{"id":43450,"date":"2025-11-06T13:00:01","date_gmt":"2025-11-06T19:00:01","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=43450"},"modified":"2025-11-30T17:25:34","modified_gmt":"2025-11-30T23:25:34","slug":"punto-de-fuga-o-los-ojos-de-emma-bovary-sobre-diarios-de-alvaro-d-campos-y-minimas-de-francisco-diaz-klaassen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/11\/punto-de-fuga-o-los-ojos-de-emma-bovary-sobre-diarios-de-alvaro-d-campos-y-minimas-de-francisco-diaz-klaassen\/","title":{"rendered":"Punto de fuga o los ojos de Emma Bovary: Sobre Diarios de \u00c1lvaro D. Campos y M\u00ednimas de Francisco D\u00edaz Klaassen"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">A mediados de septiembre, una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">influencer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> espa\u00f1ola decidi\u00f3 confesar una verdad inc\u00f3moda: no todo el mundo disfruta leyendo. Lo hizo con la contundencia de quien acaba de descubrir el fuego: \u201cHay que superar que hay gente a la que no le gusta leer. Y no sois mejores porque os guste leer\u201d. Bast\u00f3 esa frase \u2014una suerte de manifiesto posliterario\u2014 para que ardieran las redes, los suplementos culturales y los buzones de amenazas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El episodio no era nuevo, solo el acento. En Chile, hace unos a\u00f1os, un ministro de Estado \u2014economista, con estudios en alguna universidad estadounidense y \u00e9xito asegurado en todas las m\u00e9tricas del m\u00e9rito\u2014 declar\u00f3, con similar candor: \u201cNo leo novelas porque no tengo tiempo. Prefiero aprender cosas nuevas. La vida es muy corta. Leer novelas es tiempo que le quito a aprender algo\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ambos casos revelan la misma superstici\u00f3n moderna: que leer sirve solo si ense\u00f1a, si produce, si mejora el rendimiento. Y que el placer \u2014ese residuo in\u00fatil de otra \u00e9poca\u2014 es una p\u00e9rdida de tiempo. Sus declaraciones no son graves en s\u00ed mismas, pero la forma en que desestiman aquello por lo que no sienten inter\u00e9s acredita de sobra su torpeza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Este tipo de pol\u00e9micas y discusiones se ha dado siempre y, en general, no lleva a ninguna parte. Tal vez no se ha logrado dar con un motivo o una explicaci\u00f3n contundente sobre la funci\u00f3n del arte o, en este caso, de la lectura. De ese laboratorio han nacido ensayos, frases y estudios que han intentado acercarse a una respuesta, donde la defensa de la inutilidad ha sido preponderante. Son aproximaciones interesantes \u2014a veces inspiradoras o po\u00e9ticas\u2014, pero no logran una definici\u00f3n clara y concisa, como la que exigen estos tiempos de aceleraci\u00f3n digital, donde la lectura debe estar justificada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi\u00e9n hay acercamientos desde el punto de vista neurol\u00f3gico, que plantean fen\u00f3menos fascinantes m\u00e1s all\u00e1 de la decodificaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica o la transmisi\u00f3n de conocimiento. Uno de ellos es el de las neuronas espejo<\/span><b>:<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> cuando leemos narrativas, las \u00e1reas cerebrales relacionadas con la percepci\u00f3n y la acci\u00f3n se activan como si estuvi\u00e9ramos experimentando la situaci\u00f3n. El efecto es a\u00fan m\u00e1s notable en narrativas literarias complejas, donde los personajes presentan ambig\u00fcedad psicol\u00f3gica y dilemas \u00e9ticos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La escritura no nace del vac\u00edo. Todo texto arrastra, de manera expl\u00edcita o secreta, las huellas de aquello que su autor ha le\u00eddo. En algunos casos, esa presencia se enmascara bajo la ficci\u00f3n de la originalidad; en otros se exhibe con transparencia, como si leer y escribir fueran apenas dos momentos de un mismo acto. En los libros de \u00c1lvaro Campos (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diarios, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Laurel, 2022 y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Negocio familiar<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Tusquets, 2025) y en las piezas de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00ednimas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Alfaguara, 2023) de Francisco D\u00edaz Klaassen, la lectura se presenta no como un adorno ni como una fuente lejana. Se presenta como materia constitutiva: motor, marco, tono de la escritura y sus implicancias con la experiencia. En estos libros se aprecia un nuevo elemento en el fen\u00f3meno: c\u00f3mo afecta en lo vivido.