{"id":4185,"date":"2020-11-13T23:43:07","date_gmt":"2020-11-14T05:43:07","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/11\/why-poems-times-without-poetry-notes-reconsideration-poetic-form-micaela-paredes\/"},"modified":"2023-06-02T13:37:27","modified_gmt":"2023-06-02T19:37:27","slug":"why-poems-times-without-poetry-notes-reconsideration-poetic-form-micaela-paredes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/11\/why-poems-times-without-poetry-notes-reconsideration-poetic-form-micaela-paredes\/","title":{"rendered":"&#8220;Para qu\u00e9 poemas en tiempos sin poes\u00eda: Notas para una reconsideraci\u00f3n de las formas po\u00e9ticas&#8221; by Micaela Paredes Barraza"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>Los p\u00e1jaros ambicionan escapar del c\u00edrculo del \u00e1rbol del lenguaje, desmesurada empresa, tanto m\u00e1s peligrosa, cuanto m\u00e1s \u00e9xito alcanzan en ella. Si logran escapar, se desentienden de \u00e1rbol y lenguaje. Se desentienden del silencio y de s\u00ed mismos. <\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Juan Luis Mart\u00ednez<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>En una era no po\u00e9tica, de desencantamiento generalizado del mundo, la literatura y en especial la poes\u00eda han sido relegadas a espacios reducid\u00edsimos; c\u00edrculos o bien elitistas o bien marginales (los extremos se tocan). Si la sustancia misma del fen\u00f3meno po\u00e9tico \u2014entendido en un sentido amplio como experiencia vital, relaci\u00f3n entre una subjetividad y su entorno\u2014 ha sido mutilada, desacreditada como forma de estar en el mundo y dar sentido al devenir individual y colectivo, inevitable es que el mismo proceso de empobrecimiento se d\u00e9 al interior del \u00e1mbito m\u00e1s reducido que constituye la concreci\u00f3n material de la experiencia po\u00e9tica en la poes\u00eda, hecho circunscrito al lenguaje y categorizado como g\u00e9nero literario.<\/p>\n<p>Dec\u00eda \u2014dice, en el espacio siempre presente del poema\u2014 el \u00faltimamente muy estudiado y a\u00fan incomprendido Juan Luis Mart\u00ednez que, as\u00ed como los p\u00e1jaros j\u00f3venes, \u201calgunos escritores y m\u00fasicos sufren hoy por el exceso de libertad y est\u00e1n en la b\u00fasqueda del padre perdido\u201d. La primera parte de esta aseveraci\u00f3n sigue siendo v\u00e1lida a m\u00e1s de 40 a\u00f1os de su contexto de origen, pero encarn\u00f3 su verdad a tal punto que ha generado como consecuencia la negaci\u00f3n de la segunda. De manera generalizada (siempre hay excepciones) los y las poetas j\u00f3venes contempor\u00e1neos parecen haber renegado del padre perdido, es decir, de las ra\u00edces que los conectan con la tradici\u00f3n. Matar al padre: ya deconstruy\u00e9ndolo en la teor\u00eda, ya negando de lleno que alguna vez haya existido. No hay para\u00edso perdido ni pertenencia a un orden c\u00f3smico; el mundo es pura inmanencia y el ser humano vaga hu\u00e9rfano y condenado al ejercicio de su libertad. Esta premisa sartreana es la que ha perfilado, me atrevo a decir, la manera de entender la escritura po\u00e9tica de nuestra \u00e9poca, y sus consecuencias podr\u00edan resumirse en una rebeld\u00eda que confundi\u00f3 la insubordinaci\u00f3n con la ignorancia, la originalidad con la novedad efectista y la libertad creadora con el capricho de una subjetividad sometida a la ilusi\u00f3n de su total independencia respecto de la tradici\u00f3n que la precede \u2014y que, en realidad, la hace posible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Hace ya siglo y medio, Nietzsche sentenci\u00f3 la desacralizaci\u00f3n definitiva del mundo e inmediatamente despu\u00e9s de proclamar la muerte de Dios, su Zaratustra se pregunt\u00f3, intuyendo la respuesta, si ser\u00edamos realmente dignos o no de la magnitud del hecho, si podr\u00edamos tomar las riendas de nuestro destino. Varias d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, sus hijos, los existencialistas ateos, siguieron padeciendo las consecuencias de dicha muerte: sin fundamento, sin un orden superior que preceda y organice la existencia, el ser humano tiene