{"id":43564,"date":"2025-11-06T14:00:29","date_gmt":"2025-11-06T20:00:29","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=43564"},"modified":"2025-11-29T21:10:02","modified_gmt":"2025-11-30T03:10:02","slug":"picado-por-el-bicho-de-la-poesia-sobre-los-cuadernos-de-vida-y-de-muerte-de-gonzalo-millan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/11\/picado-por-el-bicho-de-la-poesia-sobre-los-cuadernos-de-vida-y-de-muerte-de-gonzalo-millan\/","title":{"rendered":"\u201cPicado por el bicho de la poes\u00eda\u201d: Sobre los cuadernos de vida y de muerte de Gonzalo Mill\u00e1n"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cToda la inmortalidad<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que puedes desear est\u00e1 presente<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">aqu\u00ed y ahora, no hay m\u00e1s<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que estos fugaces pedazos de eternidad\u201d<\/span><\/h5>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Gonzalo Mill\u00e1n<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>I. La escalera \u00edntima<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cMe parece que lo mejor de todo es que, lo que pienso y siento, al menos lo puedo escribir, de lo contrario, me asfixiar\u00eda completamente\u201d. Esta l\u00ednea la pas\u00e9 por alto cuando ten\u00eda trece a\u00f1os y el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diario<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Ana Frank era una lectura obligatoria, pero no me dej\u00f3 indiferente cuando me encontr\u00f3 encerrado en plena pandemia luego de la tercera dosis de la vacuna y con los militares custodiando el \u201corden p\u00fablico\u201d en el Cerro Yungay de Valpara\u00edso. Rele\u00ed este diario en una habitaci\u00f3n con una sola ventana peque\u00f1a (sin un gomero como ella ten\u00eda) y descubr\u00ed otro libro que en realidad se llamaba <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La casa de atr\u00e1s<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">; t\u00edtulo original que Anne (su verdadero nombre) Frank dio a sus diarios cuando supo por una radio inglesa que hab\u00eda una convocatoria para publicar textos testimoniales sobre la guerra. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La casa de atr\u00e1s<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Het Achterhuis<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) fue publicada por su padre, Otto Frank, el \u00fanico de los ocho sobrevivientes, en Amsterdam el a\u00f1o 1947.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La idea de una escritura de atr\u00e1s, escondida y rec\u00f3ndita, me anim\u00f3 \u2014m\u00e1s vale tarde que nunca\u2014 a comenzar mi primer diario de vida; tom\u00e9 un cuaderno negro y hund\u00ed el l\u00e1piz de pasta para escribir: \u201cVital fractura\u201d. Empec\u00e9 a releer los pocos diarios \u00edntimos que ten\u00eda en mi biblioteca: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diario de mi residencia en Chile<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Mar\u00eda Graham, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diarios \u00edntimos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Teresa Wilms Montt y el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diario \u00edntimo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Luis Oyarz\u00fan, en una edici\u00f3n que me toc\u00f3 dirigir el 2017. En ese momento no me detuve en una frase que subray\u00e9 luego, el 2020: \u201cPodr\u00eda escribir como un anticuario, como un alquimista separado de la vida, en un cuarto oscuro alumbrado por una l\u00e1mpara de gas que se limitara a dar un c\u00edrculo de luz alrededor de mi cuaderno\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ahora descubro que mi obsesi\u00f3n por los diarios comenz\u00f3 con Oyarz\u00fan, quien antes de fil\u00f3sofo y ensayista fue un poeta: \u201cNo puedo tener dios \/ sin hacerlo morir \/ no puedo estar en m\u00ed \/ sin hacerme morir\u201d. Hab\u00eda le\u00eddo la primera edici\u00f3n de 1995 desde el sitio Memoria Chilena, pero me sorprendi\u00f3 que s\u00f3lo tuviera una edici\u00f3n y decidimos publicarla en la Editorial UV, donde era el editor general. R\u00e1pidamente contact\u00e9 a Leonidas Morales y con ese encuentro se abrieron varias compuertas que daban a muchas \u201chabitaciones de atr\u00e1s\u201d (as\u00ed fue traducido el diario de Anne Frank por primera vez al espa\u00f1ol). Morales fue un pionero en el estudio de los diarios \u00edntimos en Latinoam\u00e9rica; parte de sus investigaciones quedaron consignadas en sus ensayos que titul\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El diario \u00edntimo en Chile<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Gracias a ese libro empez\u00f3 a llegar \u2014casi todos los d\u00edas\u2014 un nuevo diario de vida a mi cuchitril estatal. Uno de ellos fue <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00e1ginas de un diario<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1954) de Lily \u00cd\u00f1iguez (1902-1926), el que comienza con una nota de la autora: \u201cMi diario es muy sincero y por lo tanto demasiado \u00edntimo. Alg\u00fan d\u00eda, tal vez, podr\u00e1 hacerse una selecci\u00f3n: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00e1ginas de un diario<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Pero m\u00e1s tarde, mucho m\u00e1s tarde, en todo caso despu\u00e9s de mi muerte\u201d. Joaqu\u00edn Edwards Bello \u2014en el pr\u00f3logo a este diario\u2014 compara a Lily \u00cd\u00f1iguez con la pintora y diarista Marie Bashkirtseff (1858-1884); ambas murieron a los 24 a\u00f1os. Me apunt\u00e9 ese nombre y llam\u00e9 a Pedro Lastra; \u00e9l la conoc\u00eda perfectamente y me describi\u00f3 \u2014como siempre lo hace\u2014 con lujo de detalles la edici\u00f3n que recordaba (Colecci\u00f3n Austral, 1962, tapas caf\u00e9s) y me insisti\u00f3 en que la hab\u00eda le\u00eddo con mucho inter\u00e9s, pero que no hab\u00eda escuchado su nombre en d\u00e9cadas. La historia de Bashkirtseff es impresionante, pint\u00f3 y escribi\u00f3 todos los d\u00edas de su vida. Sus diarios completos \u2014que no est\u00e1n traducidos al espa\u00f1ol\u2014 son diecis\u00e9is vol\u00famenes de m\u00e1s de trescientas p\u00e1ginas cada uno. Ella ten\u00eda conciencia del olvido que vendr\u00eda:\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Este pobre diario que contiene todas estas aspiraciones hacia la luz, todos estos impulsos habr\u00e1n de considerarse como arranques de un genio aprisionado si el final fuese coronado por el \u00e9xito, \u00a1pero ser\u00e1n vistos como delirios vanidosos de una criatura banal si termino enmoheci\u00e9ndome eternamente! (\u2026) Pero \u00bfqu\u00e9 es lo que yo quiero? Vosotros lo sab\u00e9is bien. \u00a1Yo quiero la gloria! No es este diario el que me la otorgar\u00e1. Este diario no ser\u00e1 publicado m\u00e1s que despu\u00e9s de mi muerte, porque yo estoy aqu\u00ed demasiado desnuda para mostrarme en vida. Por otra parte, no ser\u00e1 m\u00e1s que el complemento de una vida ilustre. (3 de julio de 1876)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Marie Bashkirtseff se enferm\u00f3 gravemente de tuberculosis y escribi\u00f3: \u201cLa rabia de verse morir\u201d. Su \u00faltima entrada tambi\u00e9n es conmovedora: \u201cDesde hace dos d\u00edas mi cama est\u00e1 en el sal\u00f3n; pero como es muy grande y est\u00e1 dividido con biombos, cojines y el piano, no se ve. Me es demasiado dif\u00edcil subir la escalera\u201d. Se deber\u00edan juntar todas las frases finales de los diarios de vida y tendr\u00edamos la mejor barca para cruzar el r\u00edo: \u201cTAKEN for a RIDE\u201d (\u00faltima frase de Luis Oyarz\u00fan).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Todas las escaleras \u00edntimas se tocan. Llegu\u00e9 a tener en pocos meses una repisa de madera llena de diarios sobre mi cabeza. En los momentos de lagunas mentales y mientras teletrabajaba, me pon\u00eda las manos en la cabeza para intentar estirarme y miraba hacia arriba, recorr\u00eda con los ojos irritados por las diez horas de pantalla todos los lomos de los libros comprados a imagen y semejanza de mi ansiedad. Ocult\u00e9 los que me defraudaron para ni siquiera verles el canto: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El oficio de vivir<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Cesare Pavese, mis\u00f3gino y sobrevalorado (aunque me maten los carcamales del siglo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pasado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">); tambi\u00e9n ocult\u00e9 el aburrido diario de Thomas Mann con todas sus minucias y rigurosos h\u00e1bitos. El m\u00e1s visible \u2014en todos los sentidos\u2014 y que dej\u00e9 m\u00e1s a mano fue el diario de Alejandra Pizarnik, en la \u00faltima edici\u00f3n aumentada con tapas duras y sobrecubierta, de m\u00e1s de mil p\u00e1ginas. Leerla a ella fue el mejor f\u00e1rmaco para todas las tormentas internas de los d\u00edas-Covid: \u201cMe