{"id":4289,"date":"2021-02-18T23:00:47","date_gmt":"2021-02-19T05:00:47","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2021\/02\/flowerbed-mariana-travacio\/"},"modified":"2023-06-01T12:57:06","modified_gmt":"2023-06-01T18:57:06","slug":"flowerbed-mariana-travacio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2021\/02\/flowerbed-mariana-travacio\/","title":{"rendered":"&#8220;Cantero&#8221; de Mariana Travacio"},"content":{"rendered":"<div dir=\"ltr\"><\/div>\n<div class=\"caption\" dir=\"ltr\"><\/div>\n<p dir=\"ltr\">Refrendo mis dichos en este escrito: no cambiar\u00e9 una coma de mis declaraciones precedentes. He asumido que usted se niega a comprender mis motivos. Aun as\u00ed, ser\u00eda considerado de su parte admitir que yo no miento. El se\u00f1or y la se\u00f1ora B eran mis vecinos, como ya le expliqu\u00e9. La se\u00f1ora B nunca iba a misa. El esposo de la se\u00f1ora B tampoco iba a misa. Eso ya le dice bastante sobre ellos. Por lo dem\u00e1s, el se\u00f1or B trabajaba en una editorial. Lo ve\u00eda salir todas las ma\u00f1anas. Llevaba un malet\u00edn de cuero negro. Y unos anteojos pesados. Sal\u00eda a las ocho y quince. Saludaba amable y solo regresaba despu\u00e9s del ocaso.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora y el se\u00f1or B ten\u00edan dos hijos. A los hijos de la se\u00f1ora B les gustaba arrancar las flores de mi cantero. Yo me enojaba y les gritaba cada vez que lo hac\u00edan, pero nunca escarmentaban. Las arrancaban y sal\u00edan corriendo cuando me ve\u00edan. Los hijos de la se\u00f1ora B eran \u00e1ngeles rubicundos, tan bellos y gr\u00e1ciles que costaba creer que fueran tan endemoniados. Ellos desment\u00edan nuestro barrio de casas bajas y gentes amables. S\u00ed, los hijos de la se\u00f1ora B eran distintos a los dem\u00e1s. Supongo que se lo deb\u00edan a su madre: la se\u00f1ora B, a todas luces, tampoco era una madre como las dem\u00e1s. La se\u00f1ora B no solamente no iba a misa, tampoco sal\u00eda de compras: no iba a la panader\u00eda, ni al almac\u00e9n, ni a la mercer\u00eda, ni a ninguna otra tienda en la que era usual ver a las mujeres del barrio. La se\u00f1ora B sal\u00eda muy poco; cada vez menos. A sus hijos, gemelos y tan id\u00e9nticos que daban miedo, los ve\u00eda ir y venir de la escuela, siempre solos. Tocaban timbre y la se\u00f1ora B les abr\u00eda, los saludaba con una sonrisa vaga y los hac\u00eda pasar.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">A m\u00ed me inquietaba la se\u00f1ora B porque ten\u00eda un parecido inconcebible con mi querida Josefina. Que en paz descanse, mi tesoro atormentado.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Hubo un tiempo en que la se\u00f1ora B sal\u00eda los domingos, sola, en horas de la tarde. Era curioso, porque no iba a ninguna parte. Solo caminaba, como deambulando. Despu\u00e9s se sentaba en el banco de la plaza que daba a la iglesia y ah\u00ed se quedaba. Sal\u00eda con unos atuendos pasados de moda y sol\u00eda ponerse un sombrero negro, de cuya ala derecha pend\u00eda una margarita grande, tambi\u00e9n negra, que le tapaba parcialmente un ojo si se miraba de frente.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Su aspecto deb\u00eda incomodar a las otras mujeres del barrio porque en raras ocasiones se le acercaban y, cuando lo hac\u00edan, intuyo que era m\u00e1s por curiosidad que por alg\u00fan inter\u00e9s genuino en ella o en su familia. De todos modos, ella no les prestaba demasiada atenci\u00f3n y se notaba que saludaba quedamente, como sabiendo deshacerse de las mujeres con la impostaci\u00f3n de una mirada equ\u00edvoca o con la leve agitaci\u00f3n de su margarita negra. Yo las miraba desde mi venta y era invariable: cuando la se\u00f1ora B agitaba su margarita, las vecinas se desped\u00edan raudamente y la se\u00f1ora B se las quedaba mirando, satisfecha.<\/p>\n<p>Pero al final la se\u00f1ora B ya no sal\u00eda, o lo hac\u00eda muy poco. Las \u00faltimas veces se la hab\u00eda visto bastante deteriorada, con sus cabellos rubios abatidos y una expresi\u00f3n desva\u00edda en su rostro inmaculado.