{"id":4364,"date":"2021-02-21T18:12:25","date_gmt":"2021-02-22T00:12:25","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/02\/long-cueca-antipoet-antonio-diaz-oliva\/"},"modified":"2023-06-01T12:54:10","modified_gmt":"2023-06-01T18:54:10","slug":"long-cueca-antipoet-antonio-diaz-oliva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/02\/long-cueca-antipoet-antonio-diaz-oliva\/","title":{"rendered":"&#8220;La cueca larga del antipoeta&#8221; de Antonio D\u00edaz Oliva"},"content":{"rendered":"<p dir=\"ltr\">\n<p dir=\"ltr\"><em>Domingo, 3 de febrero, 2018.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">No parece una tumba.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Es una loma de conchas, piedras, f\u00f3siles y palitos.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">De lejos incluso parece uno de sus artefactos visuales: un peque\u00f1o monte de detrito mar\u00edtimo con una cruz de madera blanca, con una corona de flores marchitas colgando y con un rect\u00e1ngulo de madera que dice lo siguiente:<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\"><em>Direcci\u00f3n obligatoria<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Debajo de todo eso los restos del poeta m\u00e1s longevo de la literatura chilena, referencia en lengua castellana, profesor universitario, matem\u00e1tico y f\u00edsico, creador de la antipoes\u00eda, Nicanor Parra Sandoval, fallecido la madrugada del 23 de enero en Santiago, Chile, a la nada despreciable edad de 103 a\u00f1os.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\n<p dir=\"ltr\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-4351\" style=\"margin-left: 75px; margin-right: 75px;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parraphoto1.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"800\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parraphoto1.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parraphoto1-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\">\n<p dir=\"ltr\">Las Cruces es un pueblo costero a 200 kil\u00f3metros de Santiago de Chile, donde, desde la d\u00e9cada de los ochenta, Parra viv\u00eda un poco recluso, alejado de todo, en una casa de madera frente a las olas del Pac\u00edfico.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Sobre su tumba, adem\u00e1s del mencionado mensaje, hay otros artefactos visuales. Uno de ellos es una tablita rectangular de madera con letras negras y el Famoso coraz\u00f3n parriano con pies y manos. Dice lo siguiente:<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\"><em>Ni muy tonto,<br \/>\nNi muy sabio<\/em><\/p>\n<p>Son dos versos que bien podr\u00edan proyectar el esp\u00edritu del poeta, aquel que aseguraba que ser contempor\u00e1neo era \u201caprender a vivir en la contradicci\u00f3n, sin conflicto\u201d, y que de hecho durante el \u00faltimo tiempo, una vez cruzada la barrera de los cien, no parec\u00eda temerle al final de su vida. Nicanor Parra viv\u00eda lejos y a la vez cerca de la muerte. Como si estuviera bailando una cueca larga con ella. O como \u00e9l mismo lo escribi\u00f3 en uno de sus poemas, uno de sus tantos intentos por desacralizar todo aquello que fuera solemne y grave, incluso morir:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>No tienes para qu\u00e9 ponerte nervioso<br \/>\ncomo dijo el poeta<br \/>\ntienes toda la muerte por delante.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">As\u00ed, habr\u00eda que empezar en San Fabi\u00e1n de Alico, 400 kil\u00f3metros al sur de Santiago, Chile, donde Nicanor Segundo Parra Sandoval naci\u00f3 el 5 de septiembre de 1914. (Fue el mayor de ocho hermanos.)<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y habr\u00eda que finalizar el 23 de enero de 2018, fecha en que el AntiPoeta muri\u00f3, en la comuna de La Reina, Santiago, Chile. (Fue el \u00faltimo de los ocho hermanos en morir.)<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Entremedio hay 103 a\u00f1os.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Casi la mitad del tiempo desde que Chile se independiz\u00f3. Tal vez por eso mismo muchos lo cre\u00edamos inmortal: un paisaje m\u00e1s dentro de un pa\u00eds que, seg\u00fan otro de sus poemas, sufre de un complejo geogr\u00e1fico: \u201cCreemos ser pa\u00eds y la verdad es que somos apenas paisaje\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">\n<p dir=\"ltr\"><img decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-4353\" style=\"margin-left: 75px; margin-right: 75px;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_2.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"800\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_2.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_2-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\">\n<p dir=\"ltr\"><em>Apuntes para una biograf\u00eda tentativa de Nicanor Parra.