en sus manos la vertiginosa responsabilidad de crearse. Del sometimiento ante una voluntad superior a la condena que supone el libre albedr\u00edo. Eduardo Anguita, en su lucidez ensay\u00edstica, evidencia la contradicci\u00f3n inherente a esa idea de Sartre: si no hay Dios, si no hay Padre, si no hay ning\u00fan orden orientador, \u00bfqui\u00e9n dicta la sentencia?, \u00bfqui\u00e9n nos obliga a la libertad? No pretendo contestar a esta pregunta, pero s\u00ed creo que el espacio disponible dejado por Dios fue ocupado por una nueva quimera: la subjetividad esclavizante maquillada de libertad y entendida como el limitado ejercicio de satisfacci\u00f3n de las peque\u00f1as y monstruosas necesidades del ego.<\/p>\n<p>As\u00ed como la necesidad de validar el yo a la que nos impele la aldea global y sus din\u00e1micas neoliberales se manifiesta en la f\u00e9rrea defensa del derecho a la libertad de expresi\u00f3n y de adquisici\u00f3n material, en el \u00e1mbito de la producci\u00f3n po\u00e9tica la justificaci\u00f3n de este derecho encuentra su correlato en una noci\u00f3n de libertad creadora que se plantea como necesariamente opuesta al aparente sometimiento representado por la tradici\u00f3n, sobre todo en lo que a elecciones formales se refiere. Este rechazo a las formas heredadas del pasado, de las que se cree no puede salir nada nuevo \u2014iba a decir bueno, pero ese ya no es un criterio v\u00e1lido\u2014\u00a0 se evidencia de varias maneras y con distintos grados de extremismo.<\/p>\n<p>Existe, en muchos casos, una ponderaci\u00f3n a priori negativa del cultivo de ciertas formas cl\u00e1sicas, ligadas a la m\u00e9trica y la rima. Tolerable puede ser el argumento, dependiendo de c\u00f3mo se plantee, de que escribir teniendo en cuenta el n\u00famero de s\u00edlabas por verso y estableciendo correspondencias sonoras con ciertos patrones regulares sea una pr\u00e1ctica anticuada. Anacr\u00f3nica ser\u00eda, c\u00f3mo no, la escritura de sonetos gongorinos con mera intenci\u00f3n imitativa. Pero creo que incluso en esa situaci\u00f3n hipot\u00e9tica, el contexto mismo de producci\u00f3n y la consciencia del poeta que escribe, inevitablemente condicionada \u2014para bien y para mal\u2014 por el esp\u00edritu de su tiempo, dotar\u00edan al poema de un grado de actualidad. No hay que esforzarse por ser contempor\u00e1neo: quer\u00e1moslo o no, el espacio-tiempo que nos sostiene determina nuestro hacer.<\/p>\n<p>Otras veces, el argumento trasgrede las implicancias netamente est\u00e9ticas y confunde el plano de las elecciones estil\u00edsticas con el de las \u00e9ticas. Algunos poetas se niegan no solo a escribir sonetos (decisi\u00f3n totalmente respetable) sino tambi\u00e9n a leerlos y valorarlos como forma vigente de escribir poemas, con el pretexto de que la poes\u00eda en endecas\u00edlabos o alejandrinos es de por s\u00ed retr\u00f3grada, ideol\u00f3gicamente conservadora. Resulta curiosa la arbitrariedad con que opera este estigma, pues no corren la misma suerte que el soneto ciertas estructuras estr\u00f3ficas de arte menor (la d\u00e9cima, la lira, la cueca), ligadas a nuestra cultura popular (a nadie se le ocurrir\u00eda reprocharle a Violeta haber cantado y escrito d\u00e9cimas en vez de canciones y poemas en verso libre, o haber sabido aplicar las leyes de acentuaci\u00f3n final). Por el contrario, estas formas han comenzado a ser revaloradas y estudiadas por la llamada cr\u00edtica cultural, como tambi\u00e9n continuadas y renovadas por creadores contempor\u00e1neos populares y no tan populares. Al igual que el soneto y la sextina, la d\u00e9cima y la lira fueron cultivadas durante la Espa\u00f1a del 1500 por una elite social culta, muchas veces conservadora, entre la que se cuentan sacerdotes y militares, pero en su arribo a Am\u00e9rica y con el trascurso del tiempo fueron resignific\u00e1ndose, ocupando nuevos espacios. En este sentido, me parece razonable afirmar que las estructuras formales no son portadoras en s\u00ed de ideolog\u00eda, si bien en los diferentes momentos de su desarrollo hist\u00f3rico pueden ir adquiriendo y mutando de connotaciones pol\u00edticas y sociales.