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En el barrio no se hablaba mucho de la se\u00f1ora B, al menos no p\u00fablicamente.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En cambio, cuando ven\u00edan a casa los L\u00f3pez, que viv\u00edan enfrente, o los Villalba, que viv\u00edan al lado, siempre habl\u00e1bamos de los B. Al principio lo hac\u00edamos con pudor, pero con el tiempo se nos hizo costumbre y era raro que nos junt\u00e1ramos y no habl\u00e1ramos de ellos. Los L\u00f3pez eran amabil\u00edsimos, muy cultos y con un don de gente excepcional. Viv\u00edan con la sonrisa en los labios y daba gusto compartir una velada con ellos: eran felices y derramaban bonhom\u00eda. La se\u00f1ora Villalba era quiz\u00e1s la m\u00e1s llamativa del barrio. Su esposo era el director de la biblioteca general y a pesar de ser un hombre circunspecto, era un orgullo recibirlo, porque era ejemplo de trabajo y educaci\u00f3n para todo el barrio.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Si bien mis hijos ya eran grandes y hac\u00eda tiempo que no viv\u00edan conmigo, sol\u00edan venir a visitarme dos o tres veces por a\u00f1o. Cuando ven\u00edan, me gustaba invitar a los L\u00f3pez y a los Villalba, porque los conoc\u00edan de cuando eran ni\u00f1os y era inevitable que los compararan con los hijos de B. Qu\u00e9 educados eran sus hijos, me dec\u00edan, y mire qu\u00e9 j\u00f3venes encantadores son ahora, y entiendo que lo hac\u00edan por contraposici\u00f3n a los hijos de la se\u00f1ora B, porque acto seguido me preguntaban si \u00bfle siguen arrancando las flores, don Manuel? y yo pon\u00eda cara de vecino tolerante y hac\u00eda adem\u00e1n de restarle importancia con la mano y eso encumbraba los \u00e1nimos porque enseguida la se\u00f1ora L\u00f3pez me dec\u00eda que yo era demasiado ben\u00e9volo y que ten\u00eda que ir a quejarme con el se\u00f1or B. Entonces ensayaba una cara que dejaba en evidencia que hablar con los B no ten\u00eda ning\u00fan sentido y el tema se instalaba en la mesa.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En general, los L\u00f3pez se mostraban consternados por la falta de modales de la se\u00f1ora B y no perd\u00edan la ocasi\u00f3n en recordar el d\u00eda en que hab\u00eda asistido sola al cumplea\u00f1os del se\u00f1or L\u00f3pez \u2014su marido estaba enfermo, hab\u00eda dicho\u2014, mal vestida y bastante ebria, y que hab\u00eda terminado en la falda del pianista cantando un jazz impertinente con una voz de demonio excitado que nunca olvidaron. Contaban la historia y se re\u00edan. En mi fuero m\u00e1s \u00edntimo, yo agradec\u00eda que hubieran referido el incidente, porque desde entonces tuve en claro que los ruidos guturales que a veces escuchaba de noche proven\u00edan de la garganta exaltada de la se\u00f1ora B, a quien empec\u00e9 a imaginar, ebria y pose\u00edda, tratando de entonar alguna extravagancia.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La locura es muy triste, se\u00f1or. Mi querida Josefina la padec\u00eda: la pobre andaba cohabitada. Eso es muy desagradable. Uno no tiene idea de cu\u00e1ntas almas circulan por la casa. Y le aseguro que de noche la cosa se pone peor. La cama es un verdadero infierno. Usted comprender\u00e1 lo doloroso que resultaba esto para m\u00ed, que me hab\u00eda casado tan enamorado y que hab\u00edamos sido plenamente felices en los tiempos en que cri\u00e1bamos a nuestros hijos. Cuando mi Josefina se extravi\u00f3 yo la llevaba mucho a misa y le ped\u00eda al cura que la hablara largo, pero eso que se le hab\u00eda instalado no la quer\u00eda abandonar. Estaba como empecinado en ella y la pobre no ten\u00eda descanso.