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Uno: que era hijo primog\u00e9nito de la uni\u00f3n de Nicanor Parra, profesor de colegio, y Clara Sandoval, ama de casa y costurera. Que entre sus hermanos y hermanas se cuenta a Violeta Parra, folclorista y m\u00fasica chilena que se suicid\u00f3. Que tambi\u00e9n est\u00e1n Roberto y Eduardo Parra, ambos tambi\u00e9n m\u00fasicos. Que todo esto se traduce en lo siguiente: Nicanor Parra naci\u00f3 en una casa llena de gente, con mucha m\u00fasica alrededor pero sin mucho dinero, con un padre dips\u00f3mano al cual tem\u00eda (\u201cCuando yo era un adolescente, \u00e9l se me aparec\u00eda m\u00e1s bien como un peque\u00f1o monstruo. Porque \u00e9l beb\u00eda mucho\u201d), y con una madre esforzada que tuvo que sacar a la familia adelante (\u201c&#8230;era una especie de roca inamovible\u201d).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Dos: que viaj\u00f3 a Santiago para convertirse en carabinero (polic\u00eda) pero no le result\u00f3 por la altura, o falta de altura m\u00e1s bien, y que en vez de eso termin\u00f3 el colegio, fue a la universidad, ense\u00f1\u00f3 en una escuela, viaj\u00f3 a Estados Unidos, fue profesor de la Universidad de Chile, viaj\u00f3 a Inglaterra, volvi\u00f3 e hizo carrera como profesor de ingenier\u00eda y matem\u00e1ticas, hizo m\u00e1s viajes, sigui\u00f3 ense\u00f1ando, aunque nunca, en todas esas etapas, dej\u00f3 de escribir poes\u00eda. O antipoes\u00eda.<\/p>\n<p>Tres: que son demasiados libros. Pero no se puede hablar de Parra sin mencionar ciertos hitos. <em>Poemas y antipoemas<\/em>, por ejemplo, que se public\u00f3 por all\u00e1 en 1954. Y el cual fue una revoluci\u00f3n porque demostr\u00f3 que la poes\u00eda chilena no ten\u00eda que ser nerudiana, ni garc\u00edalorquiana, ni waltwhitmaniana: pod\u00eda ser igual de ligera \u2013pero no por eso menos honesta\u2013 que una pel\u00edcula de Charles Chaplin. Y tambi\u00e9n vale mencionar <em>Versos de sal\u00f3n<\/em> (1961) y <em>Hojas de Parra<\/em> (1985). Y luego que en los a\u00f1os sesenta comenz\u00f3 con los artefactos, esas instalaciones en que tomaba una frase popular y la sacaba de contexto, aunque tambi\u00e9n pod\u00eda ser una imagen de alguien o algo famoso. Por ejemplo: Parra escribe \u201cPadre Nuestro\u201d como si fuera uno de los avisos de \u201cTome Coca-Cola\u201d. O cruza un tomate con una flecha y escribe lo siguiente: \u201cNaturaleza muerta\u201d. O interviene una foto en que el papa Juan Pablo II se pone las manos en los ojos como binoculares con este remate: \u201cPoes\u00eda visual\u201d. O prepara una instalaci\u00f3n con mu\u00f1ecos de todos los presidentes chilenos ahorcados y la titula: <em>El pago de Chile<\/em>.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Cuatro: que no se pueden dejar de lado sus relaciones. Que tuvo tres parejas, seis hijos y varios nietos y hasta bisnietos. Pero que tal vez fue Ana Mar\u00eda Molinare, a quien conoci\u00f3 en los setenta, la que m\u00e1s lo marc\u00f3. El AntiPoeta estaba enamorado, Molinare lo dej\u00f3 y Parra, despechado, escribi\u00f3 \u201cEl hombre imaginario\u201d, uno de sus grandes \u00e9xitos:<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>El hombre imaginario<br \/>\nvive en una mansi\u00f3n imaginaria<br \/>\nrodeada de \u00e1rboles imaginarios<br \/>\na la orilla de un r\u00edo imaginario.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Cinco: que muchas veces le preguntaron qu\u00e9 era la antipoes\u00eda y respondi\u00f3 todas esas muchas veces de diferentes formas. Como que la antipoes\u00eda \u201cno es otra cosa que un parlamento dram\u00e1tico\u201d. O \u201ces una poes\u00eda de la contradicci\u00f3n, o sea, la poes\u00eda del yin y del yang\u201d. O \u201c\u00bfy t\u00fa me lo preguntas? Antipoes\u00eda eres t\u00fa\u201d. O con este poema:<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>Yo no permito que nadie me diga<br \/>\nque no comprende los antipoemas.<br \/>\nTodos deben re\u00edr a carcajadas.<br \/>\nPara eso me rompo la cabeza<br \/>\npara llegar al alma del lector.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Puede ser, eso s\u00ed, que su mejor respuesta se encuentre en otro de sus poemas, el ya can\u00f3nico dentro del canon parriano \u201cLa monta\u00f1a rusa\u201d. Porque en este ataca al establishment literario (\u201cDurante medio siglo la poes\u00eda fue \/ el para\u00edso del tonto solemne\u201d), se declara como su h\u00e9roe o antih\u00e9roe (\u201cHasta que vine yo \/ y me instal\u00e9 con mi monta\u00f1a rusa\u201d), no sin antes advertir que el viaje ser\u00e1 forzado (\u201cClaro que yo no respondo si bajan \/ echando sangre por boca y narices\u201d).