<\/p>\n<p>Una cosa es no cultivar las formas m\u00e9tricas cl\u00e1sicas en la propia producci\u00f3n po\u00e9tica y otra muy distinta, a mi parecer menos respetable, es jactarse del total desinter\u00e9s por darse el tiempo de conocerlas: no ser capaz de reconocer y valorar sus mecanismos de funcionamiento y las posibilidades expresivas que ofrecen. Muchos poetas contempor\u00e1neos hacen arcadas cuando escuchan hablar de <i>t\u00e9cnica<\/i>, <i>oficio<\/i>, <i>artesan\u00eda del lenguaje po\u00e9tico<\/i>, como si las palabras fueran simples medios para la consecuci\u00f3n de un fin (afirmaci\u00f3n de la identidad, denuncias de diversa \u00edndole, expresi\u00f3n de opiniones y un largo etc\u00e9tera) y no un material vivo, complejo, con el que establecemos una relaci\u00f3n sensible y en cuyas posibilidades significantes nos jugamos el ser.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de que las formas m\u00e9tricas o ce\u00f1idas a ciertas leyes de construcci\u00f3n coartan la libertad creadora y no permiten al poeta expresar su subjetividad de manera genuina supone la idea de que este sabe de antemano lo que quiere decir y, por tanto, que lo plasmado en el poema responde a un ejercicio m\u00e1s de representaci\u00f3n (por muy herm\u00e9tica o surrealista que esta sea) que de exploraci\u00f3n de la subjetividad. El poeta controlar\u00eda el lenguaje a voluntad, oblig\u00e1ndolo a decir exactamente lo que \u00e9l quiere que diga. El poema, bajo esta premisa, no transforma la realidad del poeta. El poeta no necesita del poema.<\/p>\n<p>Vuelvo a Anguita, quien arroja luces sobre el asunto cuando afirma que el poema propicia la posibilidad de s\u00edntesis de las polaridades, de lo subjetivo \u2014manifestaci\u00f3n libre de la propia voluntad\u2014 y lo objetivo, que es \u201caquello que se me resiste, que existe independientemente y ante lo cual no cabe sino sometimiento. O pura protesta\u201d. En ese espacio de tensi\u00f3n surgir\u00eda la poes\u00eda. Su concreci\u00f3n actual tiende, como ya hemos esbozado, a la protesta, a la pataleta de una subjetividad que alega conocerse y tener derecho a todo, entre ello a negarle cr\u00e9dito a la participaci\u00f3n del pasado \u2014o al menos a cierta porci\u00f3n de \u00e9l\u2014 en su actual posibilidad de ser y manifestarse. Si estamos dispuestos a aceptar con Anguita que el lenguaje siempre tiene una dimensi\u00f3n que escapa de nuestro control, y que en gran parte es \u00e9l el que nos dice a nosotros y no al rev\u00e9s, la defensa de la absoluta libertad creadora no es s\u00f3lo una muestra de soberbia, sino tambi\u00e9n de ingenuidad.<\/p>\n<p>Hay otra arbitrariedad curiosa en la determinaci\u00f3n de cu\u00e1les son las dimensiones del pasado que es importante y necesario recordar y cu\u00e1les merecen ser relegadas al olvido. Estamos en la era de los temas en detrimento de las formas. Se pasa por alto que esa aparente dicotom\u00eda termina siempre disolvi\u00e9ndose en la evidencia de que ambos t\u00e9rminos se requieren mutuamente y no existen con independencia el uno del otro. No podemos ocuparnos en serio de los temas si no lo hacemos, al mismo tiempo, de las elecciones formales de las que nos valemos para plasmarlos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>En 1933, Manuel Rojas, reflexionando sobre el estado de la literatura chilena contempor\u00e1nea, planteaba que esta no ten\u00eda personalidad, de pensamiento, de esp\u00edritu, de expresi\u00f3n. Dec\u00eda que le hac\u00eda falta \u201cel deseo de permanencia a trav\u00e9s del tiempo, la voluntad de dar a la obra literaria nuestra plasticidad interna, si es que alguna tenemos\u201d. Quiz\u00e1s los poetas se tomaron demasiado en serio estas palabras y las extremaron hasta el absurdo, confundiendo el cultivo de la personalidad \u2014del estilo, del aura particular que dota a una obra de car\u00e1cter original\u2014 con la ansiedad por la novedad, por diferenciarse de lo viejo. Lo parad\u00f3jico de toda dicotom\u00eda es que la diferencia que plantea entre los extremos requiere necesariamente de la afirmaci\u00f3n de ambos: no existe lo nuevo sino en referencia a lo viejo. En eso difiere lo novedoso de lo original: lo primero plantea un conflicto con su par opuesto, lo segundo reconcilia ambos t\u00e9rminos. Ser original no es renegar del origen, sino volver a \u00e9l para recrearlo desde una nueva perspectiva.