{"id":4450,"date":"2021-02-25T00:26:32","date_gmt":"2021-02-25T06:26:32","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/02\/albalucia-angel-her-own-words-albalucia-angel\/"},"modified":"2023-06-01T12:47:33","modified_gmt":"2023-06-01T18:47:33","slug":"albalucia-angel-her-own-words-albalucia-angel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/02\/albalucia-angel-her-own-words-albalucia-angel\/","title":{"rendered":"&#8220;Albaluc\u00eda \u00c1ngel en sus propias palabras&#8221; de Albaluc\u00eda \u00c1ngel"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La siguiente entrevista fue realizada a varias voces por los y las estudiantes del \u201cMonogr\u00e1fico de autor: Albaluc\u00eda \u00c1ngel\u201d de la Universidad Nacional de Colombia y editada espec\u00edficamente para este dossier.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>Los girasoles en invierno<\/em> es mi primera novela. No es dif\u00edcil imaginar el ah\u00ednco con que se sigue ese proceso, d\u00eda a d\u00eda. Palabra por palabra. P\u00e1gina por p\u00e1gina. Y as\u00ed uno va amontonando las cuartillas. Y corrige. Y vuelve a corregir. Y as\u00ed, hasta que a una le parece que es el punto final. Luego retoma la lectura, vuelve a corregir <em>ad infinitum<\/em>, si una insiste. Hasta que un d\u00eda una se cansa. Suspira hondo. Y cierra. Punto.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Mi primera novela no peg\u00f3 en el momento, a pesar de haber quedado finalista en el Premio Esso (1970). La publiqu\u00e9 yo misma. Pero <em>Dos veces Alicia<\/em> fue publicada no mucho tiempo despu\u00e9s de escrita, por Barral Editores. Una vez que Carlos Barral fue mi editor, el resto de mis novelas salieron publicadas en un margen de tiempo normal, digamos. <em>Misi\u00e1 Se\u00f1ora<\/em> se demor\u00f3 un poco pues Barral ya no ten\u00eda editorial, pero cuando Argos Vergara le encarg\u00f3 una colecci\u00f3n de \u201cprestigio\u201d, me incluy\u00f3 de inmediato. Igual sucedi\u00f3 con <em>Las andariegas<\/em> (1984).<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>\u00a1Oh gloria inmarcesible!<\/em> (1978) se conoci\u00f3 en el pa\u00eds un a\u00f1o despu\u00e9s de terminado, gracias a Gloria Zea, que se empe\u00f1\u00f3 en publicarme en Colcultura. Valga aclarar que ello fue un factor de peso para que el gobierno del momento la retirara de su cargo de directora de esa instituci\u00f3n. Y ese libro de cuentos fue retirado <em>ipso facto<\/em> de la circulaci\u00f3n, pues fue catalogado como \u201cpornogr\u00e1fico\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Otra cosa fue el tratar en su momento de traer las novelas a Colombia para efectos de distribuci\u00f3n. Encontr\u00e9 una barrera imposible de cruzar. Creo que fue en el a\u00f1o 82\u2019 y en el 84\u2019, que se hicieron dos ediciones de <em>La p\u00e1jara pinta<\/em> sin mediar contrato, por ejemplo. O sea, porque a alguien se le ocurri\u00f3 y punto. Luego el silencio fue total, durante 40 a\u00f1os, y se rompi\u00f3 gracias a la mediaci\u00f3n de Alejandra Jaramillo Morales, quien se encarg\u00f3 de convencer a un editor de Ediciones B de leer <em>La p\u00e1jara pinta<\/em>.