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Seis: que su fanaticada tiene distintas edades, tama\u00f1os, g\u00e9neros y nacionalidades. Pero que sin duda hay que culpar a Bola\u00f1o, culpable del \u00faltimo revival parriano: \u201cEl que sea valiente que siga a Parra\u201d. Y a la madrina punk Patti Smith, quien estuvo entre el p\u00fablico cuando el poeta chileno recibi\u00f3 el Premio Cervantes: \u201cSu poes\u00eda es rebelde y humana\u201d. Y tambi\u00e9n algo de culpa tiene el argentino Ricardo Piglia, prologuista del segundo volumen de las obras completas, publicadas por Galaxia Gutenberg en 2010 y 2011: \u201cLos artefactos de Parra son a la literatura en lengua espa\u00f1ola lo que la obra de Duchamp ha sido para el arte contempor\u00e1neo\u201d. Aunque antes de eso, mucho antes, hubo elogios de Pablo Neruda (\u201cSu poes\u00eda es una delicia de oro matutino o un fruto consumado en las tinieblas\u201d), de Gabriela Mistral (\u201cEl futuro poeta de Chile\u201d), de Allen Ginsberg (\u201cEs el creador de una poes\u00eda m\u00e1s explosiva e inteligente que la de Neruda\u201d) y del cr\u00edtico Harold Bloom (\u201cUno de los mejores poetas de Occidente\u201d).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Siete: que su muerte fue lamentada por gente como la presidenta de Chile, don Francisco y Julieta Venegas. Aunque tal vez su fama pop se puede condensar en aquel comercial para televisi\u00f3n en que el AntiPoeta sale tomando un vaso de leche; Shakira formaba parte del proyecto, y cuando le pidieron hacer parte, Parra pidi\u00f3 que le pagaran lo mismo que a la cantante colombiana. Desde entonces dec\u00eda \u2013\u00bfbromeaba?\u2013 que su tarifa era de mil d\u00f3lares por segundo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Ocho: que antes y un poco despu\u00e9s de su muerte aparecieron como callampas las pol\u00e9micas. Algunas por sus relaciones con las mujeres (complicadas). Otras por sus hijos que hoy se pelean su legado. Y finalmente por sus dichos sobre Augusto Pinochet luego del golpe de estado: \u201cPor una parte es un salvador, si no fuera por Pinochet estar\u00edamos como Cuba\u201d, dijo Parra en un documental. \u201cEso es un hecho. Pero enseguida las atrocidades que se cometieron. Uno quisiera un salvador sin atrocidades. \u00bfC\u00f3mo junta uno las dos cosas? La atrocidad con una operaci\u00f3n de salvataje. Si uno quiere pensar en grande la cosa, no hay tal salvador. Un salvador a corto plazo \u00bfpara qu\u00e9? Un mecanismo que se llama consumismo, pan para hoy y hambre para ma\u00f1ana\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">\n<p dir=\"ltr\"><img decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-4355\" style=\"margin-left: 75px; margin-right: 75px;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_3.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"800\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_3.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_3-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\">\n<p dir=\"ltr\"><em>Viernes, 1 de febrero.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Un estacionamiento empolvado en la calle Lincoln, Las Cruces. A pocos pasos est\u00e1 la casa del AntiPoeta. Afuera, en la verja de madera blanca, hay flores marchitas, velas derretidas, versos suyos y de otros poetas, fotos, dibujos de ni\u00f1os en color y en grafito, un par de retratos en blanco y negro. El viento hace volar una hoja de papel con un dibujo. Es el famoso coraz\u00f3n, el mismo Mr. Nobody, quien llora y dice \u201c\u00bfVas y vuelves?\u201d en referencia a uno de sus artefactos m\u00e1s conocidos: el crucifijo con clavos, pero sin Cristo, y la inscripci\u00f3n \u201cVoy y vuelvo\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Una de sus vecinas sale de una casa cercana y dice que lo recuerda trotando por la playa.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Aunque a\u00f1os atr\u00e1s. Cuando era m\u00e1s joven.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013\u00bfY fue a despedirlo? \u2013le pregunto.<\/p>\n<p>Niega con la cabeza.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Prefiero relacionarme con gente viva. El Nicanor ya parti\u00f3.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">M\u00e1s gente llega a la casa. Algunos se detienen a mirar; otros solo sacan una foto y siguen su camino hacia la playa.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Minutos m\u00e1s tarde, un vecino asegura al pasar que el plato favorito de Parra era el caldillo de congrio (\u201caunque las empanadas de mariscos le segu\u00edan de cerca\u201d). Que sal\u00eda a caminar todos los d\u00edas asistido por una empleada.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Es comienzos de febrero en el litoral central chileno, o sea, temporada alta, pleno verano. Sin embargo, Las Cruces ya no es un balneario demasiado concurrido. Y los \u00faltimos d\u00edas, adem\u00e1s, ha amanecido gris y melanc\u00f3lico.