<\/p>\n<p>Parra y Lihn, dos de los referentes que determinan y direccionan el desarrollo de la poes\u00eda chilena desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy, eran conscientes de lo que la originalidad implica y la cultivaron con lucidez. No as\u00ed varios de sus autoproclamados herederos. Algunos de los mejores textos de Parra son poemas, no antipoemas. Innegable es la conquista de nuevas posibilidades idiom\u00e1ticas en el contexto del poema a trav\u00e9s de la vuelta de tuerca que le da, por ejemplo, al endecas\u00edlabo para discurrir en un lenguaje coloquial, directo, pero a\u00fan de vuelo l\u00edrico. Lihn tambi\u00e9n se prob\u00f3 en verso medido, con los sonetos par\u00f3dicos en que aparece el Terrible Tetas Negras, publicados en <i>Par\u00eds, situaci\u00f3n irregular<\/i>. El uso de formas cl\u00e1sicas no defini\u00f3 su poes\u00eda, pero est\u00e1 claro que en su extenso e intrincado discurrir reflexivo hab\u00eda consciencia del ritmo, plasmada con maestr\u00eda. Tanto Lihn como Parra manejaban sus medios expresivos, y no al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>Conocer las herramientas que el lenguaje nos ofrece no es equivalente a tener el control total de lo que el poema en \u00faltima instancia dice de nosotros mismos y del mundo. La tensi\u00f3n \u2014entre lo que se quiere decir, se puede decir, se termina por decir y lo indecible\u2014 es constante. Quien ha intentado escribir someti\u00e9ndose a alguna forma m\u00e9trica sabe que las exigencias que el lenguaje impone terminan muchas veces por llevarnos a decir justamente eso que no quer\u00edamos, o a decir cosas que no hab\u00edamos concebido hasta despu\u00e9s de escritas. Las mismas exigencias, a pesar de lo que muchos quieren creer, nos plantea el verso libre que, lejos de carecer de todo tipo de condicionamiento, nos obliga a aguzar el o\u00eddo para hacer decantar al poema en su propia forma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>Para muchos poetas j\u00f3venes y no tan j\u00f3venes hambrientos de novedad, Rimbaud sigue siendo un modelo de rebeld\u00eda, un referente para su quehacer po\u00e9tico. Cierto, el adolescente franc\u00e9s injuri\u00f3 la Belleza. Pero se tiende a obviar que, para hacerlo, antes tuvo que sentarla en sus piernas, saborearla: hacerla suya. Antes de cortar cabezas y revolucionar la forma de hacer poes\u00eda, el joven poeta ley\u00f3 y reley\u00f3 cr\u00edticamente a toda la tradici\u00f3n precedente, no s\u00f3lo a sus contempor\u00e1neos. Explor\u00f3 todas las formas del lenguaje. Su relaci\u00f3n con este fue insolente, pero no descuidada. Conoc\u00eda a fondo la naturaleza del material con que estaba tratando. Conocer es una forma de amar y la verdadera renuncia es un acto de amor. Rimbaud am\u00f3 la belleza de las palabras a tal grado que decidi\u00f3 renunciar a ella. La huida, el escape \u2014\u201cJe me suis enfui\u201d\u2014 no es lo mismo que el rechazo; este \u00faltimo niega la existencia de aquello frente a lo que se alza, mientras que la primera afirma su verdad, asumiendo frente a ella su indefensi\u00f3n. El rechazo desemboca en odio, y solo podemos odiar lo que no conocemos: la diferencia, lo otro. Sabemos, a la vez, que lo otro es una de las caras de lo mismo. Quiz\u00e1s, hasta que no integremos esa verdad en la experiencia \u2014en la palabra\u2014 seguiremos atados a los ilusorios conflictos que las dicotom\u00edas nos plantean y que tanto nos aquejan como seres hechos de lenguaje \u2014es decir, tambi\u00e9n, todav\u00eda, de poes\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una era no po\u00e9tica, de desencantamiento generalizado del mundo, la literatura y en especial la poes\u00eda han sido relegadas a espacios reducid\u00edsimos; c\u00edrculos o bien elitistas o bien marginales (los extremos se tocan). 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