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Hablando del proceso de escritura, en el momento de <em>Los girasoles en invierno<\/em> yo andaba inmersa en lo que se llam\u00f3 <em>nouveau roman<\/em>, en Francia. Robbe-Grillet y Nathalie Sarraute eran mis favoritos. De manera precisa, sistem\u00e1tica, comenc\u00e9 las primeras l\u00edneas con aquel tono entrecortado, detallado en los gestos, el tiempo que corr\u00eda paralelo al transpirar del vaso, mis dedos recorri\u00e9ndolo: <em>la manecilla se mueve con pereza, uno, dos, tres, cuatro\u2026<\/em> Y como se podr\u00e1 notar, a la segunda p\u00e1gina desaparece ese comp\u00e1s. Mi tono va escalando en la memoria, mi \u201cestilo\u201d se despega hacia otros horizontes que van marcando con rigor mi propia voz. La voz de una mujer que espera en un bar parisino, mira llover, observa aquel entorno, sigue leyendo a Bradbury, se toma su caf\u00e9\u2026 Y el resto es fantas\u00eda tropical, dir\u00edan los que en aquel entonces decid\u00edan qui\u00e9n s\u00ed o qui\u00e9n no era ese \u201cgenio de la l\u00e1mpara\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Pero la obra m\u00e1s dif\u00edcil de escribir, hasta el momento, ha sido <em>Estaba la p\u00e1jara pinta sentada en el verde lim\u00f3n<\/em> (1975). Son varios los factores. Uno de ellos era el estar sometida a un texto que tiene como funci\u00f3n contar la historia colombiana, comenzando desde un cap\u00edtulo nefasto: el 9 de abril de 1948, a\u00f1adido a episodios de tiempo de dictadura. Persecuci\u00f3n pol\u00edtica de parte de un sistema atrabiliario. Revuelta estudiantil. El desalojo de tierras campesinas. Todo acotado en medio de ese caos. De esa memoria, que pertenece a aquella que la cuenta: que es una ni\u00f1a pereirana y que como bien lo dice aquel ep\u00edgrafe de Dylan Thomas \u201cno tiene orden, ni tiene fin\u201d. Y ello conlleva exactitud inmarcesible.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La limpidez de una escritura hist\u00f3rica se mide por los hechos fehacientes, no por im\u00e1genes de prensa, ni mucho menos contar desde un exclusivo punto de vista. Pues la memoria personal es una base que debe de trascender lo imaginario. En este caso es obvio. La memoria: la m\u00eda y la colectiva. La registrada en las noticias. Lo que narr\u00f3 la gente que asisti\u00f3 a esos episodios, en vivo y en directo. Y todo eso vibra y cuesta mucho, pues no hay manera de contar lo inenarrable sin estar firme al compromiso de jam\u00e1s traicionar esa memoria. La tuya. La de la gente de esta patria, que me dej\u00f3 constancia de su visi\u00f3n oscura y tenebrosa. Y all\u00ed no tiene cabida entonces, para m\u00ed, eso que se denomina \u201cla imaginaci\u00f3n\u201d. Pues la catarsis es completa. Ese dolor ajeno lo sientes y lo vives a la medida en que lo cuentas, en p\u00e1ginas escritas. Tambi\u00e9n incluye esa novela los episodios de la infancia. Y son alegres. Pr\u00edstinos. P\u00edcaros, sin duda. Pero el dolor persiste. La Muerte los persigue. Dolor de ni\u00f1a con los ojos abiertos al destino, que la escogi\u00f3 en esos momentos, sin filtros. Sin clemencia. Sin darle tregua a la conciencia tempranera, que se abre de repente como un calidoscopio que nunca cesa de girar.