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Ah\u00ed est\u00e1 \u2013dice una se\u00f1ora de pelo y u\u00f1as rojas, vestido floreado y cadenas de oro.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013\u00bfLa tumba?<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013S\u00ed, ah\u00ed abajo. El sobrino le tiene que abrir. Vaya. Pregunte en la esquina.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">A una cuadra de la casa de Nicanor Parra, un hombre delgado y de piel roja cuida autos en un predio pelado y polvoroso. Su pelo es corto y blanco y tiene facciones duras. Detr\u00e1s de un poste de luz tiene escondida una lata de cerveza de medio litro. Me acerco. Parece la versi\u00f3n moderna de un personaje de una novela de Dostoievski. Un poco harapiento pero con mucho humor y picard\u00eda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Ah\u00ed, siga derecho.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Veo que le indica algo a un hombre entre los setenta y ochenta a\u00f1os que lleva un bast\u00f3n y tiene una espalda tan doblada como el jorobado de Notre Dame. El se\u00f1or tambi\u00e9n est\u00e1 buscando la casa de Parra.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Donde ve la gente sacando fotos. Vaya antes de que empiecen a cobrar. Antes de que le roben por entrar a la casa del Nicanor. Como a la del Pablo Neruda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">El se\u00f1or se despide y camina a paso de tortuga hacia la casa de Parra. Me acerco y pregunto qu\u00e9 hay que hacer para entrar a la casa y ver la tumba.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Venga ma\u00f1ana. A las diez de la ma\u00f1ana viene el Lautaro, el sobrino de don Nica.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>D\u00edas antes.<br \/>\nMi\u00e9rcoles, 24 de enero, catedral de Santiago, pleno centro de la capital.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013\u00bfPor qu\u00e9 tanta gente?<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013\u00bfNo supiste? Muri\u00f3 Nicanor Parra<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Uno de los dos hombres de traje gris plateado y corbata carmes\u00ed se saca los Ray-Ban y mira hacia la catedral, hacia la fila (cientos de personas que llegaron a despedirlo, entre esas yo) que se extiende bajo un sol seco y sin misericordia.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Comunista de mierda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Su amigo le responde con una sonrisa y ambos siguen de largo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Un punto importante y obviado en la tentativa biogr\u00e1fica de arriba: Nicanor Parra y la pol\u00edtica. No se puede repasar la vida y obra del AntiPoeta que apuntaba a toda facci\u00f3n (\u201cLa izquierda y la derecha unidas \/ jam\u00e1s ser\u00e1n vencidas\u201d) sin mencionar la pol\u00edtica.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Ocho: que Nicanor Parra y la pol\u00edtica nunca se llevaron muy bien. Que a diferencia de Pablo Neruda (quien milit\u00f3 firmemente en el Partido Comunista), Parra siempre tuvo dudas de esa izquierda latinoamericana de boina y pu\u00f1o en alto. Que en 1970, mientras los Estados Unidos invad\u00edan Camboya, Nicanor Parra fue invitado a tomar \u201cuna bienaventurada taza de t\u00e9\u201d con la esposa del presidente Nixon en la Casa Blanca. Y que por supuesto aquello les cay\u00f3 como patada en el est\u00f3mago a los cubanos: Parra fue inmediatamente suspendido como jurado del Premio Casa de las Am\u00e9ricas. Y que tiempo m\u00e1s tarde, luego del golpe de Estado de Augusto Pinochet, Parra acept\u00f3 un puesto en la Universidad de Chile: solo durar\u00eda un mes, pero aun as\u00ed muchos izquierdistas se lo seguir\u00edan reprochando, pese a que a\u00f1os despu\u00e9s declamar\u00eda poemas en contra del dictador: \u201cEn Chile no se respetan los derechos humanos \/ aqu\u00ed no existe libertad de prensa \/ aqu\u00ed mandan los multimillonarios \/ el gallinero est\u00e1 a cargo del zorro\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>S\u00e1bado, 2 de febrero.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">El mismo cuidador de autos, una lata de cerveza distinta, escondida detr\u00e1s del mismo poste. Me ve camino hacia \u00e9l. Se adelanta.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013A las seis. Venga a las seis.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En sus manos tiene un pa\u00f1o con manchas grises que usa para limpiar los parabrisas de los autos que estaciona.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Seis de la tarde. A esa hora viene el Lautaro. Estaba la Colombina, pero sali\u00f3 rajada en auto a Santiago.