compr\u00e9 un espejo muy grande. Me contempl\u00e9 y descubr\u00ed que el rostro que yo deber\u00eda tener est\u00e1 detr\u00e1s \u2014aprisionado\u2014 del que tengo\u201d. Los estados de \u00e1nimo, conocidos y los por descubrir,\u00a0 est\u00e1n en los diarios de Pizarnik. Copi\u00e9 sus entradas en las m\u00edas, s\u00f3lo cambiando la fecha; sus dificultades tambi\u00e9n me identificaban: \u201cEl problema es este: no debiera pasar un d\u00eda sin escribir a lo menos dos horas. Sin leer otras tantas. El m\u00edo es un problema de ritmo, de organizaci\u00f3n\u201d. El entusiasmo por sus diarios fue tan grande que hice mi primer taller de escritura dedicado a los diarios de vida. Despu\u00e9s de esa experiencia me hice asiduo a las casas de atr\u00e1s, a escuchar los rostros aprisionados, a descorrer los tupidos velos (como lo hizo Pilar Donoso) familiares y a descubrir la legi\u00f3n de voces que llevamos dentro. Escribir y compartir sobre la vida es salir a flote y experimentar en primera persona que hay que morderse la cola para encontrar el ant\u00eddoto. El entusiasmo por los diarios de vida lleg\u00f3 a tal punto que hicimos \u2014gracias a Constanza Castillo\u2014 una convocatoria nacional para que los adultos mayores escribieran y enviaran sus entradas. Casi cuatrocientas personas participaron y el resultado fue un diario de pandemia colectivo, \u00fanico en su especie y que hace revivir el dolor, la incertidumbre y tambi\u00e9n la transformaci\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fue la enfermedad de otros, y no la m\u00eda, la que me hizo buscar diarios escritos por enfermos. Recib\u00ed el encargo de hacer un curso sobre enfermedad y literatura; esa fue la excusa para volver a leer <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veneno de escorpi\u00f3n azul <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Gonzalo Mill\u00e1n, publicado un a\u00f1o despu\u00e9s de su muerte, en 2007. El t\u00edtulo lo le\u00ed como un verso y record\u00e9 un libro que vi en las solapas de su antolog\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Trece lunas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Drag\u00f3n que se muerde la cola<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1982) y que est\u00e1 conectada con los versos del poema \u201cVirus\u201d: \u201cMu\u00e9rdete la cola donde est\u00e1 el ant\u00eddoto \/ como el our\u00f3boros.\u201d Leyendo las p\u00e1ginas del diario, supe que se refer\u00eda a un remedio\u00a0 cubano que descubri\u00f3 gracias a la escritora P\u00eda Barros: \u201cLa P\u00eda comparte conmigo su elixir cubano que la est\u00e1 curando del c\u00e1ncer. Empiezo a tomarlo ayer\u201d. La poeta Damaris Calder\u00f3n me cont\u00f3 hace poco la historia sobre los or\u00edgenes de este ant\u00eddoto; ella hablaba de \u201calacr\u00e1n\u201d y no de escorpi\u00f3n. Las razones del cambio pueden ser astrol\u00f3gicas y sonoras, no ser\u00eda lo mismo que el diario se llamara \u201cVeneno de alacr\u00e1n azul\u201d. La nueva edici\u00f3n del diario la publicamos en mayo de este a\u00f1o, mismo mes en el que inicia la \u201cbit\u00e1cora terminal\u201d de Mill\u00e1n. A partir de ah\u00ed, estuve releyendo sus entradas como dosis diarias, a modo de or\u00e1culo, sabiendo que despu\u00e9s de cada p\u00e1gina la muerte estaba m\u00e1s cerca. Las coincidencias po\u00e9ticas \u2014casi veinte a\u00f1os despu\u00e9s\u2014 son para despertar al presente, como esta, del 16 de julio, que despu\u00e9s de 19 a\u00f1os volvi\u00f3 a ocurrir en Santiago: \u201cEl primer aromo florido entre dos temporales, \/ isla de la primavera anticipada, en la mitad \/ de la avenida torrentosa\u201d.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>II. \u201cEl amanuense de mis incoherencias me mira esperando la siguiente parrafada\u201d<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una caja negra que sobrevive: adentro hay cuatro cuadernos; tres de ellos iguales, rojos y antiguos de marca El Lucero; el cuarto es amarillo y en la portada est\u00e1\u00a0 Mickey Mouse mirando al Pato Donald que entra por un agujero. Gonzalo Mill\u00e1n lo bautiz\u00f3 como \u201cLa torre Disney\u201d, su \u00faltimo cuaderno, inconcluso, en el que no alcanz\u00f3 a escribir \u201ccumpl\u00ed sesenta a\u00f1os\u201d, pero al menos pudo ver la primavera que a\u00f1oraba. En cada uno hay p\u00e1ginas atiborradas de palabras inclinadas y casi sin distancia; la prosa y el verso son una sola graf\u00eda, y las fechas y lugares destacan como un reloj de arena en el velador. Las hojas son cuadriculadas de cinco mil\u00edmetros y a la izquierda las atraviesa una l\u00ednea roja que es margen y alerta. Al abrir los cuadernos, lo primero que aparece no es la escritura, sino el olor y el humo de un amanuense que a\u00fan vive y tose entre pliego y pliego. Cada d\u00eda aparecen algunas m\u00e1culas, como una mancha de vino o un borr\u00f3n. Hay tambi\u00e9n algunos dibujos: un hombre invertido, una galleta de marihuana, un cocodrilo que amenaza con devorar un p\u00e1rrafo, cruces azules que van al margen y hasta n\u00fameros de tel\u00e9fono y listas de libros.