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Hubo tambi\u00e9n con esa novela un cambio de escribir sobre Europa a escribir sobre la violencia colombiana que, si quiere que le diga, lo dise\u00f1\u00f3 el destino. <em>La p\u00e1jara pinta<\/em> llevaba escritas alrededor de 40 p\u00e1ginas. No ten\u00eda t\u00edtulo, ni direcci\u00f3n fija, como tampoco notas o br\u00fajula marcando lo que pens\u00e9 ser\u00eda un recuento de mi ni\u00f1ez mezclado con las memorias del momento. Pasaba por Madrid. Y una manada de 6 hombres j\u00f3venes me atac\u00f3 en un parqueadero con el fin de robarme un coche Mini-Morris. Y all\u00ed cambi\u00f3 la historia. Entr\u00e9 por ese t\u00fanel l\u00facido y hermoso que conocemos como \u201cmuerte\u201d y volv\u00ed a cruzarlo de regreso. No era hora. Pero mi cuerpo qued\u00f3 muy maltratado y parec\u00eda que solo una especie de milagro me lograr\u00eda salvar de ese diagn\u00f3stico dudoso que la ciencia afirm\u00f3 en esa ocasi\u00f3n. As\u00ed que regres\u00e9 al pa\u00eds con \u00e1nimo de descansar.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Alguien me habl\u00f3 de un \u201cm\u00e9dico invisible\u201d, Jos\u00e9 Gregorio Hern\u00e1ndez, y me entregu\u00e9 a aquella experiencia metaf\u00edsica con toda la esperanza, puesto que en ese campo no he tenido nunca dudas. Creo en las dimensiones fuera de esta tercera, en la que vivimos dando vueltas y m\u00e1s vueltas sin encontrar salida al laberinto: y tuvo \u00e9xito esa empresa. En esa estad\u00eda de sanaci\u00f3n, viaj\u00e9 por el pa\u00eds. Se recordaba entonces la muerte de Jorge Eli\u00e9cer Gait\u00e1n (en el 48) y el tema estaba muy candente todav\u00eda. Algo as\u00ed como lo que estamos viviendo en el momento: \u201cla verdad verdadera\u201d de esa memoria secreta y tenebrosa que comienza a revelarse sin tapujos sobre el \u201cHolocausto del Palacio de Justicia\u201d. Lo de Gait\u00e1n, en cambio, jam\u00e1s ha sido develado. Se trataba, creo yo, de recordarle a la nueva generaci\u00f3n sobre un suceso que parti\u00f3 la historia de esta patria en dos, literalmente. All\u00ed, oyendo a los testigos, leyendo viejas cr\u00f3nicas, recogiendo pedazos de mi memoria de ni\u00f1a en ese entonces, los ecos y los vientos se aliaron con fantasmas y esa novela tom\u00f3 cuerpo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Cuando un tiempo despu\u00e9s regres\u00e9 a Espa\u00f1a, ese paisaje de infamia y sangre y gritos en las calles, de gente atropellada por esbirros de quienes manejaban el destino pol\u00edtico y vital de su existencia, cubri\u00f3 mi vida de mujer. Mi vida de escritora. Mi tiempo se diluy\u00f3, d\u00eda tras d\u00edas, en p\u00e1ginas y p\u00e1ginas, y habl\u00e9 muy poco con mi gente. Entre otras, el c\u00edrculo de los \u201cvenerables del Parnaso latinoamericano\u201d. Se me invitaba, s\u00ed. Pero evit\u00e9 acudir. \u201cNo estaba el palo para hacer cucharas\u201d, como dir\u00eda mi abuela Adelfa. Esa escritura fue secreta. Y aunque vinieron unos cuantos a visitarme a mi estudio de Barcelona, no solt\u00e9 prenda: o sea, muchos quer\u00edan investigar si lo iba a enviar a un premio muy famoso, si el tema era af\u00edn a esa canci\u00f3n de infancia y \u201c\u00bfc\u00f3mo as\u00ed, de qu\u00e9 se trata?\u201d. Mi lenguaje creci\u00f3, \u201ccomo la milpa en el potrero\u201d. Y en mi respiro de viajera de galaxias o viajera del tiempo, si usted quiere, en medio de avatares, paradigmas, desaf\u00edos insondables y juegos de pirotecnia con espejos, yo me rend\u00ed ante mi Conciencia: de Ser o de no Ser.