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013A las seis entonces. \u00bfSeguro?<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Usted venga no m\u00e1s.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\">De la noche a la ma\u00f1ana aparecieron murallas rayadas y afiches pegados en diversas partes de Santiago; algunas se mantienen hasta hoy. Por eso tanto en las cercan\u00edas de su casa en La Reina como en Las Cruces es f\u00e1cil leer alusiones del tipo \u201c\u00a1Parra al Nobel!\u201d. No fue la primera ni \u00faltima campa\u00f1a; pero la gracia, en esa ocasi\u00f3n, es que surgi\u00f3 de los fan\u00e1ticos del autor. Gente que le\u00eda a Parra, pero no desde la academia. Gente que caminaba hasta su casa en La Reina y se quedaba ah\u00ed, a la espera de alguna se\u00f1al o saludo imprevisto del AntiPoeta. Algunos, incluso, eran los curiosos que llegaban a verlo \u2013aunque no fuesen alumnos de \u00e9l\u2013 a su c\u00e1tedra en la Facultad de Ingenier\u00eda de la Universidad de Chile, donde el poeta dio clases durante 22 a\u00f1os.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Entre esos mi padre, a quien le gustaba la obra del AntiPoeta pese a que miraba con recelo que no abrazara a la izquierda. De todas maneras se hab\u00eda unido a un grupo que hac\u00eda campa\u00f1a por Parra. El grupo Parra al Nobel. Hasta aparecieron en la televisi\u00f3n.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Esto sucedi\u00f3 en los noventa, la \u00e9poca de la transici\u00f3n chilena, cuando pasamos de la dictadura de Pinochet a una democracia neoliberal. En ese entonces, un d\u00eda, mi padre y su grupo de amigos (todos cuarentones, lectores de Nicanor Parra, ninguno relacionado con c\u00edrculos acad\u00e9micos, ni propiamente intelectuales) suben hasta la casa del AntiPoeta en La Reina, una comuna en las faldas precordilleranas de Santiago. No era la primera vez. De vez en cuando lo hac\u00edan. Solo que esta vez mi padre no ten\u00eda con quien dejarme; y me llev\u00f3. Aquel d\u00eda conversaron con Parra sobre la campa\u00f1a, sobre literatura y sobre pol\u00edtica, entre otras cosas, y en alg\u00fan momento Parra me tom\u00f3 en brazos para jugar. Yo no recuerdo mucho. Solo que a los pocos segundos aquel anciano se aburri\u00f3.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">O tal vez yo me aburr\u00ed y me perd\u00ed por uno de los patios de esa casona en La Reina.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Esos fueron mis ochos segundos con Parra.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Mis primeros ocho segundos de antipoes\u00eda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">\n<p dir=\"ltr\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-4357\" style=\"margin-left: 75px; margin-right: 75px;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_4.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"800\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_4.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_4-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\">\n<p dir=\"ltr\"><em>Domingo, 3 de febrero.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Viste unos pantalones salm\u00f3n, una polera de manga larga blanca, y tiene unos rasgos extremadamente parrianos, similares a los de su t\u00edo: un pelo largo y gris como el tono de algunas de las conchas de mar que cubren a Nicanor. Tambi\u00e9n su frente es amplia y veo varias arrugas, mejillas escu\u00e1lidas, abundantes orejas, rostro un poco cuadrado y ojos peque\u00f1os, de esos que apenas se abren.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Lautaro Parra est\u00e1 fumando un cigarro. Conversa con el cuidador de autos y otros dos vecinos, un hombre con lentes de sol y una mujer de pelo rojo y rulos. Me acerco y le pregunto si se puede ver la tumba.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013\u00bfMe espera media hora? Es que estoy ac\u00e1 terminando esto.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Dice y apunta a su cigarro. Se nota que lo acaba de prender.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Claro\u2013le digo\u2013. Llevo esper\u00e1ndolo desde el viernes.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>Mi\u00e9rcoles, 24 de enero, dentro de la catedral de Santiago.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Una fila de cientos y cientos de personas rodea la catedral.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La mayor\u00eda no puede entrar y se conforman con esperar dos horas, o m\u00e1s, para despedirse del cuerpo de Nicanor Parra, quien est\u00e1 en un ata\u00fad cubierto con un sudario hecho por su madre.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La misa est\u00e1 por comenzar.