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Los Villalba eran menos locuaces que los L\u00f3pez, pero aun as\u00ed se advert\u00eda que compart\u00edan una cr\u00edtica velada hacia la se\u00f1ora B por su err\u00e1tico comportamiento como madre. Usted vea que los hijos de la se\u00f1ora B no solamente ten\u00edan conductas inadecuadas en el barrio, en relaci\u00f3n con los vecinos, sino que adem\u00e1s se los ve\u00eda poco aseados en general, m\u00e1s bien sucios, a diferencia de los dem\u00e1s ni\u00f1os que luc\u00edan siempre peinados y limpios. Esta situaci\u00f3n despertaba un rechazo global hacia la se\u00f1ora B y como los Villalba no hab\u00edan podido tener hijos yo creo que eso los hac\u00eda m\u00e1s sensibles a esa cuesti\u00f3n. Por mi parte, esos diablos no me despertaban la menor compasi\u00f3n; me parec\u00edan un caso perdido. Quiz\u00e1s no lo dec\u00eda tan abiertamente por respeto a los Villalba, pero creo que igual nos entend\u00edamos y \u00e9ramos solidarios en nuestros sentimientos hacia los B.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Una noche, el se\u00f1or Villalba me invit\u00f3 a cenar en su casa. Los L\u00f3pez tambi\u00e9n estaban invitados. Le dije que s\u00ed. Era un viernes de noche c\u00e1lida y clara y los jazmines perfumaban la cuadra: un marco inmejorable para el encuentro con amigos tan valiosos. Cenar\u00edamos en el jard\u00edn de los Villalba, poblado de magnolias, de hortensias y de rosas envidiables. Admiro la belleza de un jard\u00edn bien cuidado y la se\u00f1ora Villalba ten\u00eda un don innato porque hab\u00eda logrado acaso el jard\u00edn m\u00e1s bello del barrio. Eleg\u00ed un Cabernet Sauvignon de mi bodega personal y sal\u00ed de casa. Sal\u00ed contento, concentrado en ir directamente a casa de los Villalba, pero mi mirada se obstin\u00f3 en recorrer mi cantero. Advert\u00ed que los cretinos hab\u00edan arrancado m\u00e1s de la mitad de mis flores y sent\u00ed que algo me desbordaba, una furia febril. Fui directo a casa de los B y me adher\u00ed al timbre. Largo rato. Nadie abr\u00eda. Lo recuerdo como si fuera hoy. Hab\u00eda luces, pero nadie abr\u00eda. Est\u00e1n, pensaba. No abren. Y me ganaba una indignaci\u00f3n rabiosa. Y fue su cuerpo, lo s\u00e9. Porque mir\u00e9 de nuevo y vi el perfil de la se\u00f1ora B completamente desnudo contra el ventanal. Me turb\u00f3 el alma, porque enseguida baj\u00e9 la vista y cuando volv\u00ed a mirar, la se\u00f1ora B ya no estaba. Y mientras me consum\u00eda en ese arrebato de impotencia, me vieron los L\u00f3pez, que cruzaban la calle. Me tomaron del brazo y me llevaron a casa de los Villalba. Me obligaron a sentarme en el sill\u00f3n mullido de la recepci\u00f3n al tiempo que la se\u00f1ora Villalba me abanicaba con una revista y todos me preguntaban si estaba bien. Cuando me vi en ese devenir, acab\u00e9 sobreponi\u00e9ndome, algo avergonzado. Al cabo, sonre\u00ed como quit\u00e1ndole importancia al asunto, pero nos pasamos la noche hablando de los B. Incluso, el se\u00f1or L\u00f3pez se ofreci\u00f3 a hablar con el se\u00f1or B en mi nombre y, por mucho que me negu\u00e9, acab\u00f3 convenci\u00e9ndome de que era lo mejor.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">De hecho, al d\u00eda siguiente, temprano a la ma\u00f1ana, cuando no hac\u00eda mucho que los p\u00e1jaros hab\u00edan cesado en sus desperezos matutinos, vi al se\u00f1or L\u00f3pez de pie en la puerta de su casa, dispuesto a interceptar al se\u00f1or B tan pronto se dispusiera a comprar el diario. Me invadi\u00f3 un pudor extremo. No pod\u00eda aceptar que el se\u00f1or L\u00f3pez intercediera por m\u00ed, as\u00ed que me vest\u00ed y me acerqu\u00e9 a agradecerle y a explicarle que yo mismo resolver\u00eda el problema. Me cost\u00f3, pero logr\u00e9 que aceptara mi decisi\u00f3n.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Pas\u00e9 gran parte de la ma\u00f1ana repasando lo ocurrido la noche anterior: me desconoc\u00eda tocando el timbre de los B como un adolescente malcriado; me preguntaba si realmente hab\u00eda visto desnuda a la se\u00f1ora B; me turbaba el recuerdo de ese cuerpo escultural, tan parecido al de mi querida Josefina, cuando era joven.