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Por eso, no creo que la \u201cfunci\u00f3n social\u201d sea el tim\u00f3n que lleva mi escritura. La Historia, con may\u00fascula, no ha sido mi capricho. Me cuento entre los seres que miran el mundo en que vivimos con atenci\u00f3n: o sea, vigilancia. Me convert\u00ed en observadora gracias a las monjitas franciscanas que llegaron de Suiza con el m\u00e9todo Montessori nuevecito y nos llevaban, amorosas, entre lo l\u00fadico y concreto. La parte responsable nos la inculcaban en los paseos alrededor del pueblo, donde entre bosques de \u00e1rboles nativos mir\u00e1bamos los p\u00e1jaros, las mariposas, los arroyos. \u201c\u00bfQu\u00e9 vieron en el campo\u2026?\u201d, nos preguntaban la madre Rudolfina y la madre Nolaska al regresar de esa delicia ma\u00f1anera y cada cual prend\u00eda sus luces. Nos ense\u00f1aron a mirar, esas monjitas europeas. Le debo a todas ellas mi despertar de la Conciencia, no tengo duda que esa semilla la sembr\u00f3 aquella escuela franciscana. Observar las hormigas, por ejemplo. Y de all\u00ed a observar el mundo con sus delirios y reveses, esos bajones y subidas, que en toda sociedad se trazan o transmiten por medio de las noticias, escritas, en mi \u00e9poca, o por la radio, y ahora es con un clic que uno se enreda en esa telara\u00f1a, a tal velocidad, que la visi\u00f3n se pierde, digo yo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Mi lenguaje no creo que tenga un \u201cproceso\u201d definido. Como no sea el que aprend\u00ed desde la cuna: paisa de ra\u00edz, un castellano a\u00fan muy n\u00edtido y hermoso, locuaz con sus \u201csentencias\u201d, o \u201cdichos\u201d, bastante amplio y armonioso, pues no se abrieron nunca <em>mantras<\/em> de otras tierras ni se usaban ep\u00edtetos soeces en la conversaci\u00f3n con las amigas, los amigos, los padres y el resto de la familia. Y al encontrarnos con la gente de la calle, era preciso y respetuoso. Hab\u00eda quien lo \u201cabusaba\u201d, como dec\u00eda mi abuela. Y fastidiaba a cierta gente ese lenguaje del \u201carriero\u201d que maldec\u00eda a sus mulas en el camino de monta\u00f1a, pero as\u00ed es nuestra lengua. No exist\u00eda el \u201cm\u00e9todo correcto de escribir\u201d. Nadie en mi generaci\u00f3n ni en las anteriores, supongo, nos dijo c\u00f3mo armar esa cuadr\u00edcula. O sea: \u201cAqu\u00ed colocas esto, el di\u00e1logo es as\u00e1, no exagerar en esos p\u00e1rrafos cerrados, abrirte m\u00e1s al adjetivo\u2026\u201d O a lo mejor: \u201chay que tener a tu lector\/a en cuenta\u201d. No s\u00e9.\u00a0 Divago. En realidad, yo fui cantante tempranera. Se me dio aquel \u201co\u00eddo absoluto\u201d que dicen los que saben, te ayuda a o\u00edr mejor el canto de los vientos. Le o\u00ed un d\u00eda a Cort\u00e1zar algo que me aclar\u00f3 mi canto en la escritura. \u201cYo pongo m\u00fasica de jazz y comienzo a teclear\u201d, nos dijo un d\u00eda en Barcelona: \u201cy si la p\u00e1gina responde al ritmo de esas notas, entonces est\u00e1 bien.