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Me sit\u00fao a la derecha. Estoy de pie y no muy lejos de su cuerpo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Las primeras filas est\u00e1n reservadas para la familia y gente cercana, en su mayor\u00eda proveniente de la izquierda-caviar-local. En primera fila est\u00e1n sus hijos, la presidenta y el ministro de Cultura. Por los parlantes de la catedral, Violeta Parra, su hermana, canta \u201cDespu\u00e9s de vivir un siglo\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Hasta que sale el cura y la m\u00fasica se apaga.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Es la misa de las doce del d\u00eda, pero con mucha m\u00e1s gente que la usual; eso al cura le encanta y hace hincapi\u00e9 en invitarnos a volver. \u201cEsta es la casa del se\u00f1or\u201d, dice. \u201cEsta tambi\u00e9n es su casa\u201d. A continuaci\u00f3n habla un poco de Nicanor, y cuando lo hace es para recalcar lo divertido e ingenioso que era. \u201cMuy divertido este Nicanor\u201d. Hacia el final menciona una secci\u00f3n del discurso de Parra al ganar el Premio Juan Rulfo. Esa que busco en el Google ah\u00ed mismo, en medio del funeral de Nicanor Parra, en mi tel\u00e9fono:<\/p>\n<p><em>Yo parto de la base<br \/>\nDe que el discurso debe ser aburrido Mientras + sopor\u00edfero mejor<br \/>\nDe lo contrario nadie aplaudir\u00eda<br \/>\nY el orador ser\u00eda tildado de p\u00edcaro.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: center;\">\n<p dir=\"ltr\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-4359\" style=\"margin-left: 75px; margin-right: 75px;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_5.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"800\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_5.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_5-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\">\n<p dir=\"ltr\"><em>Domingo, 6 de febrero.<\/em><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Lautaro se agacha y saca su sombrero fedora gris. Lo aplasta contra el pecho. Nos mira desde el segundo piso. Est\u00e1 en cuclillas.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Ah\u00ed est\u00e1. Aqu\u00ed lo tienen, ah\u00ed est\u00e1.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Un grupo (unas 40 personas) baja los escalones de cemento, se acerca a la tumba de Parra. Se sit\u00faan alrededor del monte blanco que parece una duna de playa. O la tumba de algo que no es humano. Parece una ballena. Moby Dick. Un lobo de mar hecho de detrito marino.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Los visitantes son en su mayor\u00eda veraneantes; familias, parejas y unos pocos ancianos con bast\u00f3n y abrigados con tres capas, pese a que estamos en pleno verano.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La casa tiene tres niveles en pendiente: en el primero la vivienda propiamente, en el segundo una terraza, y en el tercero, al bajar unos escalones de cemento, un patio de tierra donde est\u00e1 la tumba. Este da al oc\u00e9ano Pac\u00edfico: a la playa chica de Las Cruces, el litoral central donde Nicanor Parra vivi\u00f3 desde los a\u00f1os ochenta y donde seguir\u00e1 enterrado. La tumba de Parra no apunta hacia la playa. Est\u00e1 de costado, apuntando hacia otra parte; hacia otro litoral, Cartagena. Ah\u00ed est\u00e1 la tumba de Vicente Huidobro. Y no muy lejos una de las casas de Pablo Neruda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Puede que conviertan la casa en un antimuseo \u2013dice Lautaro.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Fue un viernes de abril (30 de abril de 2008) cuando Nicanor Parra visit\u00f3 la universidad donde por entonces yo cursaba \u2013a rega\u00f1adientes\u2013 estudios de periodismo y literatura.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">El culpable de todo fue Rafael Gumucio, quien era y sigue siendo director del Instituto de Estudios Humor\u00edsticos de la Universidad Diego Portales. Fue Gumucio quien consigui\u00f3 que Parra, entonces de 93 a\u00f1os, diera una charla para los estudiantes.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En ese entonces Parra no aparec\u00eda demasiado en p\u00fablico.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Por eso pens\u00e9 que mucha m\u00e1s gente llegar\u00eda.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Recuerdo haber llegado un poco tarde y que al entrar a la sala ya estaba Parra con Gumucio. El primero sentado. El segundo de pie con las manos cruzadas por detr\u00e1s. Sub\u00ed hasta el final de la sala. Desde ah\u00ed lo pude ver con m\u00e1s detalle. Estaba vestido con una de esas tenidas que \u00faltimamente le eran muy conocidas: pantal\u00f3n de cotel\u00e9 caf\u00e9, uno o varios chalecos, una parka y una bufanda y un gorro chilote en las manos. Parra estuvo contestando preguntas y leyendo poemas. Incluso recit\u00f3 a Shakespeare en ingl\u00e9s. Fue un di\u00e1logo truncado (lo cual, en todo caso, no era poca cosa para un nonagenario). Creo que todo no dur\u00f3 m\u00e1s de una hora. Gumucio balbuceaba algo; y Parra hablaba. Gumucio chisteaba; Parra superaba con un chiste mucho mejor. Y as\u00ed.