{"id":43347,"date":"2025-11-07T13:00:02","date_gmt":"2025-11-07T19:00:02","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=43347"},"modified":"2025-12-05T18:17:08","modified_gmt":"2025-12-06T00:17:08","slug":"la-saga-fuga-de-john-barth","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/11\/la-saga-fuga-de-john-barth\/","title":{"rendered":"La saga\/fuga de John Barth"},"content":{"rendered":"<p><b>Nota del editor:<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> El art\u00edculo que publicamos a continuaci\u00f3n apareci\u00f3 originalmente en la edici\u00f3n espa\u00f1ola de <\/span><a href=\"https:\/\/letraslibres.com\/revista\/la-saga-fuga-de-john-barth\/01\/04\/2025\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Letras Libres<\/span><\/i><\/a><span style=\"font-weight: 400;\"> en abril de 2025. Agradecemos a Daniel Gasc\u00f3n, editor de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Letras Libres<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Espa\u00f1a, por permitirnos compartir este texto con los lectores de LALT.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En la vida no hay personajes que sean esencialmente principales o secundarios. En ese sentido, toda la<br \/>\nficci\u00f3n y la biograf\u00eda, y casi toda la historiograf\u00eda, son mentira. Todo el mundo es, por necesidad, el<br \/>\nprotagonista de la historia de su vida\u2026 Por lo tanto, la ficci\u00f3n no es una mentira en absoluto, sino una<br \/>\nverdadera representaci\u00f3n de la manera en que todos distorsionamos la vida.<\/span><\/h5>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">John Barth<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hace solo un a\u00f1o, el 2 de abril de 2024, mor\u00eda John Barth en una residencia de ancianos de Bonita Springs, Florida. El fabulador supremo del posmodernismo ten\u00eda 93 a\u00f1os. Hombre de mar, gran navegante oce\u00e1nico de la vida, el mundo y la literatura, Barth conoc\u00eda a fondo los secretos y mecanismos del arte de narrar y el arte de desvelar secretos y desnudar mecanismos mediante el acto de narrar. Tuvo una excelente maestra, desde muy joven, la seductora Sherezada, quien le ense\u00f1\u00f3 los trucos y ardides por los que la vida se prolonga m\u00e1s all\u00e1 de sus fines y se hace inmortal a trav\u00e9s de la ficci\u00f3n, as\u00ed como la ficci\u00f3n sirve para ganar tiempo y vencer a la muerte, o aplazarla todo lo posible. \u201cSherezada, mi \u00fanico amor\u201d, declara Barth en el relato \u201cHistoria de una vida\u201d<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(incluido en\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Perdido en la casa encantada<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, su primera recopilaci\u00f3n de relatos), donde descubre que su propia vida podr\u00eda ser una ficci\u00f3n del mismo tipo que las urdidas por la voluptuosa narradora ar\u00e1biga.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es posible que Barth viera desfilar por su cerebro, en sus \u00faltimos segundos de vida, las im\u00e1genes febriles del universo narrativo que hab\u00eda creado a lo largo de los a\u00f1os, como el hacedor borgiano, otro de sus modelos evidentes, superpoblado de personajes carism\u00e1ticos y exc\u00e9ntricos que se agitaban en las redes de la ficci\u00f3n con la energ\u00eda prodigiosa que su creador les transmit\u00eda. Algunos de esos personajes cobraron con el tiempo una peligrosa autonom\u00eda, otros permanecieron recluidos en la casa encantada del padre de la ficci\u00f3n. Fue entonces, en el instante en que Barth estaba a punto de metamorfosearse \u00e9l tambi\u00e9n en personaje de ficci\u00f3n, eso significa la muerte en su sistema narrativo, arrellanado en el sill\u00f3n desde el que admiraba los incre\u00edbles atardeceres de Florida, cuando contempl\u00f3 bajo una iluminaci\u00f3n m\u00e1s n\u00edtida los perfiles de las criaturas brotadas de su imaginaci\u00f3n. Ah\u00ed estaban todas congregadas, como espectros de luz, celebrando el abrazo del padre, d\u00e1ndole la bienvenida al reino de los inmortales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Barth tiene veinticuatro a\u00f1os cuando escribe\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La \u00f3pera flotante<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, su primera novela, y dos m\u00e1s cuando la publica, con otro final, tras algunos rechazos