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">D\u00edaz Klaassen es autor de las novelas <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Antolog\u00eda del cuento chileno<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El hombre sin acci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La hora m\u00e1s corta<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">En la colina<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, y del libro de cuentos <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando \u00e9ramos j\u00f3venes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Actualmente, hace clases de literatura inglesa en la Universidad Cat\u00f3lica de Chile.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El ep\u00edgrafe de Benjamin Constant con que comienza <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00ednimas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> nos da una idea del recorrido que propone: \u201cLa naturaleza real de las personas vale tan poco que prefiero aquella con la que la sustituyen\u201d. Esta sustituci\u00f3n o manera de complementar la naturaleza no est\u00e1 expuesta de forma literal: el autor no busca explicar ni aclarar nada. Al querer dar un ejemplo de lo que significa estar <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">bien conectado,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> el autor entrelaza en pocas l\u00edneas a Casanova en medio de cortes y palacios. Tambi\u00e9n menciona a Constant visitando a los escritores m\u00e1s influyentes de la Alemania de aquella \u00e9poca y describe una larga estad\u00eda en Uruguay, donde escribi\u00f3 bajo el dictamen de la cerveza a una escritora que conoc\u00eda superficialmente, sin estar del todo seguro de sus intenciones.<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00ednimas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> trabaja deliberadamente el aforismo y el ensayo breve, donde lo acotado debe estar cargado de la m\u00e1xima expresi\u00f3n. Son piezas que funcionan como respuesta a lo le\u00eddo: miniensayos sobre autores, juegos intertextuales en manos de una voz que comenta, observa, ironiza y dialoga con tradiciones de la escritura fragmentaria (de Pascal a Cioran, de Barthes a los aforistas contempor\u00e1neos).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La lectura no se oculta: es materia bruta que se convierte en literatura por v\u00eda de la reflexi\u00f3n, a trav\u00e9s de la cual sit\u00faa al lector en el centro del juego. Cada m\u00ednima exige complicidad: el sentido completo no siempre est\u00e1 en la p\u00e1gina, sino en la cultura compartida, en la referencia que el lector debe reconocer o, si no se da el caso, ir en su b\u00fasqueda. Algunas de ellas solo poseen unas pocas l\u00edneas; las m\u00e1s extensas alcanzan dos o tres p\u00e1ginas y est\u00e1n enmarcadas bajo un t\u00edtulo, que a veces se repite de forma seriada: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Literatura y realidad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La soledad del escritor<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La cr\u00edtica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La imaginaci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ego y yo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Con esto logra un arco de continuidad a lo largo del libro, a pesar de la autonom\u00eda de cada una. Adem\u00e1s, hay notas al pie de p\u00e1gina que no son simples aclaraciones (dialoga con lo que hace Sterne, Amis, Nabokov en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00e1lido fuego<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">); son comentarios, nueva informaci\u00f3n, extensiones derivadas del tema original, como si se tratara de una segunda voz que conversa con la primera.