n, cineasta o escritor me busc\u00f3 para hablar de la revista Cerdos &amp; Peces, me negu\u00e9 o no contest\u00e9 porque, entre otras cosas, me parec\u00eda que no era necesario agregar nada. Transcribo algunas frases que flotaban en mi mente cuando me convocaban: \u201cLo que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":44653,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[5632],"tags":[5629],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[5055],"class_list":["post-44785","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-dossier-cerdos-peces","tag-numero-37","lal_author-andrea-alvarez-mujica"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44785","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44785"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44785\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":44787,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44785\/revisions\/44787"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/44653"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44785"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44785"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44785"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=44785"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=44785"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=44785"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=44785"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=44785"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}