editoriales. Pero el gran acierto de Barth al escribir esta magn\u00edfica novela no reside solo en su capacidad para oler el aire viciado de los tiempos y percibir, a trav\u00e9s del Atl\u00e1ntico, el humo nauseabundo del existencialismo parisino o los f\u00e9tidos residuos del corpus beckettiano, sino en saber transfigurar este esp\u00edritu de angustia y decadencia europeas en una extravagante fiesta de ingenio nihilista. En\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La \u00f3pera flotante<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0Barth realiza un ejercicio de gran inteligencia al parodiar los principios del discurso existencialista, dinamitarlos con humor negro y comicidad blanca, con objeto de escenificar la muerte del sujeto, una idea tradicional del yo y la comunidad, y el comienzo de una era ca\u00f3tica donde la realidad, amenazada por la tecnolog\u00eda m\u00e1s destructiva jam\u00e1s creada, la energ\u00eda at\u00f3mica, ya nunca volver\u00e1 a ser la misma. En este sentido, la autobiograf\u00eda imaginaria de Todd Andrews es, como dijo Daniel Grausam, una alegor\u00eda de la vida y la muerte del siglo\u00a0XX.<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">El final del camino<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, su segunda novela, es un espejo que se pasea con iron\u00eda a lo largo del camino de la vida de sus personajes y se rompe en mil pedazos al llegar al final de su trayecto, donde una mujer se dispone a sufrir un aborto ilegal en un quir\u00f3fano improvisado. Este desenlace es una de las escenas m\u00e1s terribles de la literatura del siglo pasado. Hiperrealismo de la mejor calidad sin sensacionalismo gratuito ni detalles escabrosos o grotescos. La superaci\u00f3n t\u00e9cnica de Hemingway, Faulkner y Sartre y el anuncio de una est\u00e9tica literaria totalmente nueva e indefinible (la posmoderna) para un tiempo de plenitud de la ficci\u00f3n como nueva clave de interpretaci\u00f3n de la realidad. El narrador y protagonista de esta f\u00e1bula filos\u00f3fica es Jacob Horner, un sujeto de identidad inconsistente, una psique dubitativa paralizada por un mal llamado \u201ccosmopsis\u201d que encuentra por azar a un enigm\u00e1tico doctor afroamericano que lo somete a una cura radical: un tratamiento a su bloqueo vital fundado en la \u201cmitoterapia\u201d, es decir, en la noci\u00f3n de que en la vida asumimos roles y para hacerlo con \u00e9xito es necesario reconocer esa m\u00e1scara sin ambages, como ficci\u00f3n del yo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En los a\u00f1os sesenta, Barth diagnostica en un c\u00e9lebre ensayo (\u201cThe literature of exhaustion\u201d) el agotamiento de la literatura modernista mencionando los casos lim\u00edtrofes de Borges y Beckett, la ficci\u00f3n que se desdobla en metaficci\u00f3n por incredulidad hacia el potencial del relato y la voz ag\u00f3nica que se apaga lentamente poniendo en crisis los fundamentos de la existencia misma del personaje y del mundo. Estos casos extremos le parecen a Barth m\u00e1s propios del final de un camino que la apertura de nuevas v\u00edas en la creaci\u00f3n literaria. Obsesionado por el fantasma de la impotencia y la esterilidad, la decrepitud y la muerte de toda una cultura y una civilizaci\u00f3n, y no solo del individuo creador, se entrega entonces, con pasi\u00f3n renovada, a la tarea imposible de crear obras originales y exuberantes que no reh\u00fayan el recurso al plagio y la influencia descarada, el palimpsesto y el pastiche, como\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El plantador de tabaco<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, una farsa dieciochesca sobre la Am\u00e9rica fundacional donde nativos y pioneros europeos viv\u00edan un festivo carnaval de sexo promiscuo y comercio equ\u00edvoco, y\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Giles, el ni\u00f1o-cabra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, una s\u00e1tira rabelesiana sobre un mes\u00edas dionis\u00edaco que lidera una revoluci\u00f3n cultural en un cibern\u00e9tico campus americano en plena Guerra Fr\u00eda. Obras, en suma, que demostraban a\u00fan la vitalidad de la ficci\u00f3n ambiciosa en un contexto cultural en mutaci\u00f3n imparable.