{"id":4448,"date":"2021-02-24T23:58:00","date_gmt":"2021-02-25T05:58:00","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/02\/guerrilla-fighter-albalucia-angel\/"},"modified":"2024-11-03T17:18:48","modified_gmt":"2024-11-03T23:18:48","slug":"guerrilla-fighter-albalucia-angel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/02\/guerrilla-fighter-albalucia-angel\/","title":{"rendered":"&#8220;El guerrillero&#8221; de Albaluc\u00eda \u00c1ngel"},"content":{"rendered":"<div dir=\"ltr\"><\/div>\n<div class=\"caption\" dir=\"ltr\"><\/div>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: right;\"><em>Al profeta Gonzalo<br \/>\ndonde est\u00e9<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y ahora s\u00ed vas a ver, Felicidad Mosquera, cuando ellos lleguen armados de yataganes, amenazando que d\u00f3nde est\u00e1 escondido, que confieses. Te van a preguntar. Te obligar\u00e1n a traicionarlo porque si no nos dice nos le llevamos a los viejos, como le hicieron a tu comadre Cleta hace dos d\u00edas, o te pondr\u00e1n las manos en el fuego, como a Calixto Pe\u00f1alosa, o te abrir\u00e1n el vientre, despu\u00e9s de haber gozado todos de tu cuerpo. Eso es as\u00ed, Felicidad. Asina mismo. M\u00e1s te hubiera valido irte con \u00e9l, as\u00ed no sufrir\u00edas. No te estuvieras arrastrando mientras lloras y gimes y buscas cualquier cosa que te sirva como arma y tratas de poner los pocos muebles para trancar la puerta, mejor hubiera sido que esa noche, cuando los perros de Sebasti\u00e1n Mart\u00ednez comenzaron a aullar como si hubieran visto al diablo y t\u00fa lo descubriste all\u00ed, parado, sin moverse, con las polainas hechas mierda y la camisa blanca tinta en sangre, hubieras dicho cualquier cosa, cualquier pretexto que lo hiciera decir muy buenas noches y regresarse por donde mismo hab\u00eda venido, pero para tus males no fue as\u00ed. Malhaya tu desgracia. Lo hiciste entrar sin que cruzaran ni palabra, le arrimaste un asiento, \u00e9l se dej\u00f3 caer a plomo y entonces le observaste la otra herida en la cabeza, tengo fatiga, fue lo que musit\u00f3, y se desbarranc\u00f3 despu\u00e9s como un caballo, sobre el piso. Qu\u00e9 fue lo que te dio, Felicidad Mosquera. Qu\u00e9 mal hado nefasto te encandel\u00f3 de esa manera, sopl\u00f3 directo al coraz\u00f3n para que se encendiera de esa forma y te volvieras ciega. Porque cieguita estabas. Esos escalofr\u00edos que sentiste, cuando al mirar su rostro reconociste que era bello. Que ese bigote negro te gustaba. Ese af\u00e1n tan nervioso con el que fuiste a hervir el agua y a preparar emplastos de higuerilla, no eran afanes tuyos. Porque t\u00fa siempre has sido sangre fr\u00eda. Coraz\u00f3n muy atento. Vigilante. No te dejas jam\u00e1s poner la zancadilla en esas cosas. Qu\u00e9 te pas\u00f3, dec\u00edme. Qu\u00e9 carajo te dio cuando en lugar de despedirlo, cuando \u00e9l ya se repuso y comenz\u00f3 a salir de noche a dar paseos, a recogerte le\u00f1a, a ofrecerse a pilar, a buscar agua, cuando en lugar de decir s\u00ed, pues hasta luego, alegaste que no, que no era una molestia, que se quedara algunos d\u00edas. Qu\u00e9 mierda sucedi\u00f3. Yo no me lo explico. Felicidad Mosquera, yo no te reconozco. Jam\u00e1s pens\u00e9 que se cambiar\u00eda as\u00ed de ligerito, que se pudiera ser de negro a blanco, como lo fuiste t\u00fa, as\u00ed: de un d\u00eda pa\u2019 otro. Porque en ese temblor que te agarraba cuando \u00e9l pon\u00eda los ojos zarcos en tus ojos, o el balbuciar como una ni\u00f1a cuando \u00e9l ped\u00eda la sal y te rozaba apenas con los dedos al t\u00fa pon\u00e9rsela en la mano, todo en ti se volvi\u00f3 patasarriba, se cambi\u00f3 de corriente, se te cruzaron los cables, pues c\u00f3mo fue carajo que ni siquiera lo acataras. El poner sal en manos de otro es vaina muy pavosa. Eso trae mal augurio. Mal ag\u00fcero. Y qu\u00e9 me dices de aquel d\u00eda, cuando en vez de dejar que \u00e9l fuera solo a darse alg\u00fan venteo, te coloreaste toda cuando te hizo la oferta de pasiemos un rato y al cruzar el pont\u00f3n \u00e9l te agarr\u00f3 del talle, porque se mueve mucho, fue la disculpa suya, pero muy bien sentiste c\u00f3mo ese hervor que emanaba de su piel se te fue entrando, quemando, lastimando, pues era un grito de lo que sent\u00edas por dentro. Un gemido profundo. Van a venir, Felicidad Mosquera. Van a llegar gritando que ellos saben. Revolviendo la casa a las patadas, como hicieron con la mujer de Pr\u00f3spero Montoya, que la dejaron metida en una alberca, con el vientre rajado y la criatura dentro. No te van a dejar ni dar ni un brinco. Cuando llegan as\u00ed, ya est\u00e1n dispuestos a acabarte. A no dejar ni el rastro. Van a decir que saben para que as\u00ed t\u00fa piques. Pero si solo Dios y t\u00fa son los testigos. Los \u00fanicos testigos de aquel encuentro en los pastales, en el play\u00f3n del r\u00edo, entre las s\u00e1banas de olor, qui\u00e9n m\u00e1s lo va a jurar si s\u00f3lo t\u00fa sent\u00edas aquel goce, aquel miembro que entraba en tus entra\u00f1as buscando tus lisuras y convirti\u00e9ndote en corriente, en luz furtiva, en mar, qui\u00e9n va a saber el ritmo de tus caderas, ardorosas, de tus manos busc\u00e1ndolo, palpando aquellas ingles que atropellaban con dulzura tu entrada hacia la vida. Qui\u00e9n o\u00eda sus quejidos. Su b\u00fasqueda amorosa. Su orgasmo largo y sostenido mientras que t\u00fa te hund\u00edas en un silencio de membranas jugosas, en un batir muy r\u00e1pido de sangre, en ese palpitar precipitado de los m\u00fasculos, que al fin se distend\u00edan produciendo un espasmo en todo el cuerpo, un alarido interno, que afloraba hacia ti, como un torrente. Y qui\u00e9n te va a juzgar, Felicidad Mosquera, si solo Dios y t\u00fa pueden jurar que eso fue cierto. Nadie se va a atrever. Pueden buscarte en tus entra\u00f1as mismas, partirte en dos con esos yataganes, horadar tus sentidos, penetrarte hasta el alma, que nada encontrar\u00e1n. Ni una briznita. No pongas esa tranca. Tira ese miedo por la borda. No maldigas ya m\u00e1s que \u00e9l est\u00e1 lejos y lo \u00fanico importante es que se salve para seguir la lucha. T\u00fa no dir\u00e1s ni mu. Ni aunque metan candela a tu ranchito, te introduzcan vergajos, o botellas, te hagan las mismas cosas que a las otras para lograr enloquecerte, fuerza canejo, Felicidad Mosquera, ya no llores ni gimas. Abre t\u00fa misma el portal\u00f3n. Ponte derecha sobre el quicio. Aguanta sus miradas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y ahora s\u00ed vas a ver, Felicidad Mosquera, cuando ellos lleguen armados de yataganes, amenazando que d\u00f3nde est\u00e1 escondido, que confieses. 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