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tocar y sostener esos cuatro cuadernos en las manos fue el punto de inicio para hacer una nueva edici\u00f3n del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veneno de escorpi\u00f3n azul<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la que est\u00e1 dispuesta como cuatro estaciones y con todos los versos que el poeta escribi\u00f3.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los diarios no se habr\u00edan publicado si no fuera por la poeta y acad\u00e9mica Man\u00e9 Zald\u00edvar, quien hizo un pacto de honor con Mill\u00e1n para editar el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veneno de escorpi\u00f3n azul<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Ella transcribi\u00f3 \u2014con el duelo a cuestas por la p\u00e9rdida de su pareja\u2014 con un rigor desgarrado. Cuando se le pidi\u00f3 un ep\u00edlogo para la nueva edici\u00f3n, prefiri\u00f3 que fueran los poemas que escribi\u00f3 en pleno duelo los que dieran testimonio del proceso. El \u00faltimo se titula \u201cCerteza\u201d:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Desde antes de conocernos<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y sin decirlo durante a\u00f1os,<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">t\u00fa y yo siempre supimos<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que esta batalla ser\u00eda<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">cuerpo a cuerpo<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">verso a verso<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y a muerte.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>III. \u201cHazle preguntas a ese enjambre de c\u00e9lulas descarriadas que se alojan en tus pulmones\u201d<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La escritura de Gonzalo Mill\u00e1n es terminal, est\u00e1 condenada, tiene sentencia de muerte, pero, por otro lado, tambi\u00e9n es lugar de salida y de llegada; punto de fuga. \u201cLa licencia terminal me permite casi todo con cierta impunidad\u201d, escribir\u00e1 en su diario. Gonzalo Mill\u00e1n fue diagnosticado de c\u00e1ncer al pulm\u00f3n en mayo del 2006 y comenz\u00f3 su \u201cDiario de vida y muerte\u201d: \u201cLa noticia del c\u00e1ncer lo cambia todo, antes y despu\u00e9s de mayo 06\u201d. Escribi\u00f3 todos los d\u00edas a partir de ese momento; construy\u00f3 su bomba de tiempo con una perseverancia inaudita. Todos sus estados de \u00e1nimo est\u00e1n consignados en esos cuadernos, y, como lectores, consumimos sus dosis sin conocer las contraindicaciones. \u201cLa palabra para m\u00ed es un pharmak\u00f3n\u201d, dijo en una entrevista.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando los diarios son editados, es decir, cuando los cuadernos y libretas son convertidos en un libro, ocurren varios sacrificios: la desaparici\u00f3n del soporte original, la supresi\u00f3n de los dibujos y la ausencia de la letra manuscrita. Adem\u00e1s, cuando un diario es muy extenso, la primera v\u00edctima \u2014si es que la hay\u2014 son los poemas que se suprimen y expurgan; esto quedar\u00e1 con suerte consignado en una p\u00e1lida nota al pie, o en la mayor\u00eda de los casos no lo podremos saber, a menos que tengamos los manuscritos en las manos. El poema dentro de los diarios \u00edntimos suele incomodar o interrumpir a los editores, al igual que la graf\u00eda ilegible y los borrones que no son dignos de ser reproducidos facsimilarmente, por ensuciar el sobrio prestigio de la l\u00ednea editorial transnacional. En el caso de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veneno de escorpi\u00f3n azul<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, los poemas son la intimidad transfigurada o cifrada en ondas que pueden ser cotidianas y otras veces lis\u00e9rgicas. Permiten una digresi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Poco se ha dicho sobre el hecho de que casi todo el diario de