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A comienzos de los setenta, sin embargo,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Quimera<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0ratifica el agotamiento definitivo de un modelo narrativo al tiempo que rinde espl\u00e9ndido homenaje a sus dos principales fuentes de inspiraci\u00f3n: los mitos griegos y las fantas\u00edas orientales. A finales de esa misma d\u00e9cada,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Letters<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0transforma el cosmos de la ficci\u00f3n barthiana en un enorme laberinto, literal y literario, incorporando a varios personajes de sus ficciones anteriores en el puzle epistolar y acr\u00f3stico del juego de env\u00edos y reenv\u00edos a m\u00faltiples bandas, como en una versi\u00f3n metaficcional de\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las relaciones peligrosas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0de Laclos, con escaso libertinaje y abundantes licencias oulipianas (siete remitentes escribiendo 88 cartas agrupadas en siete secciones). Barth preside como autor-personaje la anacr\u00f3nica partida de cartas, hasta las \u00faltimas posibilidades combinatorias, con el rigor inventivo y la exactitud matem\u00e1tica de Queneau, Perec o Calvino. Poco despu\u00e9s, Barth publicar\u00eda otro ensayo famoso (\u201cThe literature of replenishment\u201d), invirtiendo el argumento apocal\u00edptico del predecesor para proclamar el advenimiento y la plenitud creativa de una literatura posmoderna transnacional, liderada por Garc\u00eda M\u00e1rquez y Calvino. Sus novelas posteriores, sin embargo,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Sab\u00e1tico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The tidewater tales<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The last voyage of somebody the sailor<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0o\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The development<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, no estuvieron, por desgracia, a la altura del anuncio, dando triste testimonio del ocaso del genio, el eclipse de su concepci\u00f3n original del arte narrativo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Leer hoy, por tanto, sus dos grandes aportaciones a la historia de la forma novel\u00edstica (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El plantador de tabaco<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0y\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Giles, el ni\u00f1o-cabra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) es una disciplina de placer est\u00e9tico y tambi\u00e9n de exigencia intelectual para las mentes m\u00e1s despiertas.<\/span><\/p>\n<p><b><br \/>\nPalimpsesto fundacional<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un gran fabulador como Barth, pese a su juventud, solo pod\u00eda medirse en sus inicios con los m\u00e1s grandes fabuladores de su tiempo. La gran diferencia entre Barth y otros posmodernos consist\u00eda, sin embargo, en la extrema atenci\u00f3n que aquel prestaba desde sus comienzos a los textos can\u00f3nicos de la era premoderna como\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las mil y una noches<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gargant\u00faa y Pantagruel<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El Quijote<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tom Jones<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Joseph Andrews<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0o\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tristram Shandy<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para recuperar la plenitud novelesca de los maestros antiguos y superar el bloqueo improductivo de la modernidad, a Barth no se le ocurri\u00f3 idea mejor que escribir una novela del\u00a0XVIII. Pero no un pastiche estil\u00edstico ni una imitaci\u00f3n vulgar, como sabr\u00eda reconocer enseguida un te\u00f3rico de la talla de G\u00e9rard Genette. Barth se propuso, por el contrario, escribir una gran novela dieciochesca que no se pareciera a ninguna novela escrita en el siglo ilustrado y supusiera, as\u00ed mismo, la consumaci\u00f3n del modo imaginativo, la construcci\u00f3n lib\u00e9rrima, el humor y el estilo filos\u00f3fico de escribir novelas de Voltaire, Fielding, Diderot o Sterne. Como se ve, Barth no renunciaba a ser original incluso en la copia, imponiendo el valor de la novedad y la invenci\u00f3n a trav\u00e9s de la parodia creativa. Con\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El plantador de tabaco<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Barth revitalizaba la magia literaria de los novelistas anteriores a la fosilizaci\u00f3n decimon\u00f3nica del g\u00e9nero con una sensibilidad contempor\u00e1nea de la contracultura y el arte pop.