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su forma de explorar no est\u00e1 exenta de un gesto l\u00fadico y a ratos corrosivo: destellos cr\u00edticos sin esconder enfados ni ocurrencias. Es ah\u00ed donde radica la originalidad, en el punto de vista del autor y el tr\u00e1nsito entre cada pieza y sus notas. D\u00edaz Klaassen juega con las conexiones a lo largo del libro \u2014reales, fortuitas o frutos del azar\u2014:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cSolemos tender circuitos a partir de los escritores que leemos y disfrutamos m\u00e1s, y a trav\u00e9s de ellos entendemos no solo la literatura, sino muchas veces la vida misma (&#8230;)<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Todos tenemos circuitos propios, a los que hemos llegado como por casualidad (las tramas universitarias suelen deshacerse solas cuando uno empieza a razonar por su cuenta) y que en cierto sentido est\u00e1n cerrados por ese mismo car\u00e1cter que tensiona el azar con el destino*. Bioy\u2013Constant\u2013Schnitzler\u2013Casanova es uno de los m\u00edos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">(* Como dec\u00eda Johnson, hay que leer \u201ctodo lo que a uno le sugiera su inmediata inclinaci\u00f3n\u201d.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los autores citados son innumerables y demuestran erudici\u00f3n, aunque no del tipo asfixiante de quien deja caer nombres sin cesar. Cada uno de ellos est\u00e1 en funci\u00f3n de una idea. Benjamin Constant, Casanova, Sergio Pitol, Isabella Bird, Kafka, Ovidio, Houellebecq, Montaigne, Shakespeare, Rulfo, Thomas Mann, Bernhard, Zweig, Goethe, Schwob, Bioy Casares, Schnitzler, Borges, Chesterton, Dickson Carr, Onetti, Faulkner, Conrad, Al-Latif, James Purdy, Arlt, McCarthy, Sherwood Anderson, Sterne, Shawkat Toorawa, Bacon, Philip K. Dick, Chaucer, Boccaccio, Bradbury, Saroyan, Samuel Johnson, Boswell, G\u00f3gol, Mro\u017cek, Markson, Roth, Carver, Ch\u00e9jov y M\u00e1rai son solo una peque\u00f1a muestra de un listado imposible de sintetizar en estas p\u00e1ginas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No todas las entradas motivan el mismo inter\u00e9s, pero el promedio de flotaci\u00f3n es asombroso. A lo largo del trayecto, D\u00edaz Klaassen se hace cargo de una amplia variedad de tem\u00e1ticas ligadas de una forma u otra al libro. No son ensayos sobre \u201cliteratura\u201d a secas; los conecta con nuestra condici\u00f3n humana, nuestras percepciones, sentimientos, miedos, bajezas. Destaca la figura del intelectual (y artista) no acad\u00e9mico. Tanto en los citados como en su propia experiencia, manifiesta una distancia frente a esa esfera: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Hoy se esconden all\u00ed quienes, creyendo ser distintos y originales, alzan banderas prefabricadas que emborronan y achatan cualquier atisbo de individualidad\u201d.<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Habla del ego, de c\u00f3mo Montaigne \u201coculta el yo al mostrarlo como un fin para descubrir a la humanidad misma\u201d,<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">mientras<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">nuestra \u00e9poca promueve las colectividades m\u00e1s abarcadoras impulsadas pr\u00e1cticamente siempre por el ego\u00edsmo individualista\u201d<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/i><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Habla de las dificultades para escribir sobre el amor y sobre la felicidad que provoca el encuentro con grandes personajes de la narrativa: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">remedios contra el tiempo, ant\u00eddotos contra el futuro, salto y escape del presente\u201d<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">De c\u00f3mo la literatura es un asunto solitario, por muchos talleres, clubes de lectura o cuentas de Instagram que se empe\u00f1en en mostrar lo contrario. De la envidia, del placer de los descubrimientos tard\u00edos, de lo vasta que puede llegar a ser la imaginaci\u00f3n. De lo entretenido que resulta especular y lo provechoso que puede ser perder el tiempo entreteni\u00e9ndose. Sobre ficci\u00f3n y seducci\u00f3n<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">las mentiras del enamorado, mientras lo est\u00e1, nunca son falsas. As\u00ed funciona, por cierto, la literatura\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En las notas de Sciascia encuentra la humanidad de un esp\u00edritu af\u00edn. De alguien que vibra con el arte y sufre con la realidad m\u00e1s terrenal y descerebrada que lo rodea. Comparte el entusiasmo de hacer creer que la ficci\u00f3n no es ficci\u00f3n, frente a la falta de gracia de escribir la realidad. Es cr\u00edtico con la fijaci\u00f3n de algunos escritores por la llamada literatura de los padres y de los hijos. Y con el enga\u00f1o que encubren los libros que venden muchas copias: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Nos dan a entender que no estamos solos. La verdadera literatura es sincera porque nos demuestra que s\u00ed lo