Mill\u00e1n est\u00e1 escrito bajo la influencia de las galletas de marihuana (cocinadas por Pino, hijo de Man\u00e9, \u201cM\u201d dentro del diario); incluso se indica la hora de la ingesta y luego los resultados, que suelen ser versos inesperados: \u201cLos queltehues tijeretean el silencio\u201d. La procrastinaci\u00f3n, la incoherencia, lo inconcluso, la escritura que se va por las ramas \u2014al igual que estas notas escritas\u00a0 aqu\u00ed con un partido entre los Lakers y los Spurs de fondo y con la luna llena del castor en el cielo\u2014: \u00a0 todo cabe en la escritura \u00edntima y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00e9xtima<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, algo que Mill\u00e1n demuestra a punta de \u201cbotones de interruptores\u201d. Me atrevo a decir que este <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veneno de escorpi\u00f3n azul<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es el diario con la imaginaci\u00f3n m\u00e1s alucinada que haya le\u00eddo; las im\u00e1genes se van mezclando y apilando hasta el delirio (palabra que Mar\u00eda Zambrano usaba, igual que Bashkirtseff, para referirse a sus propios poemas, al margen de la obra \u201coficial\u201d). Tres muestras del bot\u00f3n:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un viejo desdentado<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y con el bigote blanco.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Soy yo convexo en una paila de cobre.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">(\u2026)<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Me he mudado a vivir<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">en la antesala de la tumba.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Me he quedado para adentro<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">otra vez viajo en el camarote de una nave<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">un ferry, un bergant\u00edn de cristal.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Un barco griego con sus velas forradas<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">con billetes, de d\u00f3lar, de dolor.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">(\u2026)<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un temporal en el acuario del pecho,<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">algas y efigies sinuosas en ascenso<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y descanso, pi\u00f1os de burbujas impenetrables.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La poes\u00eda de Mill\u00e1n en los cuadernos excede los l\u00edmites que puede imponer un poemario, donde generalmente se busca la coherencia, la precisi\u00f3n, un hilo en com\u00fan, la mantenci\u00f3n de un tono, de una voz singular y precisa, la concordancia entre el sonido y el sentido y todos esos lugares comunes que aparecen en las rese\u00f1as mercuriales. Mill\u00e1n \u2014en palabras de Man\u00e9 Zald\u00edvar\u2014 se suelta las trenzas en estos cuadernos; ya no teme a la incomprensi\u00f3n ni al error, le declara la guerra a los periodistas y pierde el miedo al rid\u00edculo. En sus entradas diarias, los borrones, los sonidos de la aspiradora, la anciana que barre en la calle; todo es ox\u00edgeno en el tintero para \u00e9l. Las contradicciones son una veta profunda en el diario, la tensi\u00f3n entre la enfermedad y los h\u00e1bitos: \u201cNo durar\u00e1s mucho con esas botas puestas y con tus malas costumbres\u201d. Encarar a la enfermedad, escribirle, acariciarla, negociar su expulsi\u00f3n o tregua:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Certero y contundente el golpe, tal vez mortal, peligroso y doloroso en todo caso. Habla con tu c\u00e1ncer. (\u2026). Escr\u00edbele una carta al Cangrejo y preg\u00fantale al cabr\u00f3n por qu\u00e9 eligi\u00f3 tu pulm\u00f3n como si fueran un par de rocas. El c\u00e1ncer que no veo y siento no me produce aversi\u00f3n, es una abstracci\u00f3n (informe) abominable. Es una lepra profunda, secreta y escarlata.