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Recuerdo que Parra se tomaba su tiempo en contestar pero cada respuesta ten\u00eda un remate, o un chiste; o convert\u00eda sus palabras en dardos tan humor\u00edsticos como venenosos. Recuerdo tambi\u00e9n que dijo algunas cosas que ya le hab\u00eda escuchado, parte de su repertorio de grandes \u00e9xitos: \u201cYo veo al poeta ahora como un fabricante de pancartas\u201d, \u201cEl error consisti\u00f3 en creer que la tierra era nuestra, cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la tierra\u201d, \u201cEl trabajo del poeta pasar\u00eda a ser una especie de trabajo de entom\u00f3logo que sale a cazar bichos\u201d, \u201cLa idea es: el lector tiene que dudar incluso de su propia existencia. Esa es la finalidad de la poes\u00eda\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Al final de la charla me acerqu\u00e9 a preguntarle por Allen Ginsberg y Ferlinghetti, los poetas beatniks que lo tradujeron al ingl\u00e9s. Por ese entonces yo estaba escribiendo lo que ser\u00eda mi primera novela. <em>La soga de los muertos<\/em>. Y en esta justamente hab\u00eda escenas sobre la visita de Ginsberg a Chile, de su estad\u00eda en la casa de los Parra junto a Nicanor y Violeta.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Don Nicanor&#8230;<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Parra se dio vuelta. Se puso de pie sin mucha dificultad. Fue como ver una estatua de sal cobrar vida. Me mir\u00f3 con ojos de alguien que reci\u00e9n se levanta; de alguien que probablemente se pas\u00f3 la noche anterior escribiendo un poema como si este fuera un ejercicio matem\u00e1tico.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013D\u00edgame.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013\u00bfRecuerda algo de cuando vino Allen Ginsberg a Chile? Usted lo acompa\u00f1\u00f3&#8230;<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Su hija, la Colombina, apareci\u00f3 por detr\u00e1s y le dijo que ya se ten\u00edan que ir.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Solo recuerdo que vino con este otro poeta&#8230; Ferlin&#8230; Ferlin&#8230;<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Ferlinghetti. Pero ese se fue antes\u2013le dije\u2013. No como Ginsberg. Ginsberg se qued\u00f3.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Allen Ginsberg. S\u00ed, ese hasta durmi\u00f3 en la casa&#8230;<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Sus ojos y su memoria divagaron un poco. Al parecer no recordaba m\u00e1s del tema. Me sonri\u00f3.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Colombina lo volvi\u00f3 a apurar.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Vamos, Nicanor.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Alcanc\u00e9 a pedirle que me firmara dos libros de poes\u00eda, ambos de los a\u00f1os setenta y comprados por mi madre. Firm\u00f3 uno y le puso la fecha; en el otro dibuj\u00f3 un Mr. Nobody, el coraz\u00f3n con patas y manos que aparece en sus artefactos, similar a los que hay sobre su tumba en Las Cruces.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Luego de eso lo vi caminar, envuelto en chalecos chilotes, de la mano de su hija. Lentamente descendi\u00f3 los escalones de la facultad. El efecto fue similar a lo dicho antes. Fue como ver a una estatua de sal cobrar vida, ponerse en movimiento, desaparecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">~<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<p dir=\"ltr\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-4361\" style=\"margin-left: 75px; margin-right: 75px;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_6.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"800\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_6.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/parra_photo_6-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\">\n<p dir=\"ltr\">El grupo de gente lo mira. No somos m\u00e1s de cuarenta personas. Alguien t\u00edmidamente le pregunta si lo conoci\u00f3.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Claro, soy el sobrino<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Lautaro hace una pausa.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013As\u00ed que ojal\u00e1 los ni\u00f1os y las futuras generaciones&#8230;<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Deja la frase sin terminar. Lo seguimos mirando. Pasan unos segundos.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013&#8230; puedan conocer su obra.