{"id":4436,"date":"2021-02-24T22:02:44","date_gmt":"2021-02-25T04:02:44","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/02\/terrible-charm-difficulty-jineth-ardila-ariza\/"},"modified":"2024-05-10T13:22:31","modified_gmt":"2024-05-10T19:22:31","slug":"terrible-charm-difficulty-jineth-ardila-ariza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/02\/terrible-charm-difficulty-jineth-ardila-ariza\/","title":{"rendered":"&#8220;El terrible encanto de la dificultad&#8221; de Jineth Ardila Ariza"},"content":{"rendered":"<p dir=\"ltr\"><em>Estaba la p\u00e1jara pinta sentada en el verde lim\u00f3n<\/em> (1975), de Albaluc\u00eda \u00c1ngel, es una de esas grandes novelas que poseen el terrible encanto de la dificultad. <em>Terrible<\/em> porque eso que llamamos dificultad no siempre recibe una lectura no contemplativa, que quiera unir la continuidad discreta de la novela, interrumpida mediante la fragmentaci\u00f3n. <em>Dificultad<\/em> con la que la autora responde la pregunta que se hace a s\u00ed misma Ana, su protagonista: \u201cQu\u00e9 es lo que hay que escribir para que los dem\u00e1s comprendan\u201d (289). Una pregunta que no solo se dirige al tema de la novela (qu\u00e9) sino tambi\u00e9n a su forma (c\u00f3mo). <em>Encanto<\/em> porque descifrarla no conduce ni a la decepci\u00f3n del sentido ni a la tentaci\u00f3n de explicarla, de traducir a la lengua com\u00fan de la an\u00e9cdota lo que en la novela es un intrincado rompecabezas. <em>Grande<\/em> porque no solo es la culminaci\u00f3n de un periodo y un g\u00e9nero (la novela de La Violencia) que obsesion\u00f3 a los novelistas colombianos, sino tambi\u00e9n su rectificaci\u00f3n. Una rectificaci\u00f3n que, con todo, no sucede por fuera del realismo sino dentro de \u00e9l. <em>Grande<\/em> porque sus lectores de hoy coincidimos en que no solo es la m\u00e1s arriesgada sino tambi\u00e9n la mayor conquista de la novela experimental que se ha escrito en Colombia.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La materia narrativa de la novela es la vivencia de una generaci\u00f3n sometida a la violencia de la guerra civil y estatal de las d\u00e9cadas de 1950 y 1960, pero esa materia no es solo el trasfondo hist\u00f3rico de la obra, sino que la incomunicabilidad de esa experiencia es aquello a lo que la novela quiere llegar. Durante dos d\u00e9cadas se le hab\u00eda dado forma a esa materia a trav\u00e9s del realismo social, en lo que se conoce en la historia literaria del pa\u00eds como la novela de La Violencia; pero ya esa forma se hab\u00eda cristalizado y los lectores pasaron de saberse saciados a sentirse hastiados del horror que la acompa\u00f1a.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Ana, la protagonista de <em>Estaba la p\u00e1jara pinta sentada en el verde lim\u00f3n<\/em> (1975) es una joven con la conciencia escindida entre la ni\u00f1ez y su presente inmediato, cuyo hiato es un trauma que siente repetirse como una pesadilla. El doble asunto que trata la novela, hist\u00f3rico y narrativo, turbio y melanc\u00f3lico, obliga a la autora a descarriar la forma del realismo social para mostrar c\u00f3mo funcionan en la narraci\u00f3n los mecanismos de la represi\u00f3n que a la vez alude y elude el trauma de la experiencia de la violencia. \u00bfC\u00f3mo hacer eso sin poner al personaje a discurrir o a desvariar sobre sus cuitas, sino espiando su conciencia mientras la joven parece simplemente dar vueltas en la cama, perezosa, y discutir imaginariamente con la empleada de su casa, Sabina, que intenta levantarla sin \u00e9xito durante los dos primeros centenares de p\u00e1ginas de la novela?<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Un par de im\u00e1genes ayudar\u00e1n a intuir c\u00f3mo lo hace. La primera se la atribuye Harold Bloom a Virginia Woolf en <em>Novelas y novelistas. El canon de la novela<\/em>: \u201c\u00bfAcaso no es cada uno de nosotros el centro de innumerables rayos que impactan en una sola figura? \u00bfNo es acaso nuestro deber espejarlos de inmediato sin permitir que uno solo de ellos pierda su filo al impactar contra nosotros?