estamos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi\u00e9n presenta dudas sobre la importancia de su propia obra y de su alcance<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">:<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201cMis amigos me aseguran que me leen, y que lo hacen con placer, pero no son pocas las veces en que las cosas que dicen (o dejan de decir) sobre lo que escribo permiten que ponga en duda esas palabras\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En medio de observaciones sobre la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Llave de Oriente <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Al-Latif, los viajes inventados de Mandeville o la defensa de la obra de Casanova en contra de la apreciaci\u00f3n de Zweig, aparece un divertido recuerdo de c\u00f3mo se prepara un grupo de estudiantes para resistir el invierno en un pueblito universitario en EE. UU. o la reacci\u00f3n del autor frente a la foto del hijo de su exmujer que le ense\u00f1a un amigo. Y luego vuelve a retomar a David Markson, para recordarnos que el pelo del gato cambia de color cada vez que se lo menciona en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La amante de Wittgenstein<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Como cambian los ojos de Emma Bovary<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d.<\/span><\/i><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">D\u00edaz Klaassen escribe un libro donde cada uno de sus textos breves resuena en un eco recurrente, compuesto por asociaciones y referencias profundas que giran alrededor del libro y la realidad. Intenta dar con ese lugar de conexi\u00f3n, donde se tocan, donde se rozan:<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">\u201cLa realidad en la literatura es como el punto de fuga en el dibujo: una referencia en la que converge todo pero de la que ese mismo todo est\u00e1 siempre alej\u00e1ndose\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El caso de \u00c1lvaro Campos es distinto; no obstante, comparte con D\u00edaz Klaassen una concepci\u00f3n de la lectura como materia activa de la escritura y la vida. En ambos reaparecen las conexiones, las resonancias, el eco de un libro que lleva inevitablemente a otro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Campos comenz\u00f3 publicando sus textos en su cuenta de Facebook, espacio donde contin\u00faa haci\u00e9ndolo hasta hoy. A pesar del desgaste de esa red social, su p\u00e1gina sigue siendo un lugar activo, no exento de discusiones, pol\u00e9micas y comentarios enfrentados. Ha reunido as\u00ed una comunidad de lectores fieles, defensores y detractores a partes iguales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su escritura, que se presenta como la de una diarista, se mueve entre la anotaci\u00f3n \u00edntima, la cr\u00f3nica y la reflexi\u00f3n literaria. Explora el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">yo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> desde la experiencia cotidiana, elevando lo rutinario \u2014el tr\u00e1nsito, la conversaci\u00f3n trivial, el gesto m\u00ednimo\u2014 a materia de escritura. Lo hace con una mirada esc\u00e9ptica hacia el mundo literario chileno, en la que la iron\u00eda funciona<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">como defensa y la provocaci\u00f3n fundada como forma de pensamiento. Campos parece rehuir cualquier gesto de solemnidad, y esa irreverencia lo convierte en una figura singular dentro del panorama actual. \u201cQuiero postular a un fondo literario para comprarme un sof\u00e1, como Mario Levrero\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Durante un tiempo firm\u00f3 como \u00c1lvaro D. Campos, juego de referencias con el heter\u00f3nimo pessoano al que el poeta portugu\u00e9s concedi\u00f3 \u201ctoda la emoci\u00f3n que no se permiti\u00f3 a s\u00ed mismo ni a la vida\u201d; aquel que aspiraba a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">sentir todo de todas las maneras\u201d. El gui\u00f1o no es menor: revela una voluntad de distancia y desdoblamiento, una b\u00fasqueda de autenticidad que se camufla bajo la m\u00e1scara del anonimato.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sabemos, por \u00e9l mismo y por las notas biogr\u00e1ficas de sus libros, que escribe desde un celular mientras atiende un almac\u00e9n en la comuna de Pudahuel. Este dato biogr\u00e1fico reconfigura la imagen del escritor en un contexto perif\u00e9rico, donde la literatura convive con el trabajo, sin renunciar por ello a su densidad reflexiva.