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>IV. \u201cHacia una objetividad\u201d\u00a0<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para situar a Gonzalo Mill\u00e1n habr\u00eda que ir de atr\u00e1s para adelante, al igual que \u00e9l lo hace en su famoso poema \u201c48\u201d de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ciudad:<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201cLos torturados cierran sus bocas. \/ Los campos de concentraci\u00f3n se vac\u00edan. \/ Aparecen los desaparecidos \/ Los muertos salen de sus tumbas. \/ Los aviones vuelan hacia atr\u00e1s\u201d. Habr\u00eda que empezar a leer su obra desde <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veneno de escorpi\u00f3n azul<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. El pen\u00faltimo libro: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Autorretrato de memoria <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2006) \u2014parte de una trilog\u00eda que \u00e9l llamaba \u201cCroquis\u201d,\u00a0 que comenz\u00f3 con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Claroscuro <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y que se cerr\u00f3 p\u00f3stumamente con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gabinete de papel\u2014 <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">condensa en el t\u00edtulo su vocaci\u00f3n de escritor-pintor, que usa las im\u00e1genes como colores primarios para su escritura. A prop\u00f3sito de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Autorretrato de memoria<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Mill\u00e1n cuenta en una entrevista que su madre \u2014que ven\u00eda del campo\u2014 ocupaba el verbo \u201crecordar\u201d como sin\u00f3nimo de \u201cdespertar\u201d, \u201cy la se\u00f1ora ya record\u00f3 esta ma\u00f1ana\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1983, Mill\u00e1n escribi\u00f3 \u2014en una antolog\u00eda del y desde el exilio, titulada <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Entre la lluvia y el arco\u00edris: algunos poetas j\u00f3venes de Chile\u2014 <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">una po\u00e9tica que titul\u00f3 \u201cHacia una objetividad\u201d. En ese texto, clave para entender su visi\u00f3n, se\u00f1ala: \u201cEn mi poes\u00eda ha existido siempre una relaci\u00f3n rec\u00edproca entre imaginaci\u00f3n y realidad externa\u201d. Leer todos sus poemarios y situar el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veneno de escorpi\u00f3n azul<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como la culminaci\u00f3n de su trayecto po\u00e9tico, permite rastrear los or\u00edgenes de su inter\u00e9s por lo autobiogr\u00e1fico, las obsesiones por su cuerpo repartido, la tensi\u00f3n entre eros y t\u00e1natos, y el mundo dom\u00e9stico. Especialmente en su libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Virus<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, aparecen versos que podr\u00edan haber sido escritos en los meses finales de vida, pero que datan de 1980, cuando el poeta cumpli\u00f3 35 a\u00f1os (\u201cMill\u00e1n \/ a mediados de su mediana vida\u201d) y que termina con un colof\u00f3n firmado como Zonaglo (anagrama de su propio nombre que pervive con su archivo visual). Dos poemas:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">ENTROP\u00cdA<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Nosotras, las locas c\u00e9lulas del c\u00e1ncer,<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">las que fuimos extirpadas del cuerpo<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">dej\u00e1ndolo en las manos de matasanos<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que hoy lo tienen m\u00e1s canceroso que antes,<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">hemos vuelto a tomar control del caos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL PAPEL<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hotel de la pluma;<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">hospital de la tinta.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">La partida y el acta:<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el pa\u00f1al y el sudario.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El ejemplar que tengo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Virus<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, tiene una dedicatoria del propio Mill\u00e1n con un dibujo que mir\u00e9 muchas veces durante la pandemia y que vale la pena \u201cviralizar\u201d:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-43562 size-large\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Dibujo_Ernesto-Pfeiffer-Agurto-LALT-No36-1024x831.jpeg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"649\" title=\"\"><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>V. \u201cEl ejercicio de las cicatrices\u201d o \u201c<\/b><b>La autobiograf\u00eda es una reinvenci\u00f3n de nuestras identidades\u201d<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La escritura para Mill\u00e1n era alquimia y autoconocimiento, as\u00ed lo dej\u00f3 indicado en el t\u00edtulo de un texto pr\u00e1cticamente desconocido de 1999, y que conoc\u00ed gracias a Man\u00e9 Zald\u00edvar. El propio poeta cuenta sus inicios y entrega algunas claves de la escritura autobiogr\u00e1fica:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Realic\u00e9 mi primer taller autobiogr\u00e1fico en 1992, en Charleston, Carolina del Sur, con estudiantes de postgrado del College of Charleston. La experiencia fue una gran sorpresa por su diferencia y novedad respecto a los otros talleres que hab\u00eda realizado hasta entonces.