\u201d (Madrid: P\u00e1ginas de espuma, 2012: 414). La <em>figura<\/em> sobre la cual <em>impactan<\/em> los innumerables <em>rayos<\/em> de esta novela es Ana. Ella es el centro de una serie de eventos catastr\u00f3ficos individuales y tambi\u00e9n de algunos de los efectos de la violencia generalizada; ambas series de rayos impactan y rasgan con su filo la experiencia de la protagonista, en \u201cun largo caminito que seg\u00fan el hor\u00f3scopo ten\u00eda que ser bordado en rosas, pero que no fue tal\u201d (269).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Por medio de digresiones e intertextos la novela abandona cualquier idea de linealidad para cavar hacia adentro, en paralelo, en la conciencia del personaje y en la historia, generando varias capas de trasfondo en cada una. <em>Estaba la p\u00e1jara pinta sentada en el verde lim\u00f3n<\/em> est\u00e1 dividida en segmentos que hay que reunir en la superficie del texto y est\u00e1 atravesada por diversos planos de profundidad; de manera que los acontecimientos del presente del relato se comprenden solo tras unir los fragmentos que componen en vertical los distintos estratos hist\u00f3ricos de la novela. Dos experiencias privadas estructuran la novela, separadas entre s\u00ed por un par de d\u00e9cadas. Acerca de ellas se tejen las complejas tramas narrativas que se desarrollan en un paralelismo sem\u00e1ntico y sint\u00e1ctico, desde el inicio hasta el final del libro. Esas dos experiencias son \u201cinterrumpidas\u201d por digresiones que dan lugar a fugas temporales hacia otros episodios de la biograf\u00eda y de la historia. La primera es la muerte y el entierro de Julieta, amiga de Ana de la infancia; esta primera experiencia es recordada y narrada como un extenso <em>flash back<\/em> desde el d\u00eda del presente de la narraci\u00f3n (a ese d\u00eda lo llamo el <em>Anasday<\/em> para indicar que es un \u201csalto de tigre\u201d hacia el <em>Ulises<\/em> de Joyce). La segunda es la del reconocimiento del cuerpo y el entierro de Valeria, amiga de juventud; esta experiencia es narrada un d\u00eda despu\u00e9s del <em>Anasday<\/em>, a trav\u00e9s de la conciencia ya difusa, ya dividida de la protagonista. Los dos entierros (el primero en 1948 y el segundo en 1967) se celebran en un mismo cementerio: unidad de lugar que compensa la m\u00faltiple fragmentaci\u00f3n temporal de la narraci\u00f3n.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La novela est\u00e1 literalmente envuelta (abre y cierra de la misma forma) por un cap\u00edtulo partido en dos, que resulta enigm\u00e1tico en las primeras p\u00e1ginas del libro: el lector no sabe desde qu\u00e9 punto de vista est\u00e1 contado, por qui\u00e9n, en qu\u00e9 tiempo, ni alrededor de qu\u00e9 hechos gira. No obstante, entre esas p\u00e1ginas iniciales y finales est\u00e1 contenida toda la obra; solo se comprenden al final, cuando literalmente se muerden la cola. Al comienzo del libro, un ep\u00edgrafe advierte, en los versos de Dylan Thomas: \u201cThe memories of childhood \/ have no order, and no end\u201d. As\u00ed, se ha dicho que el ep\u00edgrafe preludia el caos de la novela, la imposibilidad de descifrar o de comprender su estructura. Sin embargo, al leerla con \u201cun l\u00e1piz en la mano\u201d, como dir\u00eda George Steiner acerca de la lectura cr\u00edtica (<em>Pasi\u00f3n intacta<\/em>, Madrid, Siruela, 1997: 29), se hace evidente que la obra sigue una arquitectura en extremo racional, deliberadamente compleja, que nada tiene que ver con el azar ni mucho menos con el caos. La estructura de la novela es compleja, en efecto, pero no hay que salir de sus p\u00e1ginas para describirla, pues ella misma le entrega su imagen pl\u00e1stica al lector (y esta es la segunda imagen de la que hablar\u00e9 en este texto):<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"margin-left: 40px;\">Aqu\u00ed es el purgatorio, pens\u00f3, piensa de nuevo, y est\u00e1 segura de que la abuela sabe. Es la ley del Samsara, \u00a1qu\u00e9 ocurrente!, hubiera dicho ella: \u00a1qu\u00e9 es lo que est\u00e1 diciendo, mi pirringa! Que es la ley del regreso [\u2026]. Nadie puede escaparse y qui\u00e9n va a saber qui\u00e9n fuiste entonces, qui\u00e9n ser\u00e1s