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Parece que Lautaro quiere decir algo, algo m\u00e1s profundo. Sigue en cuclillas, con el sombrero aplastado contra el pecho. Se le ve un poco nervioso. A su alrededor la gente deja de prestarle atenci\u00f3n. A continuaci\u00f3n Lautaro me busca, entremedio del grupo de gente, y me dice:<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013M\u00e1s vale tarde que nunca, \u00bfeh?<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Le sonr\u00edo y asiento con la cabeza.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">M\u00e1s personas se acercan a la tumba. Se sacan fotos. Pocos conversan entre s\u00ed. Hay muchas fotos con tel\u00e9fonos. Algunos incluso se sacan selfies: un ni\u00f1o regordete de cachetes rojos y soleados pone la mano en se\u00f1al de paz y sonr\u00ede con la blanca y mar\u00edtima tumba de Parra como fondo. Otros se agachan entre conchitas y piedras para revisar los dos artefactos.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Lautaro nos pide una colaboraci\u00f3n econ\u00f3mica. Se vuelve a poner el sombrero fedora sobre su pelo blanco.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u2013Para las flores. O ya saben, la pr\u00f3xima vez que vengan \u2013dice\u2013 le traen flores al Nicanor.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La gente asiente, algunos le agradecen; y hay, por supuesto, m\u00e1s fotos con tel\u00e9fonos. Muchas selfies. De a poco, y en silencio, la gente comienza a subir los escalones del tercer al segundo nivel y del segundo hacia el primero, el cual da hacia la calle Lincoln.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Por mi parte me demoro un poco m\u00e1s. Me quedo dando vueltas. Veo un sill\u00f3n empolvado, con ramas de \u00e1rboles y hojas, a la entrada de la casa. En otra parte, en una secci\u00f3n eriaza que alguna vez se quem\u00f3 en un incendio, hay una silla de lona. Es la silla donde Nicanor, como una lagartija, se sentaba para tomar sol. Veo que, al doblar a la izquierda en vez de seguir derecho, hay otro espacio. Es un peque\u00f1o e improvisado garaje: ah\u00ed est\u00e1 el escarabajo Volkswagen plateado que Nicanor Parra manej\u00f3 hasta entrados los cien a\u00f1os. El auto tiene se\u00f1ales de poco uso. Manchas oxidadas, polvo afuera y adentro, un par de abolladuras. Mientras anoto todo esto en mi libreta, por un momento, de manera evanescente, creo recordarlo. Una tarde en La Reina, en los noventa. Vamos llegando a nuestra casa cuando mi padre se\u00f1ala y dice que en ese auto plateado, ese escarabajo, va Nicanor. Yo le digo que Nicanor se parece al doctor Brown, de <em>Volver al futuro<\/em>, pel\u00edcula que por entonces daban por la televisi\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Ahora me acerco al Volkswagen de Parra. Veo que todas sus ventanas est\u00e1n empolvadas. En una, con un dedo, alguien escribi\u00f3 la frase de uno de sus famosos artefactos: \u201cVoy y vuelvo\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son dos versos que bien podr\u00edan proyectar el esp\u00edritu del poeta, aquel que aseguraba que ser contempor\u00e1neo era \u201caprender a vivir en la contradicci\u00f3n, sin conflicto\u201d, y que de hecho durante el \u00faltimo tiempo, una vez cruzada la barrera de los cien, no parec\u00eda temerle al final de su vida. Nicanor Parra viv\u00eda lejos y a la vez cerca de la muerte. Como si estuviera bailando una cueca larga con ella. O como \u00e9l mismo lo escribi\u00f3 en uno de sus poemas, uno de sus tantos intentos por desacralizar todo aquello que fuera solemne y grave, incluso morir:<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4351,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2960,2994,4447],"genre":[2015],"pretext":[],"section":[2409],"translator":[2739],"lal_author":[2999],"class_list":["post-4364","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-chile-es","tag-chile-es-2","tag-numero-17","genre-chronicle-es","section-chronicle-es-2","translator-jessica-sequeira-es-2","lal_author-antonio-diaz-oliva"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4364","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4364"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4364\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4351"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4364"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4364"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4364"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=4364"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=4364"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=4364"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=4364"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=4364"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}