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por fortuna para todos, esa gozosa restauraci\u00f3n de formatos no se tradujo en vacuo formalismo sino en conocimiento del mundo. Mediante ese expediente, Barth acert\u00f3 a novelar la genuina g\u00e9nesis de la naci\u00f3n americana fabulando los episodios m\u00e1s truculentos de la vida virginal del poeta laureado de Maryland Ebenezer Cooke, autor de un poema sat\u00edrico al que la novela roba el intraducible t\u00edtulo (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The sot-weed factor<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">). Con el sortilegio hilarante de un argumento vertiginoso, Barth recrea la etapa hist\u00f3rica menos ejemplar de un pa\u00eds a\u00fan inexistente liber\u00e1ndola con iron\u00eda de las patra\u00f1as y mistificaciones que la propaganda patri\u00f3tica le impuso durante dos siglos. La imagen carnavalesca de la Am\u00e9rica colonial donde transcurre la parte m\u00e1s trepidante de la intriga es m\u00e1s propia, en este sentido, de una novela picaresca que de una epopeya fundacional.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A pesar del deslumbrante despliegue de recursos y artificios con que anima la barroca trama, donde resplandece el genio c\u00f3mico de Barth es en la versi\u00f3n pornogr\u00e1fica del romance\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">roussoniano<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0entre el capit\u00e1n Smith y la india Pocahontas, de virgo inexpugnable, intercalada como \u201cdiario\u201d de proezas inconfesables. Otro mito sentimental sobre la inocencia americana desmantelado por Barth a la manera chistosa de Rabelais. Con grandes risotadas del esp\u00edritu. Y es que, en definitiva, no conviene olvidar que la corrupci\u00f3n de la inocencia (ya sea la de la representaci\u00f3n hist\u00f3rica y la realidad contempor\u00e1nea, con sus versiones idealizadas o sublimes, como la de la conciencia anestesiada del lector) es no solo un motivo picante y jugoso, sino uno de los fines fundamentales del discurso novelesco, como celebrar\u00eda Kundera.<\/span><\/p>\n<p><b><br \/>\nDioniso en el campus<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una prueba del pasado prestigio de Barth como figura p\u00fablica la encontrar\u00e1 cualquiera revisando las im\u00e1genes del metraje interminable de\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Chelsea Girls<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0(1967), uno de los experimentos f\u00edlmicos m\u00e1s logrados de Andy Warhol, en uno de cuyos segmentos aparece un ejemplar de\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Giles Goat-Boy, or, The Revised New Syllabus<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el libro de moda entonces en los ambientes m\u00e1s mundanos. Es un signo pop de la notoriedad que alcanz\u00f3 esta s\u00e1tira menipea publicada en 1966, a\u00f1o determinante en el nacimiento hist\u00f3rico del posmodernismo.<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Giles, el ni\u00f1o-cabra\u00a0<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">transforma el turbulento mundo de la Guerra Fr\u00eda y la contracultura libertaria en un gigantesco campus universitario donde ocurren las infinitas peripecias de la trama. En este sentido, por m\u00e1s que Barth manipule los esquemas mitol\u00f3gicos de la vida del h\u00e9roe antiguo, lo que fascinar\u00e1 a los lectores actuales de esta novela magistral es c\u00f3mo la renovaci\u00f3n cultural del hero\u00edsmo, encarnada en la fabulosa figura de Giles, ni\u00f1o-cabra y Gran Maestro del decadente Campus Occidental, pasa por la cuadratura de una nueva definici\u00f3n de lo humano a partir de la ecuaci\u00f3n ps\u00edquica establecida entre la animalidad, la tecnolog\u00eda, la informaci\u00f3n y la mitolog\u00eda. La literatura logra as\u00ed una s\u00edntesis total de saberes: el saber dionis\u00edaco insemina el conocimiento acad\u00e9mico, revisa cr\u00edticamente las narrativas de las religiones, las humanidades, las ciencias y las ideolog\u00edas pol\u00edticas que separan a los humanos en facciones inconciliables, y genera una visi\u00f3n m\u00edstica de la realidad que abarca todas sus dimensiones, sin excluir las m\u00e1s bajas pasiones de la carne ni las m\u00e1s altas miras del esp\u00edritu.