ahora mismo, abuela, llama con voz bajita, y ve c\u00f3mo de un \u00e1rbol se desprenden las hojas por respuesta. Es un enorme carbonero que empieza a florecer, y ya muy pronto, parece que le dice, y entonces tambi\u00e9n oye la risa de Julieta. \u00a1Que me sueltes las trenzas! El mo\u00f1o azul se le queda en las manos y es la se\u00f1al para salir desaforadas. Los pasos persigui\u00e9ndola, y la risa que la azuza, \u00a1a que te cojo rat\u00f3n! \u00a1a que no, gato ladr\u00f3n! (44)<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Pese a que la del Purgatorio sea una imagen tentadora, es claro que no es un camino de purificaci\u00f3n el que recorre la novela con su reiteraci\u00f3n c\u00edclica de temas y variaciones. Si se sigue la otra imagen que ofrece la narraci\u00f3n en esta cita, la de la rueda de la vida y los rayos del Samsara, se encuentran sugestivas analog\u00edas estructurales: la rueda del Samsara representa la ley del regreso, de las reencarnaciones y padecimientos de los seres humanos seg\u00fan las tradiciones filos\u00f3ficas de la\u00a0India, que es de donde la toma la autora. El Samsara es, pues, un estado de sufrimiento del que es preciso salir.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En la rueda, la existencia se divide en cuatro c\u00edrculos conc\u00e9ntricos en cuyos segmentos, separados por rayos (no son los mismos rayos de la imagen de Virginia Woolf), se reproducen diferentes escenas de nacimiento, muerte y encarnaci\u00f3n. En el c\u00edrculo exterior se representan alegor\u00edas de las doce causas y efectos de las tribulaciones de los seres humanos. En el siguiente c\u00edrculo se separan con rayos los seis reinos por los que atraviesan en sus ciclos de nacimiento, muerte y encarnaci\u00f3n. El tercer c\u00edrculo conc\u00e9ntrico est\u00e1 dividido solo en dos: de un lado est\u00e1 el d\u00eda y del otro la noche, y representa el movimiento constante del esp\u00edritu de la luz a la oscuridad, y viceversa. En el c\u00edrculo central, el eje que hace girar toda la rueda, tres animales se muerden incesantemente la cola y representan la ira, la ignorancia y la codicia, que se engendran una a otra. Un monstruo, desde el exterior, atrapa la rueda de la vida entre sus fauces y sus garras, y no permite que nadie escape de all\u00ed. La rueda del Samsara jam\u00e1s se detiene.<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-4433\" style=\"margin-left: 75px; margin-right: 75px;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/mandala.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"862\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/mandala.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/mandala-209x300.jpg 209w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p>El movimiento de la rueda es an\u00e1logo al de las vueltas que le hace dar la novela al lector que, en c\u00edrculos conc\u00e9ntricos, reconstruye la trama de cada uno de los dos segmentos que conforman la biograf\u00eda de la protagonista, cuyos extremos son la opacidad de las muertes de Julieta y Valeria; cada segmento incluye fragmentos de otras vivencias que unen los dos polos de la narraci\u00f3n; esas vivencias chocan, <em>impactan\u00a0<\/em>\u2014seg\u00fan la imagen de Woolf\u2014 contra la figura de Ana. El lector pasa constantemente de un segmento a otro de la rueda, y tambi\u00e9n se dirige hacia el c\u00edrculo interior y exterior de la experiencia: en el c\u00edrculo exterior est\u00e1n los fragmentos y documentos que testimonian la historia colectiva, causa y efecto de la historia privada y familiar. El centro de la novela, como el centro de la rueda, es el motor de ira, codicia e ignorancia que mueve la historia del pa\u00eds; todo, la experiencia individual y la hist\u00f3rica, est\u00e1 encerrado, apresado entre las fauces y las garras del monstruo coronado de calaveras, an\u00e1logo de la violencia familiar, social, civil, estatal y paraestatal <em>espejada<\/em> en la novela.