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El a\u00f1o 1993 regres\u00e9 a Rotterdam, Holanda, donde resid\u00eda por entonces y me dediqu\u00e9 a leer obras autobiogr\u00e1ficas y a estudiar e informarme de la teor\u00eda sobre este g\u00e9nero literario tan especial. A continuaci\u00f3n citar\u00e9 algunas reflexiones que me han servido como puntos de referencia para esta labor:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; La realidad es muy superior a la imaginaci\u00f3n. Todos somos en potencia misteriosos y apasionantes personajes. Nuestras vidas no son historias l\u00f3gicas.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; Las verdades \u00edntimas e individuales no coinciden con las verdades oficiales y establecidas. Sabemos muy poco sobre nosotros mismos. (\u2026)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Escribir para autoconocerse es tambi\u00e9n una labor po\u00e9tica que invoca revelaciones, videncias y delirios. Gonzalo Mill\u00e1n en sus cuatro cuadernos finales nos dej\u00f3 un caleidoscopio para mirar el desplazamiento de los dragones y escorpiones que brincan entre nuestros \u00f3rganos a la espera de que el duende se jubile.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mill\u00e1n hac\u00eda un ejercicio en sus talleres \u2014inspirado en un texto de Severo Sarduy\u2014 de escribir sobre las cicatrices. Su b\u00fasqueda personal y colectiva era juntar los retazos vividos para lograr de forma inconclusa hacer una \u201carqueolog\u00eda de la piel\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veneno de escorpi\u00f3n azul<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">,<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">pr\u00f3ximo a cumplir veinte a\u00f1os, es la caja negra que, en un futuro a\u00fan m\u00e1s dist\u00f3pico que este, los delfines encontrar\u00e1n tras nuestra extinci\u00f3n. En ella descubrir\u00e1n que la poes\u00eda era una \u201cPreparaci\u00f3n para el viaje\u201d (uno de los t\u00edtulos que Mill\u00e1n escribi\u00f3 a mano y que podr\u00eda haber sido el nombre de su libro p\u00f3stumo).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Alexander Mils, Unsplash.<\/span><\/h6>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cToda la inmortalidad que puedes desear est\u00e1 presente aqu\u00ed y ahora, no hay m\u00e1s que estos fugaces pedazos de eternidad\u201d Gonzalo Mill\u00e1n &nbsp; I. La escalera \u00edntima \u201cMe parece que lo mejor de todo es que, lo que pienso y siento, al menos lo puedo escribir, de lo contrario, me asfixiar\u00eda completamente\u201d. Esta l\u00ednea la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":43563,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[5586],"tags":[5563],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[5581],"class_list":["post-43564","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-dossier-diarios-y-dietarios-escritos-por-autores-chilenos","tag-numero-36","lal_author-ernesto-pfeiffer-agurto"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43564","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43564"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43564\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":43575,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43564\/revisions\/43575"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/43563"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43564"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43564"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43564"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=43564"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=43564"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=43564"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=43564"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=43564"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}