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y todo este proceso de refundaci\u00f3n ir\u00f3nica de las culturas del mundo es narrado, o editado, o ambas cosas a la vez, por un supercomputador infalible, el\u00a0ordaco: una inteligencia artificial que posee energ\u00eda creativa inagotable y un sentido del humor y del erotismo imitado de sus creadores, los falibles humanos. As\u00ed, esta obra de Barth se convierte en la primera ficci\u00f3n cibern\u00e9tica de la historia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se crea o no en el ideario dionis\u00edaco-carnavalesco como el m\u00e1s adecuado a la complejidad de la naturaleza humana,\u00a0<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Giles, el ni\u00f1o-cabra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0constituye un texto sagrado de nuevo cu\u00f1o: un discurso ut\u00f3pico que desmitifica las f\u00e1bulas sagradas milenarias y fundamenta, al mismo tiempo, una cultura desacralizada con nuevas f\u00e1bulas y mitos como respuesta al indescifrable acertijo, cada d\u00eda m\u00e1s computarizado, del mundo y la vida.<\/span><\/p>\n<p><b><br \/>\nEl hombre en el castillo de la ficci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A pesar de todas sus diferencias culturales, si hay un escritor que comparta con Barth esta idea anticartesiana de la ficci\u00f3n, como la llama Adam Roberts, en la que la mente del personaje se sabe atrapada en la arquitectura imaginaria construida por la inteligencia de otro, es Philip K. Dick. El punto de conexi\u00f3n entre escritores tan antag\u00f3nicos como Barth y Dick es Borges: las ficciones y artificios de Borges contaminan por igual su teor\u00eda y su pr\u00e1ctica de la narraci\u00f3n. En este aspecto, la ex\u00e9gesis de Dick ilumina a Barth con un signo de parad\u00f3jica contemporaneidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/letraslibres.com\/revista\/la-saga-fuga-de-john-barth\/01\/04\/2025\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"font-size: 10pt;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Publicado en la edici\u00f3n espa\u00f1ola de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Letras Libres <\/span><\/i>(Nro. 283, abril 2025) <span style=\"font-weight: 400;\">como parte de \u201cConversaciones Globales\u201d, un proyecto patrocinado por Open Society Foundations.\u00a0<\/span><\/span><\/a><\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nFoto: John Barth, escritor estadounidense, \u00a9 Basso Cannarsa\/Opale, Alamy.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nota del editor: El art\u00edculo que publicamos a continuaci\u00f3n apareci\u00f3 originalmente en la edici\u00f3n espa\u00f1ola de Letras Libres en abril de 2025. Agradecemos a Daniel Gasc\u00f3n, editor de Letras Libres Espa\u00f1a, por permitirnos compartir este texto con los lectores de LALT. &nbsp; En la vida no hay personajes que sean esencialmente principales o secundarios. En [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":43346,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2889],"tags":[5563],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[5546],"class_list":["post-43347","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayos","tag-numero-36","lal_author-juan-francisco-ferre"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43347","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43347"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43347\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":44004,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43347\/revisions\/44004"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/43346"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43347"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43347"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43347"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=43347"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=43347"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=43347"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=43347"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=43347"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}