<\/p>\n<p>La ley del regreso obliga a Ana a girar en esa rueda, no s\u00f3lo por su presencia f\u00edsica duplicada en dos tiempos distintos y rememorada una y otra vez, en las mismas galer\u00edas y corredores del cementerio: \u201cesa trampa letal que se bifurca en laberintos de corredores, \u00e1rboles, gritos, rezos, y es absurda, desesperadamente blanca, y hiede\u201d (289). Esa estructura c\u00edclica, de piezas adyacentes, se manifiesta tambi\u00e9n en la reiteraci\u00f3n de signos ling\u00fc\u00edsticos y sem\u00e1nticos: las nanas y rondas infantiles es el m\u00e1s destacado, por insistente y porque una de las rondas da t\u00edtulo a la novela: las nanas y rondas infantiles, en su modelo formal repetitivo y en sus danzas circulares reiteran la ley del regreso: \u201cEstaba la p\u00e1jara pinta\u201d, \u201cA que te cojo rat\u00f3n\u201d, \u201cPin-p\u00f3n es un mu\u00f1eco\u201d y \u201cDu\u00e9rmete ni\u00f1a, flor de poleo\u201d, entre otras tantas, marcan el <em>tempo<\/em> de la narraci\u00f3n, con un ritmo pesado, en c\u00edrculos conc\u00e9ntricos que acompa\u00f1an la rememoraci\u00f3n y el delirio de la protagonista.<\/p>\n<p>La novela sigue el flujo de la conciencia. Lo que ordena ese flujo no es un narrador confiado, que tiene en sus manos el control de lo narrado, que conoce y dosifica la informaci\u00f3n, sino el despertar de la narraci\u00f3n al reconocimiento de un trauma causado por dos experiencias de duelo que carecen de cierre: las experiencias de duelo traum\u00e1ticas configuran los ires y venires de la narraci\u00f3n en la novela: los detalles de esa experiencia se aportan poco a poco, pues la obra tambi\u00e9n parece enfrentar los mecanismos de represi\u00f3n de la conciencia del narrador, que se aleja voluntaria o involuntariamente del recuerdo, que hace digresiones, asociaciones libres, que dilata y representa, en fin, la imposible aparici\u00f3n con sentido completo del evento doloroso y traum\u00e1tico.<\/p>\n<p>Deliberadamente Albaluc\u00eda \u00c1ngel evita el camino del realismo \u201cm\u00e1gico\u201d trazado por Garc\u00eda M\u00e1rquez en <em>Cien a\u00f1os de Soledad<\/em> (1967) y que una d\u00e9cada despu\u00e9s ya parec\u00eda el \u00fanico est\u00e9ticamente plausible. Albaluc\u00eda \u00c1ngel no quiere \u201cdistraer\u201d al lector de su disposici\u00f3n a testificar el horror de la violencia hist\u00f3rica. No quiere que su testimonio parezca vol\u00e1til o metaf\u00f3rico. Quiere dar cuenta de aquella a partir de su incomunicabilidad y evidenciar esa imposibilidad en la forma misma de la novela. <em>\u00bfQu\u00e9 es lo que hay que escribir para que los dem\u00e1s comprendan?<\/em> Esa pregunta la responde la autora con la versi\u00f3n particular y experimental del realismo que configura en <em>Estaba la p\u00e1jara pinta sentada en el verde lim\u00f3n<\/em> (y que me atrevo a denominar <em>samsariano<\/em>), en una escritura capaz de refutar las \u201cverdades universales\u201d, como dice Ana, de la literatura y la historia, escritas \u201cno s\u00e9 d\u00f3nde y por qui\u00e9n sabe qui\u00e9n\u201d (288).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p dir=\"ltr\"><em>Estaba la p\u00e1jara pinta sentada en el verde lim\u00f3n<\/em> (1975), de Albaluc\u00eda \u00c1ngel, es una de esas grandes novelas que poseen el terrible encanto de la dificultad. <em>Terrible<\/em> porque eso que llamamos dificultad no siempre recibe una lectura no contemplativa, que quiera unir la continuidad discreta de la novela, interrumpida mediante la fragmentaci\u00f3n. <em>Dificultad<\/em> con la que la autora responde la pregunta que se hace a s\u00ed misma Ana, su protagonista: \u201cQu\u00e9 es lo que hay que escribir para que los dem\u00e1s comprendan\u201d (289). Una pregunta que no solo se dirige al tema de la novela (qu\u00e9) sino tambi\u00e9n a su forma (c\u00f3mo). <em>Encanto<\/em> porque descifrarla no conduce ni a la decepci\u00f3n del sentido ni a la tentaci\u00f3n de explicarla, de traducir a la lengua com\u00fan de la an\u00e9cdota lo que en la novela es un intrincado rompecabezas. <em>Grande<\/em> porque no solo es la culminaci\u00f3n de un periodo y un g\u00e9nero (la novela de La Violencia) que obsesion\u00f3 a los novelistas colombianos, sino tambi\u00e9n su rectificaci\u00f3n. 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