\u00a0 Si no, se ve que andaba despistado y no escuchaba bien a John Coltrane\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u00bfAn\u00e9cdotas con los \u201cescritores del boom\u201d? Ser\u00edan tantas, que har\u00eda un libro voluminoso. Prefiero conservarlas para m\u00ed. Mucha gente me hace la misma pregunta \u00faltimamente. A lo mejor ser\u00e1 porque (aparte de Mario Vargas Llosa) ya todos pasaron a ese \u201clugar sin l\u00edmites\u201d, y est\u00e1n acomodados y felices en su nueva visi\u00f3n del Universo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y ese \u201clugar sin l\u00edmites\u201d me arrastra sin remedio a mi entra\u00f1able Pepe. O sea, Jos\u00e9 Donoso, el escritor chileno. Y a esos momentos, que se volv\u00edan interminables, de palique y m\u00e1s palique porque s\u00ed, porque acababa de llegar de un viaje y no nos hab\u00edamos visto en siglos de los siglos, seg\u00fan \u00e9l. \u201cLa llaman del Hotel Donoso\u201d, me anunciaba Gabo, donde se me daba posada en esos d\u00edas, con toda esa amorosa atenci\u00f3n que me prestaba Meche y aquel inolvidable abrazo ma\u00f1anero de Gonzalo y Rodrigo, antes de salir para la escuela. En medio de las llamadas de aquella especie de \u201cemergencia\u201d con que Pilar Serrano (la esposa de Pepe) no me daba tregua, yo llegaba a Vallvidrera. All\u00ed viv\u00edan, con Pilarica, su hija. Y Pelegr\u00edn, su perro <em>pug<\/em>, que era una nota. \u201c\u00bfY Pepe\u2026?\u201d, \u201c\u00a1Ah s\u00ed, Pepe\u2026!\u201d, contestaba Pilar. \u201cNo te preocupes, que ahorita va llegando: est\u00e1 en Madrid, pero ya llega\u2026\u201d Y as\u00ed pasaban horas. Como en el cuento de aquel barquito chiquitito que no pod\u00eda navegar. Com\u00edamos delicias de cocina chilena, habl\u00e1bamos del mundo y sus placeres; Pilar estaba al d\u00eda y las andanzas del pr\u00edncipe eran su fuerte, despu\u00e9s cort\u00e1bamos las rosas del jard\u00edn, volv\u00edamos a casa, un vermut blanco, <em>T\u00edo Pepe<\/em>, para estar a tono con ese anfitri\u00f3n, viajero escurridizo: \u201c\u00bfY cu\u00e1ndo es que llega Pepe\u2026?\u201d, \u201cPaciencia, no demora\u2026\u201d Y as\u00ed. Otras dos, tres, cuatro horas\u2026 hasta la madrugada. \u201cPilar, me estoy cayendo del sue\u00f1o\u201d. \u201c\u00a1Ni hablar\u2026! Le promet\u00ed a Pepe que te tendr\u00eda despierta\u2026 \u00a1No te duermas!\u201d Y los esfuerzos de mi cuerpo por no caer ah\u00ed mism\u00eds, como dec\u00edamos entonces, se vieron compensados cuando ya el alba tempranera la anunciaron los p\u00e1jaros cantores y entonces esa puerta de la morada de los Donoso se abri\u00f3 de par en par. \u201c\u00a1Albricias, Marulanda\u2026!\u201d<\/p>\n<p dir=\"ltr\">As\u00ed decidi\u00f3 Pepe, que me cambi\u00f3 mi nombre, porque s\u00ed.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y fue aquella madrugaba la entrada de ese barbuchas rubicundo, cansado s\u00ed, pero con la sonrisa matadora que toda su existencia regal\u00f3 como un remanso de dulzura. Nos abrazamos, se descarg\u00f3 del equipaje. Pilar dorm\u00eda a pierna suelta y lo mismo Pilarica y Pelegr\u00edn. Y nos jalamos sendos <em>T\u00edo Pepe<\/em>. \u201c\u00a1Ajaa\u00e1, Maestro! \u00bfy qu\u00e9 tal anda Madrid\u2026? \u00bfMuy chisparoso?\u201d Pero no estaba en tono de pol\u00edtica: en realidad, nunca lo estuvo. \u201cSoy <em>si\u00fatico<\/em>, ves t\u00fa\u2026?