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Decid\u00ed ir al vivero de don Antonio antes de que cerrara. Ten\u00eda que reponer las flores.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Pas\u00e9 la tarde en mi cantero. Plant\u00e9 margaritas blancas. Y unas azucenas celestes, frescas. Mir\u00e9 satisfecho mi trabajo y justo pas\u00f3 la se\u00f1ora Villalba que me felicit\u00f3 y me inst\u00f3 a hablar con los B. Es injusto, me dijo, que le hagan esto a cada rato.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Yo estaba embarrado, y rendido, pero aun as\u00ed consider\u00e9 que la se\u00f1ora Villalba ten\u00eda raz\u00f3n. Adem\u00e1s, ya no pod\u00eda permitir que le hicieran esto a mi querida Josefina. Nunca hab\u00eda dejado de cubrirla de flores y no iba a permitir que esos malditos siguieran con la infamia.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">El resto usted ya lo conoce. Me ase\u00e9, me vest\u00ed y toqu\u00e9 timbre. Me abri\u00f3 la puerta la se\u00f1ora B. Ten\u00eda puesto un camis\u00f3n negro, de encaje, muy largo. Los cabellos rubios, sueltos, hasta la cintura. Me sonri\u00f3; me invit\u00f3 a pasar. Le dije que gracias, pero ven\u00eda simplemente a comentarle un asunto puntual. No tuve tiempo de recular: la se\u00f1ora B me tom\u00f3 del brazo y me hizo pasar. Encontr\u00e9 un desorden descomunal en esa vivienda. Imposible ordenar las im\u00e1genes. Vi ropa tirada, medias sueltas, libros, copas. Vi cuadros a medio hacer, sin colgar, apoyados contra una pared, en el piso, sobre un sill\u00f3n. Cuadros indescifrables, de cuerpos desnudos, cuerpos de mujer, cuerpos rotos, en pedazos. El recinto ol\u00eda a jazmines, a \u00f3leos, a vodka. Mir\u00e9 a la se\u00f1ora B, trat\u00e9 de recomponerme, me costaba. Alcanc\u00e9 a preguntarle si ella pintaba. Me respondi\u00f3 con una carcajada sonora y comprend\u00ed que era ella la de las insolentes voces que me acompa\u00f1aban de noche. Clav\u00f3 sus ojos en los m\u00edos, como queriendo saber m\u00e1s de mi visita. Sus ojos \u2014jam\u00e1s los hab\u00eda mirado tan de cerca\u2014 parec\u00edan sueltos tambi\u00e9n. Como si orbitaran a su antojo, sin fondo. Eran grises. Del todo grises. Me perd\u00ed en esos ojos; me costaba armar una frase. Se parec\u00edan tanto a los ojos de mi Josefina. Eran ojos fr\u00e1giles. Ojos de lluvia. Quise decir algo sobre mi cantero y sobre sus hijos, pero mientras ordenaba las palabras sent\u00ed que era como hablar con un fantasma. Como si no me mirara; como si tampoco oyera. Solo sonre\u00eda su sonrisa c\u00e1ndida. Era la sonrisa de Josefina: ella estaba frente a m\u00ed y sus labios me reprochaban. Y era feo lo que me dec\u00edan: que le hab\u00eda dolido y que hab\u00eda pasado fr\u00edo en mi cantero. Eso me dec\u00eda. Una y otra vez. Y yo le negaba con la cabeza, y le dec\u00eda que no, que lo hab\u00eda hecho para salvarla. Y cuando me quise tirar en sus brazos, y abrazarla, y decirla que la amaba, se me apareci\u00f3 otra vez la se\u00f1ora B. Cuando la vi, mis manos se aferraron a su cuello. Imposible soltarla, se\u00f1or. La vi sacudirse, roja, los ojos enmara\u00f1ados. Despu\u00e9s cay\u00f3 al piso, as\u00ed, con los ojos ya tranquilos, como ustedes la encontraron.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p dir=\"ltr\">Refrendo mis dichos en este escrito: no cambiar\u00e9 una coma de mis declaraciones precedentes. He asumido que usted se niega a comprender mis motivos. Aun as\u00ed, ser\u00eda considerado de su parte admitir que yo no miento. El se\u00f1or y la se\u00f1ora B eran mis vecinos, como ya le expliqu\u00e9. La se\u00f1ora B nunca iba a misa. El esposo de la se\u00f1ora B tampoco iba a misa. Eso ya le dice bastante sobre ellos. Por lo dem\u00e1s, el se\u00f1or B trabajaba en una editorial. Lo ve\u00eda salir todas las ma\u00f1anas. Llevaba un malet\u00edn de cuero negro. Y unos anteojos pesados. Sal\u00eda a las ocho y quince. 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