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La publicaci\u00f3n de sus escritos en estos dos libros ha convertido a Campos en un fen\u00f3meno, sobre todo a partir de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Negocio familiar<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Esto lo ha llevado, no sin mostrar cierta incomodidad, a figurar: a ser comentado m\u00e1s all\u00e1 de su cuenta de Facebook; a dar entrevistas y, en cierta medida, a dar la cara sin ocultar cierto dilema y ambivalencia frente a la exposici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una incomodidad justificada, si se observa el enfoque de algunas de esas entrevistas y art\u00edculos, donde se ha desaprovechado al lector, al analista, al intelectual (s\u00ed, Campos lo es) para concentrarse en el trabajador del almac\u00e9n, en el barrio, en el celular donde escribe entre cliente y cliente. Un gesto llamativo, s\u00ed, pero que deja un aroma de paternalismo. Y si estas palabras vinieran desde otras comunas \u2014m\u00e1s acomodadas, m\u00e1s progresistas\u2014, \u00bfllamar\u00edan igualmente la atenci\u00f3n? Es una pregunta inc\u00f3moda, un desperdicio que desv\u00eda la mirada. No nos desviemos m\u00e1s:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diarios<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, los pasajes suelen estar atravesados por citas, gui\u00f1os o comentarios de lecturas. No son ornamento, sino que se integran al flujo del texto como una extensi\u00f3n de la cotidianidad: lo que lee afecta c\u00f3mo se narra lo vivido. Cita o recuerda libros no para reverenciarlos, sino para contrastar sus experiencias con ellos. No lo hace para exhibir erudici\u00f3n, sino para inscribir la experiencia personal dentro de una tradici\u00f3n que lo antecede y lo sostiene. La lista de autores tambi\u00e9n es inmensa y dif\u00edcil de abarcar. Pareciera que Campos lo ha le\u00eddo todo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La forma como va insertando estas lecturas var\u00eda en cada una de las entradas; a veces solo transcribe una cita de San Agust\u00edn o un extracto de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La carretera<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Cormac McCarthy. En otras, mientras est\u00e1 hablando sobre las vitrinas que las redes sociales han creado para que los fracasados observen los goces ajenos, concluye con una frase de Tocqueville<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">El resentimiento es el motor de la historia\u201d<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/i><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El recuerdo de cuando se someti\u00f3 a una colonoscopia mientras los m\u00e9dicos o\u00edan m\u00fasica bailable lo lleva a pensar en lo aterrador que puede ser cualquier simulacro o acercamiento a la muerte y as\u00ed mismo esto lo lleva a pensar en Dostoievski a la espera de su fusilamiento en San Petersburgo. A pensar en aquellas horas en que el escritor ruso estuvo convencido de que iba a morir; \u201cuna epifan\u00eda que marc\u00f3 toda su obra futura\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La fealdad de Stendhal, la inutilidad del oficio del escritor, la vanidad como la peor enfermedad de la literatura, Proust y la neurociencia sobre el olfato y su ligaz\u00f3n directa con las im\u00e1genes del pasado. La banalidad del mal en los matinales, el o\u00eddo lo suficientemente afinado para distinguir un balazo de un fuego artificial, algunas costumbres y usos de los fumadores de pasta base, el comunismo, el consumo, el dinero, el comportamiento en las redes sociales entrelazadas con la presencia de su hijo. Presencia desde la primera entrada, donde vincula con maestr\u00eda el canto de un p\u00e1jaro en la madrugada, una anotaci\u00f3n en el diario de Crist\u00f3bal Col\u00f3n el 9 de octubre de 1492, una leyenda sobre los prisioneros de Auschwitz y c\u00f3mo el desvelo por su beb\u00e9 que se niega a dormir le regala el canto del primer p\u00e1jaro en la madrugada:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cA quienes hemos visto dormir ya no le podremos odiar nunca\u201d, escribi\u00f3 Canetti, pero ver dormir a tu hijo es una experiencia demoledora. Erradica todas tus certezas intelectuales, todo lo que pensabas antes de que tus noches pasaran en vela, de pie al lado de una cuna, vigilando con ternura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Campos, las certezas intelectuales palidecen al lado de otras realidades o se reubican en el fluir de la vida cotidiana, de la cual captura su esencia con un lenguaje conciso y l\u00fadico. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Negocio familiar <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">vamos a encontrar el mismo tipo de observaciones, destellos de inteligencia e iron\u00eda, pero encausadas hacia el tema del trabajo, el esfuerzo y la ambici\u00f3n. Tal vez se pierda algo de la naturalidad de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diarios<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, pero esto se deba m\u00e1s que nada al armado. La esencia es la misma. Eso s\u00ed, el personaje est\u00e1 m\u00e1s expuesto; lo vemos con mayor claridad actuando detr\u00e1s del mes\u00f3n del almac\u00e9n, lo vemos sentir placer al ver a un viejo de feria pagar el pan exhibiendo un fajo de billetes o apuntando en un papelito: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">googlear precio\u201d,<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">luego de ver una foto de Fidel Castro donde luce dos relojes Rolex en la misma mu\u00f1eca, mientras una se\u00f1ora le compra un kilo de arroz. O pretendiendo no perder el hilo de sus anotaciones mientras un comprador de cigarrillos intenta estafarlo con un billete falso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Subraya durante sus desvelos los diarios de Lord Byron mientras se pregunta si la motivaci\u00f3n de ese acto es la vanidad.<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">La curiosidad, que dec\u00eda La Rochefoucauld, que \u2018procede del deseo de saber lo que los dem\u00e1s ignoran\u2019\u201d, para luego matizar la afirmaci\u00f3n: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Pero en general las citas que subrayo son puras nimiedades, nada de sabidur\u00eda. Por ejemplo, el problema que ten\u00eda Byron con la comida\u201d<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que lo lleva a pensar en el miedo a engordar de algunos autores como Nietzsche y Kerouac, y a pensar en aquellos hombres que lo hacen con total indolencia tras su matrimonio; desconocen el poder y la fragilidad del mercado sexual.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la escritura de Campos se asoma la de los diarios de I\u00f1aki Uriarte (tal vez uno de los escritores secretos mejor guardados). Pero su perspectiva es \u00fanica; nos incorpora a su mundo, a su subjetividad, a la voracidad de sus lecturas y a la originalidad de su mirada; rebelde, ir\u00f3nica, verdadera, tal vez necesaria. Cada l\u00ednea deja ver que debajo hay otras voces, otras p\u00e1ginas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tanto en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00ednimas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diarios<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Negocio familiar<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> hay un eco de lecturas que se condensan hasta convertirse en chispa, y esa chispa enciende nuestra curiosidad. Una curiosidad gozosa, estimulante. Hay algo en ellos del intelectual de la plaza p\u00fablica, quien intenta hacernos ver eso en lo que ya no nos detenemos. La lectura deja de ser un acto pasivo o un lujo intelectual. No es un complemento ornamental de la experiencia, sino aquello que la enriquece y la cuestiona. Ambos autores demuestran que leer no es un gesto utilitario ni un tr\u00e1mite educativo: es una forma de pensamiento que se filtra en nuestras acciones. No ofrecen respuestas ni garant\u00edas. Pero nos recuerdan que entre pasado y presente, entre tradici\u00f3n y cotidianidad, en medio del flujo de agitaci\u00f3n en el que estamos inmersos, podemos darnos el lujo de detenernos y pensar en el color de los ojos de Emma Bovary<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">1<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5><sup><span style=\"font-weight: 400;\">1<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\"> En algunos pasajes Flaubert menciona que Emma ten\u00eda ojos de \u201ccolor complicado\u201d.<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Srikanta H. U, Unsplash.<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A mediados de septiembre, una influencer espa\u00f1ola decidi\u00f3 confesar una verdad inc\u00f3moda: no todo el mundo disfruta leyendo. Lo hizo con la contundencia de quien acaba de descubrir el fuego: \u201cHay que superar que hay gente a la que no le gusta leer. Y no sois mejores porque os guste leer\u201d. 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