\u201d Y le tra\u00eda al fresco si Franco si o si Franco no. O sea, a otra cosa mariposa\u2026 y puso toda la artiller\u00eda en su propuesta, que sac\u00f3 del bolsillo en dos segundos: \u201cMe la pens\u00e9 en el viaje. No me digas que no, Albal\u00fa. Yo ya lo tengo muy planeado y es irreversible. Solo que necesito tu permiso\u201d. As\u00ed, despacio. Como un rapaz cogiendo un nido de codorniz, para ofrecerle luego a alguna damisela del condado. \u201c\u00bfPuedes prestarme el <em>Marulanda<\/em> para una novelita que tengo entre ceja y ceja\u2026? \u00bfAhhh\u2026?\u201d \u201c\u00bfPrestarte? Y pues bueno, por qu\u00e9 no\u2026\u201d<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y as\u00ed naci\u00f3 ese sitio m\u00e1gico y terriblemente s\u00f3rdido. Aquella alegor\u00eda sobre la historia del Chile de Pinochet, que se ley\u00f3 en el mundo del momento como algo magistral. La cr\u00edtica de entonces comprendi\u00f3 que, si Jos\u00e9 Donoso no hab\u00eda incidido nunca en la pol\u00edtica, con su <em>Casa de Campo<\/em> hab\u00eda batido el r\u00e9cord de denuncia. Con ese juego pervertido, o revertido, dir\u00eda yo. Y Marulanda fue lo que era Macondo. Un sitio de referencia en un pa\u00eds de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u201cNo soy de aqu\u00ed, ni soy de all\u00e1\u2026\u201d es el gran himno a la confianza de Ser universal. Mi vida la escog\u00ed yo misma, muy temprano. Y no retrocedo ni un mil\u00edmetro. De aquel o aquella que no se escuda en dogmas ni cumple edictos de patriarcas, ni comulga con ruedas de molino. Los que nos atrevimos a cruzar puentes dinamitados y as\u00ed volver a construir un paradigma digno de nuestra especie humana. \u201cHaz el amor y no la guerra\u201d, fue la propuesta de los \u201chippies\u201d de los a\u00f1os 60s. Y yo escog\u00ed estar all\u00ed. Del otro lado del Atl\u00e1ntico. O del otro lado del Espejo, si usted quiere. Jugar en ese albur de ser lo que yo vine a Ser. Alguien que en permanencia est\u00e1 \u201cdespierto\u201d y alerta a su respiro. Que es el mismo respiro de la Tierra en que vivimos.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Ac\u00e1 o all\u00e1, las voces del olvido me reclaman. Y yo las he escuchado, desde que tengo \u201cuso de raz\u00f3n\u201d. Y puede ser una figura literaria o un signo de \u201cdesvirole\u201d, pero eso me condujo a esa escritura de peregrina de un Mundo en el que vibra mi existencia. No importa d\u00f3nde yo guinde aquella hamaca. O arme mi carpa: mi \u201cigl\u00fa\u201d azulino y plata, donde he pasado tiempos imborrables.<\/p>\n<p>En realidad, mi \u201cresidencia permanente\u201d ha sido el coraz\u00f3n, si quiere que le diga.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p dir=\"ltr\"><em>Los girasoles en invierno<\/em> es mi primera novela. No es dif\u00edcil imaginar el ah\u00ednco con que se sigue ese proceso, d\u00eda a d\u00eda. Palabra por palabra. P\u00e1gina por p\u00e1gina. Y as\u00ed uno va amontonando las cuartillas. Y corrige. Y vuelve a corregir. Y as\u00ed, hasta que a una le parece que es el punto final. Luego retoma la lectura, vuelve a corregir <em>ad infinitum<\/em>, si una insiste. Hasta que un d\u00eda una se cansa. Suspira hondo. Y cierra. 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